Artículo de Fernando Baudet, colaborador deportivo del blog de Hitsbook.
Es una obviedad decir que el fútbol en España es un deporte de masas. El deporte del pueblo, capaz de echar a la calle a tantas personas como parados tiene el país por la celebración de un título mundial. Sin embargo, son pocos los futbolistas que han entendido que ese halo de héroes e ídolos que les rodea ha de ser correspondido en su justa medida. ‘Un gran poder con lleva una gran responsabilidad’. Pues eso.
Estas últimas semanas, tras dos empates y un arbitraje algo discutido, el Real Madrid ha impuesto una ‘Ley del Silencio’ entre sus jugadores y cuerpo técnico para, digámoslo claro, no ponerse aún más nerviosos, no vaya a ser que se les escape una Liga que solo ellos pueden perder; la primera espada de ese vestuario, Cristiano Ronaldo, comparecía en rueda de prensa post entrenamiento año y medio después de su última vez ante los medios. Del esperpento de cada fin de semana de ahora Mourinho, ahora Karanka, ni hablamos. Cojo el puente aéreo y sigo.
En el Camp Nou Pep Guardiola, ejemplo de señorío y educación, dicen, no concede entrevistas porque considera que con las ruedas de prensa tras entrenamientos y partidos, es más que suficiente; Leo Messi, el mejor jugador del mundo, habla con los medios de comunicación en contadísimas y monosilábicas ocasiones.
No creo que haga falta que recuerde que las obligaciones del futbolista de élite, que vive del fútbol, se limita a entrenar dos horas al día y jugar un partido (o dos si disputan competición europea) a la semana. Las sesiones de fotos con ropita de moda, los anuncios, los cameos en películas y videoclips son parte de un tiempo libre que no hacen si no aumentar su imagen de gente cool, pero innacesible.
Notaréis cierto malestar en mis palabras. Me toca la fibra de periodista no poder saber cómo afecta a un entrenador que lo ha ganado todo en tres años la presión de un banquillo como el del Barcelona; quiero escuchar a Mourinho en la previa de un partido importante (lo siento, Aitor, es así); me encantaría escuchar a Leo Messi decir en qué piensa cuando hace fácil lo que los mortales humanos solo podemos soñar en hacer con la videoconsola… y me duele por venir de dónde viene, de un deporte que apasiona y que aún tiene mucho, muchísimo, que aprender en cuanto a comunicación.
En la mejor liga del mundo del baloncesto, en la NBA, los jugadores atienden a la prensa en el propio vestuario, con una toalla de la derrota aún enroscada en la cintura tras la ducha, bien lo sabe Pau Gasol; los propios entrenadores dedican segundos de un tiempo muerto para resumir a la televisión lo que les está pareciendo el partido. Nuestro mejor jugador de tenis, nuestro Rafa Nadal, después de correr durante dos horas y media bajo el sol de Miami, se pone unos cascos y, aún recuperándose del esfuerzo, responde con educación a tres preguntas de los compañeros de Teledeporte en conexión transoceánica. Rafa y Pau son un ejemplo.
Los jugadores del baloncesto, de tenis, del motociclismo, y de tantos y tantos deportes menos mediáticos que el fútbol han entendido que es el deporte que les da de comer el que hace de ellos quienes son, y su respuesta es la educación, la atención a los medios y la comprensión de que les deben al aficionado la millonada que pueden devolverle en parte con un autógrafo o una simple fotografía.
Mientras tanto, de vuelta a este fútbol nuestra, los futbolistas twittean desde el sofá que están superenamorados de su nueva pareja. Pues vale, pero del partido, ¿qué?


