Artículo de José Ruiz, colaborador del blog de Hitsbook en la temática de cine.

En el artículo que escribía hace dos semanas ‘La crisis agudiza el ingenio’hablaba de las oportunidades que no podemos desaprovechar en tiempos de crisis para cambiar aquello que consideremos injusto, desproporcionado, o simplemente caduco. Si lo aplicamos al mundo del cine lo primero que me viene a la cabeza es el modelo de distribución.

Resumiendo mucho, una vez acabada una película comienza un largo peregrinar de los productores para encontrar distribuidoras que la muevan. Estas distribuidoras, por regla general, no venden los títulos de forma individual, sino que lo hacen en paquetes de forma que las películas que a priori son más rentables van acompañadas por otros títulos de menor repercusión que de otra forma tendrían difícil difusión. Finalmente son los cines (salvo algunas exepciones contractuales) los que deciden cuanto tiempo permanece cada película en cartelera.

Bien, de esta forma el público general no va a tener problema alguno en ir al estreno de una gran película en el cine más próximo a su domicilio, incluso nos permite acceder a películas menos conocidas pero siempre apadrinadas por un sello importante. ¿Pero qué pasa con las películas con un público más reducido, o aquellas que por presupuesto no han podido invertir para aparecer en prensa, radio o televisión, y las que ni siquiera han conseguido un distribuidor?

Muchos dirán que si una película no consigue una empresa que la distribuya, es porque es una mala película, y puede que tengan razón… ¿Pero, sabían que cerca del 40% de las películas que se ruedan en España nunca llegan a estrenarse en cines? No me atrevería a decir que ese 40% no son lo suficientemente buenas, entre otras cosas porque no estoy seguro de que lo sean el otro 60% restante. Otra cuestión sería discutir si el cine nacional despierta el interés suficiente para cubrir y rentabilizar todas las películas que se ruedan, pero ese debate lo dejaremos para otra ocasión. Lo que me interesa destacar en este artículo es el abanico de posibilidades que nos brinda Internet y el consumo bajo demanda de cualquier tipo de contenidos.

Hasta hace unos meses, cualquiera desde su casa podía acceder prácticamente a cualquier película utilizando megaupload o servicios similares. El cierre de este servicio y el control al que se han visto sometidos otros servicios semejantes pudo interpretarse por algunos como el fin del consumo de contenidos fuera del circuito tradicional, pero nada más lejos de la realidad. Megaupload era un servicio que contaba con un importante número de usuarios premium. Estos usuarios estaban dispuestos a pagar una cuota razonable por disfrutar de contenidos de todo tipo a través de Internet para disfrutarlos en su propia casa en el momento que ellos prefiriesen. Si bien, el modelo de distribución legal bajo demanda ya existía desde hace tiempo en países como EE.UU. (cómo podría ser Netflix), tuvo que ser este el punto de inflexión para que surgieran nuevos modelos de negocio aprovechando las ventajas que ofrece la red. Primero fueron las televisiones ofreciendo contenidos de producción propia en sus sitios web, después empezaron a aparecer empresas que de forma legal permiten la descarga o visualización en streaming de un abanico de películas cada vez más amplio. Wuaki.tv, Nubeox, o Youzee son tres ejemplos de empresas españolas que han apostado por el modelos de alquiler o subscripción a través de Internet con precios realmente interesantes.

Imaginad por un momento que con el tiempo estos servicios incluyan canales dedicados a nuevos talentos, a directores noveles o simplemente a cortometrajes… ¿Os dais cuenta de las posibilidades que prestan? Seguramente la mayoría de títulos incluidos en estas secciones no superarán nunca el centenar de visualizaciones o descargas, pero estoy seguro de que no tardarían en aparecer películas bien hechas, con un guiones interesantes y que rápidamente se hagan un hueco entre las más vistas gracias al boca a boca o a la repercusión a través de las redes sociales, como ocurre en Hitsbook. Se trata de nuevo de eliminar intermediarios que decidan por nosotros y democratizar el consumo del cine, premiando la calidad sobre las inalcanzables inversiones de los grandes estudios.