Artículo de Marcos Julián, Director de Producciones La Seducción, creador y profesor del área de interpretación en la Escuela de Teatro y Danza La Seducción, y también colaborador del blog de Hitsbook en la temática de cine e interpretación. 

HAY VECES QUE CUESTA MÁS ESCRIBIR QUE OTRAS. Son esas veces en las que el tema a tratar se vuelve demasiado personal y el bloqueo amenaza con llegar cuando quieres expresar tanto y no caer en la autodefensa vana, ni el ataque sistemático.

En estos tiempos de crisis que corren y que han servido para demostrarnos que la verdadera crisis estaba en nuestro interior, hay profesiones que han sido más vilipendiadas que otras, que han sufrido más la crítica que el reconocimiento. Es por ello que hoy voy a hablar de la mía, de eso que llamamos “artes escénicas”.

Últimamente he escuchado demasiadas veces eso de que vivimos del cuento (curiosamente, tengo amigos que efectivamente viven de eso de verdad, como cuentacuentos profesionales y viven bien), que no tenemos nada mejor que hacer, y que esto no es un trabajo de verdad. Padres que le dicen a sus hijos: “tú estudia una carrera de verdad, y deja eso como hobby, que luego te arrepentirás”, como si ahora estudiar en la Universidad fuera a otorgarte inmediatamente un trabajo. Si vas a estar parado igualmente, al menos que estés en el paro de un trabajo que te guste. Tipos como George Clooney, actor al que nadie le cuestionaría el éxito, afirmaba que aún hoy, tiene un familiar que le sigue diciendo que “a ver cuando te buscas un trabajo de verdad y te dejas de banalidades”. Y además, por qué siempre hay que elegir primero esa supuesta seguridad, por qué no empezar arriesgando en algo que pueda ser tu pasión y luego cambiarlo si no te sale bien la apuesta. Al final, lo que buscamos es la felicidad del día a día, y desde luego, nadie puede decirnos cómo conseguir la nuestra.

Y es que, el principal problema viene de nosotros. Somos los primeros en no valorarnos. Siempre tememos que si decimos que no, entonces será otro el que venga a quedarse con nuestro trabajo, y aceptamos condiciones paupérrimas, siempre alegando que no lo hacemos por dinero sino porque nos sentimos realizados siendo artistas. Tampoco le damos a la profesión el valor que merece. Un profesional es según la R.A.E: “una persona que practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive.” En términos legales, un profesional es alguien que está dado de alta como tal y cotiza por ello. Otro asunto es el talento que tenga para ejercerlo. Un dentista sin licencia, no podría trabajar libremente, además de que haber quién se atreve a visitarle sabiendo esto, mientras que un supuesto actor, se sube a un escenario, a veces exigiendo profesionalidad de los demás, sin ser él uno de ellos. Y estoy seguro de que hay grandes dentistas que serían excelentes en lo suyo pero que no son profesionales y no ejercen.

Oíga ¿A qué precio tiene usted el talento?”

A veces parece que escucho esa frase. Tenemos que demostrar constantemente que somos buenos en lo que hacemos desde el primer día. Si queremos separar la profesión de un supuesto hobby, debemos ser los mejores casi antes de empezar. Cuando lo que importa, es el proceso y el aprendizaje para poder desarrollarnos como artistas, pero vivimos en la cultura del pelotazo y en el tiempo de, como dijo Serrat, “tanto tienes, tanto vales”.

Existe una gran paradoja. Algunas personas, ajenas a la profesión, piensan que esto se consigue de un día para otro, y que se debería cobrar desde el primer día, como si el primer día de facultad de medicina, el hijo llegara a casa y pudiera decir: “mamá, ya soy médico ¿Quieres que te opere algo?” Otras, sin embargo, piensan que “con lo que disfrutas, encima querrás cobrar“. A veces me dan ganas de decirle a esa persona: “no señor, yo lo paso fatal haciendo lo que hago, es terrible… ¿puedo cobrar ahora?”

No olvidemos que el talento era una moneda de cuentas griega y romana del mundo antiguo. Con ella se pagaba a los profesionales, así que cuanto más talentos tenías, mejor eras en lo tuyo.

Hemos perdido el criterio, confundimos artistas con artesanos, y hablamos de talento como producto mainstream. Y a mi se me acaba el espacio del artículo, así que cultivaré mi talento para desarrollar mejor mis ideas la próxima vez.

Foto: Omar Havana. Actuación de “Escuela de Teatro y Danza La Seducción” en la sala Forum (Granada)