Hoy en día, el mundo se divide en 2 clases de personas: los tecnológicos y los no tecnológicos.
Yo tengo ordenador (Mac no PC), correo electrónico (dos cuentas), GPS, Facebook y Twitter, pero para mis amigos tecnológicos o modernitos, soy un claro no tecnológico. Porque mi móvil solamente sirve para llamar y mandar sms, no es un Smartphone (perdonadme si no lo escribo bien, pobre hereje arcaico), no puedo pasarme 24 horas mirando mi pantallita, porque en ella no hay 1500 iconos con aplicaciones tan indispensables para la vida como un traductor de finés, una aplicación que hace fotos y deforma las caras como en un espejo de la risa, o una que me permita decir cada segundo donde estoy “I´m at en el baño plantando un pino”.
Cada vez que saco mi móvil, ellos me miran entre horrorizados y asombrados, como si en vez de un teléfono, tuviera en la mano un hacha de sílex del Paleolítico. Para ellos ambos tienen la misma antigüedad. Y el mismo uso: ninguno.
Los modernitos son fácilmente reconocibles, son los únicos capaces de andar por la calle sin levantar la cabeza de su pantallita y no tener ningún accidente, esquivar zanjas, coches, indigentes, gracias a un radar interno que se descargan en su telefonito y que conectan por bluetooth con su sentido motor.
Por esta postura habitual de una inclinación de cuello de unos 25º, suelen presentar con el paso del tiempo problemas cervicales, pero mantienen que no es una dolencia, sino un salto evolutivo, dentro de 50 años, los bebes nacerán ya con esta posición para que sus papas les puedan dar aparatitos desde su más tierna infancia.
Su filosofía vital se basa en una idea: “esto no es un vicio, no es un problema, es una bendición, nos permite estar conectados”. La pena es que se conectan con el mundo virtual y se desconectan del real. Cada vez en las reuniones sociales, somos menos los que nos dedicamos a mirar a los demás a la cara e incluso a intentar mantener una conversación con personas reales, y más los que lo hacen mirando a la pantallita. Os entiendo, es más diver intercambiar vídeos y fotos con alguien que está a 5000 kms, que hablar de sentimientos con la persona que tenéis al lado.
Son gente adicta, más que enganchada, encadenada a su aparatito. Es lo único que no sueltan nunca, salvo para irse a dormir. Pero lo ponen en la mesilla y si se despiertan por una pesadilla, es lo primero que ven al abrir los ojos, su visión les tranquiliza y vuelven a dormir plácidamente.
Como no quiero alargarme, me despido dejando dos dedicatorias: una para mis amigos modernitos, esto es algo que he intentado decirles muchas veces, pero estaban demasiado ocupados manejando su dedo índice como para escucharme, pensé que en un blog que colgaré en Facebook y en Twitter, lo mismo se enteraban. La otra, para los pocos que como yo, aún dicen con la cabeza alta: “sí, este es mi móvil y no me avergüenzo”. Va por vosotros.

