La Compañía Nacional de Danza (CND) bajo la dirección de José Carlos Martínez, predecesor de Nacho Duato, ha llevado al Teatro de la Zarzuela un programa que incluye tres piezas del reputado coreógrafo checo Jiri Kylián: Sleepless, Petite Mort y Sinfonía de los Salmos.

No se trata de un regreso porque, en realidad, nunca se ha ido. Kylián, bien a través de sus propias creaciones, bien a partir de las de uno de sus discípulos, Nacho Duato, es quizá el coreógrafo que más presencia ha tenido en la Compañía Nacional de Danza.

Un año después de haber llegado a la dirección del CND, José Carlos Martínez presenta por primera vez el que se supone es su primer programa propio. ?Una noche con Kylián” que estará en el Teatro de la Zarzuela de Madrid hasta el próximo 27 de junio centra su espectáculo en las tres piezas del coreógrafo Jirí Kylián, Sleepless, Petite Mort y Sinfonía de los Salmos.? Tres obras contemporáneas cargadas de sensibilidad y simbolismo que trasladan al espectador al mundo de los sueños y a la realidad más dura y difícil de la crisis actual.

La primera de las coreografías, Sleepless, está basada en la obra de Amadeus Mozart titulada “Adagio y rondó en do menor KV 617”, es la coreografía más contemporánea del espectáculo y ofrece un intercambio interesante entre quienes ya la han bailado y los que no. Es una pieza a medio camino entre dos etapas de Kylián: del conceptualismo al tenebrismo, rechazando todo contenido alegórico y concentrándose en un estricto imaginario plástico y abstracto para el que se sirve de la impronta del pintor argentino Lucio Fontana y sus lienzos. Es una propuesta de estructuras quebradas y enlaces difuminados por esa pared mágica que sutilmente evoca un acto estético sobre el que han corrido ríos de tinta: acuchillar el lienzo, sacarlo de su pureza, mostrar una decisión que es a la vez rendición y grito. En esta coreografía seis bailarines entran y salen de sueños y pesadillas por siete incisiones hechas en un lienzo enorme, una pantalla plástica que les engulle.

El segundo acto, Petite Mort, también con música de Mozart, fue creado por Kylián especialmente para el Festival de Salzburgo con motivo del segundo centenario de la muerte del compositor y pianista austriaco. Para este trabajo eligió los fragmentos lentos de dos de los más hermosos y populares conciertos de piano de este músico. Esta pieza quiere transmitir la idea de que nada es sagrado y donde la brutalidad y la arbitrariedad son acciones totalmente comunes. La coreografía presenta seis hombres, seis mujeres y seis floretes. Los floretes cumplen la función de parejas de baile, y en algunas ocasiones parecen más rebeldes y obstinados que una pareja de carne y hueso. Visualizan un simbolismo que está más presente que una línea argumental. Agresión, sexualidad, energía, silencio, insensatez y vulnerabilidad. Es una pieza esencial del repertorio de la danza que se seguirá bailando como un clásico dentro de 50 ó 100 años.

El broche final del programa lo pone Sinfonía de los Salmos, una obra de  Igor Stravinsky que no fue concebida para ser bailada. La pieza es un lamento bello por la imperfección del mundo desunido en el que vivimos, en el que el sufrimiento y la inseguridad de cada individuo se enfrentan en un diálogo irónico con la música de Stravinsky. Es una coreografía muy actual que habla de las dificultades y de la crisis pero que abre camino hacia el futuro.