Cañizares exige un boicot radical a Mestalla para forzar la venta de Peter Lim
La goleada encajada por el Barcelona el pasado domingo (5-0) volvió a encender la alarma en Valencia y, con ella, el ex portero internacional Santiago Cañizares pidió una respuesta contundente de la grada para forzar una reacción del propietario Peter Lim. El objetivo, según el ex guardameta, es que el silencio impuesto en Mestalla llegue a incomodar a la cúpula y acelere la salida del dueño, mientras el club pelea por salir del fondo de la clasificación en LaLiga.
Cañizares: “No es solo perder; hay un problema mayor”
En un mensaje difundido en el programa Tiempo de Juego, de Cadena COPE, Cañizares insistió en que la crisis del Valencia supera el terreno de juego. Para el ex futbolista, la falta de un cambio real en el plano institucional es lo que ha provocado el deterioro: “No es el hecho de perder tres puntos; es algo mucho más serio”, señaló, remarcando además que existe un sentimiento creciente de movilización pública.
El ex guardameta defendió que una forma de presión eficaz sería vaciar el estadio de manera “completa y repetida”. Argumentó que esa medida obligaría a la jerarquía a mirar el problema con atención y, sobre todo, a forzar al propietario a tomar decisiones: “No sé si Peter Lim ni siquiera conoce el estado del equipo, si ve los partidos o si le importa en absoluto”, añadió.
Lim solo reaccionaría ante el riesgo de derrumbe
En su lectura de la situación, Cañizares sostuvo que la propiedad únicamente se movería cuando la amenaza de caída resulte inevitable y la operación se perciba fuera de control. En esa línea, afirmó que la respuesta llegaría cuando el club vea “que todo se desmorona”, vinculando el giro a la necesidad de actuar de cara al mercado de enero.
La afición, clave: “Valencia es una mina de oro”
Otro punto central de la intervención del ex portero fue el papel de la hinchada. Cañizares recalcó la fidelidad del público valencianista pese al mal momento y argumentó que esa lealtad contrasta con la sensación de que los intentos de compra del club no han prosperado.
En el mismo espacio, explicó que el Valencia cuenta con una base extraordinaria de seguidores: “Son decenas de miles los que van a Mestalla sabiendo que van a sufrir y que se van a avergonzar. Eso define una afición con un valor enorme”, afirmó, añadiendo que la entidad representa un negocio “muy rentable”.
Según su relato, el problema radica en que Peter Lim no habría atendido las propuestas para hacerse con el control del club, señalando que el último intento se habría producido hace aproximadamente un año. A partir de ahí, planteó el dilema: cómo lograr que el propietario ponga el Valencia en el mercado y, después, quién estaría dispuesto a comprarlo.
Presión social y advertencia sobre la escalada
Para Cañizares, la vía para romper el bloqueo no sería institucional, sino social. De forma directa, sostuvo que “solo” la presión del entorno y de los aficionados puede alterar la postura del máximo accionista. También lamentó que, aunque los seguidores no sean los responsables del conflicto, “no es justo” cargarles la obligación de salvar al club.
Además, el ex guardameta criticó el papel de los responsables políticos locales, a los que responsabilizó de haber dejado pasar oportunidades para dificultar negocios vinculados al proyecto del Nou Mestalla. En su opinión, la reacción no habría llegado desde las instituciones cuando se podía haber tomado una decisión para frenar esa gran oportunidad empresarial.
Próxima cita: el Valencia visita al Sevilla
Con la tensión en máximos, el Valencia tiene por delante una prueba inmediata para cortar la mala racha. El equipo debe reaccionar con rapidez en su partido del viernes ante el Sevilla por la noche. Cañizares advirtió que, si no hay señales claras desde la directiva y si no se producen mejoras tácticas, la amenaza de que Mestalla se vacíe podría derivar en una escalada aún más amplia del malestar de la grada.
En un contexto marcado por la incertidumbre sobre la propiedad y el riesgo deportivo real, el club busca estabilizarse para sostener la lucha por evitar el descenso a Segunda División.