Canadá ilusiona en Montreal y ya piensa en el Mundial tras sus amistosos
En el estadio Saputo de Montreal, con las gradas entregadas y un ambiente rojo que no paró de crecer, Canadá dio un nuevo paso en su camino como coanfitrión del Mundial. Los jugadores realizaron un recorrido por el terreno para saludar a su gente, mientras el público respondía con cánticos de “olé, olé, olé”, en una noche que, pese al resultado, mantuvo intacta la ilusión de un país que ya mira a la gran cita futbolística.
El estreno en la recta final no fue el guion soñado. El 1-1 frente a una Irlanda con un plantel más joven dejó sensaciones encontradas, aunque la energía alrededor del equipo dirigido por Jesse Marsch siguió siendo clara. Incluso los aficionados irlandeses —muchos residentes en Canadá— se sumaron al espectáculo con el “Let’s go Canada” mientras la delegación completaba su vuelta olímpica por el recinto.
Con la etapa previa al Mundial ya cerrada, el balance para los anfitriones del norte incluyó primero una victoria 2-0 sobre Uzbekistán en Edmonton, en medio de una lluvia torrencial, y después este empate en Montreal. Ahora el foco se mueve por completo a la competencia: el 12 de junio Canadá debutará ante Bosnia y Herzegovina en el Toronto Stadium, antes de los siguientes compromisos del Grupo B contra Qatar y Suiza en el BC Place de Vancouver.
Sin embargo, justo cuando la motivación parecía al alza, apareció un golpe que puede resultar determinante en el peor momento posible. TSN informó que Moïse Bombito sería sustituido de la lista para el Mundial, luego de que Canadá considerara que la pierna operada —tras una intervención quirúrgica— no está en condiciones suficientes para competir. La decisión, según el mismo reporte, se tomó priorizando su recuperación y su salud a largo plazo.
Si se confirma, sería una pérdida enorme para Marsch. Bombito se había convertido en una de las piezas más relevantes de la zaga canadiense, aportando velocidad en la recuperación, agresividad para ir al frente y un perfil atlético clave para el estilo que quiere imponer el técnico. Su ausencia dejaría al equipo más corto, menos explosivo y con mayores dudas en el puesto de central, justo a días del torneo más grande en la historia del programa.
Tras el partido ante Irlanda, Marsch dejó un mensaje centrado en el orgullo nacional: “No creo que estemos ni ansiosos ni especialmente emocionados por el Mundial… Queremos darle a nuestro país algo de lo que pueda sentirse realmente orgulloso”. Y añadió: “Este grupo está lleno de hombres increíbles, con historias increíbles, talento enorme y un carácter impecable. Sé que a los canadienses les gusta ganar, y también les gustan las buenas personas, y pienso que podemos demostrar que podemos ser ambas cosas”.
En la previa del Mundial, el análisis del momento canadiense se completa con lo que dejaron los dos amistosos de preparación y con los puntos que todavía deben resolverse para que el plan funcione en el torneo en casa. Tras un inicio dividido durante los primeros 30 partidos de Marsch, Maxime Crépeau terminó imponiéndose en la competencia por la titularidad ante Dayne St. Clair. El enfoque se apoyó más en la confianza del cuerpo técnico y en la madurez del arquero, especialmente para manejar la presión, que en un examen estadístico profundo que, en teoría, habría favorecido al guardameta rival.
En la práctica, el contexto de ambos jugadores en sus clubes de la MLS de South Florida tampoco mostraba diferencias contundentes, pero la sensación interna del entrenador apuntó hacia Crépeau como la opción más sólida. No había, por tanto, un camino equivocado: era una elección basada en cómo se veían las cosas dentro del sistema y en el tipo de decisiones que el torneo exige.
El momento también tuvo un componente especial. Crépeau y Marsch cerraron un círculo con el antecedente de que el entrenador comunicó su elección en una sala de café del CF Montréal en el Stade Saputo, antes del último amistoso contra Irlanda. Ese mismo lugar, que antes era el espacio de descanso de los futbolistas, fue donde Marsch —entonces técnico del Montreal Impact— firmó al joven Crépeau con su primer contrato profesional.
En el primer partido de preparación ante Uzbekistán, Crépeau firmó dos intervenciones decisivas. Salió con determinación de su área para neutralizar ataques que se colaban a través del sistema canadiense de alto riesgo y alta recompensa, un estilo con el que se siente más cómodo. Contra Irlanda repitió el guion: detuvo a Mason Melia en una ocasión clara de salida uno contra uno y también contuvo un penal de Troy Parrott frente a su gente en Montreal.
Después del empate, Crépeau trasladó la emoción con palabras directas: “Me dieron escalofríos, hombre. Este equipo está listo… este núcleo, todos los que han estado en el proceso, pusieron todo en la cancha. El equipo está listo. Estamos listos para representar a 41,5 millones de personas… y no lo damos por sentado, y no lo tomamos a la ligera”.
Con todo, el principal motivo de preocupación para el futuro inmediato no se encuentra tanto en la capacidad de atacar como en el momento defensivo posterior a la recuperación: la fragilidad en la transición. Dado el desgaste que generan las tácticas de contra-presión insistentes de Marsch —su llamado “Maplepressing”—, existe el riesgo de que el equipo llegue sin la misma energía a los tramos finales. Ante Irlanda, fue precisamente Mason Melia quien se coló por detrás en el tramo tardío, obligando a que Crépeau volviera a aparecer como figura tras el dominio relativo que Canadá había logrado durante la primera hora.
Ese tipo de instantes, los que nacen cuando un partido se rompe, son la receta para castigar a Canadá en cualquier momento. No es casualidad: algo similar ocurrió temprano frente a Uzbekistán, y en marzo se repitió el patrón con el doblete de Orri Óskarsson que le dio a Islandia un 2-2 en Toronto.
Desde el lado irlandés, Heimir Hallgrímsson resumió el escenario con claridad: “Si eres paciente ante Canadá, vas a conseguir esas oportunidades, y tienes que convertirlas cuando llegan. Canadá debería haber ganado el partido, probablemente en la primera mitad, pero al final podríamos haberlo robado”.
En cuanto a la situación de Bombito, el defensor no ofreció buenas señales en su retorno. Antes de su lesión, había sido catalogado como el mejor central del continente y el más rápido en la MLS, y posteriormente también se ganó ese reconocimiento en la Ligue 1. Pero al reaparecer después de ocho meses sin jugar —en el duelo contra Uzbekistán— se le vio lejos de la forma esperada. Aunque había comenzado el campamento del Mundial declarando que estaría “100 por ciento” listo para el debut ante Bosnia y Herzegovina, sus primeras acciones tras el percance sufrido en octubre no transmitieron confianza.
Su control de balón no fue el ideal, y en una jugada temprana que terminó en choque con el compañero Derek Cornelius, quedó reflejada la falta de ritmo. No alcanzó los 30 minutos: se lo vio con incomodidad, con sensación de dolor en la pierna reparada y con movimientos que todavía no respondían. En los días siguientes trabajó con tareas adaptadas, sin llegar a realizar entrenamientos completos, y quedó fuera de la convocatoria para el compromiso ante Irlanda.
La respuesta canadiense, en ese sentido, parece tener alternativa. Luc De Fougerolles, de 20 años, aparece como el relevo con la tranquilidad necesaria. El defensor del Fulham, que en su primer año dentro del fútbol masculino pasó la temporada en el FCV Dender de Bélgica, mostró calma bajo presión y, cuando tuvo que decidir, no temió sumar toques extra para ganar espacio frente a la línea defensiva.
Tras el empate ante Irlanda, De Fougerolles explicó cómo ha evolucionado: “Siempre he tenido un poco la intuición, pero creo que mejoré mucho la forma de leer las situaciones desde que estoy jugando más partidos. Cuando juegas fútbol de hombres, tienes que ser un poco más inteligente, porque quizá no quieras lanzarte al duelo para medirte de fuerza. Entonces se trata de decidir si rodearlos y encontrarlos… con el tiempo se vuelve más fácil resolver en la cancha”.
También hay una pieza clave dentro del plan: las jugadas a balón parado. Desde que tomó el mando, Marsch convirtió esos momentos en un componente vital y, durante el último año, el trabajo específico estuvo bajo la guía del especialista Nicolas Gagnon. Aun así, con el Mundial cada vez más cerca, el equipo había caído en una previsibilidad que podía costar caro en encuentros de alto nivel. Ese patrón cambió en el duelo ante Irlanda, cuando Canadá insinuó un repertorio más amplio de recursos en los saques de esquina y otras acciones fijas, con gatillos ofensivos más avanzados, pasos previos y señales falsas diseñadas para sorprender.
En la fase temprana, en una jugada a balón parado, Richie Laryea dejó un pase rápido hacia Liam Millar en vez de buscar de inmediato un centro con trayectoria alta al área. Cyle Larin, por su parte, se adelantó para aprovechar la zona cercana al poste. Después, Stephen Eustáquio optó por no buscar el balón en el juego aéreo y prefirió preparar un disparo de larga distancia a partir de una acción que nació con Ismaël Koné. Aunque Koné ha marcado desde fuera para Sassuolo, rara vez intenta tiros desde fuera del área con la camiseta de Canadá; aun así, la intención confundió a Irlanda, que además cayó en la lectura equivocada de la señal de brazo de Eustáquio, un gesto que suele usarse para indicar alguno de los postes.
El gol inicial de Canadá ante los “Boys in Green” también llegó desde una acción fija: fue producto de un córner de Eustáquio, pero con una entrega más veloz y con potencia hacia la zona de peligro, no orientada a un destinatario concreto en el área chica. Cada vez que el balón cae en el área de seis metros más allá del alcance del arquero, se generan problemas, y Canadá no había logrado hacerlo con constancia antes.
De Fougerolles valoró el avance, pero dejó claro que aún falta camino: “Marcamos en una pelota fija, lo cual fue bueno, pero creo que todavía podemos ser más peligrosos. También hoy cedimos una oportunidad por el lanzamiento largo, así que pienso que podemos mejorar en defensa. En general, esto es un proceso y vamos creciendo cada día”.
El partido ante Irlanda sirvió como señal de que el plan se puede ajustar. Aun así, existe la posibilidad de que Canadá tenga más variantes guardadas. Como ocurre con la mayoría de los equipos, los medios suelen observar solo los primeros 15 minutos del entrenamiento, pero la sesión del domingo fue completamente cerrada, después de que en el día previo se hubiera permitido acceso debido a un ensayo contra Vermont Green, campeón de la USL League One.
En más de una ocasión Marsch repitió que los goles llegarán para su grupo. Sin embargo, en el conjunto de los dos partidos de preparación, Canadá acumuló 30 remates y solo 6 fueron a portería. Además, el saldo ofensivo se quedó en tres anotaciones. El problema recayó en el rendimiento de los atacantes: el gol de Larin no llegó y la sequía que venía desde 2024 siguió pese a la reactivación de su forma en el Southampton. Tani Oluwaseyi, que había sido muy peligroso para generar ocasiones ante Uzbekistán, tampoco encontró el camino del gol, y Jonathan David —estrella del Juventus— apenas registró un disparo en 180 minutos.
Todos tuvieron instantes importantes para construir peligro, pero si la tarea del delantero es marcar, el registro no acompañó lo suficiente. En ese escenario aparece Promise David como alternativa. El atacante alto anotó un tanto que terminó siendo invalidado por fuera de juego ante Uzbekistán y se mostró como amenaza durante sus 37 minutos, aunque en sus 10 partidos con Canadá solo había jugado más de 45 minutos en una ocasión. Ahora el cuerpo técnico deberá decidir cómo encajar esa opción en el plan final.
En la semana que separa estos amistosos del inicio del Mundial, Marsch tendrá tiempo para afinar detalles. También deberá tomar decisiones sobre si prioriza ajustes ofensivos o defensivos, con un espacio disponible en la lista tras la lesión de Marcelo Flores por rotura de ligamento cruzado anterior.
El mensaje final del entrenador fue de trabajo y convicción, pero con lectura táctica: “Todo se reduce a tomar algunas decisiones correctas y, cuando creamos ventajas, ser un poco más limpios en la acción final. También necesitamos que las ideas y las combinaciones fluyan a la velocidad con la que podemos ejecutar: eso puede terminar en un centro, en un balón hacia el arco o en una jugada para que alguien se acomode y meta la pelota a una esquina. Seguiremos trabajando, pero tenemos pólvora, y los goles van a llegar”.