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World-cup

El “cinturón” anual: el mejor futbolista del mundo según su rendimiento

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
24 junio 2026 31 min de lectura

Las mayores figuras del fútbol mundial han aterrizado en Norteamérica. En los últimos años, la Copa América y el Mundial de Clubes ya habían traído una lluvia de talento a estas tierras, pero nada se compara con un Mundial: una cita que convierte cada partido en un escaparate global. Con algunas excepciones para futbolistas que no llegaron a la fase clasificatoria (como Gianluigi Donnarumma) o para casos que parecen haber chocado con sus selecciones (Trent Alexander-Arnold), la mayoría de las estrellas del planeta hoy participa en partidos que se disputan en Canadá, México y Estados Unidos.

Un “cinturón” histórico para elegir al mejor jugador masculino de cada ciclo

Periodo evaluado Tema central Enfoque del criterio
Próximos ciclos de 12 meses Competencias de clubes y selecciones De agosto (inicio de grandes ligas europeas) a los torneos internacionales del verano
Regla de traspaso del cinturón Quién releva al campeón El titular debe caer de nivel, sufrir una lesión relevante o ser superado con claridad
Selección del “mejor” Impacto y contexto Se valora cómo transforma partidos, contra qué competencia y en qué escenario lo logra

El torneo definirá qué selección está por encima del resto. Pero la pregunta paralela es inevitable: ¿quién es, en realidad, el jugador más determinante del mundo? Habrá un premio para el futbolista más destacado del campeonato, pero tras años en los que bastaba con señalar a Lionel Messi, la respuesta ya no es tan sencilla. Kylian Mbappé, Erling Haaland, Rodri, Ousmane Dembélé… y la lista podría cambiar de una semana a otra.

Para despejar esa duda, se propone mirar atrás durante 45 años de historia y resolverlo mediante un método distinto: un “cinturón” que, en cada momento, identifica al mejor futbolista masculino en el planeta. No es un ranking de valor de mercado ni una mirada al futuro. La idea es responder una pregunta más extrema: si tuvieras que ganar un solo partido, contases con un equipo medio en cada posición y pudieras sumar a cualquier jugador del mundo, ¿a quién escogerías?

Por lógica, el criterio suele favorecer a creadores y goleadores, porque son capaces de cambiar partidos. Aun así, no se trata solo de números: también pesan las sensaciones, el contexto y la trascendencia. ¿Ese jugador elevó a su club apenas llegó o cargó a su país hacia algo grande? ¿Tuvo que competir contra rivales más duros? ¿Lo hizo en el escenario más importante posible?

La forma reciente es clave, pero también existe el componente de “campeón”: para que el cinturón cambie de manos, no basta con que alguien lo iguale o lo roce. El titular debe dar un paso atrás notable, quedar marcado por una lesión que siembre dudas sobre su futuro o ser superado de manera clara por otro futbolista.

En cada tramo de doce meses, la evaluación considera lo hecho tanto en clubes como en selecciones. El ciclo arranca con el comienzo de las principales ligas europeas en agosto y concluye con los torneos internacionales que se disputan durante el verano siguiente. Así, por ejemplo, el premio 2021-22 contempla competiciones de clubes dentro del calendario de esa misma temporada y también el Mundial de 2022, pero no incluye la Copa América de 2021 (que entraría en la conversación del año anterior) ni lo ocurrido en la campaña 2022-23 con club (que se analizará en el siguiente ciclo).

Con ese marco, el relato arranca desde el curso 1979-80. Dejando atrás a leyendas como Pelé y Franz Beckenbauer, la primera elección recae en un delantero que brilló para una selección que ya no existe.

1979-80 a 1981-82: Karl-Heinz Rummenigge, FW, Bayern Munich/West Germany

El cinturón inicia con un salto ofensivo enorme. Rummenigge firmó una campaña 1979-80 espectacular: convirtió 26 goles con el Bayern, prácticamente duplicando su mejor marca previa, y además fue el máximo anotador de cualquier futbolista de las “Big Five” de Europa. El Bayern necesitó esos tantos para ganar la Bundesliga por dos puntos sobre el Hamburger SV. Después, el ejecutivo que más tarde tendría un papel decisivo en la institución cerró su año ganando el Campeonato de Europa con Alemania Occidental en 1980. Rummenigge fue incluido en el “Equipo del Torneo” por una jugada clave: una asistencia desde un córner que terminó en el gol ganador de la final.

Tras consolidarse entre los mejores del mundo, Rummenigge respondió con otra temporada de alto nivel: en la Bundesliga marcó 29 goles al año siguiente. En la European Cup de ese mismo curso sumó seis dianas en ocho partidos, aunque el Bayern cayó en semifinales ante el Liverpool. Un año después, ya clasificado nuevamente tras retener el título liguero, el delantero volvió a ser determinante: anotó seis tantos camino a la final, pero el Bayern se inclinó ante el Aston Villa en Rotterdam.

Rummenigge se mostró especialmente cómodo en grandes citas. En el Mundial de 1982, volvió a ser protagonista: marcó cuatro veces en la fase de grupos, pero luego sufrió una lesión en el tendón de la corva. Aun así, desde el banquillo se convirtió en solución: anotó cinco minutos después de entrar en la prórroga en la semifinal, cuando Alemania Occidental remontó un 3-1 adverso frente a Francia y acabó imponiéndose en una tanda de penales. En la final, Alemania Occidental cayó ante Italia, frustrando la posibilidad de que Rummenigge levantara una medalla con sabor a gloria internacional. Después siguió rindiendo en la Bundesliga hasta una etapa complicada en el Inter de Milán, donde el relevo de esta etapa del cinturón ya estaba a punto de llegar.

1982-83 to 1984-85: Michel Platini, MF, Juventus/France

El primero de varios jugadores de la Juventus que terminarían portando el cinturón es Platini. Con 27 años, dio el salto a la Serie A tras consolidarse como uno de los mejores futbolistas de Francia. Aunque ya había conquistado la Ligue 1 con Saint-Etienne, sus reconocimientos individuales y su rendimiento no habían derivado en éxitos continuos ni con club ni con selección, algo que sí lograría con el paso del tiempo. Platini lideró a Francia en un torneo que terminó con derrota, después de que el equipo remontara: se fue 3-1 arriba y, sin embargo, acabó cayendo en la prórroga ante Alemania Occidental. También queda en la memoria un episodio polémico: el arquero alemán Harald Schumacher agredió de forma violenta al defensor francés Patrick Battiston, una acción que hoy sería imposible de imaginar sin una expulsión automática.

Pero en Juventus, Platini encontró su punto de equilibrio y allí tanto club como país se beneficiaron. A pesar de que llegó a Italia como mediapunta encargado de generar juego, lideró la Serie A en goles durante tres campañas consecutivas: 16 en 1982-83, 20 en 1983-84 y 18 en 1984-85. Impulsada por su nueva estrella, la Juventus ganó el campeonato italiano en 1983-84 y 1984-85. Además, se coronó en la Recopa de Europa en 1983-84 (antecedente de la actual Conference League) y luego ganó la Copa de Europa en 1984-85 con un penal convertido por Platini en un partido que quedó tristemente marcado por la tragedia ocurrida en las gradas del estadio Heysel.

Platini también ayudó a Francia a conquistar su primer gran título en la Eurocopa de 1984. Allí firmó una actuación que puede describirse como la mejor de un futbolista en un gran torneo. En un certamen donde nadie más superó las tres anotaciones, Platini convirtió nueve goles en los cinco partidos de Francia, incluyendo hat-tricks consecutivos contra Bélgica y Yugoslavia. Delante de su gente, anotó el gol del triunfo en el tiempo extra ante Portugal en semifinales y abrió el marcador en la final: en el triunfo 2-0 sobre España en el Parc des Princes, el gol llegó tras un balón libre mal controlado. El resto fue control y jerarquía.

Después de la conquista europea, Platini ayudó a la Juventus a ganar la Copa Intercontinental y otro título de Serie A. Se retiró tras el Mundial del año siguiente y, al terminar 1985-86, otro “diez” irresistible ya estaba reclamando el cinturón como el mejor del mundo.

1985-86 to 1989-90: Diego Maradona, MF, Napoli/Argentina

Maradona ya era una estrella global: se convirtió en el primer futbolista en ser transferido dos veces por una cifra récord en el mundo. Primero salió de Boca Juniors hacia el Barcelona, y luego volvió a cambiar de aires tras el movimiento desde el club español hacia Napoli. El argentino, aunque era sinónimo de talento y genialidad, también se caracterizaba por un carácter temperamental en los primeros años. Sin embargo, tras dejar Sudamérica, no había logrado ganar un trofeo con Argentina en nivel absoluto, ni había conquistado un título de liga en España o Italia.

Entonces llegó el Mundial de 1986 y todo cambió. Maradona se convirtió en la figura dominante del planeta. Llevó a la Albiceleste hacia su segundo título mundial: marcó cinco goles en el torneo, incluyendo dos en el partido de cuartos contra Inglaterra. Ese doblete es recordado como uno de los más vistos de la historia reciente del fútbol. En semifinales, anotó ambos goles del 2-0 sobre Bélgica y, en la final, asistió a Jorge Burruchaga para el gol decisivo con un pase en profundidad desde su propio campo.

Icono en Argentina y también conductor de un nuevo destino: tras el Mundial, Maradona empujó al Napoli hacia el primer título de liga del club, anotando 17 goles en el camino. Napoli sumó además la Coppa Italia. Al año siguiente, lideró la Serie A con 15 tantos mientras el equipo finalizaba segundo en la liga. La gloria europea llegó el curso siguiente con la conquista de la UEFA Cup: superaron a rivales como Juventus y Bayern Munich. Con jóvenes emergentes en la plantilla, como Ciro Ferrara y Gianfranco Zola, Maradona condujo al Napoli a un segundo título de Serie A en 1989-90, consolidándolo como el jugador más legendario de la historia del club.

Con Argentina, Maradona no logró sumar otro trofeo, aunque estuvo cerca en 1990. Ya en el torneo, jugó con un tobillo resentido y firmó una actuación inolvidable al eliminar a su gran rival, Brasil, en los octavos de final. En un Mundial de ritmo bajo y pocos goles, no encontró el camino en la final: cayó 1-0 ante Alemania Occidental.

Luego, tras cinco años en la cima, el final llegó rápido. En el Napoli, con un rendimiento irregular en la liga, Maradona dio positivo por cocaína después de un partido contra Bari. La sanción posterior le quitó el resto de las campañas 1990-91 y 1991-92. Pasó un año relativamente discreto en España con Sevilla y después regresó a Argentina, antes de volver al gran escenario en el Mundial de 1994. Allí dirigió al equipo en dos encuentros, pero volvió a dar positivo por efedrina, lo que terminó su participación y también su etapa con la selección.

1990-91: Lothar Matthäus, MF, Inter Milan/West Germany

Tras la renuncia de Maradona al trono, por primera vez en casi una década no aparece un sustituto inmediato y evidente. Matthäus llega con credenciales: acaba de ganar un Mundial con Alemania Occidental como capitán, justo cuando arranca la ventana 1990-91 para efectos del cinturón. Se sitúa como un candidato claro junto a futbolistas como Ruud Gullit, Emilio Butragueño y Jürgen Klinsmann, este último compañero tanto en club como en selección.

Matthäus se encargó de que la temporada lo colocara en la conversación desde el inicio. A finales de 1990-91, se había convertido en un “ganador serial”. Adelantado en el terreno respecto al rol defensivo que adoptaría más adelante, anotó 21 goles en todas las competiciones, con 16 en Serie A. Inter conquistó la liga italiana y también la UEFA Cup, y Matthäus marcó en cada una de las cuatro eliminatorias de ida y vuelta camino a la definición. Nadie discute que no tenía el mismo estilo glamuroso de Platini o Maradona, pero el balance de resultados lo hace difícil de ignorar.

En 1991-92, se rompió el ligamento cruzado anterior (ACL), lo que le impidió incorporarse a la selección alemana unificada durante la Eurocopa. Inter quedó en una posición intermedia y luego vendió a Matthäus a Bayern Munich. Allí pasó a la última línea y terminó siguiendo los pasos de Franz Beckenbauer como “líbero” o zaguero adelantado para el club y también para su selección. Además, se convierte en el primero de una serie de portadores de corta duración, justo cuando el cinturón estaba atrapado entre grandes rachas al inicio de los noventa.

1991-92: Marco van Basten, FW, Milan/Netherlands

Van Basten ya tenía grabada su huella en la historia por ese gol contra la Unión Soviética en la Eurocopa de 1988. Tras saltar de Ajax al Milán en 1987, se mantuvo como uno de los máximos goleadores de Serie A, pero durante su etapa italiana lidió con lesiones de forma recurrente.

Sin embargo, en 1991-92, con el cuerpo a tono, firmó una temporada brillante: anotó 25 goles en 31 encuentros con el Milán en la liga. Para dimensionarlo, nadie más superó los 18. Esa cosecha llegó en un campeonato donde, en promedio, los equipos que no eran Milán marcaban 36 tantos en toda la campaña. El delantero de 26 años fue tan decisivo como lo fue Erling Haaland tiempo después con su aterrizaje en Manchester City, ajustando la diferencia en cuanto al volumen de goles en el resto de la liga. Con Van Basten al frente, el Milán sumó 74 goles en Serie A y además quedó invicto en la liga en medio de una racha que terminaría siendo de 58 partidos sin perder.

Pero el patrón se repite: otra vez, el estrellato se cortó en plena etapa de madurez. Van Basten venía arrastrando una lesión de tobillo dentro de su ciclo en Milán, y el objetivo era que el futbolista holandés superara el problema tras una campaña 1991-92 completa y su participación en el torneo europeo.

Con el inicio de 1992-93, arrancó con potencia: entre Serie A y la Champions League marcó 19 goles en 21 partidos. No obstante, en diciembre volvió a agravarse el tobillo y se perdió cuatro meses. Regresó al final de la temporada para la final de la Champions League, que el Milán perdió ante el Marsella. Ese duelo resultó ser su último partido profesional: pasó los siguientes dos años intentando recuperarse del tobillo y finalmente se retiró.

1992-93: Roberto Baggio, FW, Juventus/Italy

Con Van Basten fuera por completo de la escena, no aparece un reemplazo claro. Eric Cantona se marchó a Manchester United y empujó al club a ser el primer campeón de la nueva Premier League. En Inglaterra, Chris Waddle ganó el premio a Jugador del Año. Marsella, campeón de la Champions League, vio su temporada empañada por un escándalo de amaño de partidos. La línea defensiva del Milán siguió funcionando con solvencia, aunque para el cinturón era difícil elegir entre futbolistas como Paolo Maldini y Franco Baresi. Además, aunque Giuseppe Signori encabezó la tabla de goleadores de Serie A con 26 dianas, el jugador que quedó por debajo en la clasificación fue quien se llevó el Balón de Oro.

Y por eso, el “Divino Ponytail” se queda con el cinturón. Baggio firmó su mejor curso en Serie A como profesional: marcó 21 goles en 26 partidos con la Juventus. Con eso, terminó cuarto en la máxima categoría, pero condujo al equipo “bianconero” hacia el título de la UEFA Cup: anotó seis veces en nueve partidos mientras jugaba como delantero más retrasado. El futuro finalista del Mundial metió todos los goles de su selección en semifinales ante Paris Saint-Germain, y luego sumó dos tantos en la ida de la final a dos partidos ante Borussia Dortmund, incluyendo uno de los goles más “feos” —pero decisivos— que se recuerdan.

Baggio también agregó cinco goles y dos asistencias en siete encuentros con Italia en el mismo tramo. Se convirtió en la gran figura del equipo de cara al Mundial del año siguiente en Estados Unidos. Aunque marcó cinco goles en la fase eliminatoria, su momento más recordado en el gran escenario es el fallo del penal que definía el torneo. Aun así, antes de ese Mundial, otro delantero ya le había arrebatado el liderazgo.

1993-94: Romario, FW, Barcelona/Brazil

Fue una temporada casi perfecta para el delantero impredecible. El año comenzó con un salto a una de las ligas de las “Big Five” por primera vez tras dejar PSV Eindhoven para fichar por Barcelona. En su campaña inicial en La Liga, el brasileño ganó el Trofeo Pichichi: marcó 30 goles y sumó 12 asistencias, y con esos números Barcelona se llevó el campeonato. Romario no estuvo tan acertado en Europa, aunque sí ayudó a que Barcelona llegara a la final de la Champions League, donde perdió 4-0 frente al Milán.

Lo que Romario hizo por su país fue incluso más dramático. Estuvo prácticamente fuera de la convocatoria de Brasil en gran parte de la fase de clasificación por reclamar por los viajes y por no ser utilizado. Aun así, volvió para el último partido como incorporación de última hora debido a una lesión de un compañero y marcó los dos goles en la victoria 2-0 sobre Uruguay, sellando así el pase de Brasil al Mundial.

Ya en el torneo, Romario terminó de hacerse dueño del show. Anotó en cinco de los primeros seis partidos de Brasil y aportó una asistencia en el otro duelo, donde Brasil ganó 1-0 al anfitrión. Aunque la final ante Italia se resolvió sin goles, Romario convirtió su penal en la tanda, lo que permitió a Brasil levantar su cuarta copa del mundo.

Lo que vino después fue una incógnita dura: el superhéroe no logró sostener ese nivel. El año siguiente marcó cuatro veces en 13 partidos y luego tuvo una ruptura con el entrenador Johan Cruyff. Fuera de 11 encuentros con Valencia y de breves etapas en distintos rincones del mundo, la mayor parte de su carrera la pasó en Brasil: siguió anotando para Fluminense, Vasco da Gama y otros clubes de primera división durante sus 40. Aun así, el siguiente paso del fútbol brasileño hacia la gloria vendría por otro jugador del mismo equipo.

1994-95 to 1998-99: Ronaldo, FW, PSV Eindhoven/Barcelona/Inter Milan/Brazil

Los dos años posteriores al Mundial se vivieron con mucha frustración. En 1994-95, George Weah ganó el Balón de Oro tras una campaña en la que metió siete goles en la Ligue 1, aunque al mismo tiempo lideraba la tabla de anotaciones de la Champions League. El curso siguiente, Matthias Sammer, de Borussia Dortmund, lo siguió. El mejor equipo del mundo era Ajax, con un plantel cargado de jóvenes holandeses como Edgar Davids, Marc Overmars y Frank de Boer. Jari Litmanen, el habilidoso mediapunta finlandés, llevó al Ajax a ganar la Champions League y llegar a la final al año siguiente, pero aun con todo eso, esa temporada no colocaba al mejor futbolista del mundo como portador del cinturón.

En cambio, el siguiente dueño del cinturón inició su racha en otro escenario de la Eredivisie. Tras irrumpir en el fútbol brasileño como un fenómeno de 17 años con Cruzeiro, Ronaldo siguió los pasos de su compañero de selección. En el Mundial de 1994 estuvo en el banquillo, pero después siguió el consejo de Romario y arrancó su carrera europea en PSV Eindhoven.

Ronaldo fue una sensación inmediata: en su primer curso, con apenas cumplidos 18 años un mes después de iniciado, anotó 30 goles en 33 encuentros. Sí, hubo jugadores con números altísimos en la liga holandesa, pero Ronaldo además firmó un hat-trick ante Bayer Leverkusen en la UEFA Cup, dejando claro que su impacto no era solo doméstico. Incluso cuando no marcaba, su velocidad, su físico y su habilidad audaz lo convertían en espectáculo.

La temporada 1995-96 se vio corta por una lesión en el tendón patelar, pero aun así, sumando Eredivisie y UEFA Cup, el adolescente alcanzó 19 goles y seis asistencias en 21 partidos. El salto a un club grande era inevitable: como años antes hizo Romario, el brasileño pasó de Eindhoven a Barcelona por una cifra récord para la época. Tras la salida de Romario y Hristo Stoichkov, el club catalán necesitaba un artillero de élite, especialmente tras no haber tenido ningún jugador entre los diez primeros en goles de liga de su equipo la temporada anterior.

Llegó una de las mejores campañas modernas. Con Luis Enrique reforzando el papel creativo desde Real Madrid hacia Barcelona, Ronaldo parecía imparable. Marcó 34 goles y dio 10 asistencias en 37 partidos en su primera La Liga, y agregó 13 tantos más en otras competiciones. Barcelona terminó segundo en la primera división, pero Ronaldo los condujo a la gloria en la Recopa de Europa de Campeones de Copa: anotó el único gol en la final, un 1-0 ante PSG.

Ya instalado como la mayor figura del planeta, Ronaldo tomó el protagonismo en la Copa América para convertir a Brasil en su propia historia. La Seleção se mantuvo invicta durante el torneo, y Ronaldo marcó cinco goles en siete partidos, incluyendo el tanto decisivo en la final ante Bolivia. Al invierno siguiente, agregó cuatro más en la Copa de las Confederaciones.

Tras una etapa breve de “una sola temporada” en Barcelona, Ronaldo se marchó a Inter por otra cantidad récord, cuando el club italiano activó su cláusula de salida. Eso alimentó la tendencia de cláusulas imposibles en contratos españoles de los años siguientes. En Serie A, los defensores no tuvieron respuestas: Ronaldo anotó 25 goles en 32 partidos de liga y llevó a Inter a otro título de UEFA Cup. En semifinales marcó dos veces ante Spartak de Moscú y en la final añadió uno en la victoria sobre Lazio. Con el Mundial acercándose, parecía todo dispuesto para una coronación.

Pero el guion se rompió de forma dramática. Ronaldo anotó cuatro veces en el camino de Brasil a la final, pero lo siguiente fue surrealista: en escenas que siguen siendo debatidas hoy, Ronaldo sufrió una crisis justo antes de la final y fue retirado del equipo, sorprendiendo a los medios en todo el mundo. Tras hablar con el cuerpo técnico, logró entrar y comenzó el partido ante Francia, pero fue prácticamente invisible en el 3-0. Aun así, recibió el Balón de Oro por su rendimiento en el torneo. Era la primera gran alerta sobre su estado físico en su etapa joven.

Esas preocupaciones se mantuvieron en la temporada siguiente: en Inter apenas jugó 19 partidos. Marcó 14 veces, pero el impacto del delantero fue como de media temporada y el equipo terminó octavo en Serie A. Aun así, su cierre con ocho goles en ocho partidos parecía sugerir que Ronaldo seguía siendo el de antes. En la Copa América, Brasil defendió el título y él marcó seis goles. Su control del cinturón era frágil, pero seguía siendo el delantero más devastador del mundo cuando saltaba al campo.

En 1999, el exceso de carga terminó pasando factura. Una nueva lesión de rodilla lo dejó fuera después de cinco partidos en Serie A, y se quedó sin jugar el resto de 1999-2000 y durante toda la campaña 2000-01. En 2001-02, apareció como jugador de rotación en Inter, con minutos intermitentes y luego otra dificultad por un problema en el tendón del muslo. Con van Basten y Litmanen ya afectados por lesiones tras llegar al máximo nivel, el temor era que Ronaldo se sumara a esa lista de grandes que se apagan en su mejor momento.

Pero Ronaldo tuvo un segundo acto. En el Mundial de 2002 en Japón y Corea del Sur, volvió al escenario global y marcó ocho goles para que Brasil recuperara el trofeo. Después, se unió a Real Madrid bajo la política de los “galácticos” y reescribió su historia: convirtió 90 tantos entre La Liga y Champions League durante los tres años siguientes. Ya con la lesión detrás, no era tan letal en solitario como en su adolescencia, pero en Madrid encontró más apoyo.

1999-00 to 2002-03: Zinedine Zidane, MF, Juventus/Real Madrid/France

Se puede argumentar que Zidane ya había dejado su marca en esta distinción al final de 1997-98. Entonces anotó dos goles para Francia en aquel cruce con Ronaldo y Brasil, y terminó llevándose el Mundial con su selección en el Estadio de Francia. Tras la salida de jugadores como Eric Cantona y David Ginola, Zidane se convirtió en el centro del equipo francés. Por eso, tampoco sorprende que haya quien piense que aquel día en julio le arrebató el título a Ronaldo.

Sin embargo, la historia es más compleja. Zidane fue una estrella, sí, pero no había tenido su mejor Mundial hasta la final: en la fase de grupos fue expulsado ante Arabia Saudita y se perdió los siguientes dos partidos. En la votación del Balón de Oro, quedó sexto, detrás de sus compañeros Lilian Thuram y Marcel Desailly. Llegó al Mundial tras una campaña sólida con Juventus, club que ganó la liga en 1997-98, aunque Ronaldo había sido nombrado Jugador del Año en Serie A.

Tras el Mundial, Zidane atravesó un año irregular con Juventus: apenas firmó dos goles y dos asistencias, y no anotó en Champions League. Además, se perdió gran parte del tramo final porque el equipo terminó séptimo en Serie A.

La siguiente temporada, Zidane ayudó a que Juventus volviera al segundo puesto en la liga, pero su impacto fuera de lo doméstico fue todavía más decisivo: guio a Francia a un título de Euro 2000. Zidane marcó desde un tiro libre en un triunfo de cuartos sobre España y luego anotó desde un penal con “gol de oro” en semifinales ante Portugal. Fue declarado el Jugador del Torneo tras el éxito de Francia, lo que lo coloca arriba en el balance del cinturón al terminar 1999-00.

A partir de ahí, su brillo se sostuvo con poca discusión. En su última temporada con Juventus, anotó seis goles y repartió 14 asistencias antes de firmar un traspaso récord a Real Madrid. En el Bernabéu, costó acomodar todo el talento ofensivo en un solo equipo, pero Zidane siguió siendo decisivo: dejó 16 goles y 16 asistencias en sus dos primeras campañas de La Liga. Aunque no ganó la Champions League con Juventus en par de finales, en 2001-02 escribió una historia memorable: decidió la final contra Bayer Leverkusen con uno de los goles más destacados de la era.

Una lesión le impidió brillar como deseaba en el Mundial de 2002, pero Zidane sí fue determinante junto a Luis Figo en el título de liga de Real Madrid en 2002-03. Fue el último gran trofeo que ganaría Zidane como jugador. Francia sufrió una eliminación inesperada ante Grecia en la Eurocopa de 2004, lo que llevó a Zidane a retirarse de forma momentánea de la escena internacional. Cuando regresó para el Mundial de 2006, su último acto como futbolista profesional, Zidane marcó tres tantos —dos desde el punto penal— antes de quedar en la memoria por una expulsión por un cabezazo a Marco Materazzi. Aun así, Zidane se llevó el Balón de Oro al Jugador del Torneo.

Hasta ese retiro, fue de los más influyentes del planeta. Pero apareció otro francés que empezaba a convertirse en pieza esencial dentro de una racha histórica.

2003-04: Thierry Henry, FW, Arsenal/France

La Premier League entra en la lista por primera vez, con el jugador y el entrenador que, en muchos sentidos, simbolizan la evolución del campeonato. Aunque Arsène Wenger llegó desde Francia —pasando por Japón— para transformar hábitos del fútbol inglés y aunque futbolistas como Dennis Bergkamp y Jürgen Klinsmann eran referentes que cruzaban el Atlántico, Henry fue uno de los primeros internacionales jóvenes que se establecieron con claridad como elite real en la liga inglesa.

Henry formó parte del equipo que ganó el Mundial de 1998 y ya había dejado huella con su sociedad con David Trezeguet en Mónaco. Tras un paso complicado por Juventus, Wenger firmó a Henry para Arsenal justo antes de que el francés se encendiera en la Eurocopa 2000. El cambio de rol —de extremo a delantero— hizo que su velocidad y su definición fueran imposibles de frenar para las defensas inglesas. Henry se colocó rápidamente en la pelea por el Pichichi de la liga junto a Alan Shearer y Ruud van Nistelrooy.

Para 2002-03, Henry ya era de los mejores del mundo. Sumó 24 goles y añadió 20 asistencias en un Arsenal que estuvo a un paso de superar a van Nistelrooy y al United. Al año siguiente, se cerró la discusión y Henry asumió el rol de “mejor jugador”. Anotó 30 goles en 37 partidos con Arsenal, y el club se convirtió en el primero en mantenerse invicto en el campeonato doméstico en Inglaterra desde 1889. Además, Henry ganó todos los premios de Jugador del Año en ese país y también se llevó el European Golden Boot. En Champions League sumó cinco goles y cinco asistencias en 10 partidos, aunque Arsenal quedó eliminado en cuartos por el rival Chelsea.

La temporada siguiente volvió a ser excelente: marcó 25 goles y repartió 14 asistencias en la liga. Pero apareció otra sensación brasileña que dominaba en dos frentes y devolvía el cinturón a Sudamérica.

2004-05 to 2005-06: Ronaldinho, FW, Barcelona/Brazil

En medio de la ola de “galácticos” que Real Madrid fichaba, era razonable pensar que Barcelona había perdido algo de relevancia internacional antes de la llegada de Ronaldinho. Tras ganar dos títulos consecutivos con Rivaldo como líder antes de iniciar el nuevo siglo, Barcelona había terminado cuarto, cuarto y sexto en La Liga en las tres temporadas previas a la incorporación del brasileño. Además, en ese periodo apenas lograron un paso a semifinales de la Champions League, donde se toparon con el 3-1 de los merengues. Barcelona necesitaba un jugador que devolviera el equilibrio del poder hacia Cataluña.

Ronaldinho trajo ese punto de descaro. Su impacto había empezado en el Mundial de 2002 con Brasil, cuando dejó a Inglaterra fuera de su “generación dorada” con una acción famosa: un tiro libre que parecía mezcla entre pase al área y golpe con efecto, dejando fuera a David Seaman. Aún no hay una respuesta definitiva sobre si Ronaldinho buscaba elevar el balón para que pasara por encima o si el intento terminó desviado, pero en el fondo lo importante es lo mismo: creatividad y genialidad.

Tras años de fichajes galácticos en Madrid, Barcelona logró incorporar a uno propio un año después del Mundial: el brasileño llegó procedente de Paris Saint-Germain. En paralelo, La Masia empezó a entregar leyendas al primer equipo, con Xavi y Carlos Puyol como productos de la casa, lo que le dio a Ronaldinho la libertad para construir desde arriba. En su primera campaña en España marcó 15 goles y dio cinco asistencias, pero Barcelona quedó cinco puntos por debajo de Valencia y cayó de la UEFA Cup ante Celtic.

Al siguiente curso, Ronaldinho y el nuevo fichaje Samuel Eto’o lideraron el camino: el brasileño aportó nueve goles y nueve asistencias y Barcelona se quedó con La Liga. En el detalle clave, Ronaldinho marcó dos veces y sumó una asistencia cuando Barcelona repartió puntos en sus dos partidos de liga ante Real Madrid. Fue todavía más espectacular en la temporada posterior: 17 goles y 14 asistencias para retener el título. De nuevo, Ronaldinho castigó al Madrid, anotando tres goles y quitándoles cuatro puntos en el campeonato doméstico. Además, en Europa fue decisivo: sumó siete tantos mientras Barcelona avanzaba en Champions League y derrotaba a Arsenal en la final dirigida por Henry.

Con la selección brasileña, Ronaldinho no tuvo siempre el mismo protagonismo. La Copa América no se disputó en ese periodo y Ronaldinho estuvo ausente en 2004 por una lesión. Aun así, sí dejó huella en la Copa Confederaciones de 2005: marcó en la final cuando Brasil venció a Argentina en Alemania. En el Mundial de 2006 fue figura central, pero no logró ser determinante: Brasil se quedó fuera en cuartos. El talento de aquel Mundial pertenecía a un tipo de futbolista distinto, y su brillo fue suficiente para el reconocimiento en un ciclo de doce meses.

2006-07: Andrea Pirlo, MF, Milan/Italy

Este análisis no incluye lo que Pirlo hizo en el Mundial, donde fue “hombre del partido” en tres ocasiones para una selección italiana que venció a Francia en la final. Aunque Pirlo ya estaba consolidado en el once inicial del Milan, ese Mundial pudo ser el punto de inflexión para que el mediocampista profundo empezara a considerarse seriamente entre los mejores del mundo.

En la temporada posterior, la idea se confirmó. En Serie A, aportó ocho asistencias para el Milan, pero su mayor impacto llegó en Champions League: desde su rol, Pirlo condujo al equipo a vencer a Liverpool, con asistencias en semifinales y en la final. No era lógico esperar el mismo volumen de producción goleadora que Ronaldinho o algunos delanteros top, pero sí era indiscutible que, en su posición, Pirlo era el mejor del planeta. Tanto es así que rivales intentaban desesperadamente encontrar a otro Pirlo para replicar ese rol de creación delante de la defensa.

Pirlo siguió rindiendo en Milán antes de mudarse a Juventus, donde su llegada a un plantel en dificultades coincidió con una racha de nueve títulos de liga consecutivos. Permaneció entre los mejores de Europa durante otra década, pero la rivalidad de la siguiente etapa empezaba a encenderse.

2007-08: Cristiano Ronaldo, FW, Manchester United/Portugal

Mientras Pirlo evolucionaba para retroceder más hacia la defensa y dirigir el juego desde posiciones profundas, el cambio de Cristiano Ronaldo fue más físico. Cuando llegó a Manchester United desde Sporting de Lisboa con 18 años, era un extremo con inclinación —quizá excesiva— por los amagues y los “pasos” repetidos. En sus primeros años, se lo usaba como extremo, con Van Nistelrooy y Wayne Rooney como delanteros puros preferidos.

Pero con el paso de la adolescencia, Ronaldo empezó a ganar masa muscular. Tras la salida de Van Nistelrooy rumbo a Real Madrid, pasó a ser un jugador más determinante en el juego aéreo y pasó más tiempo como centrodelantero. Su cifra goleadora en liga creció de cinco a nueve y luego a 17 en temporadas consecutivas, mientras United se llevaba el primer título de liga en cuatro años en el tramo final de ese ciclo.

En 2007-08 se alineó todo. Por tercer curso seguido, casi duplicó su producción en la Premier League: marcó 31 goles con United y retuvo el campeonato. En Europa, donde a veces había costado igualar su impacto, esta vez no hubo críticas: Ronaldo sumó ocho tantos más en el recorrido hacia el título. Además, marcó el gol decisivo en cuartos contra Lyon y anotó en la final ante Chelsea con un cabezazo. Tres años atrás, la idea de que Ronaldo fuese una amenaza constante dentro del área habría parecido exagerada. Pero ya era una realidad.

En Euro 2008 apenas logró un gol y su última campaña con United en su primera etapa no tuvo el mismo brillo que la anterior, lo que alimentó las especulaciones de que el delantero ya pensaba en un salto a Real Madrid. Tras ese año, se cumplió: Florentino Pérez lo incorporó a la segunda generación de “galácticos” en Madrid por una cifra récord de 131,5 millones de dólares.

Y ese fichaje, como era de esperar, inició una rivalidad histórica en España. Esta lista seguirá mucho tiempo en La Liga, pero el cinturón se va de Madrid por unos años…

2008-09 to 2014-15: Lionel Messi, FW, Barcelona/Argentina

Entra otro argentino legendario en el debate. Con Ronaldo tal vez atravesando su último curso en Manchester United sin el mismo impulso, Messi toma el relevo del rival y también desplaza a Ronaldinho como figura principal en Barcelona. El club vendió el contrato del atacante brasileño al Milan en el verano de 2008, lo que permitió construir el ataque completamente alrededor de Messi con Henry y Eto’o. Con Pep Guardiola tomando el mando desde Frank Rijkaard antes del inicio de la temporada, se abría la era dorada en el Camp Nou.

El ciclo de Guardiola empezó con un triplete: Barcelona ganó Copa del Rey, La Liga y Champions League. Messi, que por primera vez superó las 2.000 minutos en la liga como profesional, fue el motor. Anotó 23 goles y dio 11 asistencias en La Liga, y sumó nueve tantos y cinco asistencias en el camino hacia el título europeo. En cuartos contra Bayern marcó dos veces y en la final selló el triunfo con un cabezazo tras un pase de Xavi Hernández.

Y aquí toca volver a las reglas que se plantearon al inicio: para ser “el mejor”, no basta con superar por poco al que está arriba. El portador del cinturón debe caer con claridad o el retador tiene que reaparecer como el candidato indiscutible. Si la diferencia es estrecha, el cinturón se queda con el actual.

Aun así, Messi también mantuvo su ventaja durante años en España. Para contextualizar la dimensión real de la pelea, se mira la producción combinada en La Liga y Champions League durante el tiempo de Ronaldo en el campeonato:

Los goles y las asistencias no lo explican todo, pero sí ayudan a ubicar el nivel de producción. Y en esa batalla anual, ambos jugadores estuvieron por encima de casi todo lo que existía en el planeta durante cerca de una década.

En los primeros cuatro cursos de esta comparación, no se ve claramente cómo justificar que Ronaldo pudiera ponerse por delante. Barcelona dominaba de forma habitual el campeonato doméstico y entre ambos equipos se dio el único título de Champions League compartido. Aunque Ronaldo tuvo una temporada de 56 goles en 2011-12, Messi respondió con 64 en el mismo campeonato.

El primer gran argumento para que Ronaldo se despegara llegó en 2013-14: Ronaldo generó 15 participaciones goleadoras más que su rival. Real Madrid volvió a lo más alto al ganar Champions League esa temporada y completó el doblete al derrotar a Barcelona en la Copa del Rey con un gol tardío de Gareth Bale. Bajo el mando de Gerardo Martino, Barcelona sufrió pesadillas por enfrentar plantillas del Madrid: además, Atlético se llevó la liga por tres puntos y dejó fuera a Messi y compañía en cuartos de Champions.

Pero aquí aparece el Mundial de 2014. Ronaldo sufrió una lesión de rodilla y, aunque marcó un gol y asistió en otro, Portugal no pasó de fase de grupos. En el gran escenario, Messi marcó cuatro goles, llevó a Argentina a la final y recibió el Balón de Oro del torneo como mejor jugador. En esas circunstancias, es difícil quitarle el cinturón.

Los dos vivieron temporadas alucinantes en 2014-15, con Messi guiando a Barcelona a un triplete. Ronaldo sumó 58 goles entre La Liga y Champions League. Si Messi no hubiera estado tan cerca en 2013-14, Ronaldo habría retenido el cinturón un año más. Pero como Messi lo sostuvo por poco, y además fue el mejor jugador en la Copa América de ese mismo año, el cinturón se mantuvo con él.

2015-16: Cristiano Ronaldo, FW, Real Madrid/Portugal

Para 2015-16, sin embargo, Ronaldo estaba tan intratable frente al arco que volvió a ponerse por encima. Messi anotó solo 32 goles, mientras que Ronaldo marcó 51 y sumó 13 asistencias. Barcelona ganó La Liga por un punto, fruto de un inicio irregular bajo Rafa Benítez, pero Madrid cambió completamente tras la llegada de Zidane a mitad de campaña: ganó los últimos 12 partidos, incluyendo un 2-1 en Barcelona, y empujó a su rival al límite.

Y en Champions League, por supuesto, Ronaldo y Real Madrid fueron superiores. El delantero anotó 16 goles en 12 partidos, quedándose a un tanto del récord europeo que él mismo había establecido dos años antes. Aunque cuatro de esos goles llegaron contra un Malmo claramente inferior en fase de grupos, siguió destrozando en eliminatorias: marcó en los dos partidos de los octavos contra la Roma y su hat-trick ayudó a remontar un 2-0 en la ida ante Wolfsburgo. En la final, no falló: convirtió el penal que dio el título a Real Madrid y volvió a romper el corazón de Atlético.

Para rematar, en el verano ambos tuvieron peso decisivo con sus selecciones. Messi marcó cinco veces en la Copa América Centenario, pero Argentina volvió a caer en penales ante Chile en la final. Ronaldo, por su parte, se llevó la Plata en la Euro 2016. Portugal terminó tercero en su grupo y necesitó dos goles de Ronaldo para empatar con Hungría y avanzar. A partir de ahí, el equipo ibérico se apoyó en el “momento”: ganó en prórroga ante Croacia con un tanto en el minuto 117 y luego superó a Polonia en una tanda de penales. Gales sorprendió avanzando hasta semifinales, y un gol de Ronaldo puso fin al sueño. En la final, Ronaldo se lesionó, pero otro triunfo con gol en el tiempo extra le dio su primer título internacional como mayor, tanto que hasta le levantaron una estatua.

2016-17 to 2020-21: Lionel Messi, FW, Barcelona/Argentina

Al año siguiente, Messi volvió rápidamente a la cima. Firmó una temporada resurgente: 48 goles y 11 asistencias para Barcelona entre La Liga y Champions League. Ronaldo ganó ambos títulos con Madrid, pero sus 37 goles fueron un rendimiento inferior a su nivel habitual. Su argumento como mejor futbolista del mundo en plena madurez —en sus 30— se sostenía principalmente en su producción goleadora.

Ronaldo tuvo una temporada más en La Liga antes de migrar a Juventus, y aunque siguió marcando, Messi no se cayó del trono. La producción goleadora y de puntos se mantuvo alta: el “genio” de 1,70 metros encabezó la tabla de anotadores de La Liga en cada una de las siguientes cuatro campañas. Entre 2017-18 y 2020-21, Messi lideró en las ligas “Big Five” con 180 goles y asistencias combinadas. Robert Lewandowski quedó con 146, siendo el único jugador a menos de 50 puntos de Messi en ese tramo.

Con la selección, Messi no tuvo el mismo impacto. Argentina quedó eliminada en octavos del Mundial de 2018 y también cayó en semifinales de la Copa América 2019, con Messi marcando una vez en cada competición. Aun así, incluso sin un protagonismo internacional relevante, era complicado sostener que su nivel había caído de forma real. Había otros grandes jugadores en el mundo, pero nadie empujaba con fuerza para adelantarlo.

Después de 2020-21, Messi abandonó Barcelona y fichó por Paris Saint-Germain. Aunque siguió siendo productivo en una liga francesa de menor nivel, Messi anotó seis goles en 2.153 minutos en Ligue 1, muy lejos de los 30 de La Liga la campaña anterior. La directiva de PSG lo trajo para superar el “techo” en Champions League y, aunque marcó cinco goles en siete partidos, falló un penal en octavos de final ante Real Madrid. El pase terminó siendo para los blancos por un hat-trick de Karim Benzema en la vuelta.

Ahí apareció una opción lógica para relevar: Benzema. En 2021-22, el francés anotó 15 goles en 12 partidos de Champions League, incluyendo dos hat-tricks contra PSG y Chelsea. Si fuera un premio al mejor jugador en una sola temporada, Benzema lo habría ganado. Pero como se trata de un jugador que muchos equipos escogerían para ganar un partido, el que más asustaba era el compañero de Benzema: Messi.

2021-22 to 2022-23: Kylian Mbappe, FW, Paris Saint-Germain/France

Aunque el tridente Messi-Mbappé-Neymar en París no terminó con un título de Champions League, Mbappé sí heredó el rol como el atacante más letal del mundo. Con Messi preparándole el camino en 2021-22, el futbolista de 22 años firmó 28 goles y 17 asistencias en la Ligue 1. En Champions League, el recorrido fue frustrante, pero Mbappé igualmente sumó seis goles y cuatro asistencias.

Mbappé parecía cerrar su caso durante el Mundial de 2022. Como Benzema quedó fuera del torneo por una lesión en el muslo, Mbappé tuvo que cargar con el peso goleador en Francia. Marcó ocho de los 14 goles del equipo camino a la final, incluyendo un hat-trick en la legendaria final ante Argentina, con dos de sus tres tantos desde el punto penal. Después, convirtió su penal en la tanda, pero Argentina aguantó y se quedó con el Mundial, el primero desde 1986.

Mbappé lideró la tabla de goleadores del torneo y recibió la Plata… detrás de Messi, a quien se le premió por volver a encender el fútbol de selección y finalmente ganar el Mundial. Si no se le quitó el cinturón a Messi cuando fue el mejor jugador en la Copa América hace algunos años, el argumento para no quitárselo ahora era fuerte: Messi ganó el Balón de Oro en el Mundial.

Pero la brecha entre Messi y el que tomó el relevo fue mucho más amplia en este ciclo. Ronaldo y Messi habían estado relativamente cerca en la comparación previa. Mbappé, en cambio, superó con claridad al resto: anotó mucho más que Messi, que nunca pareció totalmente cómodo en París. Messi ayudó a construir oportunidades para su compañero, pero Mbappé ya era una amenaza devastadora desde su etapa en Mónaco y, en cierto modo, incluso antes de que Messi llegara a la capital francesa.

Luego siguió una temporada de 29 goles en Ligue 1 y siete más en Champions League. Pero al volver a caer PSG en octavos, la campaña dejó sensación de decepción. En su último año en París, Mbappé alcanzó 27 goles en solo 2.158 minutos, lo que reforzaba la idea de que ambos —él y PSG— estaban listos para separarse.

Desde entonces, Mbappé ha marcado “por diversión” con el cambio a Real Madrid, pero algunas distracciones defensivas y la falta de títulos en su nuevo entorno han golpeado su reputación. Además, tuvo un Euro 2024 discreto. Claro: si gana el Mundial 2026 con Francia, volvería a estar perfectamente posicionado para recuperar el sitio más alto.

2023-24: Jude Bellingham, MF, Real Madrid/England

El futuro compañero de Mbappé en Madrid tomó el relevo por un instante. Raro porque se trata de un futbolista inglés que, en gran parte de su carrera, vivió fuera de Inglaterra: se marchó de Birmingham antes de cumplir 18 años. Sus actuaciones con Borussia Dortmund le dieron el salto a Madrid antes de la campaña 2023-24.

En su primera temporada en el club, Bellingham respondió al hype. Jugando por el centro, logró 19 goles y seis asistencias en La Liga, llevando a su equipo a un nuevo título de liga. Con apenas 20 años, conquistó a la afición madrileña pronto: marcó un doblete para vencer a Barcelona fuera de casa en octubre y, luego, agregó un gol en el minuto 90 en la revancha en el Bernabéu. En Champions League, anotó en cada uno de sus primeros tres partidos de fase de grupos con Real Madrid. Aunque terminó el curso con solo cuatro goles en total en la competición, la campaña también cerró con otro título para el club.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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