Escocia conquista Boston: miles de tartanes se toman el camino a Fenway
Boston volvió a teñirse de escocés sin necesidad de esperar al pitido inicial. El domingo, por distintos puntos de la ciudad, fue fácil toparse con miles de aficionados de Escocia que avanzaban en fila desde Evans Way Park hasta Fenway Park, guiados por una comitiva de gaitas. Aunque este año no ha sido especialmente alegre para los seguidores de los Red Sox, el calor de una tarde-noche perfecta en el gran escenario de Boston les regaló un respiro: el ambiente escocés fue el refugio emocional que acompañó la derrota final del equipo texano de los Rangers.
“Día de Escocia” en Fenway: música, kilt y canciones
La jornada recibió el nombre de “Scotland Day” y se vivió como una celebración dentro del béisbol. El personaje del club, Wally, se presentó con falda escocesa, mientras el organista interno de los Red Sox, tras pasar la semana estudiando partitura, interpretó varios temas de origen escocés antes del gran momento.
Después de la interpretación del “The Star Spangled Banner”, con la bandera estadounidense todavía colgada sobre el Green Monster, llegó la respuesta de la afición: “Flower of Scotland”. En decibelios no alcanzó el mismo nivel que la versión que se escuchó la noche anterior en Foxborough, durante el arranque de Escocia en el Mundial de la Copa del Mundo, pero sí tuvo ese sello que suele dividir a los veteranos: aficionados que se quedaron congelados, otros que aplaudieron y varios que, casi por reflejo, sacaron el teléfono para inmortalizar la escena. Hubo incluso quienes hicieron las tres cosas.
El Mundial de Escocia, la espera de 28 años y la llegada a Boston
La presencia escocesa se explica por el momento histórico: su selección viajó para disputar un Mundial por primera vez en 28 años. Escocia no había logrado nunca meterse en la fase eliminatoria del torneo, pero en este Mundial sumó avances que abrieron la puerta a la ilusión. Su victoria ante Haití fue apenas el quinto triunfo en la historia mundialista del equipo y, además, el primero desde 1990.
Sin embargo, la esperanza también tiene doble filo. Cuando varios hinchas se bajaron del avión en suelo estadounidense, la reacción fue la de quien vive el presente sin prometerse demasiado: “Tal vez, tal vez no”, fue la respuesta que se escuchó.
Crónicas del viaje: cerveza que se acabó y titulares sobre la Tartan Army
Ya en el momento de aterrizar en Boston, el foco mediático en torno a la expedición escocesa había crecido. En días previos circularon historias sobre vuelos en los que se agotó la cerveza. Un aficionado llamado James explicó que en el desayuno del viernes le dijeron que solo quedaba agua o vino. James viajó junto a su padre, Richard, desde Escocia, haciendo escala por Schiphol en Ámsterdam.
- El viaje tuvo un retraso: un motor echó humo y eso frenó los planes en la pista, aunque finalmente pudieron despegar.
- Una vez en ruta, la cerveza “se acabó” pronto, como ya se rumoreaba antes de su llegada.
- James remarcó que la espera había sido de 28 años y que, con su padre ya con 72, existe la sensación de que no hay garantías sobre una próxima oportunidad.
En la portada del Boston Globe del viernes, el protagonismo fue para los aficionados escoceses. Se hablaba de bares llenos hasta el límite, con cánticos familiares que habían acompañado a Escocia durante su campaña en la Euro 2024 y también en la fase de clasificación para el Mundial. Allí donde se mirara, aparecía el eco de canciones sobre el “super” John McGinn y el lema de que el mensaje de fondo es “No Scotland, No Party”.
Historias desde el barrio: hospitalidad, rifas y un guiño a la historia
Entre los relatos que se volvieron tendencia estuvo el de Mike Morrison, residente de Boston. El 11 de junio se levantó temprano por el sonido de gaitas. Los aficionados escoceses habían alquilado la casa frente a la suya con banderas colgadas en la ventana. Morrison los recibió para una barbacoa, y esa historia terminó llegando a Helen McDonald: ella logró conseguir una entrada para el partido de Escocia y, a modo de intercambio, recibió la invitación para que su familia asistiera al encuentro del domingo con los Red Sox.
Además, el viernes por la noche se celebró en Boston un evento benéfico para apoyar a Street Soccer Scotland. Los orígenes se remontan a 1998, y quienes recordaban aquella etapa describían la reunión como la fiesta definitiva del tartán: en los asistentes de entonces se llegó a ver a Sir Alex Ferguson con casco vikingo y a Sir Sean Connery bailando y cantando en el Buddha-Bar de París. La idea se planeó repetir cuatro años después, pero en lugar de eso quedó en pausa; se retomó para la Euro 2024 y volvió a activarse en Estados Unidos la semana pasada.
En esa edición reciente asistieron figuras como Gerard Butler, Martin Compston, Tony Curran y el presentador Gordon Smart, entre otros.
La voz de Smart: tiempo, familia y por qué valió cada segundo
Al hablar con Smart el domingo, se percibió su voz ronca. Se mencionó incluso un video en el que cantaba a mitad de un poste de luz horas antes. En la conversación, explicó que en 1998 no pudieron permitirse ir a Francia: “Era demasiado caro”. También admitió que asumieron que, dado el historial de Escocia y su capacidad para clasificarse, el Mundial no sería un problema.
Luego, Smart puso en perspectiva el paso del tiempo: entre Copas del Mundo, ya tiene un hijo de 16 años y una hija de 13, ha visto innumerables elecciones generales, un referéndum sobre la independencia, otro sobre Europa. Aun así, aseguró que ver Escocia contra Haití compensó todo.
Por qué tantos viajaron: escapismo, identidad y turismo futbolero
La pregunta que se repetía alrededor de Fenway era evidente: ¿por qué miles se tomaron el viaje? Smart lo resumió como escapismo. Sostuvo que la vida puede ser dura y que hay un espíritu difícil de comprender hasta que se participa: en cada sitio se siente bienvenida la gente y se encuentran personas de distintos rincones de Escocia y del mundo. Contó que conoció escoceses que viven en Kuala Lumpur, otros en Boston, y que en el camino aparece el mosaico: highlanders, lowlanders, gente de Glasgow y también representantes de las islas.
- “Es una reunión brillante”: se hacen amistades que duran para siempre en estos viajes.
- Hay historias reales de hinchas de la Tartan Army que no regresaron de México 1986 y terminaron en Belice.
- La experiencia sirve para dejar de lado la rutina y la miseria cotidiana, con un abandono casi infantil.
- La convivencia es intergeneracional: jóvenes con abuelos, hombres y mujeres, con presencia de todos los perfiles.
- Los relatos conectan décadas: recuerdos de 1978, 1982, 1986, Italia 1990, y ahora llega la oportunidad de pasar el testigo.
Un viaje solidario desde Los Ángeles y la primera vez en el estadio
Había decenas de motivos contados por aficionados de la diáspora escocesa. Se mencionó que varios hinchas emigrados desde Australia también hicieron el recorrido. Uno de los casos más llamativos fue el de Craig Ferguson, de 22 años, que realizó más de 3.000 millas caminando en kilt desde Los Ángeles con el objetivo de recaudar una cifra de siete dígitos para SAMH (Scottish Action for Mental Health).
Ferguson cerró su reto en Boston Common el viernes, con la llegada de un par de miles de escoceses que lo recibieron. Para el domingo, en Fenway Park, atendía selfies y fotos con quien se lo pedía. Al día siguiente, lanzó una campaña para localizar su kilt perdido y muy querido.
Dentro del estadio, Leo estaba sentado con su familia, incluido su padre Archie. Vestían camisetas especiales hechas para la ocasión: una combinación Red Sox-Escocia que se entregó gratis a los aficionados escoceses que habían viajado. Leo recordó que en 1996 él y su padre se habían inscrito en el grupo de seguidores de Escocia para intentar conseguir entradas para el Mundial de 1998 y fallaron. En aquel momento pensaron que no pasaba nada, que todavía quedaba un ciclo de cuatro años y que podrían intentarlo en 2002. Pero tras la espera de 28 años, no iban a dejar escapar esta posibilidad.
Colin, el “Old Firm” y el valor del equipo nacional
Colin, de 68 años, pasó una de las noches tardías del domingo apoyado en la barra de un hotel en el centro de Boston, tomando un doble whisky con un bloque de hielo más grande de lo que esperaba. Allí se intentó entender la peregrinación y el mantra repetido por cada aficionado: “simplemente hay que estar aquí”.
En su país, el fútbol doméstico gira alrededor de Rangers o Celtic, con trofeos de final de temporada. St. Mirren ganó la Copa de la Liga escocesa el pasado diciembre, y Hearts, desde Edimburgo, estuvo a 90 minutos de ganar la Scottish Premiership 2025-26. No obstante, los campeones fuera de Glasgow son poco frecuentes bajo el dominio del “Old Firm”. Para Colin, apoyar a Escocia permite a hinchas de otros clubes vivir el fútbol grande: como sus equipos no suelen clasificar para viajes europeos, la selección termina siendo la vía más directa para satisfacer ese gusto por salir, viajar y competir.
Colin también relató que tiene un amigo de Stornoway, localidad en las Outer Hebrides, que viaja a partidos de Escocia tanto en casa como fuera.
El impacto en la ciudad anfitriona: de Colonia a Boston
El aficionado añadió que los seguidores escoceses sienten orgullo por el efecto que generan en la ciudad que los recibe. En Euro 2024, puso como ejemplo Colonia: llenaron la ciudad, vaciaron pubs de cerveza, pero también bailaron y cantaron en Alter Markt incluso con lluvias torrenciales frecuentes. Antes de este Mundial, el club FC Cologne envió un mensaje de buena suerte tanto al equipo como a su afición.
Algo similar ocurrió en Boston. Los bares y las tabernas disfrutaron de su presencia, y aunque existe la sede oficial Scotland House, conocida como The Anchor, en Naval Shipyard Park, a solo un par de millas de Fenway Park está The Haven: un pub construido en 2010 por Jason Waddleton.
Waddleton se había mudado a Boston hace dos años y, con la experiencia de haber recorrido el Mundial de 1998, decidió levantar un espacio con identidad escocesa. En una charla con ESPN, explicó que al conocer el sorteo y ver que Escocia jugaría dos partidos en Boston hubo emoción y, al mismo tiempo, una pequeña inquietud: “Como en Game of Thrones: llega el invierno. ¿Estamos listos?”. Aun así, afirmó que ha sido increíble.
- Preparó 150 barriles de cerveza lager escocesa para el Mundial.
- Calcula que podrían haberse consumido por completo antes de que Escocia se enfrente a Marruecos el viernes.
- Contó que el ambiente se fue intensificando día tras día.
- El sábado por la noche, durante el partido contra Haití, llegaron a reunir cerca de 1.000 personas viendo el juego en el bar, todo con contexto escocés, “trayendo la fiesta”.
- Otro dueño de bar aseguró que nunca había vendido tanta cerveza antes.
Según Waddleton, era inevitable que el evento se viviera así y disfrutó de la camaradería. Recalcó el componente de esos 28 años: “hay gente lista para encenderse”, con dos generaciones que ni siquiera habían podido asistir a un Mundial hasta ahora. También sostuvo que la gente ama expresar la identidad nacional, donde cada quien cuenta su historia. Remató con una idea: todos cantando “Caledonia” juntos es un instante hermoso, y que lleva 26 años vendiéndoles esa experiencia a locales estadounidenses para que ahora la vieran con sus propios ojos.
Lo inmediato y lo que viene: Marruecos, Miami y una séptima entrada llena de himnos
La celebración no termina en Boston. Se detalló que el grupo escocés ya tiene planes en Miami antes del partido del próximo miércoles frente a Brasil. El hotel Clevelander South Beach, famoso por su identidad propia, se teñirá de tartán, aunque antes de eso queda un asunto pequeño en el calendario: el duelo contra Marruecos el viernes.
Mientras tanto, Boston volvió a rebosar de camisetas escocesas durante la semana: aficionados recorrieron zonas cercanas, se reencontraron con amigos de largo tiempo y especularon sobre si Steve Clarke apostará por uno o dos delanteros para el siguiente encuentro de la fase de grupos.
Fenway, canciones de principio a fin y una despedida al ritmo del estadio
El domingo, en Fenway Park, la afición cantó todo su repertorio durante el tramo de la séptima entrada: “We’ll Be Coming (Down the Road)”, “Super John McGinn”, “500 Miles” y “No Scotland, No Party”. Luego todo el estadio se sumó al canto de “Yes Sir, I Can Boogie”. Un grupo de aficionados escoceses, en sus primeros 30 años, se colocó en la parte alta de la grada junto al Green Monster. Para ellos, era su segundo gran torneo con Escocia y su primer partido de béisbol.
En ese mismo momento, en la séptima entrada, un jugador de los Rangers conectó un fly hacia la izquierda. Entonces, un hincha escocés llamado John gritó: “Me encanta el béisbol y Boston”. La frase dejó claro que, por una vez, el sentimiento era mutuo: Boston también parece estar enamorado de la Tartan Army.