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World-cup

Inglaterra remonta a Croacia y Tuchel confirma poder ofensivo, con dudas atrás

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
18 junio 2026 7 min de lectura

Inglaterra remontó un primer tiempo irregular y terminó imponiéndose con autoridad en la segunda mitad, con dos goles más que inclinaron la balanza y reforzaron la idea de que el equipo puede pelear por el título. El partido dejó señales claras: capacidad para ajustar, gol desde distintas zonas y, al mismo tiempo, dudas defensivas que deberán corregirse si quieren sostener el ritmo durante el tramo decisivo.

Resumen de lo ocurrido

Momento Hecho clave Implicación
Inicio Harry Kane abrió el marcador tras recuperar un penal inicialmente detenido. Inglaterra se puso arriba, pero el partido se le complicó.
Reacción rival Croacia empató con un remate en el que interviene Petar Sucic y definió Martin Baturina. Los ingleses perdieron el control justo antes del descanso.
Segunda mitad Elliot Anderson asistió para el tanto de Jude Bellingham; luego llegó el 3-1 de Marcus Rashford. Inglaterra rompió el encuentro y lo liquidó hacia el final.
Lectura táctica Tuchel introdujo cambios de defensa y hubo debate por el sistema, pero el cambio de actitud tras el descanso fue decisivo. Quedaron dudas atrás, aunque la ofensiva respondió.

Harry Kane había puesto a Inglaterra por delante, pero el guion cambió rápido. El delantero recibió la oportunidad de repetir un penal que en primera instancia Dominik Livakovic había detenido, aunque la jugada terminó con un nuevo intento para Kane. Cuando parecía que el partido se encarrilaba, Croacia encontró el empate de la nada, con un golpe que desordenó a los ingleses.

Uno de los temas previos fue la decisión del entrenador, que dejó fuera a Marc Guehi y apostó por una línea con John Stones y Ezri Konsa. Esa elección fue cuestionada, pero Croacia encontró el camino precisamente en una acción en la que Petar Sucic se metió por dentro, Stones cayó ante la finta y la pelota acabó en Martin Baturina, quien definió con un remate que se colocó en la parte alta.

Inglaterra tardó poco en recuperar la ventaja. Declan Rice, con la precisión que suele exhibir en acciones a balón parado, ejecutó una esquina colocando el balón perfecto para la cabeza de Kane, que convirtió sin margen. Sin embargo, Inglaterra no logró sostener el resultado: Mario Pasalic picó un balón por encima de una defensa que se había quedado algo adelantada, Ivan Perisic aprovechó la espalda, asistió con el pase hacia Petar Musa y el delantero cerró con un disparo de volea al rincón inferior.

La respuesta de Inglaterra tras el descanso fue el punto más sólido del encuentro. Elliot Anderson, que había estado prácticamente desconectado durante gran parte del primer tiempo, apareció con un pase inteligente hacia la banda derecha. Desde ahí, Jude Bellingham consiguió acomodarse, aguantó la marca y empujó el balón al rincón inferior para volver a poner a su equipo arriba. A partir de ese momento, Livakovic mantuvo a Croacia con vida: realizó siete atajadas, la mayoría en ráfagas rápidas antes de la hora de juego.

El partido se terminó de cerrar en el minuto 85. Bukayo Saka habilitó a otro sustituto, Marcus Rashford, y el atacante definió hacia el fondo de la portería, sellando el 3-2 definitivo y desatando la celebración.

Aun así, no fue una actuación redonda. La zaga inglesa dejó sensaciones inestables durante varios tramos y, además, existe preocupación por el estado de Rice, que llegaba con una molestia. Pese a eso, el nivel ofensivo y la contundencia en la segunda mitad dejan claro que Inglaterra puede ser un rival peligrosísimo en las próximas semanas.

Kane, el peso histórico y el partido que se le escapó y regresó

Kane no fallaba desde el punto de penal con Inglaterra desde aquella ocasión famosa en el Mundial de 2022 contra Francia, cuando su ejecución quedó frustrada. En ese periodo había encadenado siete aciertos consecutivos desde los once metros, y el miércoles técnico y arbitralmente se le abrió la puerta para que esa racha se extendiera hasta ocho. La repetición llegó después de que el control del juego detectara que Livakovic se había movido de su línea antes de detener el penal, lo que habilitó la oportunidad de reintentar.

El segundo intento fue contundente, y además Kane completó una actuación de referencia: se metió más en campo para conectar el juego, buscó zonas de peligro y provocó faltas en los momentos adecuados. Su sociedad con Noni Madueke fue especialmente productiva durante el partido. En el segundo gol, el remate de Kane también mostró frialdad: aunque la marca de Croacia no fue la más segura, el delantero igual encontró el espacio y cabeceó al rincón inferior.

Con lo logrado, Kane incrementó su cuenta de penas máximas en la historia de los Mundiales. Además, se convirtió en el segundo futbolista de Inglaterra en anotar en tres ediciones distintas del torneo y alcanzó la igualdad con Gary Lineker como el máximo goleador inglés en Copas del Mundo. El gol, en todo caso, también mantuvo encendida la pelea por el trofeo de máximo artillero.

Modric, el relevo y el desgaste de una leyenda

Luka Modric, en cualquier evaluación, sigue siendo un jugador extraordinario: rompió la hegemonía que dominaban Lionel Messi y Cristiano Ronaldo y conquistó el Balón de Oro en 2018. Aun así, en este partido se notó el paso de los años. Desde el primer minuto le costó encontrar el ritmo y, además, cometió una acción que derivó en penal tras llegar tarde a una disputa con Madueke.

Es cierto que completó la mayoría de sus pases, pero no terminó de imponerse sobre el desarrollo. En parte, Croacia tuvo desventaja numérica en el centro del campo, aunque antes Modric sí lograba imponerse en esos contextos. Aquí se vio con claridad su realidad actual: es un futbolista que puede ser superado por rivales más jóvenes en velocidad y en capacidad física.

Antes de la hora, Croacia sustituyó al capitán con la entrada de Mateo Kovacic, quien aportó energía inmediata. La idea de dejarlo claro fue evidente: Modric no puede sentarse de forma permanente, pero ya no puede cargar al equipo como en otros momentos de su carrera.

Bellingham, el jugador que cambia el partido

Más allá del brillo de Kane, el foco se colocó en Bellingham como el elemento decisivo del verano para Tuchel y para Inglaterra. Si desde el centro puede sumar goles y asistencias, el equipo gana una dimensión extra.

En el arranque, Bellingham no encontró comodidad, pese a algunos arranques de velocidad que inquietaron. Con el paso de los minutos, el partido le abrió espacios: una carrera por el centro mostró lo que podía aportar, aunque esa vez no se tradujo en gol. En la segunda parte llegó el premio: Anderson filtró el balón, Bellingham corrió hacia él y definió con calidad.

Después del tanto, el mediocampista celebró frente a la afición con los brazos abiertos, con una postura de seguridad que se ganó a la grada. Más tarde bajó un escalón en el campo, pasando de la posición de referencia a un rol más cercano al 8, donde volvió a rendir y además facilitó que Morgan Rogers pudiera sumarse al ataque. Los hinchas dejaron abierta la esperanza de que su producción continúe.

Tuchel, ya al final, expresó que “puedes confiar en Jude en estos momentos” y remarcó que el jugador disfruta los partidos de presión. Esa lectura conectó con el cambio de imagen del equipo tras el descanso.

El mensaje en el vestuario y el cambio de energía

Tuchel no parecía satisfecho en el entretiempo. Esa conclusión se pudo captar por el malestar que mostró su asistente, Anthony Barry, en una entrevista durante el descanso. Barry explicó que el equipo tomó decisiones en las que la energía “no estaba libre”: alternaron posesiones largas cuando convenía acortar, buscaron jugar corto cuando era mejor alargar, y no lograron atravesar los espacios para acelerar el ritmo como deseaban.

Según su relato, el equipo intentó corregir ese enfoque: el penal podía servir como liberación para jugar con más identidad, pero el conjunto volvió a caer en patrones de miedo. Enseguida llegó el segundo tanto y, aunque esperaban que ese gol les diera impulso, terminaron encajando el segundo después, lo que obligó a volver a hablar y ajustar en el descanso.

De lo que se dijo en el vestuario no hubo confirmación completa, pero se mencionó que Kane contó que Tuchel dio una “charla” y que Rice interpretó que las palabras del entrenador eran la prueba de por qué “es un manager de primer nivel”. También se remarcó que Tuchel y su cuerpo técnico alentaron al equipo para “ir a por ello”.

Lo que ocurriera después se vio en el campo: Inglaterra salió como un equipo distinto, anotó casi de inmediato en la segunda mitad y, desde ahí, controló el partido con más claridad.

Balance del encuentro: ataque brillante, defensa con grietas

Inglaterra tiene capacidad real para anotar: demasiadas opciones ofensivas, demasiadas ideas en la zona final y suficientes futbolistas capaces de marcar diferencias. Además, cuenta con alternativas desde el banquillo, lo que hace improbable que se quede sin gol en lo que queda del verano.

La preocupación está en la retaguardia. Tuchel utilizó una defensa de cuatro con Reece James, Konsa, Stones y Nico O’Reilly, y ninguno pudo decir que tuvo un rendimiento sólido en tareas defensivas. Stones quedó señalado en la primera anotación de Croacia, al recibir un “aviso” en forma de pérdida de posición tras el engaño. Konsa se quedó demasiado profundo en el segundo tanto, mientras James persiguió sombras sin llegar a tiempo.

O’Reilly, acostumbrado a tareas defensivas distintas cada semana en su equipo de club, no tuvo mucho trabajo directo para “cubrir” pero en el partido también se notó su dificultad para controlar el área. No es momento de alarmarse todavía, pero sí de revisar con urgencia el planteamiento defensivo y también las decisiones de personal.

El ajuste en el ataque: Gordon por energía y Rashford por gol

De cara al torneo, Anthony Gordon y Marcus Rashford se midieron en un duelo por el puesto en el costado izquierdo del ataque. Finalmente, Gordon se impuso por su despliegue: presiona, ayuda atrás y aporta esfuerzo defensivo. En este partido no estuvo mal, aunque le faltó ese último golpe de calidad.

Rashford, en cambio, ofrece un plus más peligroso. Llegó a la definición del 3-2 con una confianza renovada, producto de su periodo en préstamo a lo largo de la temporada con el club español. La forma en que resolvió el gol lo resume: control de pies, una terminación sencilla y, sobre todo, la sensación de que actuaba con automatismos.

La idea que se instala es clara: Gordon para sostener la intensidad y Rashford para concretar. Si existe un intercambio de sesenta minutos entre energía y capacidad goleadora, el balance, por lo visto, no parece desfavorable.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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