James Rodríguez deslumbra: fintas y gol para encender a la “Colombia” soñada
James Rodríguez vivió en Brasil una de las noches más memorables de su carrera: de los seis goles que anotó en aquel Mundial, señaló que el tercero fue el más especial. Antes de definir, se acomodó frente a Maya Yoshida con un par de fintas que desarmaron al rival, se sentó sobre el balón y, con una suavidad quirúrgica, la tocó para que el remate acabara por encima de Eiji Kawashima. Ese tanto terminó de sellar el 4-1 de Colombia sobre Japón en la fase de grupos.
Pero el punto de inflexión llegó apenas después, cuando en el siguiente duelo, ante Uruguay, en la Copa disputada en Colombia, su actuación cambió por completo el rumbo de su historia. Ya en el minuto 28 de un choque de eliminación directa entre sudamericanos en el Maracaná, James firmó una diana de esas que definen una era: recibió y controló con el pecho justo fuera del área uruguaya, y desde ahí soltó un remate de volea con pierna izquierda que se encaminó hacia el arco con tanta potencia que estuvo a centímetros de romper el travesaño.
La impresión fue tan grande que el impacto trascendió lo deportivo. Incluso LeBron James se mostró sorprendido por el futbolista colombiano y reaccionó en redes sociales, dejando claro que, al ver ese partido, sentía que ya tenía a su jugador favorito del torneo. Además, el protagonismo de James no se quedó en el gol: también colaboró con el segundo tanto en el 2-0 de Colombia sobre Uruguay en Río, consolidando una noche en la que su talento parecía multiplicarse.
Con la admiración creciendo a cada jornada, también se sumó la voz del entonces entrenador del Arsenal, Arsène Wenger. El francés, que conocía de cerca las cualidades del jugador por su etapa en Porto, se mostró “absolutamente asombrado” por la calidad de sus actuaciones en Brasil. Wenger destacó que no se trataba solo de técnica, sino de inteligencia en el juego: mencionó la claridad de sus pases, la fluidez con la que se movía y, sobre todo, la velocidad para decidir. Para él, era inevitable querer que el balón pasara por sus pies, porque esa necesidad era un sello de una calidad excepcional; y remató subrayando que James “definitivamente” la tenía.
Florentino Pérez también quedó prendado. Apenas tres semanas después de que la campaña mundialista de James terminara entre lágrimas tras caer 2-1 en cuartos de final ante la anfitriona Brasil, el entonces futbolista de 23 años apareció con una sonrisa amplia al cumplir su “sueño”: su fichaje por Real Madrid. Así, James pasó a ser el hombre señalado del fútbol mundial, con el estatus de estrella llamando a la puerta desde el Bernabéu.
La grandeza del momento la resumió Carlos Valderrama, su ídolo de infancia, quien se preguntó por qué alguien tan determinante no podía convertirse en el mejor. Y en lo futbolístico, el camino parecía despejado: se decía que James era el “10” ideal, con una técnica destacada, una visión privilegiada y un remate explosivo. Tal vez lo más relevante, incluso por encima de lo visible, era la inteligencia con la que tomaba decisiones en cada acción.
En 2014, el seleccionador colombiano José Pekerman explicó que lo más llamativo de James era que, pese a su juventud, no tenía problemas para ejecutar cosas que normalmente tardan años en comprenderse dentro del fútbol. Sin embargo, lo que quizá no terminaba de entender era qué se necesitaba para sostener una trayectoria larga y exitosa al máximo nivel, y esa dificultad con el paso del tiempo terminó pasando factura: no solo en Madrid, sino también en Bayern Múnich, donde su situación se fue enfriando.
En 2019, el exmédico de la selección colombiana Héctor Fabio Cruz señaló una versión crítica sobre su preparación: afirmó que el jugador no estaba enfocado y que, en vez de trabajar para la nueva temporada, se dedicaba a arreglos personales —como cejas y cabello— cuando lo correcto, según su visión, era estar entrenando. Cruz sostuvo que los grandes clubes como Madrid esperan futbolistas bien listos, pero que la actitud de James no era la adecuada. También recordó que un jugador que pasa meses fuera del césped y cambia de club de forma constante termina pagando el costo, y remarcó que si se preparara como corresponde, no viviría esas situaciones.
El mismo doctor comparó con lo que, en su opinión, hace un futbolista profesional: citó que Cristiano Ronaldo, tras el Mundial de 2018, disfrutó de un tiempo de descanso, viajó en familia y luego regresó con un grupo de quince personas enfocadas en su preparación para la temporada. Según Cruz, James hizo algo distinto: salió del torneo lesionado, contrató un avión privado, se fue a la playa y descansó, algo que —a su juicio— no podía ser. Concluyó que ya había anticipado que las cosas se complicarían, porque “no trabaja”.
Mientras tanto, Carlo Ancelotti, entrenador que tuvo a James en distintos momentos, nunca vio el asunto de la misma manera. Para el italiano, lo que el colombiano pudiera tener de menos en disciplina diaria, lo compensaba con creatividad, y por eso intentó llevarlo consigo cada vez que tuvo la oportunidad. En 2020, Ancelotti lo explicó con un ejemplo: al ficharlo para el Everton, muchos se preocupaban por el estado físico y por cómo reaccionaría ante la intensidad de la Premier League. Sin embargo, en sus primeros cuatro partidos, Ancelotti aseguró que solo tuvo siete carreras largas, es decir, “menos sprints” de los que imaginaban, pero con más asistencias y goles que velocidad. Desde esa perspectiva, se preguntó qué se espera que haga un jugador en el campo: si el objetivo es correr o si el objetivo es generar y marcar. En su comparación con Ronaldo en el Milán, incluso contó que aquel llegó con 100 kilos y que antes del primer partido le dijo que debía bajar de peso. La respuesta del portugués fue clara: “¿Qué quieres que haga en el campo? ¿Corro o marco? Si es para correr, ponme en el banco; si es para marcar, juega”. Ancelotti afirmó que lo hizo jugar y que terminó marcando dos; y aseguró que con James ocurría algo parecido.
El propio James reconoció que el apoyo constante de Ancelotti significó muchísimo para él, porque solo se sentía plenamente capaz cuando tenía la confianza total del entrenador. No obstante, no todos los técnicos pensaron igual y valoraron que, en su caso, los beneficios no compensaban los problemas. De hecho, en los últimos cinco años, llegó a vestir camisetas de siete clubes distintos.
Incluso cuando estuvo sin equipo hasta enero, su presencia con Colombia nunca estuvo en duda de cara al Mundial de 2026. La razón, según se entiende por su vínculo con el país, es que con la selección jamás hubo dudas sobre su compromiso. Para James, portar el brazalete es el máximo honor y, aun con 34 años, todavía tiene la opción de sumar a su legado en una Copa del Mundo.
Puede que el siguiente Botín de Oro no sea sencillo, pero su lectura del juego sigue intacta: como prueba, fue nombrado Jugador del Torneo en la Copa América 2024. En ese camino, su visión se mantiene al nivel de quienes controlan ritmos, y además tiene a su alrededor a corredores dispuestos a convertir sus ideas en llegadas peligrosas. Uno de ellos, el más destacado, es Luis Díaz, extremo brillante del Bayern Múnich.
En la actualidad, Díaz aparece como el jugador más importante de Colombia, y por una distancia considerable. Sin embargo, incluso desde su mirada, Luis Díaz lo ve como el heredero potencial del “trono” de James. El exfutbolista de Liverpool sostuvo que James continúa siendo “el ídolo de los ídolos” dentro del país, por lo que hizo en Brasil hace más de una década.
Con ese contexto, la gran pregunta es qué puede lograr James en su tercera y, para muchos, última Copa del Mundo. Lo que parece claro es que llegará respaldado por sus compañeros, por el cuerpo técnico, por su país y, sobre todo, por quienes disfrutan del fútbol bonito. Y si algo demostraron aquellas noches en Brasil, es que cuando James encuentra su mejor versión, no solo cambia partidos: también cambia el relato de una selección entera.