Kansas City se rinde a Messi: peñas argentinas copan el corazón del fútbol
KANSAS CITY, Mo.— “¿Béisbol? ¿Béisbol? ¿Para qué voy a hacer eso? ¡Yo tengo fulbo!”, soltó Christian, líder de una de las grandes peñas de la selección argentina, cuando le preguntaron si pensaba asistir a un partido de los Royals en el cercano Kauffman Stadium. La respuesta, además de oportuna, funcionó como puerta de entrada a lo que se vivió en Kansas City: una marea albiceleste que convirtió el entorno de la Copa del Mundo en una extensión del propio país.
La previa: del “fulbo” al banderazo, con Kansas City como escenario
- Días antes del debut de Argentina en el Mundial, un grupo de hinchas llegó a la ciudad con la idea fija de estar presente sí o sí, ya fuera entrando al estadio o quedándose cerca para sentir la energía.
- La conversación inicial entre Christian y una persona de GOAL derivó en la invitación a un banderazo, y con eso comenzó un “curso acelerado” sobre el costo, el desorden, la unidad y la tensión emocional del fenómeno.
- Minutos antes del arranque programado en Mill Creek Park, el ambiente ya era imposible de pasar por alto: autos con calcomanías del papa Francisco, pancartas de Diego Maradona y banderas de Lionel Messi recorrieron el barrio de Plaza, con bocinazos y una algarabía que anunciaba el desembarco.
- Los tambores prendieron la concentración: de decenas se pasó a cientos y, enseguida, llegaron los cánticos con el ritmo como contraseña (“Soy argentino, es un sentimiento”).
- El momento central fueron las banderas: Messi, Maradona y distintos emblemas de grupos de apoyo se desplegaron una por una, como si cada una trajera su propia canción y su propio pulso.
- En la organización, incluso quien escribía en inglés fue rápidamente incluido en tareas para el despliegue del gran estandarte, de al menos veinte pies de largo, que avanzó sobre la multitud como una ola.
- La devoción por “La Albiceleste” se describió como algo más cercano a lo religioso que al simple fandom.
- La visita a Kansas City se vivió como un objetivo del mes —y para muchos, de toda una vida—, especialmente por la posibilidad de que este sea el último Mundial de Lionel Messi.
- El entusiasmo convivió con el costo: se mencionaron casos extremos de hinchas que vendieron vehículos, pidieron segundas hipotecas o estiraron al límite sus finanzas.
- También hubo historias de trayectos desde Centro y Sudamérica siguiendo el rumbo del equipo, más parecidos a una peregrinación que a un viaje turístico.
Entre el gasto y la logística: entradas, reclamos y un “somos Argentina”
En paralelo a los tambores y las banderas, la realidad económica se coló en cada relato. Un fan resumió la urgencia: “Este es el último Mundial de Messi. Este es nuestro momento”. Otros contaron que encontraron rutas alternativas para abaratar el acceso, como un grupo de cuatro hinchas —sin querer ser identificados— que habría logrado entrar al listado de lotería de boletos con precios rebajados para ver el duelo ante Argelia.
La comparación fue clara: mientras algunos sitios de reventa colocaban entradas desde 1.000 dólares, ellos aseguraron haber pagado 500 dólares cada uno. Y aun sabiendo dónde se ubicarían, no parecían preocupados por el detalle: el reclamo era más grande que la ubicación.
“La FIFA está siendo codiciosa, Estados Unidos está siendo codicioso… y que se vayan las corporaciones”, dijo uno de ellos. Otro remató con la lógica de la identidad: “Escuchá, somos Argentina. Tenemos la base de hinchas más grande del mundo. El ochenta por ciento del estadio va a ser de nosotros. Respetaremos a los argelinos, pero vamos a ser ruidosos”.
La unidad tiene grietas: clubes, rivalidades y hasta el debate sobre el “estilo”
Con el azul y blanco dominando Mill Creek Park, la concentración no estuvo exenta de fisuras. Argentina junta, sí; pero el fútbol de clubes —de forma natural— también separa. Guido, consultor financiero, lanzó una comparación: “La gente se impresiona por lo que hicieron los hinchas de los Knicks cuando rompieron una sequía de 53 años, pero eso es pasión falsa. La mitad ni siquiera seguía al equipo antes de la final. Yo tengo pasión por una sola cosa: el fútbol como conexión de mi vida”.
Para sostener su postura, contó una anécdota: su prometida lo había invitado a una boda de una amiga, y él dijo que estaba dispuesto… hasta que supo el tema del evento. “Azul y amarillo son colores de Boca Juniors”, explicó Guido, hincha de River Plate. Su relato no fue aislado.
Aileen Ortiz, periodista freelance en Buenos Aires y fan de Boca, habló de cómo se viven ciertas rivalidades: “River es tan frío”, sostuvo, y agregó que el rojo y blanco quedaba “cancelado” para ella. Otro hincha fue más tajante: “El rojo es un color de mierda”.
En el plano estrictamente futbolero, se recordó que Boca y River no habían levantado el título de Primera División desde 2023, con cinco campeones distintos apareciendo en ese tramo. Aun así, para el duelo entre hinchadas, los datos quedaron lejos del centro: lo que importaba era el símbolo.
La tensión también alcanzó el debate sobre el entrenador. Mauricio Pochettino, nacido en Argentina y al mando de la selección de Estados Unidos (USMNT), apareció como blanco de críticas en el entorno albiceleste. “No tiene estilo”, dijo un hincha. Otro sumó: “No juega fútbol argentino”.
Además, se trajo a colación una referencia reciente: en el Mundial de Clubes de 2025, los aficionados de Boca Juniors realizaron una fiesta que se extendió desde las 11 de la noche hasta pasadas las 5 de la mañana en el sur de Florida. Entonces surgió la pregunta inevitable: ¿habría repetición en el Mundial contra Argelia?
La respuesta inicial, al menos en tono, fue negativa: “No, esto es Kansas City, no Miami”, dijo un fan riéndose. Pero la ciudad terminó desmintiendo esa idea.
El frenesí se trasladó al downtown: fiesta, música y kits albicelestes
La noche del lunes, Kansas City mostró una ocupación total. El distrito Power & Light se transformó en un punto de concentración con miles de personas con camisetas azul y blanco. Bresh, el famoso nombre asociado a la fiesta argentina, llevó el show a la zona céntrica, y lo que comenzó como un desembarco se convirtió en una toma.
En un espacio más pequeño, en Laila Lounge, las copas brindaron con un ritmo similar: el DJ Hernán Cattáneo se presentó ante un público numeroso y cercano, donde jóvenes y mayores celebraron juntos. También eso fue parte del relato: Argentina no solo se vive en el estadio, sino en el recorrido que lo rodea, en el ruido y en el encuentro.
Y todo estaba encaminado hacia el gran objetivo del martes: el duelo muy esperado ante Argelia.
El debut: del susto al control con Messi como llave final
- El martes por la noche, tras días de cánticos, banderas, tambores y expectativa, el partido comenzó con un giro que alteró el guion: Argelia golpeó rápido.
- Farès Chaïbi entró en escena tras un pase de Ibrahim Maza y definió para vencer a Emiliano Martínez, provocando el silencio en el Kansas City Stadium.
- La multitud, estimada en 69.045 asistentes dentro del estadio, se quedó sin respuesta cuando el golpe inicial parecía encaminarse a complicar el debut.
- El VAR intervino y el tanto fue anulado: el “olé” volvió con más fuerza y el partido cambió de aire.
- Con la tensión fuera del camino, Messi tomó el control: anotó su primer hat-trick en Mundiales, rompió múltiples marcas y dio a los miles de seguidores lo que vinieron a ver.
- El gol inicial de Argelia fue invalidado tras revisión arbitral, lo que revirtió el clima del encuentro.
- Messi, de 38 años, firmó el hat-trick que necesitaba para encaminar el debut y sostener la idea de “control” en momentos clave.
- Argentina, aun con un triunfo contundente por 3-0, dejó señales de dependencia fuerte del capitán para destrabar el partido.
- El entrenador Lionel Scaloni destacó el papel del público: “En los momentos más oscuros, nos ayudan a sostenernos”.
Reacción y lectura táctica: un 3-0 con dependencia y la misión que sigue
Después del partido, Scaloni se encargó de repartir crédito más allá de la figura principal. “En nuestros momentos más difíciles, ellos nos ayudan a cargar. Nos llevan hacia adelante”, explicó, con traducción mediante, al referirse a la afición.
Messi, que rara vez concede entrevistas, también se tomó un instante para agradecer. “Primero que nada, les agradezco. Han demostrado una vez más que Argentina es un caso excepcional. Han llenado el estadio de nuevo… no sé si había 80.000 personas o más”, expresó.
Sin embargo, el camino que se abre es exigente. Los campeones defensores buscan convertirse en el tercer equipo capaz de repetir como ganador del Mundial. Y aun con el resultado final de 3-0, el trámite mostró que la selección estuvo bastante apoyada en su estrella de 38 años.
Vladimir Petković, técnico de Argelia, ironizó tras el encuentro: “Argentina tuvo 10 remates, siete vinieron de Messi”. Puede que tuviera razón. Pero durante 72 horas en Kansas City, los hinchas construyeron su propio argumento: con el corazón puesto en la camiseta, con canciones y banderas, transformaron el territorio del país anfitrión en una especie de hogar rodante.
Vinieron por Messi, vinieron por representar a su país y vinieron a ser parte de algo que, desde su perspectiva, no era negociable. El siguiente destino ya estaba marcado: Dallas.