La charla de Gregg Berhalter impulsó el sueño Mundial de su hijo Sebastián
Sebastian Berhalter aceptó que el camino hacia el Mundial de este año ha tenido algo de surrealista. El futbolista de la selección masculina de Estados Unidos vive con la ventaja —y la carga emocional— de poder hablar con su padre, Gregg Berhalter, quien disputó dos Copas del Mundo (2002 y 2006) y luego dirigió al combinado estadounidense en Qatar 2022. Mientras muchos de sus compañeros no cuentan con una voz directa que haya sentido de primera mano sus miedos o nervios mundialistas, él puede contrastar sensaciones con alguien que ya estuvo allí.
| Dato clave | Referencia | Contexto |
|---|---|---|
| Conversaciones con su padre, Gregg | Proceso previo al Mundial | El jugador destaca que su padre “entiende” y que a veces parecen conversaciones absurdas por la situación actual |
| Trayectoria previa al Mundial | 2021–2025 | De pocas apariciones con Vancouver a un salto decisivo para llegar a la lista del Mundial |
| Relación con la selección | 2024–verano siguiente | Tras el despido de Gregg en 2024, Mauricio Pochettino lo citó por primera vez en el Gold Cup del año posterior |
| Primer partido del torneo | Viernes por la noche | Estados Unidos abre el Mundial ante Paraguay |
“Es bastante ridículo”, comentó Berhalter sobre las charlas que ha tenido con su padre, Gregg, quien jugó con Estados Unidos en los torneos de 2002 y 2006 y después entrenó al equipo en Qatar 2022. En el mismo tono, el mediocampista agregó que en ocasiones hasta les cuesta creer de qué están hablando “en este momento”, y remarcó que se siente “muy afortunado” por tener a alguien en quien apoyarse y que entiende lo que significa estar en esa situación.
El contraste emocional no es gratuito: la irrupción de Sebastian en la convocatoria para el Mundial de este verano se parece, en muchos sentidos, al recorrido completo de su carrera profesional. Fue un ascenso gradual, medido, con un “lento pero seguro” que parecía no acelerar hasta que apareció la oportunidad. En el ciclo anterior, ni padre ni hijo habrían imaginado que Sebastian terminaría con un rol relevante para Estados Unidos justo cuando el equipo arranca el torneo ante Paraguay, el viernes por la noche.
Cuatro años atrás, Sebastian estaba en Qatar únicamente para acompañar a su padre desde las gradas. Y poco antes de ese periodo, incluso se había planteado continuar o no como futbolista profesional, debido a la sensación de que su carrera podía estancarse.
Tras concluir una cesión en Austin FC, su club dueño de sus derechos, el Columbus Crew, lo transfirió a Vancouver Whitecaps por 50.000 dólares en efectivo garantizado. Esa cifra —según el marco de la MLS— era la mínima permitida en un acuerdo. En su primer año con los “Whitecaps”, apenas sumó 18 apariciones y solo disputó 90 minutos en tres ocasiones, un rendimiento que lo alejaba de la idea de ser un jugador fijo y determinante, aunque el talento estuviera presente.
El giro llegó por la vía de las oportunidades: en 2023, Sebastian participó en 35 partidos, con 15 titularidades, y anotó sus primeros dos goles en la liga. Al año siguiente, en 2024, volvió a crecer con 40 encuentros, tres tantos más y una confianza que se notaba cada vez con más fuerza sobre el terreno de juego.
Sin embargo, su explosión completa llegó en 2025. Fue una serie de actuaciones de nivel para empujar a Vancouver hasta las finales de la Concacaf Champions Cup y de la MLS Cup. A eso se sumó su presencia en el equipo de All-Star y un enfoque ofensivo más intenso, impulsado por el nuevo entrenador de Vancouver, Jesper Sørensen. Bajo esa dirección, Berhalter se desempeñó con una combinación de velocidad y precisión que terminó consolidándolo como pieza importante.
Thomas Müller, compañero suyo en Vancouver, describió el impacto del estadounidense con elogios directos: “Desde que entra hasta el 90, cada minuto que está en la cancha lo da todo”. También resaltó que su valor no se limita a la resistencia o a la potencia física, sino que se extiende a la capacidad de generar juego, sumar en acciones de peligro y aportar en jugadas a balón parado. En su lectura general, Müller sostuvo que Sebastian es clave tanto dentro del campo como en el vestuario.
En paralelo, la historia de Gregg Berhalter también pesa en el momento de Sebastian. Cuando la carrera de su hijo empezaba a despegar, la selección vivía un cambio brusco: en 2024, la federación estadounidense despidió a Gregg después de una eliminación temprana en la Copa América. El relevo llegó con Mauricio Pochettino, quien observó lo que Sebastian estaba haciendo y le otorgó su primera convocatoria para el Gold Cup en el verano siguiente.
Sebastian aprovechó la oportunidad. Mantuvo un nivel sólido durante el camino del equipo hasta la final. Además, en los amistosos de marzo contra Bélgica y Portugal volvió a mostrarse confiable, lo que lo dejó bien posicionado para ser nombrado en la lista del Mundial como mediocampista suplente. La pregunta que flota en el ambiente, según la narrativa que rodea el caso, es si Gregg habría podido tomar decisiones similares si aún estuviera dirigiendo al combinado nacional. La respuesta, en esencia, se inclina a que no: se mencionan demasiadas dudas externas y demasiadas sospechas sobre favoritismos.
“Pienso en todo eso todo el tiempo. Nunca podría haberlo elegido”, dijo Gregg Berhalter recientemente. Y añadió: “Lo que sí sé es que todo está en su sitio. Es su turno. Es su momento ahora”.
El caso Berhalter no es el único en la historia del fútbol estadounidense: también existió la dupla padre-hijo en un Mundial con Gio Reyna. En aquel torneo, Gregg eligió a Reyna para el equipo en Qatar después de haber compartido vestuario con su padre, Claudio, durante su etapa como futbolistas.
En el entorno de Pochettino, la lectura sobre Sebastian es clara. Se lo define como un trabajador incansable, con inteligencia y recursos para las jugadas a balón parado, además de una presencia estable como mediocampista más retrasado. De hecho, el técnico lo calificó como “un monstruo” tras su participación en el amistoso de mayo ante Senegal, destacando especialmente su disciplina y su ética de trabajo.
“Es el tipo de jugador que entrena, entrena, entrena. A veces tengo que decirle: ‘Métete adentro’, ¿no?”, comentó Pochettino, subrayando lo difícil que resulta frenarlo incluso en el día a día.
Esa dedicación es algo de lo que Berhalter presume, pero también se entiende que el futbolista ha intentado absorber cada minuto de la experiencia mundialista. Gregg recordó una conversación con su hijo durante el primer día del campamento de entrenamientos en marzo, mucho antes de que nada estuviera asegurado. Según su relato, la charla no se centró tanto en tácticas o en el funcionamiento de las próximas sesiones y partidos, sino en la emoción de Sebastian por estar cerca de sus compañeros.
“Él estaba como: ‘No puedo esperar para ver a Tim [Ream], no puedo esperar para ver a Weston [McKennie], ¡oh, Christian [Pulisic] ya entra!’. Era como un niño en una tienda de dulces. Estaba tan emocionado que no podía esperar. Y como padre, solo sientes felicidad de ver que tu hijo está feliz. Eso es todo”, explicó Gregg.
Ahora, cuatro años después de que Sebastian observara a su padre desde las gradas, el guion cambia: Gregg mira a su hijo mientras vive el sueño mundialista que parecía lejano en el pasado.
“No hay palabras. Ha sido un viaje loco, divertido, pero no lo cambiaría por nada”, concluyó Sebastian, dejando claro que, más allá del contexto familiar y el recorrido lento, el momento que llega para Estados Unidos y para él mismo ya tiene sentido en su propia historia.