La era USMNT hacia el Mundial 2026 termina con golpe: 4-1 ante Bélgica
El ciclo rumbo al Mundial de 2026 para la selección masculina de Estados Unidos llegó a su final y lo hizo de la peor manera: una derrota 4-1 ante Bélgica que tomó a muchos por sorpresa y que, para este grupo, será difícil de digerir en el corto y mediano plazo.
Sin embargo, en el fútbol internacional las etapas no se detienen. Justo cuando un capítulo se cierra, el siguiente comienza a tomar forma. Aunque los futbolistas seguramente todavía no han pasado la página de inmediato hacia el Mundial de 2030, la planificación de la Federación de Estados Unidos ya está en marcha y, en septiembre, arrancará el primer campamento posterior al torneo.
De cara a 2030, el equipo mostrará un rostro bastante distinto. En el verano, 13 jugadores provenientes de la convocatoria de 2022 se mantuvieron como parte del proyecto, aunque es probable que con el paso de los años queden menos nombres en el plantel final. Esa es la lógica del juego entre selecciones: la renovación constante obliga a que cada futbolista viva momentos diferentes mientras la mirada se enfoca en el siguiente torneo.
Con esa transición en mente, la evaluación se vuelve necesaria: ordenar el talento y el rol de cada jugador por niveles, mientras una era termina y otra empieza.
Chris Richards: Es, sin discusión, el mejor central de Estados Unidos y hoy no aparece nadie que amenace ese estatus. Más allá del error puntual que se le escapó en el duelo ante Bélgica, Richards sostuvo el tipo durante el torneo y, con experiencia, es probable que siga creciendo. Para el Mundial de 2030 tendrá 30 años, una edad que suele acompañar el pico de rendimiento de los defensores.
Alex Freeman: Fue el jugador más joven del equipo con 21 años y todavía no se vislumbra el techo de su proyección. Su evolución en los próximos años resulta especialmente atractiva, porque lo que mostró en su debut en el máximo nivel internacional fue una introducción sólida.
Malik Tillman: Este Mundial marcó un salto grande, enorme, en su nivel. De hecho, se puede argumentar que fue el mejor futbolista de Estados Unidos durante el verano. La idea ahora es ver cómo capitaliza esa plataforma y qué tan rápido se consolida en el plan a futuro.
Christian Pulisic: Aunque el partido contra Bélgica dejó sombras, su condición de figura principal sigue siendo el motivo por el cual el proyecto debe girar alrededor de él. Salvo una lesión, Pulisic llegará al próximo Mundial con 31 años, y no hay una caída total del rendimiento garantizada. En este punto, la selección debe sostenerse en su liderazgo futbolístico hasta que alguien demuestre lo contrario.
Folarin Balogun: Para 2030 tendrá 29 años, la etapa de mayor plenitud para un delantero. Aún falta ver qué significó este verano para su trayectoria en su club, pero es fácil imaginarlo en un equipo grande en el corto o mediano plazo. Estados Unidos también sueña con que para 2030 sea de los delanteros más peligrosos del mundo.
Sergino Dest: Con 25 años, aún no está en el momento más alto de su carrera. Aun así, pese a lo que enseñó ante Bélgica, Dest sigue siendo un futbolista con gran capacidad ofensiva. Su limitación es que, según el sistema que se imponga, podría quedar por detrás de Freeman. Además, su historial de lesiones es una señal de alerta: mientras más minutos acumula, más aumenta el desgaste físico.
Tyler Adams: En el grupo no hay nadie que haga lo que Adams aporta, por eso ha sido tan determinante desde su llegada. Aun así, buena parte de este ciclo estuvo condicionada por problemas físicos. Para el Mundial siguiente tendrá 31 años, y por eso, aunque su nivel sea indiscutible, no existe una certeza absoluta de que todo se mantenga igual.
Weston McKennie: Fue una fuerza en los primeros cuatro partidos. Su futuro también apunta a ser relevante, ya que se perfila para destacarse con Juventus, lo que lo colocaría como uno de los referentes de experiencia sobre los que se construya el nuevo tramo del proyecto.
Sebastian Berhalter: ¿Habrá jugadores potencialmente mejores? Probablemente, pero ningún entrenador dejaría de lado la posibilidad de apoyarse en el mediocampista de cara al próximo ciclo. Berhalter representa lo que significa ser futbolista de Estados Unidos, y siempre hacen falta perfiles que aporten identidad y compromiso.
Ricardo Pepi: Es un delantero que ya se muestra sólido, y por eso el interés de equipos de la Premier League existe. La gran pregunta es si puede convertirse en algo realmente grande. La posición de nueve suele ser difícil de predecir a largo plazo, y por eso cuesta imaginar cómo estará Pepi en 2030: si estará desatando su mejor versión en Inglaterra o si una liga top volverá a ser un escalón demasiado alto. Esa respuesta definirá su encaje futuro.
Gio Reyna: Su caso es especialmente complejo. Tiene un potencial difícil de igualar, pero a nivel de club su producción todavía ha sido limitada. La incógnita de lo que viene solo la puede contestar él, porque todo indica que se encamina hacia un nuevo reinicio en su carrera.
Auston Trusty: Marcó en el Mundial y, cuando estuvo en el campo, dejó sensaciones de que puede sostenerse a un buen nivel. Ahora toca observar cómo continúa su progreso en Celtic, y también cuántas oportunidades le dará el técnico de la selección en comparación con las que recibió en el pasado.
Mark McKenzie: No tuvo muchos minutos en este Mundial, pero su rol como líder y el aprecio del plantel hacia él son evidentes. Todavía tiene margen para mejorar y crecer en Europa, y en la realidad del recambio en la defensa central habrá necesidad de perfiles que cubran esa transición.
Chris Brady: Es el más joven del trío de porteros y tiene, además, margen de desarrollo. Todo dependerá de cómo evolucione en los próximos años y de si logra dar el salto necesario para convertirse en el titular indiscutible.
Matt Freese: Necesitará sacudirse el error que cometió ante Bélgica, aunque cuenta con fortaleza y talento para hacerlo. Eso sí, este Mundial dejó claro su nivel: es un arquero correcto, pero no se instala todavía como una garantía total. En ese contexto, su puesto no está asegurado si otros porteros con mejor proyección llegan al plan.
Max Arfsten: No jugó demasiado en el torneo, aunque tiene 25 años y margen para seguir creciendo, especialmente si llega el salto a Europa. Si ese movimiento ocurre, se mantendrá dentro de la pelea por un lugar.
Joe Scally: Ya acumula dos Mundiales con minutos más bien limitados. Con 23 años, todavía está a tiempo de cambiar la tendencia, pero para escalar en la jerarquía probablemente deba mejorar con el balón en los pies. ¿Puede lograrlo? Sí, pero tiene que hacerlo, porque la razón de que otros estén por delante tiene que ver con ese aspecto.
Tim Weah: Su versatilidad suma, sin duda, pero este Mundial no terminó de exhibir todo lo que puede aportar. Su lugar en los próximos años dependerá en gran medida del próximo entrenador, que tendrá que decidir en qué rol y en qué lado del campo lo coloca.
Antonee Robinson: En talento, no hay dudas. Cuando Robinson está en su mejor versión, se vuelve un elemento fijo. El problema aparece por el historial de lesiones y porque para 2030 tendrá casi 33 años. Si mantiene ese nivel, perfecto; pero tampoco sería raro pensar que en algún momento del ciclo pueda haber una bajada de prestaciones.
Matt Turner: Su panorama dependerá de cómo evolucionen los otros porteros de su posición, aunque Turner también llegará al próximo Mundial con 35 años. Los arqueros envejecen de manera distinta y, por eso, tampoco conviene descartarlo del todo.
Brenden Aaronson: Quizá esto sea lo que Aaronson puede ofrecer, y no necesariamente es un drama. El inconveniente es que ocupa un rol donde el valor suele depender de la producción. Si en los próximos años no aparecen los números, inevitablemente llegarán opciones más jóvenes detrás con hambre por demostrar que pueden generar más.
Haji Wright: Fue el tercer delantero del verano. Aunque parece dar pasos hacia adelante en su club, los otros dos atacantes de la selección son más jóvenes y con techos más altos. Cuando se suma la ola de juventud que viene por detrás, se vuelve un puesto complicado de sostener.
Alejandro Zendejas: Entró a la convocatoria del Mundial después de romperla en Liga MX, pero otra vez: las plazas ofensivas pueden llenarse con rapidez. Para 2030 tendrá 32 años, y no abundan los futbolistas de esa edad que de repente se consagren en un Mundial después de haber tenido poca participación en la edición anterior. Por eso, la expectativa es que su espacio termine pasando a manos de alguien más joven.
Tim Ream: En su caso, el ciclo parece haber terminado de manera definitiva. Se reconoce el mérito de Ream por pelear lo suficiente para llegar al Mundial y el equipo le agradecerá que haya estado, considerando lo bien que respondió en los primeros partidos del torneo. Pero no se ganan los Mundiales con centrales de 42 años, de modo que toca despedir a uno de los servidores más respetados de la selección.
Miles Robinson: Tiene 29 años y fue valioso verlo recibir el llamado al Mundial después de haberse perdido cruelmente la convocatoria anterior. Dicho eso, es momento de abrir camino a defensas más jóvenes, lo que implica que otros deberán ceder. Robinson aparece como uno de los candidatos a hacer ese espacio.
Cristian Roldan: Duele que las lesiones no le permitieran vivir su momento en el Mundial. Aun así, el hecho de que haya llegado al torneo es un triunfo después de varios años fuera del foco. Estados Unidos extrañará su presencia y su liderazgo dentro del grupo.