La FIGC apuesta por Antonio Conte: cuatro años para enderezar a Italia
La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) ha decidido apostar por un perfil que, a su juicio, conoce el camino para competir en la élite. Conte, ex técnico de Juventus, Chelsea y Napoli, aparece como el nombre elegido y se espera que firme un contrato de cuatro años. El plan apunta a dar estabilidad hasta el Mundial de 2030, que se disputará en España, Portugal y Marruecos.
La apuesta por un vínculo largo responde a una estrategia clara: no se trata únicamente de ajustar el aspecto táctico, sino de encarar una transformación más profunda a nivel cultural. Tras los golpes recientes y los fracasos que han dolido, la FIGC busca cortar con la lógica de soluciones provisionales. La intención es devolver a Italia a su lugar entre los grandes, y Conte es visto como el candidato con la energía y el carácter necesarios para sostener un proyecto de gran envergadura.
Datos clave del plan
- Conte sería el elegido para dirigir a Italia con un contrato de cuatro años.
- El horizonte del proyecto se extiende hasta el Mundial de 2030.
- El torneo de 2030 se disputará en España, Portugal y Marruecos.
- La FIGC pretende evitar más soluciones temporales y asegurar un cambio cultural.
- Los clubes de Serie A también mostrarían apoyo al movimiento.
El respaldo no vendría solo desde las oficinas federativas. De acuerdo con lo que se comenta, los clubes más importantes de la Serie A también estarían a favor del regreso del entrenador. En el ámbito doméstico, Conte sería considerado una “garantía de dedicación total”, por su fama de trabajar sin descanso y por su capacidad para exprimir el máximo rendimiento de cada futbolista en su plantel. La idea que se maneja es que su llegada eleve el nivel del ecosistema del fútbol italiano, no solo del seleccionado.
En el recuerdo futbolístico de Italia, el trabajo de Conte en la Eurocopa 2016 sigue como un referente de creatividad táctica. Con un grupo que muchos veían limitado, llevó a los Azzurri hasta estar a un paso de la final, quedando a la distancia de una tanda de penaltis en el duelo semifinal. Además, su tramo incluye gestas muy señaladas: derrotó a España y exigió al máximo a Alemania, forzándola a llegar al límite.
Tras aquel torneo, su salida dejó un vacío que una parte del entorno considera que nunca se cubrió de manera adecuada. Por eso, su retorno se interpreta también como la oportunidad de terminar el trabajo que quedó a medias hace aproximadamente una década. La narrativa que se instala es de continuidad: volver para completar un proyecto que Italia considera inconcluso.
El desencadenante: la salida de Napoli
El camino hacia el regreso se habría despejado tras su salida reciente del Stadio Diego Armando Maradona. Conte, de 56 años, dejó oficialmente al Napoli después de alcanzar un acuerdo con el club para rescindir su contrato. En ese periodo, el técnico había logrado ganar un Scudetto y una Super Cup, pero aun así comunicó que sentía que el ciclo había llegado a su final.
En su conversación con la dirección del Napoli, Conte habría señalado como motivo específico la dificultad para sostener la unidad dentro del ambiente. Ese detalle, según se entiende, marcó el punto de cierre y abrió la puerta a un nuevo destino que ahora se ubica en el banquillo de la selección.
La prioridad del nuevo proyecto se coloca por completo en el Mundial de 2030. Después de la dolorosa eliminación en los playoffs ante Bosnia-Herzegovina, que terminó por impedir que Italia llegara a su tercera cita consecutiva, la FIGC quiere un entrenador capaz de construir un plantel sin vivir bajo la presión constante de resultados inmediatos y cortoplacistas.
En ese contexto, el contrato de cuatro años aparece como el elemento decisivo: permitiría a Conte aplicar su metodología exigente a lo largo de todo un ciclo mundialista. La meta no sería solo clasificarse al torneo, sino entrar en él como un aspirante real, con el equipo preparado para competir con la ambición de los candidatos.
Italia, con el peso de tres decepciones seguidas en Mundiales, necesita asegurar el futuro lo antes posible. La decisión de acudir a Conte busca encontrar “manos seguras”, un perfil probado que cumple objetivos incluso en situaciones de máxima dificultad. El movimiento se plantea como una medida calculada para evitar nuevas vergüenzas en el escenario internacional y para recuperar la identidad futbolística del país.
Al final, el reto para el nuevo seleccionador será el mismo: devolver al combinado nacional a un equilibrio estable, con una dirección clara y un plan de largo aliento. La FIGC apuesta por cortar la improvisación y por convertir el proceso hacia 2030 en una reconstrucción sólida, con Conte como pieza central.