La “Generación Dorada” de Costa de Marfil: el duelo que se les escapó
La selección de Costa de Marfil vivió durante más de una década a un paso del gran premio en el Mundial y en la Copa Africana. Sin embargo, si hay un partido que resume el peso de esa “Generación Dorada” y el modo en que se les escapó, no aparece en los duelos estelares contra Brasil, Argentina, Países Bajos o Portugal.
Ni siquiera se parece a aquellas derrotas tempranas que dolieron en sus primeras participaciones mundialistas, en 2006 y 2010, cuando el sorteo ya parecía cruel antes de que rodara el balón. El espejo más duro está en Fortaleza, el 24 de junio de 2014: Grecia 2-1 Costa de Marfil, la noche en la que a las excusas se les acabó el oxígeno.
Quick scan: lo que dejó aquel día
- Marcador: Grecia 2-1 Costa de Marfil.
- Fecha y lugar: Fortaleza, 24 de junio de 2014.
- Contexto: el equipo llegaba con el control del partido y la clasificación en su mano.
- Gol griego: Georgios Samaras anotó en el 93’.
- Gol marfileño: el suplente Wilfried Bony igualó a 16 minutos del final.
El contexto: una “Generación Dorada” hecha de nombres y experiencia
La Costa de Marfil de esa época parecía destinada a ser una de las grandes historias de torneos africanos. En el plano de clubes, sus figuras habían alcanzado logros máximos y estaban instaladas en el corazón del fútbol de élite.
Didier Drogba se convirtió en leyenda de Chelsea, rompiendo marcas en partidos grandes y siendo protagonista decisivo en la final de la Champions de 2012 contra el Bayern Múnich. Yaya Touré fue una fuerza en Barcelona, el único futbolista en ganar el premio al Jugador Africano del Año cuatro veces seguidas, además de encender el inicio de la era moderna de dominio de Manchester City.
Kolo Touré sumó títulos de Premier League con Arsenal —en el equipo “invencible”— y con Manchester City, y también pasó por Liverpool. Alrededor de ellos, Didier Zokora, Emmanuel Eboué, Salomón Kalou, Gervinho, Romaric, Aroune Koné y más tarde Wilfried Bony construyeron carreras europeas sólidas, representando instituciones futbolísticas importantes del continente.
Cuando la clasificación se consiguió en 2006, llegó el debut mundialista de “Los Elefantes”. Pero no era un grupo romántico de sorpresa: el plantel combinaba experiencia de alto nivel, potencia de Premier League y calidad individual enorme.
En el Mundial, el equipo contaba con una profundidad poco común para selecciones africanas. No dependía de uno o dos astros para sostener el conjunto, sino que ofrecía jerarquía, una columna vertebral sólida y alternativas reales.
Recordar 2006 y 2010: los sorteos duelen cuando vienen con historia
Con todo ese potencial, el relato en la máxima competición se volvió frustración y remordimiento. En la Copa Africana de Naciones, la sensación de “casi” se alargó durante casi una década: perdieron la final de 2006 ante Egipto, cayeron en semifinales en 2008 ante el mismo rival, y dos años después se quedaron fuera en cuartos frente a Argelia.
En 2012 alcanzaron la final en Libreville sin encajar goles, pero terminaron tumbados por una Zambia que parecía empujada por el guion inevitable del destino. Mientras tanto, desde lo alto se repetía la sombra de 1993, como si el pasado estuviera recordándoles que la suerte no iba a cambiar por arte de magia.
El tropiezo en 2013, esta vez ante Nigeria, ganador del torneo, hizo que la etiqueta “Generación Dorada” sonara menos como un elogio y más como una acusación: la de haber desperdiciado una providencia que sí existía.
Eso sí, no se puede olvidar que el grupo también dejó huellas. La clasificación para el Mundial de 2006 —en medio del telón de fondo de una guerra civil y con el llamamiento de Drogba por la paz— fue un hito nacional real en una década difícil.
Habían llevado a su país a la cita más grande del fútbol y, aun así, recibieron uno de los emparejamientos grupales más duros de la historia. En el Grupo C se toparon con Argentina, Países Bajos y Serbia y Montenegro.
¿Existió alguna vez un equipo que enfrentara dos rivales más exigentes en sus dos primeros partidos mundialistas, seguidos, con Argentina y Holanda como murallas? El golpe era inmediato.
No obstante, no fueron humillados: plantaron cara a Argentina en una derrota 2-1, cayeron ante Países Bajos con el mismo marcador y luego superaron a Serbia y Montenegro 3-2 para ganar su primer partido en un Mundial.
En ese punto, la eliminación ya estaba encaminada, pero salir temprano no era lo peor para un conjunto todavía acomodándose al nivel. Aprendieron también de una experiencia dura: en sus tres encuentros, iban perdiendo 2-0 antes de que se cumplieran los primeros 40 minutos.
En 2010 el sorteo no fue mucho más amable. Brasil, Portugal y Corea del Norte esperaban a Costa de Marfil en Sudáfrica. Además, la campaña estuvo marcada por una lesión de Drogba previa al torneo: en la víspera del Mundial se rompió el brazo.
El delantero se negó a renunciar y jugó con protección, con la mentalidad de un general herido que insiste en salir a la batalla, aunque la energía no era la misma y el ambiente tampoco.
El 0-0 ante Portugal fue un resultado valioso, pero en el contexto quizá hacía falta más. Después, Costa de Marfil cayó 3-1 ante Brasil y luego sí pudo vencer 3-0 a Corea del Norte.
2014: el camino se abre… y llega el golpe
Para 2014, “Los Elefantes” ya tenían más edad y más oficio. Pero sobre todo, el sorteo les ofreció una oportunidad que se sentía casi como una disculpa tras los grupos tremendamente difíciles de los dos torneos anteriores.
Colombia era fuerte, aunque no del nivel de Argentina o Brasil. Japón era competente, pero no estaba cerca de la entidad de Países Bajos o Portugal. Y Grecia, el cuarto integrante del grupo, ofrecía poco en términos de amenaza constante.
Drogba, con 36 años, no era el jugador de antes, aunque todavía podía cambiar partidos. Yaya Touré seguía en su mejor momento, Gervinho y Bony aparecían como amenazas reales en crecimiento, y Serge Aurier y Max-Alain Gradel encabezaban una nueva ola de talento.
Empezaron remontando para vencer a Japón 2-1: el ingreso de Drogba cambió la dinámica del encuentro. Luego cayeron 2-1 ante Colombia, con Gervinho firmando uno de los goles más destacados de la fase de grupos con una incursión por la banda izquierda.
Así, llegaron al último partido contra Grecia con el control del destino. Para avanzar a la fase eliminatoria por primera vez, solo necesitaban evitar la derrota y asegurar el pase.
Ahí es donde la caída en Fortaleza se vuelve tan contundente. No era otra despedida digna ni otro tropiezo heroico: era un duelo en el que el destino estaba en sus manos, contra rivales que no exigían el máximo nivel, con la historia lista para escribirse.
Y lo dejaron escapar.
Desde el inicio aparecieron señales de alarma: el equipo se mostró nervioso, se fue largo con frecuencia y no tuvo la autoridad que había exhibido en la remontada ante Japón. Aun así, la diferencia de talento e ideas parecía estar del lado marfileño; Grecia era sobria, Costa de Marfil abundante.
Tras un error de Cheick Tiote que permitió a Andreas Samaris abrir el marcador, Costa de Marfil reaccionó por medio del suplente Bony, que tras un gran trabajo previo de Gervinho encontró el empate con 16 minutos por jugar. En ese tramo, todo apuntaba a que el pase era cuestión de administración.
Con un cuarto de hora restante, “Los Elefantes” ya estaban en zona de clasificación. No había necesidad de correr, ni de entrar en pánico: hacía falta madurez, control, calma y manejo del partido, justo lo que esos jugadores habían demostrado durante años en el fútbol de clubes.
Pero en el tiempo añadido, Giovanni Sio cometió una falta torpe que derribó a Georgios Samaras dentro del área. El delantero del Celtic no falló y firmó el 2-1 en el 93’, sellando el castigo final.
Grecia ganó 2-1. Costa de Marfil quedó eliminada.
Lamouchi lo dijo: detalles que pesan en el máximo nivel
La crueldad del fracaso estuvo en su propia banalidad. No fue una noche contra Messi, Robben, Kaká o Cristiano Ronaldo. Fue Grecia. El rival se mostró demasiado “normal”, demasiado común, y por eso la historia pesa más: no hubo excusas y ni siquiera apareció un error de portería que en otros años había sido el talón de Aquiles.
Tras el encuentro, el entonces entrenador Sabri Lamouchi reflexionó: “Estábamos a un minuto de lograrlo, pero en el nivel más alto esos son los detalles que deciden”.
Y añadió: “Contra Colombia y Grecia, nuestros rivales no necesitaban grandes ocasiones porque nosotros les dábamos espacio para hacernos daño. Es imperdonable”.
Ese plantel había tardado una década en llegar a un instante histórico: cruzar la línea hacia la fase eliminatoria. Sin embargo, volvió a fallar.
Seis meses más tarde llegó una forma parcial de redención cuando conquistaron la Copa Africana de Naciones en Bata, derrotando a Ghana en la tanda de penales. Pero para entonces, con Drogba ya retirado del fútbol internacional, la etiqueta “Generación Dorada” dejaba de encajar igual con el grupo.
Los nombres de Kolo, Boubacar Barry, Tiene, Kalou y Gervinho igual levantaron el trofeo, evitando que el recuerdo quedara reducido a un fracaso con camiseta naranja. Aun así, ese Mundial de los años anteriores no quedó del todo borrado.