Montgomery y Sawangkaew remontan y logran su pase a Wimbledon
Londres vive otra semana de esas que cambian carreras en dos tiempos: primero el golpe de la adversidad, y después el despegue cuando llega la oportunidad. Para Mananchaya Sawangkaew y Robin Montgomery, el camino por la fase previa de Wimbledon no solo fue un trámite, sino una forma de recuperar terreno perdido.
At a glance
- Mananchaya Sawangkaew avanzó a Wimbledon tras una remontada ante Oceane Dodin, salvando tres puntos de partido.
- Robin Montgomery selló su pase con una remontada 3-6, 6-1, 6-1 sobre Marina Bassols Ribera.
- Ambas ganaron su acceso al cuadro principal del All England Club esta semana.
- Sawangkaew habló de emociones “a flor de piel” tras el partido.
- Montgomery viene de una pausa larga por una lesión de muñeca y llega con racha en la previa.
Montgomery remontó a Marina Bassols Ribera con parciales de 3-6, 6-1 y 6-1, logrando su segundo acceso al cuadro principal de su carrera en el All England Club. Por su parte, Sawangkaew protagonizó un regreso todavía más dramático: superó a Oceane Dodin por 5-7, 7-5, 6-1 después de ir 5-3 abajo en el segundo set y de desactivar tres puntos de partido.
“Después del encuentro, salieron todas las cosas”, declaró Sawangkaew, de 23 años. “Salieron todas las lágrimas”. La tailandesa se une a su compatriota Lanlana Tararudee en el cuadro principal.
Ese torrente emocional también refleja la montaña rusa que ambas han atravesado en el último año. Montgomery, al igual que Sawangkaew, tuvo que lidiar con altibajos que parecían apartarlas de su mejor versión cuando todo apuntaba a un salto definitivo.
En el momento de mayor impulso, las dos lograron superar el umbral del Top 100: Montgomery lo hizo en abril gracias a su servicio dominante; Sawangkaew alcanzó el nivel con un juego rápido, de precisión y mucha elegancia, en junio. Sin embargo, justo cuando parecía que ya estaba todo encaminado, el plan se desordenó y el proceso volvió a empezar desde el inicio.
La lesión que cambió el guion
En el segundo partido de clasificación para Roland Garros, a Sawangkaew se le “apagó” la espalda de forma repentina. “No podía moverla”, recordó. “Tuve que empezar desde cero porque mi cuerpo no podía hacer nada. Ni siquiera podía mover la pierna o dormir. Durante los primeros tres meses ni siquiera pude pegarle a la pelota”.
Los siguientes seis meses los pasó apartada por lesión. Para atravesar la espera, se dedicó a aprender canciones tailandesas con su guitarra. Aun así, la ausencia de Wimbledon fue lo más duro: crecer en un país con pocas canchas de césped dejó una huella distinta en su memoria, con imágenes del torneo por televisión y el sueño de “estar simplemente de pie sobre la hierba”.
En ese imaginario también entraron referentes como Tamarine Tanasugarn, finalista de cuartos en Wimbledon en 2008, y Noppawan Lertcheewakarn, campeona en el circuito juvenil en 2009. El regreso de Sawangkaew apunta a ampliar el alcance tailandés: la próxima semana, junto a Tararudee, serán las primeras mujeres de Tailandia que compitan en el cuadro principal de Wimbledon desde que Tanasugarn y Lertcheewakarn lo hicieron en 2010.
Cuando Sawangkaew volvió a competir, su objetivo más inmediato era simple: jugar sin dolor. En lugar de conformarse con eso, superó sus propias expectativas. Aunque afirma que “no se siente segura” de haber regresado al nivel previo, los resultados cuentan otra historia: ganó en febrero su primer título de WTA 125 en Mumbai y, pese a perder seis meses, solo se ha movido desde el puesto 100 del año anterior hasta el 164 esta semana.
Con Wimbledon como meta, Sawangkaew tomó un enfoque todavía más calculado: decidió saltarse por completo la gira de tierra para concentrarse en el césped. “Le dije a mi entrenador que este año voy a saltarme el Abierto de Francia”, explicó. “Y después vamos a entrenar para la temporada de césped, enfocándonos en la hierba”.
El avance hacia el partido ante Dodin mostró por qué la decisión tenía sentido. Su tercer punto de partido salvado fue, además, una de las imágenes más llamativas del torneo: un ataque decidido a la red y una volea ganadora en diagonal, ejecutada a plena extensión, que dejó a Dodin sin respuesta.
Al preguntarle por la jugada, Sawangkaew sonrió. “Pienso que no tengo nada que perder”, señaló. “Puedo correr a cada bola hasta el último punto. No termina todavía: lo único que quiero es correr a cada bola que me llegue”.
Desde el borde de la derrota, Sawangkaew se llevó el tercer set con autoridad. Y cuando cerró el encuentro, no fue solo el hecho de jugar sin dolor lo que celebró: “Esto es una felicidad real, real, real”, dijo.
Montgomery, la pausa larga con destino claro
Montgomery, en contraste, entendía que su tiempo fuera se venía encima. Después de Wimbledon 2025, tuvo nueve meses de inactividad hasta Bogota en abril de 2026. Ya en 2022 había sufrido problemas en la muñeca, y el problema volvió a activarse en enero de 2025. La cirugía era inevitable, aunque los médicos le indicaron que no había prisa, y que el momento podía ajustarse a su calendario.
La estadounidense manejó el dolor durante la primera mitad de 2025, con la intención de cumplir su Grand Slam en casa en agosto. Pero tras Wimbledon, quedó claro que no sería viable. Al haber sido advertida, la frustración disminuyó, aunque el tiempo lejos de la competencia le dejó algo más: un redescubrimiento de su fuego competitivo, el que no sabía que había perdido.
Sawangkaew también puso en palabras esa idea desde su propia experiencia. Dijo que el periodo sin tenis le permitió reconocer facetas de sí misma que antes no valoraba del todo mientras competía. “A veces, como jugadoras, pensamos que nos conocemos fuera de la pista y también estamos muy consumidas por el tenis”, expresó. “Aprendí que puedo ser una persona diferente fuera de la cancha, pero también la misma persona. Hay un equilibrio mayor del que pensaba”.
Durante su recuperación, Sawangkaew aseguró que volvió a encontrar su chispa competitiva y trabajó para recuperar la confianza y el lenguaje corporal que tenía cuando era junior. “Me recordé quién era cuando era más joven, y el lenguaje corporal que tendría, la confianza que tendría”, explicó. “Como si me dijera: ‘No, esto es lo mío’. Recuperar eso fue un momento precioso en mi rehabilitación”.
Ese trabajo ya se traduce en resultados. En su octavo torneo desde el regreso, Montgomery aterrizó en ’s-Hertogenbosch con el puesto 484 del ranking y, además, logró un hito: se convirtió en la tercera jugadora con menos ubicación (excluyendo a las no clasificadas) que ha ganado un título de WTA en la historia de los rankings, conquistándolo entrando como clasificatoria.
Con 21 años, desde entonces ha escalado hasta el puesto 194. Sus tres victorias en la previa de Roehampton también extendieron su racha a nueve partidos ganados, un impulso que llega justo a tiempo para medir su nivel en el gran escenario de Wimbledon.