Oaktree reordena al Inter: el plan para San Siro y la próxima gran palanca
El Inter de Milán vive una etapa de reordenamiento financiero tras el aterrizaje de Oaktree, pero el cambio no se limita a refinanciar deudas: el club ya proyecta su próxima gran palanca de ingresos, el futuro San Siro, mientras intenta demostrar que el negocio puede sostenerse sin depender de “salidas” extraordinarias en el mercado de fichajes.
Cómo llegó Oaktree al mando del Inter
Oaktree tomó el control del Inter en un contexto que ya venía marcado por la incapacidad de Suning para afrontar sus compromisos. En lugar de una venta pactada o un traspaso planificado, el club pasó a manos del fondo porque Suning no pudo repagar sus deudas y el acreedor activó su derecho sobre la entidad.
Durante el ciclo Suning se inyectaron al club más de 500 millones de euros entre capital propio y préstamos, aunque al final quedó muy poco de ese valor para el grupo original, que terminó con una participación fuertemente castigada y sin una salida “normal” para comercializar esa inversión.
Este patrón encaja con el modelo típico de fondos centrados en deuda en dificultades: el inversor aporta recursos a una empresa con problemas, busca un rendimiento esperado y, si no se logra refinanciar, el acreedor puede terminar asumiendo el control.
Inter, comparado con el precedente del Milan
El relevo en Inter recuerda al caso del A.C. Milan, donde Elliott Management asumió el control hace seis años después de que Li Yonghong dejara de cumplir con sus obligaciones financieras. Sin embargo, la diferencia clave entre ambos procesos fue el grado de intervención.
Elliott optó por un enfoque más activo: puso dinero fresco en el club e intentó reconstruirlo tanto a nivel financiero como organizativo. Más adelante, el Milan fue vendido en 2022 a RedBird.
En el caso de Oaktree, el camino parece ser más gradual y paciente. El fondo no prioriza una remodelación acelerada, sino la estabilidad: refinanciar deudas y preservar el valor del Inter a largo plazo.
La reacción financiera: calma en el mercado
El traspaso de Oaktree no provocó un terremoto en los mercados. En mayo y junio de 2024, los bonos del Inter por 415 millones de euros se mantuvieron en valores mayormente estables y las agencias de calificación no alteraron el juicio sobre la solvencia de esos préstamos.
La lectura del mercado fue clara: la transición no desató una crisis, sino que redujo incertidumbre y colocó al club en manos de un inversor acostumbrado a gestionar grandes niveles de deuda y riesgo financiero.
Señales de estabilización: refinanciación y mejora del coste de intereses
El cambio se hizo más visible en 2025, cuando el Inter refinanció su deuda al 4,52%, una tasa que redujo de forma marcada el coste anual de intereses.
En paralelo, el club empezó a evidenciar un giro en la estructura de resultados: en el ejercicio 2024/25 volvió a ganar dinero en el día a día, aunque todavía arrastra el legado del periodo Suning en el balance.
El giro en 2024/25: ingresos récord y beneficios operativos
En 2024/25, el Inter registró un volumen de negocio récord en sus actividades principales. Las estimaciones situaron la cifra cerca de 551 millones de euros, mientras que los datos del club la ubican en torno a 567 millones.
La variación se explica por la forma en que se contabilizan ingresos de transferencias y otras partidas complementarias. Aun así, el crecimiento interanual fue relevante: el total habría aumentado alrededor de 144 millones, cerca de un 35%.
La principal contribución provino de los derechos audiovisuales, que rondaron los 265 millones (aproximadamente un 50% más). El tramo clave se apoyó en una larga campaña de Champions League y en la participación en el Mundial de Clubes, con un ingreso puntual estimado en unos 31 millones.
También hubo avance en ingresos de partido: por primera vez superaron los 100 millones y se ubicaron en torno a 104. En ese cálculo se incluyeron cerca de 4 millones procedentes de abonos de temporada, mientras que los estados financieros del club no los contemplan igual.
La campaña europea dejó picos: el semifinal ante Barcelona aportaría alrededor de 14 millones, que habría marcado un nuevo récord italiano para la recaudación de un solo encuentro.
En el apartado comercial, el Inter ingresó cerca de 160 millones, impulsado por una base de patrocinadores más sólida y mayor visibilidad internacional.
Patrocinios y nómina: suben salarios, pero lo hace más el ingreso
El contrato de camiseta con Betsson, reportado con un valor aproximado de 30 millones por temporada, se convirtió en el mayor acuerdo de patrocinio de indumentaria en la historia del fútbol italiano. Además, el club extendió su vínculo con Nike hasta 2031: el acuerdo garantiza una cuota fija superior a 20 millones y, con objetivos, el total podría acercarse a 30 millones anuales en los próximos años.
En costes, la masa salarial alcanzó unos 253 millones, cerca de 26 millones más que en el año anterior. Parte de ese incremento se relaciona con bonificaciones por éxitos deportivos, pero el punto determinante es que los ingresos crecieron más rápido que los salarios.
En términos contables, el coste anual de los jugadores también cayó con fuerza: al repartir el impacto del precio de un fichaje a lo largo del contrato, el gasto anual estimado se situó en torno a 61 millones, desde cerca de 96 millones un año antes y lejos de los 137 millones de hacía cuatro temporadas.
Coste de plantilla dentro de un umbral saludable
Sumando salarios y costes contables de jugadores, el total de gasto de la plantilla se situó en torno a 314 millones.
Con ingresos ajustados por UEFA cercanos a 551 millones de facturación principal y un promedio de 36 millones anuales en beneficios de transferencias a lo largo de tres años, la relación coste/ingreso quedó alrededor del 53,5%, por debajo del límite del 70% establecido por UEFA.
Incluso en un escenario menos favorable, con ingresos bajando a unos 500 millones, el ratio seguiría siendo manejable, alrededor del 58,6%, señal de un modelo de costes más sano que el visto en las etapas más intensas del ciclo Suning.
Beneficio neto y “calidad” del resultado
El Inter cerró 2024/25 con un beneficio neto aproximado de 35 millones de euros. Pero el dato más relevante es que el beneficio de la actividad ordinaria se situó cerca de 69 millones, incluso antes de contar ingresos por transferencias.
Esta distinción es crucial: bajo Suning, las ventas de futbolistas funcionaban a menudo como una salida de emergencia para cubrir pérdidas estructurales del negocio cotidiano. Con Oaktree, la tendencia apunta a que la rentabilidad proviene cada vez más del propio club, sin necesitar que el mercado de fichajes compense déficits.
El club mantiene una “nota de prudencia” temporal: la sostenibilidad completa debe confirmarse en más ejercicios. Aun así, las cifras actuales ofrecen un panorama prometedor.
El balance todavía carga con el pasado
A pesar del retorno a beneficios, el balance continúa reflejando las consecuencias del periodo anterior. El patrimonio neto seguía siendo negativo, cerca de -12 millones de euros, aunque mejoró frente a aproximadamente -100 millones del año previo.
La recuperación se explica por tres motores: el beneficio neto, la conversión de préstamos del propietario a patrimonio y la entrada de alrededor de 52 millones aportados por Oaktree.
El nivel total de deuda también muestra una trayectoria positiva: bajó desde su punto más alto, aunque el volumen absoluto sigue siendo significativo en relación con el patrimonio, recordando cuánto endeudamiento se acumuló durante el ciclo Suning.
Dinero en caja: el día a día ya genera flujo
En el frente de liquidez, el Inter mejoró de manera notable. El club reportó un flujo de caja procedente de operaciones ordinarias cercano a 107 millones. Otras estimaciones lo sitúan alrededor de 146 millones, con diferencias por el tratamiento de depreciaciones, intereses e impuestos.
En cualquier caso, el mensaje coincide: antes de intereses e impuestos, el negocio genera mucho; después, queda menos, pero la dirección es positiva. El club ya no necesita apoyarse principalmente en ventas o en aportes externos para sostener su modelo.
Al mismo tiempo, el Inter planea invertir cerca de 100 millones en modernizar el complejo de entrenamiento y otras instalaciones clave, un enfoque coherente con la idea de crear valor a largo plazo en la estructura del club.
San Siro: el proyecto que condiciona la próxima fase
El futuro del Inter ahora se articula en tres ejes ligados entre sí: el proyecto del nuevo San Siro, el momento en que Oaktree decida vender su participación, y la calidad/sostenibilidad de los ingresos.
En septiembre de 2025, el ayuntamiento de Milán aprobó la venta del estadio y su área a Inter y A.C. Milan. Ambos clubes planean un recinto nuevo de aproximadamente 71.500 localidades dentro de un proyecto más amplio.
La propuesta contempla un estadio diseñado por Foster + Partners y MANICA, con participación de entidades financieras como Goldman Sachs, JPMorgan, Banco BPM y BPER Banca en el esquema de financiación.
Para el Inter, el motivo es simple: todavía no posee el estadio, lo que genera desventaja estructural frente a muchos grandes de la Premier League. Aunque el San Siro es icónico, su antigüedad, el régimen municipal de propiedad y oportunidades comerciales desactualizadas limitan cuánto ingreso puede extraer el club.
La lógica de un estadio propio es la de ingresos más estables y recurrentes: butacas de lujo, hospitalidad corporativa, derechos de nombre, restauración, conciertos y otros eventos fuera de los días de partido.
Riesgo financiero: un estadio de más de mil millones
El proyecto, no obstante, abre un dilema. Se estima que el coste podría superar los 1.000 millones de euros y probablemente requeriría una combinación de capital propio y deuda.
Para un club que aún termina de digerir el legado de la deuda del periodo Suning, esto importa: un estadio eleva el techo de ingresos a largo plazo, pero también puede levantar una nueva carga antes de terminar de reducir la anterior.
Las tres vías de Oaktree ante el estadio
En términos estratégicos, se plantean tres posibilidades para el fondo.
- Dueño pasivo: estabilizar, refinanciar, sostener el rendimiento y buscar comprador con rapidez. El problema es que así Oaktree no capturaría gran parte del valor futuro del estadio en el precio de la entidad.
- Preparar el proyecto para el futuro: no necesariamente financiar y completar la obra, pero sí asegurar que sea creíble, viable y avanzado para que un comprador pueda invertir con confianza. Aquí la prioridad es reducir incertidumbre y acelerar aprobaciones y financiación.
- Ser propietario pleno del desarrollo: cofinanciar y supervisar la construcción hasta el final. Con una inversión que supera los mil millones, el riesgo político, estructural, financiero y de ejecución sería alto, y además los tiempos burocráticos podrían alargar el proceso.
La idea de fondo es que, para un inversor con horizonte de inversión, inmovilizar capital durante siete a diez años podría no ser lo ideal. De ahí la preferencia por mecanismos que disminuyan riesgo y maximicen el atractivo del Inter ante un comprador futuro.
Inter y Milan: interés compartido, pero con objetivos distintos
La relación con A.C. Milan también adquiere relevancia estratégica. RedBird tiene un interés directo en impulsar el proyecto, ya que la infraestructura encaja en su estrategia de inversión en el club milanés.
Para RedBird, el estadio es un motor de crecimiento destinado a incrementar ingresos recurrentes. Para Oaktree, el estadio es una vía para aumentar el valor del Inter y mejorar el precio de venta. Aunque no coinciden del todo, sí se alinean lo suficiente como para avanzar juntos.
Además, al compartir costes de construcción, financiación y operación, ambos clubes reducen la cantidad de dinero que deberían poner por separado.
Qué falta por confirmar
La historia financiera del Inter en 2024/25 es positiva, pero no totalmente blindada: parte del resultado depende de ingresos volátiles, como la participación prolongada en Champions League, el Mundial de Clubes y las ganancias por transferencias.
Giuseppe Marotta ha indicado que la rentabilidad futura sigue condicionada a competir en Champions y a obtener rendimiento en el mercado de fichajes. El proyecto del estadio no elimina esa dependencia por completo, pero sí puede aportar estabilidad y diversidad al ingreso.
En el fondo, la lección que deja esta etapa es que el fútbol puede acelerar el éxito con financiación ajena, pero la resiliencia duradera termina apoyándose en infraestructura e ingresos recurrentes.