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World-cup

Pochettino sueña con el Mundial y usa lecciones en EE. UU. para construir legado

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
24 junio 2026 12 min de lectura

IRVINE (California). Mauricio Pochettino trabaja en las plantas más bajas del hotel que utiliza la selección masculina de Estados Unidos para su concentración en el Mundial. La oficina tiene un detalle que llama la atención de inmediato: desde el balcón se abre una panorámica que va más allá del horizonte, con el océano Pacífico como telón de fondo. Incluso a pocas semanas de iniciado el proceso, el paisaje sigue sorprendiendo al entrenador, que disfruta la calma del atardecer mientras observa el mar.

Key takeaways

  • La oficina de Mauricio Pochettino en el hotel del Mundial tiene vista directa al océano Pacífico.
  • El técnico centra su día a día en la idea “Why not?”, que también transmite a sus futbolistas.
  • La selección de Estados Unidos arrancó el torneo con triunfos 4-1 ante Paraguay y 2-0 sobre Australia.
  • Pochettino atribuye parte del cambio cultural a la conexión creciente entre el equipo y su afición.
  • El entrenador admite que lloró tras la final de la Gold Cup perdida ante México y lo relaciona con el apoyo que vio en el estadio.
  • De cara a lo que viene, mantiene como prioridad el Mundial y deja abierta la posibilidad de renovar más allá del vencimiento de su contrato.

La pregunta que lo mueve: “¿Por qué no?”

En la conversación con periodistas reunidos en su despacho, Pochettino se queda mirando el sol mientras se pone y lanza una reflexión sobre esa “búsqueda” de la ola perfecta: “En un día cualquiera ves a la gente surfear y parece sencillo, pero están esperando el momento ideal y, aun así, no llega”. A partir de esa imagen, explica qué significa su forma de pensar: no se conforma con aguardar a que todo ocurra, sino que insiste en empujar la mentalidad hacia adelante.

Detrás de él, en la pared de su oficina, aparecen anotaciones hechas con su propia letra: frases, mantras, recuerdos y reflexiones personales. Por encima de todo, destacan seis letras enormes que sintetizan su mensaje.

“¿Por qué no?”, repite el entrenador para subrayar que esas palabras están en el corazón de su enfoque. Afirma que fueron determinantes para tomar este trabajo, para atravesar los momentos más complejos y para sostenerse a diario. Incluso recuerda la primera vez que lo dijo de forma espontánea a sus jugadores, como si el momento exacto en el que surgió fuera clave para que calara en el grupo.

Ese instante regresa a su memoria en noviembre. Para Estados Unidos, la reunión parecía una charla de rutina; sin embargo, el resultado terminó siendo un “ideal” que los jugadores se llevaron consigo, una especie de declaración de intenciones que reforzó la confianza.

Pochettino explica que no “prepara” las reuniones como un guion cerrado, aunque reconoce que se dispone mentalmente. En ese día, la intervención fue más emocional e intuitiva. “¡Vamos, chicos! Están escuchándome y necesitamos creer. ¿Por qué no nosotros? Podemos vencer a esos rivales que están ahí delante, incluso cuando nadie confía en que lo logremos. Porque es verdad, es verdad”, resume la idea que trasladó al grupo.

El entrenador sostiene que, en el fondo, sí cree en esa posibilidad. Lo mismo asegura que sienten los futbolistas, que durante todo el verano se preguntaron cuál era su lugar en este Mundial en casa y, con franqueza, no dejaron de insistir: “¿Por qué no?”.

Tras sus dos primeras actuaciones mundialistas, la consigna se volvió argumento en el césped. El equipo debutó con una victoria 4-1 sobre Paraguay y después sumó un 2-0 ante Australia. Desde entonces, las dudas dejaron de ser solo internas: ahora también llegan desde fuera. La pregunta comenzó a repetirse en todo el mundo: ¿por qué no puede ganar Estados Unidos en este Mundial? Y, si lo hiciera, ¿qué ocurriría entonces?

Al final del torneo, solo un conjunto levanta el trofeo. Las probabilidades, admite el propio Pochettino, no colocan a Estados Unidos como favorito. Sin embargo, afirma que el ambiente ya cambió y que empieza a ganar espacio la creencia. En ese sentido, sostiene que su tarea podría estar cumplida en parte: llegó a un país que necesitaba algo que creer y, en el camino, encontró a un equipo y a un entrenador que están construyendo “su ola perfecta”.

“Se trata de formar parte de algo que deje legado”, afirma. Y precisa que, para él, el legado más importante es el vínculo entre la selección y la afición. “Queremos ganar el Mundial, claro, pero ese vínculo es el legado que necesitamos”, añade.

Dolor, cultura y la conexión con la hinchada

Construir ese legado, dice, tomará semanas todavía. Con un lugar asegurado en la fase eliminatoria, el camino sigue abierto y queda mucho por escribir. Hasta ahora, el plan marcha según lo previsto, aunque Pochettino reconoce que no siempre se sintió así. Algunas de las frases sobre su escritorio no son necesariamente optimistas: funcionan como recordatorios para el entrenador, para los jugadores y para cualquiera que quiera entender cómo se dio todo este proceso.

Por fin se permite admitirlo: lloró tras la derrota en la final de la Gold Cup contra México. No lo atribuye únicamente al golpe deportivo. No se trata de que la caída duela porque ya ha vivido otras. Lo que le rompió por dentro fue lo que vio y, sobre todo, lo que escuchó. El día del duelo en Houston, Estados Unidos cayó frente a El Tri ante una grada llena de verde, blanco y rojo.

Pochettino asegura que no le pareció justo. Y dice que, mientras lloraba, se preguntaba qué se necesitaba para que sus futbolistas sintieran ese tipo de apoyo. Afirma que sabía que era posible porque lo había visto en su primera experiencia en un partido universitario, cuando estuvo presente en un encuentro entre Ohio State y Texas. Pero, en ese momento y en muchos otros antes, Estados Unidos actuó como visitante en su propio país: no necesariamente por falta de gente, sino porque no se sentía el empuje en las tribunas.

“Sentí tanta tristeza por el pueblo estadounidense, por los jugadores, por el cuerpo técnico. Jugamos en nuestra casa y, aun así, había 70 mil mexicanos cantando ‘Cry and cry’, ‘Llorar y Llorar’ en nuestro país. No puedo aceptarlo. Fue tan doloroso, tan doloroso”, remarca.

Menos de un año después, el panorama cambió. Pochettino describe cómo, tras el triunfo sobre Australia, caminó por el campo en Seattle abrazando a quien se cruzaba. En el estadio sonó “Country Roads” y miles de estadounidenses cantaron su propia canción para celebrar su momento. Para él, eso es cultura. Y sostiene que esa era la pelea desde el inicio.

La cultura, argumenta, siempre estuvo ahí. Por eso vuelve a la misma pregunta: “¿Por qué no?”. Si los aficionados tienen una pasión enorme, ¿por qué no están con el equipo y con el fútbol? A su juicio, mostrar esa energía sería enorme para los jugadores y, ahora, se está consiguiendo. Incluso plantea que la forma de vivir el deporte puede cambiar: si el público estadounidense empieza a demostrar pasión en el fútbol como lo hace en otras disciplinas, entonces, ¿por qué no estar aquí y formar parte de algo?

También agrega que estar en el Mundial es un desafío especial y que el fútbol se transforma cuando se conecta con la afición. Afirma que el equipo empieza a sentir esa diferencia en ciudades como Charlotte, Chicago, Los Ángeles y Seattle. En su comparación, no se parece a los partidos anteriores.

El camino no fue lineal: golpes, reconstrucción y confianza

Ese cambio no llegó de un día para otro. Habla de que las victorias en torneos ayudan, pero no borra las dificultades que hubo en el trayecto. Pochettino y su plantel atravesaron pérdidas, críticas y preguntas durante la parte media de su etapa, cuando el brillo de un técnico nuevo se fue apagando. Aun así, asegura que era algo esperado, aunque admite que en un tramo se sintió peor de lo que imaginó.

Con perspectiva, afirma que le gustó que ocurriera en ese momento. Cuando Estados Unidos fue humillado en la Liga de Naciones de CONCACAF en marzo de 2025, no dice que le sorprendiera: “Se lo merecían. También lo necesitaban”.

Más adelante, el entrenador lo resume con una idea: recibieron un “golpe” grande, y no quedaron eliminados de inmediato. Enfatiza que él y su equipo quizá fueron un poco “ingenuos” al llegar y pensar que el entorno estaba listo para acompañar. Según explica, se ilusionaron con la cercanía del Mundial y con la esperanza de que la gente estuviera ansiosa por involucrarse con la selección. Pero, dice, ocurrió lo contrario.

“Esperábamos ese golpe. Creo que era un plan para que fuera doloroso, pero necesario, para que la gente entendiera en qué lugar estaban. Incluso para que los jugadores se dieran cuenta de que era imposible llegar al Mundial en buenas condiciones”, afirma.

En el año y algo que siguió, se habló mucho de cómo se repara ese tipo de situación. Pochettino menciona que el proceso arrancó con una Gold Cup con jóvenes con hambre de crecer. Luego se dio paso a una reconstrucción paulatina del plantel y también del ambiente dentro del equipo en el otoño. Para completar el tramo, se vivió otra frustración en primavera y después dos amistosos que sirvieron para recuperar confianza antes de que comenzara el Mundial.

Insiste en que no todo fue recto ni siempre se vio bonito. Aun así, su pedido constante fue “confianza”. Tras dos partidos mundialistas, asegura que quizá iban por el camino correcto.

Reflexionando sobre la travesía, Pochettino lo compara con sembrar: al principio es solo una semilla, no se ve nada; después crece el árbol. “Explicarlo era difícil porque no es fácil”, añade.

El objetivo de ese plan era que el equipo alcanzara su mejor versión en el Mundial y que construyera una cultura sostenible, como él ha visto en su carrera. En esa construcción, señala que abrazó algo que quizá no estaba en los planes iniciales: ser estadounidense y aceptar los rasgos particulares que vienen con esa identidad.

Música, comida y una nueva perspectiva de Estados Unidos

Pochettino enumera rápidamente lo que ha estado escuchando. Dice que ahora hay más música country que antes. Nombra a Lainey Wilson y a Ella Langley entre sus temas recientes. Teddy Swims, afirma, sigue siendo favorito. Incluso recuerda que fue a un concierto en Nueva York en diciembre.

También cuenta que llegó al país con ideas previas, especialmente sobre la comida. Reconoce que conocía los estereotipos y que esperaba cierta imagen, pero quedó sorprendido por la cantidad de opciones disponibles. Menciona alternativas orgánicas saludables, aunque también la comida más “greasy” típica de Estados Unidos, con la posibilidad de encontrar de todo incluso en lugares como Whole Foods. Además, dice que disfruta Chick-fil-A y remarca que le parece “increíble”.

Para él, no se trata solo de música o comida, sino del espíritu de la gente. Desde que asumió el mando de la selección en octubre de 2024, entrenó a Estados Unidos en veinte ciudades diferentes. Por eso dice que ha visto mucho del país y que le sorprendió la manera en la que se recibe a los visitantes.

“Puedes venir y ponerte algo así, como el chándal de la selección, e ir a un restaurante. O puedes llevar traje y corbata. La gente es muy accesible y te hace sentir cómodo. Es muy acogedor. En Nashville, por ejemplo, si vas a un bar solo, puedes hacer amigos rápido. En pocos minutos sientes que encajas”, describe.

En su mirada, cada estado tiene diferencias, pero la esencia humana se repite: el deseo de recibir. “Nosotros aprendemos mucho. Creo que somos mejores personas ahora porque conocemos la cultura y cómo es la gente aquí”, sentencia.

El mundo, agrega, ya probó esa realidad durante este verano. Aunque reconoce que no siguió con detalle la cultura de hinchas fuera del “burbujazo” de la selección, sí ha visto destellos. Menciona ejemplos como Argelia conectando con Kansas, Escocia tomando Boston y Noruega avanzando por Times Square. Para él, el Mundial trajo al público y, al mismo tiempo, le permite al entorno aprender lecciones que se fueron acumulando durante los últimos veinte meses.

“Cuando la gente llega, descubre que a veces se tiene una idea equivocada de este país. Quizás desde afuera se ve a través de distintas visiones sobre Estados Unidos. La realidad es otra”, sostiene.

Futuro abierto, pero el Mundial manda

Por eso, incluso ahora, Pochettino no cierra del todo la puerta a seguir después de que termine su contrato en el verano. No da certezas: afirma que el Mundial es prioridad. Si decidiera continuar, sería una determinación enorme, porque significaría comprometerse por cuatro años más para esperar el próximo Mundial.

Vuelve a la misma pregunta: “¿Por qué no?”. Aunque asegura que es difícil describir o saber el futuro, comenta que cuando estás dentro del país, cuesta imaginarte viviendo en otro lugar. También admite que extrañaría el entorno si un día no pudiera estar aquí o regresar.

De todos modos, dice que esas conversaciones se tratarán en otro momento. Por ahora, hay un torneo que competir.

Confianza para debutar: dormir bien y ejecutar

Incluso 24 años más tarde, Pochettino recuerda la noche previa a su estreno mundialista. Relata que, el día anterior a que Argentina se enfrentara a Nigeria en Japón, él estaba destrozado y apenas durmió. “Fue muy difícil”, confiesa.

Curiosamente, dice que esta vez no fue igual. El día anterior al primer partido de Estados Unidos, ante Paraguay, su estreno como entrenador en un Mundial, habló en una conferencia de prensa y afirmó que el trabajo ya estaba hecho. No haría falta una charla grandilocuente para encender la energía: aseguraba que el grupo estaba preparado. Después, volvió al hotel y durmió “como un bebé”.

Al día siguiente, Estados Unidos mostró por qué. “Siento muchísima confianza en los jugadores. Van a rendir. Hablamos y estamos tan tranquilos; la energía es buena, todo está en su lugar y no hay dudas de que van a desempeñarse. Cuando estás convencido, aparece una sensación de que ahora es fácil. No necesitas motivar, no hace falta hablar ni hacer nada más, porque saben qué deben hacer”, explica.

También liga ese descanso a la calma del equipo: “Creo que por eso duermo tan bien: estábamos relajados. Me gusta esa sensación, porque al final ellos son los protagonistas”.

Lo mismo, sostiene, se vio contra Australia. El equipo se mantuvo sereno y ordenado, y solo quedaba ajustar la intensidad, ejecutar el plan y confiar en que funcionaría. Señala que hubo meses, años y vidas enteras de preparación para esos dos partidos, y que el trabajo realizado les permitió relajarse con confianza.

Turquía, el método “creer-trabajar-competir” y el mensaje final

El trabajo continúa, por supuesto. El siguiente rival es Turquía, un nuevo obstáculo con particularidades debido al contexto y, sobre todo, a la relevancia del resultado. Pochettino remarca que Estados Unidos ya está clasificado para la fase eliminatoria, por lo que el partido no pesa igual en el gran esquema. Aun así, sí tiene valor para él porque hay un panorama más grande que se está construyendo.

En la pared detrás de él, apunta a un pizarrón y a una parte específica donde aparecen tres palabras: “Believe-Work-Compete”. Esas frases se repiten dentro de un círculo, formando capas superpuestas, como una cadena de conexiones que se repite una y otra vez en un formato de 360 grados.

“Si falta una de estas piezas, es un desastre. Si crees pero no trabajas, si compites pero no crees, no es bueno. No vas a competir. Esto significa algo, especialmente en este momento”, afirma.

Dice que no se trata de un mensaje aislado: hay muchos dibujos y anotaciones, y cada uno lleva un sentido. Pero al final, todos apuntan a lo mismo: hay que hacer las cosas de la manera correcta. Lo aplica en la cancha, pero también en la vida diaria: en la relación con el chef del equipo, en las charlas con los jugadores y, asegura, incluso en la forma de informar sobre el plantel que él cubre.

“Si haces las cosas bien, normalmente no te fallan. Y si te fallan, no te dejarán con arrepentimientos”, agrega. En general, sostiene que el mundo premia a quienes dan pasos para aprovechar oportunidades. Esos pasos quizá no siempre son claros, pero pueden servir para saber a qué apuntar si te mantienes fiel a los valores que te trajeron hasta aquí. Desde ahí, concluye, el resto depende del camino.

“Cuando estás relajado y cumples tu trabajo, es cuando llega la inspiración. Cuando te sientes inspirado, puedes dar lo mejor. Siempre crecemos en una cultura donde si quieres conseguir algo, debes ser muy serio, muy responsable, estar enfocado, concentrado: sin dolor no hay ganancia”, dice.

Y advierte una diferencia con el fútbol: “En este deporte no es así. El fútbol no siempre premia a la gente buena; el fútbol premia el talento”.

Por eso admite que aún está por verse si esta vez el fútbol premiará o castigará a Pochettino y a Estados Unidos durante el verano. Es un juego cruel, que puede girar en un instante si no se está atento. Con una acción, con un golpe del balón, todo puede venirse abajo. Pero también puede salir perfecto: una inclinación de la pierna puede cambiar una carrera. Una decisión de entrenar una selección en un país extranjero puede transformar la visión de vida. Y una frase escrita a mano en una pared puede modificar la mentalidad; a partir de ahí, cualquier ajuste podría hacer que lo demás mejore.

Por eso, vuelve al cierre: “¿Por qué no? ¿Por qué no apostar por que las cosas cambien para mejor? ¿Por qué no ilusionarse con lo que te hace sentir emoción? ¿Por qué no escribir esa cita que tiene sentido en el momento? ¿Y por qué no tener el coraje y la creencia para crear tu propia ola perfecta?”.

Antes de terminar, Pochettino toma una pausa y completa: “Creo que cada una de esas frases representa nuestro recorrido desde el primer día hasta hoy. Y más allá”.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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