Ronaldo, Messi, Modrić y Neuer: el Mundial 2026 que puede definir leyendas
A sus 41 años, Cristiano Ronaldo se prepara para disputar su sexto Mundial con Portugal, una cifra que vuelve a ponerlo en el centro de la conversación futbolística global. Dos años menor, Lionel Messi llegará a los 39 apenas dos días después del segundo partido de Argentina en la fase de grupos frente a Austria. Mientras tanto, Luka Modrić, Manuel Neuer y Edin Džeko también se mantienen como referencias de sus combinados pese a haber superado la barrera de los 40, y en el torneo de este verano en Norteamérica se espera que sigan teniendo un peso decisivo.
En ese escenario, tampoco resulta descabellado imaginar que Son Heung-Min no llegue en plenitud al siguiente Mundial, que se jugará dentro de cuatro años. Y si se considera que a los 33 años es razonable pensar que sus prestaciones no serán las mismas en 2026, surge inevitable la pregunta: ¿será su última gran aparición con Corea del Sur en una Copa del Mundo?
Son aterrizó por primera vez en el mayor escaparate del fútbol mundial hace 12 años, cuando debutó en una cita mundialista con una imagen casi irreconocible: un peinado dorado llamativo y un dorsal 9 que poco tenía que ver con el 7 que hoy identifica su camiseta. En aquel Mundial, Corea del Sur vivió su peor actuación desde 1998: sumó apenas un punto en tres partidos dentro de un grupo bastante parejo, donde también estaban Bélgica, Argelia y Rusia.
En ese momento, Son todavía estaba en una etapa de despegue. Ya había cambiado el rumbo desde Hamburgo, donde había realizado su debut profesional, y se había incorporado a Bayer Leverkusen, consolidándose poco a poco como una de las promesas más brillantes dentro de las grandes ligas europeas. Incluso con solo 22 años, acumulaba 25 partidos internacionales, una cifra que mostraba la confianza que empezaba a depositarse en él.
Pero con jugadores como Koo Ja-Cheol, Ki Sung-Yueng y Park Chu-Young en el plantel, a Son todavía no le tocaba cargar con el peso de las expectativas de todo un país. Su primera experiencia mundialista quedó marcada por un arranque poco alentador, pero el guion cambió pronto. Al verano siguiente dio el salto a la Premier League con Tottenham Hotspur, el paso que lo empujó a dar un salto adicional en su carrera.
Cuando llegó el Mundial de 2018, Son llegaba tras temporadas consecutivas en las que había alcanzado cifras de doble dígito en goles en la liga inglesa, acumulando 39 tantos en todas las competiciones. Sin embargo, Corea del Sur no pareció encontrar el ritmo desde el inicio: las derrotas ante Suecia y México hicieron pensar que sería otra cita para olvidar. Aun así, el equipo logró sostener una puerta abierta y llegó al último partido de la fase de grupos contra Alemania con posibilidades matemáticas de avanzar.
Contra todo pronóstico, Corea del Sur dio el golpe. Tras resistir durante 90 minutos una presión enorme, el conjunto asiático encontró el premio en el tramo final: dos goles en tiempo añadido le permitieron imponerse 2-0 a las campeonas defensoras. Uno de esos tantos tuvo la firma de Son, que apareció para cerrar la jugada cuando recorrió media cancha y definió de forma precisa hacia una portería sin atención directa, después de que Neuer se hubiera lanzado hacia adelante en un intento desesperado por dar opciones a Alemania en la búsqueda del empate.
El contexto también jugó a favor. Si Suecia hubiera perdido ante México en el otro partido del Grupo F, en vez del 3-0 que terminó ocurriendo, Corea del Sur habría saltado al segundo puesto de la tabla y asegurado su boleto a la fase eliminatoria. Más tarde, Son confesó que lloró al final del partido pensando que el equipo sí había clasificado; las lágrimas verdaderas llegaron poco después cuando entendieron que no había sido así.
Con dos goles en tres encuentros, Son dejó claro que podía estar a la altura en el escenario mundial. Además, al haber sido capitán frente a Alemania en ausencia de Ki, se convirtió en el hombre principal para los años venideros: un referente tanto por su influencia como por el liderazgo que transmitía dentro y fuera del campo.
Luego llegó 2022. Mientras el fútbol en todo el planeta se detenía a causa del primer Mundial de fin de año dentro del calendario, Son atravesaba una etapa de club que terminaría llevándolo a ser el primer futbolista asiático en conquistar el Botín de Oro de la Premier League, un galardón que compartiría con Mohamed Salah. Ya había participado en una final de la UEFA Champions League y, además, formaba parte del Tottenham que fue subcampeón de la liga inglesa en 2016-17.
En términos generales, Son era ya un talento de nivel absoluto y, a sus 30 años, parecía estar en el punto más alto de su rendimiento. No obstante, su disponibilidad había estado en duda de antemano: en noviembre se fracturó el rostro en un partido con Tottenham, y por eso terminó usando una máscara protectora durante todo el Mundial.
Como suele suceder, Corea del Sur no se lo puso fácil. El torneo comenzó con un empate ante Uruguay, y luego llegó una derrota ante Ghana, de modo que el tercer encuentro los obligaba otra vez a ganar frente a una potencia mundial: Portugal. El panorama se oscureció cuando los lusos se pusieron por delante apenas a los cinco minutos. Aunque Corea del Sur logró empatar antes de que se cumpliera la media hora, la falta de un segundo tanto les dejó con la sensación de que la eliminación estaba cerca.
Y en el primer minuto del tiempo añadido, la historia pareció repetirse. Cuando Corea del Sur despejó un córner de Portugal, Son se lanzó al contragolpe por segunda ocasión, esta vez llevándose el balón desde muy atrás, desde dentro de su propio campo. El empuje de 60 yardas encontró resistencia en el borde del área rival, pero aun así Son emergió como el hombre decisivo: rodeado por tres defensores, encontró un pasillo para filtrar un pase que Hwang Hee-Chan corrió para empalmar y definir con frialdad.
Por primera vez desde 2010, y tras el golpe emocional de la cita anterior cuatro años antes, Corea del Sur regresó a la fase de eliminatorias del Mundial. Sin embargo, el camino se detendría ahí. El cruce de octavos, ante Brasil, se apagó pronto: el equipo brasileño construyó una ventaja de cuatro goles antes de que transcurrieran 36 minutos y el tanto de Paik Seung-Ho en el segundo tiempo apenas sirvió como consuelo en la derrota 4-1.
Aun así, Son sí logró que Corea del Sur alcanzara algo que le había sido esquivo desde su debut internacional, ocurrido meses después de la campaña de 2010. Ahora encara un cuarto Mundial en un momento de cambio de temporada: si no es el invierno de su carrera, al menos todo apunta a un otoño avanzado. A pesar de ello, sigue siendo el futbolista con mayor influencia para Corea del Sur y, como se ha visto también en la MLS con LAFC, conserva la capacidad de fabricar ese instante de magia capaz de inclinar un partido por sí solo.
Los “Taegeuk Warriors” quizá no tengan tanta profundidad, pero su once titular más fuerte mantiene un nivel temible. En el plantel aparecen nombres como Kim Min-Jae, defensa del Bayern Múnich, y Lee Kang-In, atacante del Paris Saint-Germain, además de otros jugadores curtidos en Europa como Hwang In-Beom y Lee Jae-Sung, vinculados a Feyenoord y Mainz, respectivamente.
Con todo, el acompañamiento debería ser suficiente para que Son cuente con ayuda en momentos clave. El sorteo, además, les dejó un camino atractivo: Corea del Sur integra el Grupo A y tiene opciones reales de avanzar con duelos frente a República Checa el 11 de junio, México el 18 de junio y Sudáfrica el 24 de junio.
Incluso antes de este verano, la historia de Son en los Mundiales ya era digna de película: hazañas, presión sobre sus hombros y partidos que parecían escaparse hasta que apareció su intervención. Por eso, por todo lo que ha hecho bajo las luces más intensas del fútbol, con la responsabilidad de una nación a veces concentrada en una sola figura, Son merece una despedida más. Y esa despedida podría llegar en 2026.