Barella resta importancia a su suplencia y critica las temporadas de 70 partidos
Nicolò Barella no ve como un problema haber comenzado desde el banquillo los dos últimos compromisos de Italia en la Liga de Naciones. El centrocampista del Inter, habitual referencia en la medular de su club, entró tras el descanso en el 4-1 frente a Turquía en Bursa y también participó como suplente en el empate 1-1 ante Francia en París. Antes de la revancha del lunes en Bolonia, dejó claro que el interés colectivo está por encima de cualquier aspiración personal.
“Es un deporte de equipo, no el tenis”, resumió Barella al ser consultado por su ausencia inicial en esos encuentros. El futbolista, de 29 años, afronta una exigente ventana internacional con 72 partidos y 10 goles en su historial con la Azzurra, en un momento en el que Italia intenta consolidar su recuperación tras un arranque irregular en el torneo.
El recorrido italiano en el grupo comenzó con una derrota por 0-2 como local ante Bélgica. Después llegó la contundente respuesta en Turquía y, más recientemente, el empate conseguido en Francia, donde el equipo reaccionó y estuvo cerca de llevarse la victoria en el tramo final. Para Barella, ese carácter es una señal del ambiente que se ha instalado en la selección.
La gestión física y el nuevo impulso de Italia
El calendario cargado también fue uno de los asuntos centrales de la comparecencia. Barella admitió que la acumulación de partidos obliga a prestar mayor atención al estado físico, aunque remarcó que mantiene una destacada capacidad de recorrido. “No soy viejo, pero llevo muchos encuentros en las piernas y he tenido que aprender a escuchar al cuerpo. Cuando disputas 70 partidos por temporada, no conservas la misma frescura que a los 23 años”, explicó.
El volante considera, sin embargo, que las estadísticas todavía avalan su rendimiento: sigue entre los jugadores que más terreno cubren. Su asignatura pendiente con la camiseta nacional está en la producción ofensiva. “Me faltan algunos goles con la selección; es el aspecto en el que voy por detrás”, reconoció.
La vuelta de Roberto Mancini al banquillo ha contribuido, según Barella, a aliviar la tensión de un grupo golpeado por decepciones internacionales. Italia no logró clasificarse para las tres últimas fases finales de la Copa del Mundo, una trayectoria que contrasta con la conquista de la Eurocopa 2020 durante la primera etapa del técnico.
Barella incluyó a Gianluigi Donnarumma y Alessandro Bastoni entre los futbolistas que han vivido de cerca esos momentos difíciles. A su juicio, Mancini ha devuelto tranquilidad al vestuario y les pidió recuperar la ilusión. “Si no hubiéramos reencontrado ese entusiasmo, no habríamos podido reaccionar en Francia ni estar tan cerca de ganarlo al final”, sostuvo.
Italia recibirá ahora a una Turquía necesitada de resultados. El conjunto visitante perdió sus tres partidos del Grupo A, apenas marcó un gol y encajó ocho. Además, no podrá contar con dos piezas de primer nivel: el delantero de la Juventus Kenan Yildiz y el mediocampista del Inter Hakan Çalhanoğlu están descartados por lesión.
Barella destacó el peso de su compañero en el Inter, a quien conoció primero como rival. “Hakan es un campeón y un líder, así que su ausencia es importante para ellos”, señaló, aunque evitó confiarse: Turquía cuenta con otros futbolistas capaces de generar peligro y llegará a Bolonia herida por su mala racha, con la intención de dejar una respuesta contundente.
Sobre el nuevo formato de ventana internacional de cuatro partidos, el italiano detectó ventajas y dificultades. Valora disponer de más tiempo para trabajar las ideas del seleccionador, pero advirtió que las distancias, los viajes nocturnos y la frecuencia de los encuentros elevan aún más el desgaste.