Bielsa en Uruguay: entre la admiración y la polémica por su carácter “loco
En el fútbol mundial hay entrenadores que despiertan admiración casi unánime, y Bielsa es uno de ellos: sus seguidores en ciudades como Leeds y Bilbao comparten una misma devoción por el “loco” argentino. Sin embargo, en Uruguay la historia cambia de tono. Allí la figura del técnico no divide por su nacionalidad, sino por su carácter.
El apodo de “El Loco” no es casualidad. Bielsa se reconoce a sí mismo como un “generador de tensión”, con una forma de ser que para algunos resulta inspiradora y para otros directamente insoportable. Esa intensidad, que marca cada detalle del trabajo, es precisamente la que ha convertido a Uruguay en una selección difícil de leer de cara al Mundial 2026.
De hecho, el propio Bielsa ya dejó entrever que su ciclo concluiría luego del torneo, pero todavía nadie sabe si al final su legado terminará pareciéndose a una genialidad o a una obsesión que se le fue de las manos. Esa duda se vuelve más llamativa porque Uruguay aún no inicia el Mundial y, aun así, el proceso sigue bajo su dirección.
El lunes, Uruguay comenzará su campaña mundialista frente a Arabia Saudita, y el dato sorprende aún más si se recuerda cómo arrancó su etapa en el banco. En mayo de 2023, en su presentación, Bielsa cuidó cada frase y transmitió el mensaje correcto. Además, el hecho de que la AUF lo convirtiera en uno de los técnicos mejor pagados del fútbol internacional generó comentarios en el país, aunque él insistió en que el dinero no fue el motivo principal.
En ese momento, el estratega afirmó que la asociación no necesitó convencerlo y que, al contrario, la decisión nació de dos razones decisivas: “la calidad de los jugadores uruguayos” y el sentido de pertenencia del equipo, ya que “la selección pertenece a la gente”.
Con todo, el clima social no tardó en calentarse. Aunque muchos hinchas entendían que el plantel necesitaba una renovación tras un cierre muy decepcionante en la fase de grupos del Mundial de Qatar 2022, la velocidad con la que Bielsa buscó dejar atrás figuras históricas como Edinson Cavani y Luis Suárez se transformó rápidamente en un debate nacional.
Aun así, hacia el final de 2023 el entrenador logró algo que parecía difícil: convertir a los escépticos en simpatizantes. Uruguay encadenó dos victorias consecutivas en las eliminatorias mundialistas ante Brasil y Argentina. El 2-0 contra los argentinos en Buenos Aires no solo fue contundente: también tuvo un peso histórico.
Uruguay no le ganaba a su vecino en condición de visitante desde 1937 y, además, Argentina solo había perdido uno de sus 51 partidos previos en todas las competiciones. Sin embargo, tal como reconoció Lionel Messi, el campeón vigente del mundo y de Sudamérica no pudo responder a la presión de su rival ni a la rapidez con la que Uruguay transita de defensa a ataque.
El capitán lo resumió así: “Se nota la mano de Bielsa en la forma en que juega Uruguay. En selecciones o clubes, incluso en Argentina, su manera se reconocía. Y tiene una buena generación de futbolistas en Uruguay”.
La sensación de que Bielsa estaba construyendo algo especial se reforzó al verano siguiente, cuando Uruguay terminó tercero en la Copa América. Pero justo después de ese certamen, disputado en Estados Unidos, el proceso empezó a agrietarse de manera inmediata.
- En septiembre de 2024, Luis Suárez puso fin a su carrera internacional, y desde ese momento el vínculo con Bielsa quedó marcado por una incomodidad pública.
- Suárez, que había aportado en la Copa América con un gol de empate en el último minuto del partido por el tercer lugar ante Canadá, describió su experiencia bajo el entrenador como algo negativo.
- El exdelantero de Barcelona sostuvo que dentro del plantel varios compañeros se sintieron desatendidos o ignorados por un entrenador que, según él, “ni siquiera decía hola” a sus jugadores.
- Suárez también señaló que hubo situaciones durante la Copa América que dolían de ver y que él no comentó “por el bien del grupo”, pero avisó que “va a seguir pasando”: según su visión, los futbolistas llegarían a un límite y estallarían.
- El 18 de noviembre en Tampa, Florida, Uruguay recibió un golpe fuerte: perdió 5-1 con Estados Unidos en un partido amistoso, con el equipo norteamericano privado de varios hombres clave.
- Bielsa no intentó maquillar lo ocurrido. Tras el encuentro, reconoció que no había forma de justificar el resultado y asumió la responsabilidad sobre su preparación y la manera en que armó al equipo.
La derrota en Tampa fue especialmente dura para el relato que venía construyendo Uruguay. Bielsa, con franqueza, dejó claro que el principal impacto recaía en su planificación: “No hay manera de justificar este resultado. Lo que más se afecta después de este partido es mi enfoque, cómo preparé a los futbolistas”.
Además, el técnico remarcó que lo sucedido era consecuencia directa de su función como entrenador: “Lo ocurrido esta noche tiene que ver con mi rol y con la forma en que dispuse al equipo, y con el estilo de juego que propuse. En ningún caso los mejores jugadores uruguayos deberían perder contra un segundo escalón de Estados Unidos”.
Con esas palabras, Bielsa sonó como un técnico que no necesariamente perdió el apoyo de su vestuario, pero que al menos lo había desgastado. Y no era la primera vez que aparecía esa lectura: se sabe que sus equipos no solo aprietan, también se caracterizan por una caída de ritmo, sobre todo cuando avanza la temporada y el desgaste pesa.
La intensidad constante tiene costo, y no es solo físico. Por eso, Bielsa es visto por muchos como el equivalente futbolístico de Rust Cohle, personaje emblemático de “True Detective”: una mente brillante, al mismo tiempo bendecida y condenada por una forma de ser que termina afectando a quienes la rodean.
En esa comparación, el temor es que la energía del entrenador termine “gobernando” el ambiente y consumiendo a los demás. En una conferencia de prensa de dos horas, el técnico habló para responder al bochorno de Tampa y, en ese contexto, se describió con una crudeza que dejó pocas dudas. “Cuando llego, el entorno se vuelve tenso. Por eso aparezco pocas veces. Soy tóxico. Asociarse conmigo empeora la situación, ¿se entiende?”, afirmó.
Luego añadió que existen perfiles tóxicos que solo miran los errores para corregirlos, exigen y nunca quedan satisfechos. “Él habla únicamente del trabajo que está haciendo. Cuando sale a comer, lee el diario porque no quiere integrarse con los demás, para no tener que conversar sobre asuntos que lo distraigan de su tarea”, completó su analogía.
Finalmente, Bielsa sostuvo que no disfruta ese rol: “Para mí es karma. Soy tímido, obsesivo. Soy una persona robótica. No me gusta el desorden. Esos son mis defectos. Me cuesta actuar con libertad y ser cercano”.
Con todo esto, el Mundial 2026 plantea un desafío enorme: nadie sabe qué esperar de Bielsa ni de su selección en Norteamérica. En marzo, hubo señales de orden con empates alentadores frente a Inglaterra y Argelia, rivales directos en la clasificación, pero después no apareció un recorte de información reciente. Uruguay no disputó partidos de preparación mundialista, y esa ausencia alimenta todavía más la sensación de incertidumbre alrededor del conjunto “celeste”.
Uruguay llega como el gran enigma del torneo: puede entusiasmar o derrumbarse, como suele ocurrir con un proceso que depende tanto del temperamento del entrenador. En consecuencia, la campaña podría volverse tan atrapante como impredecible.
En el fondo, Bielsa y su manera de trabajar están bajo una lupa como nunca. La pregunta central es si el estratega sigue siendo un visionario capaz de ver lo que otros no ven, o si ahora quedó desfasado frente al fútbol moderno que él mismo ayudó a moldear.
Por supuesto, un solo torneo no cambiará la forma en que técnicos de élite como Guardiola miran su figura. Bielsa siempre tendrá admiradores dentro del grupo de grandes entrenadores. Incluso el seleccionador de Estados Unidos, Mauricio Pochettino, describió al rosarino como “especial” y lo definió por una personalidad “muy distinta” a la de los entrenadores “normales”.
Ahora bien, si su etapa en Uruguay terminará en tensión o en aplausos todavía no está decidido. Las próximas semanas serán determinantes: el Mundial 2026 será el examen final para saber si “El Loco” realmente perdió el control o si aún existe un método detrás del aparente caos.