Brasil y Argentina abren un ciclo de reconstrucción tras el Mundial 2026 con dos desafíos monumentales: encontrar una nueva referencia creativa después de Neymar y Lionel Messi, respectivamente, y definir cómo se reordenan sus proyectos de cara a los próximos grandes torneos.
Claves del nuevo ciclo sudamericano
- La Copa América de 2028 está prevista, aunque todavía no cuenta con una sede confirmada; Estados Unidos aparece como una opción muy fuerte.
- La clasificación sudamericana para el Mundial 2030 podría adoptar una fórmula similar a una Liga de Naciones, con los diez países y un título en juego.
- Argentina, Uruguay y Paraguay ya tienen presencia asegurada en la Copa del Mundo de 2030 por su condición de anfitriones.
- Carlo Ancelotti mantiene el cargo en Brasil, pero renovó la convocatoria para los amistosos frente a Australia e India.
- Messi disputará su despedida con Argentina ante Benín en Buenos Aires el 6 de octubre.
Brasil busca equilibrio sin Neymar
La eliminación ante Noruega, sin llegar a los cuartos de final del Mundial, aceleró una transformación que parecía inevitable en la selección brasileña. Ancelotti seguirá al frente, pero el ciclo de Neymar da señales de haber quedado atrás después de una Copa del Mundo en la que su ingreso durante el segundo tiempo contra los noruegos, según reconoció el propio técnico, alteró el funcionamiento del equipo.
El entrenador italiano asumió la responsabilidad por aquella decisión y evitó cargar contra sus futbolistas. Sin embargo, su nueva lista y su postura posterior al torneo apuntan a que el delantero ya no forma parte de la planificación inmediata. Neymar había sido interpretado por Ancelotti más como un atacante de área que como un conductor, debido a la menor movilidad de su tramo final de carrera.
João Pedro parecía llamado a ocupar un espacio relevante en ese relevo. El jugador de Chelsea había perdido su lugar cuando Neymar regresó a la convocatoria mundialista, pero fue recuperado de inmediato para los compromisos de este mes. Una lesión, no obstante, lo marginará hasta la próxima ventana internacional, programada entre el 9 y el 17 de noviembre.
La salida del histórico número 10 también representa una cuestión de liderazgo. Dentro del plantel existía el deseo de contar con Neymar en el Mundial y, en Brasil, surgió la crítica de que esa presencia podía liberar a otros jugadores de asumir responsabilidades. Esa alternativa ya no estará disponible. Vinícius Júnior, tras un buen rendimiento individual en el torneo, aparece preparado para tomar mayor protagonismo.
Otra pieza decisiva será Raphinha. El extremo del Barcelona sufrió una lesión frustrante durante el Mundial y no consiguió trasladar a la selección el desequilibrio que mostró al inicio de LaLiga. Recuperar su mejor versión figura entre las prioridades ofensivas de Ancelotti.
El técnico, de todos modos, sitúa la principal carencia en el mediocampo. Brasil tuvo menos posesión incluso en el encuentro que controló ante Noruega, una consecuencia que el entrenador relacionó con las características de sus hombres. La defensa y el ataque le ofrecen alternativas, pero su objetivo a largo plazo pasa por formar volantes capaces de manejar los ritmos de los partidos.
En esa búsqueda entran los jóvenes Gabriel Bontempo, de Santos; Breno Bidon, zurdo de Corinthians; y Martinelli, incorporación de Fluminense que no tiene parentesco con el exjugador del Arsenal. Andrey Santos y Douglas Luiz competirán por el puesto de mediocentro que durante años ocupó Casemiro, mientras Bruno Guimarães y Danilo Santos aportarán continuidad desde el grupo mundialista. La idea de Ancelotti es clara: mejorar la estructura colectiva para potenciar a sus figuras de ataque.
La transición argentina y el futuro calendario continental
La despedida de Messi será el momento más emotivo de la gira argentina, pero los encuentros previos contra Bolivia y Burkina Faso, en Córdoba, tendrán un valor estratégico mayor. La campeona del mundo necesita empezar a comprobar cómo funciona sin el futbolista que condujo sus años más exitosos, un proceso históricamente complejo para cualquier selección que pierde a una figura generacional.
La comparación con los antecedentes resulta inevitable: Brasil atravesó décadas de dificultades después de Pelé y Argentina también padeció el vacío que dejó Diego Maradona. Lionel Scaloni ha optado por sostener casi toda la base del plantel mundialista, tanto como homenaje a Messi como para ensayar una transición con una estructura conocida. El futuro del propio entrenador también está abierto, ya que su contrato vence al finalizar el año.
Argentina ya tuvo experiencias sin Messi en la última eliminatoria, cuando el capitán fue titular en diez de los 18 partidos. En esas ausencias, Julián Álvarez fue una solución habitual gracias a su despliegue, versatilidad y calidad. El delantero continuará siendo central en el proyecto, aunque la selección también quiere evaluar a un mediapunta específico.
Nico Paz parte como uno de los principales candidatos. Hijo de un exdefensor argentino, ha recibido grandes elogios por su rendimiento en la Serie A con Como. En sus 11 apariciones internacionales todavía no logró una influencia decisiva, en parte porque su tendencia a pedir el balón al pie dificultaba la convivencia con Messi. Sin esa superposición, tendrá la posibilidad de contar con una prueba más prolongada.
La competencia no será menor. Franco Mastantuono inició bien la temporada con Fiorentina y busca ganarse un lugar, mientras que Thiago Almada volverá a pelear por esa función cuando supere su lesión. Su llegada a River Plate le permitirá exhibir su candidatura semana a semana ante el público argentino.
En paralelo, la Conmebol debe resolver el marco competitivo de los próximos años. La Copa América de 2028 sigue sin sede oficial, aunque Estados Unidos se perfila como un destino posible. También está pendiente el formato de las eliminatorias rumbo a 2030: con Argentina, Paraguay y Uruguay como organizadores, las otras siete selecciones deberán disputar una clasificación cuya estructura podría asemejarse a una Liga de Naciones. La alternativa contempla la participación de los diez países, partidos con valor clasificatorio y un trofeo que incentive la competencia, pero aún no existe una decisión definitiva.