La posibilidad de una Superliga europea vuelve a situarse en el debate alrededor del Manchester City, inmerso en un procedimiento por 114 cargos financieros que podría derivar en sanciones de enorme alcance. Danny Mills, exdefensa del club, considera no obstante que una competición desligada de UEFA y FIFA difícilmente lograría consolidarse, principalmente por el peso que mantienen los torneos de selecciones para los futbolistas.
El City formó parte en la primavera de 2021 del grupo de doce entidades que impulsó un torneo privado concebido inicialmente para reunir a 20 equipos. Junto a los ‘citizens’ participaron Manchester United, Liverpool, Chelsea, Arsenal y Tottenham, los otros cinco representantes de la Premier League en aquel proyecto.
La reacción de los aficionados provocó la retirada de los clubes ingleses y desmontó rápidamente la iniciativa. Sin embargo, la idea no desapareció por completo, ya que clubes como Real Madrid y Juventus siguieron defendiendo la creación de un formato alternativo al sistema continental vigente.
El obstáculo de las selecciones
Mills entiende que la ruptura con las instituciones rectoras del fútbol supondría un problema insalvable en el mercado. Si FIFA no reconoce una competición, los jugadores de los clubes participantes quedarían sin posibilidad de acudir a citas internacionales con sus países, entre ellas el Mundial y la Eurocopa.
Para el exinternacional inglés, los grandes trofeos con la selección poseen un valor que va más allá del éxito de club. Ganar una Premier League o una Champions eleva a un jugador a la condición de referente en su entidad y su ciudad, pero conquistar un Mundial o una Eurocopa deja una huella nacional permanente. Por ello, cree que los mejores futbolistas seguirán priorizando la elegibilidad internacional.
También citó los intentos de Arabia Saudí y China por alterar el mercado mediante inversiones muy elevadas como ejemplos que no han conseguido transformar la jerarquía competitiva global. En su opinión, una Superliga no tendría recorrido bajo unas condiciones que alejaran a sus participantes de los torneos de selecciones.
Más gasto, pero menos competitividad
Una hipotética salida del marco de UEFA, FIFA, Premier League y Federación Inglesa también liberaría a sus miembros de las normas de juego limpio financiero y de sostenibilidad y rentabilidad. Eso permitiría a clubes respaldados por propietarios de gran capacidad económica, como el City, invertir sin los límites actuales.
Precisamente el equipo de Mánchester afronta una situación de máxima incertidumbre por los 114 cargos financieros que pesan sobre la entidad y por su recurso frente a los primeros veredictos de culpabilidad dictados. Entre las posibles consecuencias se han mencionado deducciones de puntos, embargos para inscribir futbolistas e incluso la expulsión de la máxima categoría inglesa.
Las sanciones más severas abrirían además interrogantes sobre la validez de clasificaciones y peleas por títulos, dentro y fuera de Inglaterra, así como sobre la eventual retirada de trofeos ya conquistados.
Mills sostuvo que el atractivo de las ligas depende de que cada partido tenga consecuencias. La amenaza del descenso, la posibilidad de ascender y la lucha por plazas europeas mantienen activas las temporadas de un número mayor de clubes. Puso como ejemplo la ampliación del ‘play-off’ del Championship a ocho equipos, una medida destinada a aumentar la competitividad.
Sin esa presión, argumenta, los equipos que quedasen lejos de las primeras posiciones con diez o quince jornadas pendientes podrían perder incentivos, reduciendo la intensidad y el interés de los encuentros. A su juicio, un campeonato cerrado terminaría perjudicado por esa falta de riesgo deportivo.
La referencia de LIV Golf
El exjugador comparó ese escenario con LIV Golf, una competición independiente que atrajo a algunas de las principales figuras del golf mediante contratos millonarios y un formato nuevo. Aunque sus participantes pudieron disputar los cuatro grandes y la Ryder Cup, el proyecto atraviesa un proceso de bancarrota mientras busca nuevos socios y financiación.
Para Mills, ese precedente demuestra que una solución económica a corto plazo no garantiza un producto sostenible para el público. El deporte, remarcó, se alimenta de ganar y perder, de la tensión de una eliminatoria o una tanda de penaltis y de la percepción de una competición equilibrada. Si se elimina ese componente, entiende que el espectáculo pierde interés.