EE. UU. arrolla a Paraguay y Alfaro admite no tener respuestas ante el plan de Pochettino
Gustavo Alfaro lo reconoció sin rodeos tras el partido: su equipo no tuvo respuestas. La selección de Estados Unidos, en el arranque de su participación en el Mundial, castigó a Paraguay con una actuación contundente de cuatro goles, y ni los ajustes del entrenador ni la reacción de los futbolistas alcanzaron para frenar el vendaval. “Son un equipo que plantea muchos problemas porque tienen respuestas para cada inconveniente”, resumió el técnico.
Alfaro admite el golpe y señala el “problema” que resolvió EE. UU.
La derrota dejó a Paraguay con la sensación de estar siempre un paso por detrás. Alfaro incluso fue más allá al describir que, en el duelo, Estados Unidos no solo atacó: resolvió cada situación con inteligencia y velocidad para imponer su guion. En ese contexto, el mensaje fue claro: cuando el rival encuentra soluciones constantes, el margen para improvisar se vuelve mínimo.
La pregunta que quedó flotando en el aire fue inmediata: ¿quién construyó el plan que permitió a EE. UU. asfixiar y castigar?
El “cambio cultural” de Pochettino y el plan táctico que ya se ve
El responsable, en gran parte, es Mauricio Pochettino. El argentino fue nombrado entrenador de la selección masculina de Estados Unidos en el otoño de 2024, precisamente con la idea de impulsar una transformación de mentalidad y, al mismo tiempo, aportar un perfil táctico capaz de marcar diferencias tras ese cambio cultural.
De cara a este Mundial en casa, el objetivo era doble: sostener una identidad más competitiva y, sobre todo, traducirla en decisiones futbolísticas concretas. Con el paso de los partidos, el trabajo se refleja: tras dos jornadas mundialistas, Estados Unidos encadenó dos victorias consecutivas por primera vez desde 1930 y, además, logró ganar su grupo con una fecha de anticipación.
Hasta aquí, la clave no es solo el resultado: son dos caminos distintos hacia la victoria, con pequeñas variaciones pero con una misma idea central. En el fondo, lo que Pochettino parece haber instalado es un conjunto de principios que se repiten y que terminan definiendo el partido, incluso cuando el rival cambia de planteamiento.
Los dos partidos: ventajas numéricas, presión y soluciones sin pausa
Paraguay y Australia recibieron el mismo mensaje, aunque con lecturas diferentes. En ambos casos, Estados Unidos encontró superioridades y las convirtió en control del juego. Incluso cuando un plan variaba por circunstancias del partido, el objetivo se mantenía: dominar las acciones decisivas y castigar los espacios que el rival no logra proteger.
Paraguay: el “Pentágono” al ataque y el castigo uno contra uno
Fue Alfaro quien describió la forma de Estados Unidos como un “Pentágono”. La idea encaja: en cada momento, había cinco jugadores ofensivos ubicados en zonas que complicaban la vida del rival. Aunque, en la práctica, el equipo solía colocar a seis futbolistas bastante altos.
Esos seis eran Folarin Balogun en la referencia, Christian Pulisic, Weston McKennie y Malik Tillman generando caos en el centro, y Antonee Robinson con Sergino Dest proyectándose por las bandas. Con esa estructura, EE. UU. repetía una ventaja numérica que le permitía atacar con continuidad.
- McKennie avanzaba con potencia rompiendo la línea defensiva y arrastrando marcas.
- Tillman se metía en el espacio que quedaba liberado.
- Cuando un defensor salía hacia Tillman, Estados Unidos abría el balón hacia los costados para activar a Pulisic o a Dest.
- El desenlace era repetible: Pulisic o Dest quedaban, como mínimo, con un duelo controlable y el partido “se iba” por velocidad.
Paraguay, según el relato que dejó el propio juego, nunca terminó de entender cómo responder cuando McKennie se elevaba tanto en el campo. Además, el equipo no halló soluciones para detener los escenarios de uno contra uno protagonizados por Pulisic y Dest. Desde ahí, el guion se repetía desde ángulos distintos: Dest y Pulisic se encargaron de driblar y superar defensores una y otra vez, mientras Balogun recibía oportunidades para correr hacia el espacio. Cada intento paraguayo de adelantar líneas terminaba recordándoles por qué era tan difícil salir vivo: Estados Unidos estaba sobrado y el rival quedaba expuesto a una y otra vez.
Así, aunque las secuencias podían cambiar en forma, el concepto permanecía intacto: atacar en número para desbordar el bloque bajo de Paraguay. La consecuencia fue inevitable: cuatro goles.
Australia: Pepi entra y el plan se adapta sin perder el objetivo
El segundo triunfo mostró un matiz importante. Con Pulisic fuera por lesión, Pochettino tuvo que tomar una decisión crucial: cómo reemplazarlo y qué ajustes realizar para que el equipo siguiera siendo igual de peligroso, sin buscar un reemplazo idéntico.
El elegido fue Ricardo Pepi. Y pronto quedó claro por qué. Australia se caracteriza por un estilo físico, con cinco defensores y un propósito claro en los contragolpes. Para contrarrestar eso, Pochettino no cambió el marco general, pero sí eligió una idea conocida: si los centrales suelen preferir la disputa con atacantes, entonces comenzar con Balogun y Pepi podía fijar a la defensa australiana. Eso terminaría ocupando a los tres de atrás, liberando un escenario donde los laterales australianos quedarían uno contra uno contra los extremos de EE. UU.
Ahí estuvo la diferencia. Estados Unidos explotó particularmente el sector derecho: Dest y McKennie se entendieron repetidas veces, de modo que cuando un defensor se desplazaba hacia Dest, McKennie encontraba el espacio o, al revés, el cambio de rol generaba la misma complicación para el rival. Mientras tanto, los centrales quedaban observando la amenaza de los dos delanteros, ambos con capacidad letal para finalizar.
El entrenador de Australia, Tony Popovic, lo dijo con claridad: “La calidad es evidente, la potencia se nota y la velocidad también. No hay sorpresas sobre lo que hicieron”.
Además, el dominio de Estados Unidos terminó hundiendo a Australia en su propio terreno. Incluso en tramos donde no lograba generar ocasión, el equipo perdía el balón en zonas peligrosas para el rival y activaba el contragolpe defensivo, encendiendo una presión inmediata que complicó cualquier intento de salida australiana.
Balogun también comentó el enfoque: “Su calidad está clara, su poder está claro y su atletismo está claro. En el día de hoy, jugar con Pepi no fue una sorpresa; no fue un plan B porque CP estaba fuera. No se sintió como un cambio de emergencia. Se sintió como otra vía para ganar”.
El hilo conductor: presión agresiva, organizada y con intención
Más allá de las diferencias entre partidos, los principios se sostienen. La fórmula incluye ventajas numéricas y, sobre todo, un elemento que une todo: la presión. Es rápida, intensa y, por ahora, imposible de gestionar para los rivales. Cuando EE. UU. pierde la pelota, el equipo se lanza en masa: se forma un cerco con varios jugadores atacando el balón desde el primer momento. En la mayoría de los recuperos, hay siete futbolistas en territorio ofensivo luchando por la recuperación, y ni Australia ni Paraguay pudieron contrarrestarlo.
Incluso los otros tres jugadores del equipo —Tim Ream, Chris Richards y Alex Freeman— también aparecen altos. Contra Paraguay, con frecuencia estaban varios metros en el campo rival, listos para cortar cualquier intento de pase largo. Y eso es, en gran parte, lo que terminó ocurriendo: tras demasiadas pérdidas provocadas por la presión, el recurso más habitual era despejar largo y esperar un error. Pero esa opción no funcionó: Ream, Richards y Freeman respondieron bien, y Estados Unidos recuperó el balón de manera inmediata en cada oportunidad.
El impacto en números y el debate de fondo: ¿será sostenible?
Los datos acompañan el relato. Frente a Paraguay, Estados Unidos alcanzó un 65% de posesión. Además, acumuló 277 pases en la mitad rival, por 68 de Paraguay. En el área, registró 53 toques frente a 11 del rival.
Contra Australia, la tendencia se mantuvo: 63% de posesión para EE. UU. y más del doble de pases en la zona ofensiva en comparación con el equipo australiano.
| Rival | Posesión EE. UU. | Pases en campo rival (EE. UU.) | Pases en campo rival (rival) | Toques en el área (EE. UU.) | Toques en el área (rival) |
|---|---|---|---|---|---|
| Paraguay | 65% | 277 | 68 | 53 | 11 |
| Australia | 63% | Más del doble | — | — | — |
Aunque el foco suele ponerse en lo que el equipo hace con el balón, el peso real está en lo que ocurre cuando no lo tiene. La presión es la que ordena la historia: constante, pero con organización, de modo que el equipo no se queda demasiado tiempo sin controlar el ritmo.
Popovic también volvió a remarcar el nivel de conjunto: “Son muy potentes, muy cohesivos. Tienen muchos jugadores, incluso los que entran desde el banquillo, con experiencia y calidad”.
En el discurso aparece una palabra recurrente: “agresivo”. Tanto Pochettino como sus futbolistas la usan con frecuencia. Muchos la interpretan como la disposición para competir y pelear, tanto en lo literal como en lo simbólico, por camiseta y por escudo.
Pero existe un segundo significado táctico: la agresividad define el modo de jugar. Estados Unidos no actúa con pasividad. Con la pelota, hay ideas claras para incomodar. Sin ella, llega un asedio rápido e implacable para recuperar de inmediato. Todo sucede con propósito, con velocidad y, sí, con agresividad. Nada queda al azar, y el equipo no permite que el rival marque las reglas.
En resumen, ese parece ser el corazón del “balón Pochettino” por ahora: el juego se construye en los términos del entrenador. EE. UU. dicta el ritmo en cada faceta y lo hace desde sus propios principios. Hasta el momento, el rendimiento es contundente: Pochettino coloca a sus jugadores en situaciones de superioridad y les deja convertirlas en ventaja, sin caer en un exceso de rigidez o sobrecarga de indicaciones. Son grandes ideas que permiten repetir con variantes, de forma que el equipo pueda ganar de maneras distintas.
La gran incógnita hacia adelante es la sostenibilidad: ahora hay cuatro presentaciones de alto nivel en el material de video para que otros rivales estudien. Habrá equipos que no se dejen superar como Australia y Paraguay. En algún punto del certamen aparecerán selecciones que no se derrumben, sino que pondrán a Estados Unidos bajo presión. ¿Qué ocurrirá entonces? Esa respuesta definirá hasta dónde llegará el proyecto.
Por lo pronto, lo que muestran estos dos primeros partidos sugiere que Pochettino tiene un plan para que sus futbolistas lo ejecuten y, desde ahí, el equipo haga el trabajo: insistir, competir y resolver. El resto dependerá de cómo respondan cuando el guion cambie.