EE. UU. y Bosnia: el aviso del rival sobre su fortaleza en jugadas a balón parado
Este Mundial de la FIFA se está escribiendo, para la selección masculina de Estados Unidos, como una especie de cuento con final feliz. El arranque con una victoria vibrante sobre Paraguay, seguida por un triunfo de perfil más serio ante una Australia combativa, y el golpe de autoridad con un once muy alternativo que cayó ante Türkiye en el descuento han disparado la ilusión en todo el país. Con ese impulso, la expectativa crece partido a partido, especialmente cuando Estados Unidos entra en la fase decisiva del torneo.
Ya en el tramo eliminatorio, el conjunto estadounidense aparece como favorito frente a Bosnia y Herzegovina, que consiguió su boleto a los dieciseisavos como el quinto mejor equipo entre los terceros, es decir, ocupando esa posición tras la fase de grupos. Aun así, el escenario no invita a la relajación: incluso en un gran momento futbolístico, Estados Unidos difícilmente podrá confiarse ante un rival que figura 61º en el ranking de la FIFA. La diferencia en el papel no siempre se traduce en el terreno de juego, y menos en una eliminatoria.
¿Qué puede esperar el equipo de cara al encuentro del miércoles en el Levi’s Stadium, en Santa Clara, California? En la previa se han analizado, por un lado, el perfil de Bosnia y Herzegovina y, por otro, la forma en que Estados Unidos tendría que contrarrestarlo. El foco, como suele ocurrir en estas etapas, está tanto en las tácticas como en los detalles que marcan la diferencia.
Set pieces para romper la ilusión
El banquillo bosnio llega con un dato llamativo: Sergej Barbarez, ex jugador y capitán de Bosnia y Herzegovina en su carrera, fue designado en 2024 y no había dirigido antes. Desde entonces, ha apostado con fuerza por juventud y por futbolistas de la diáspora, nacidos y formados en Suecia, Alemania, Austria y Estados Unidos. El resultado es claro: en los últimos dos años, dieciséis jugadores debutaron con la selección.
Ese recambio se apoya en el talento de Kerim Alajbegovic, de 18 años, figura del RB Salzburg, acompañado por nombres como Tarik Muharemovic (23, Sassuolo), Amar Dedic (23, Benfica), Ermin Mahmic (21, Slovan Liberec) y Esmir Bajraktarevic, también con 21 años, formado en Wisconsin y actualmente en el PSV Eindhoven. Este último incluso llegó a disputar un partido con la selección estadounidense antes de completar un cambio único para representar a Bosnia y Herzegovina.
La identidad del equipo ya se notó durante la fase de grupos, con resultados que dejaron huella: empate 1-1 ante Canadá, goleada en contra 1-4 frente a Suiza y victoria 3-1 ante Qatar. Más allá del marcador, esos partidos mostraron un equipo con carácter y con una manera concreta de competir.
En el corazón del planteamiento aparece una idea: Bosnia y Herzegovina es muy sólida. Sus futbolistas se muestran fuertes físicamente y con buen nivel en los duelos. Además, acumulan la segunda mayor cantidad de faltas por partido del torneo, con 15.7, y ya suman seis tarjetas amarillas y una roja, siendo el segundo registro más alto en ese apartado. Por eso, el guion apunta a un partido de desgaste y de batalla, especialmente contra un bloque defensivo bajo, un escenario que Estados Unidos probablemente tendrá que romper con paciencia y precisión.
También hay un punto que puede condicionar el plan bosnio: le cuesta mantener el balón. En posesión, Bosnia y Herzegovina figura 33ª entre 48 equipos, con un 43.7%, mientras Estados Unidos se acerca a la franja de casi el 60%. En pases completados por partido, Bosnia y Herzegovina vuelve a estar 33ª, lo que sugiere que no es un conjunto que domine por acumulación de metros. Y cuando logra sostener el balón, tampoco se le da con facilidad generar ocasiones: su ratio de goles esperados (xG) es el 39º mejor con 1.9. Ese problema se vio con nitidez ante Canadá, donde solo produjo ocho remates y tres a puerta, y frente a Suiza, donde registró cinco tiros y tres entre los tres palos. En ese contexto, Estados Unidos tendrá que tener la pelota con frecuencia y encontrar la forma de desarmar el plan bosnio, probablemente chocando con una defensa de cinco hombres, un dibujo que el equipo estadounidense ya enfrentó contra Suiza y Canadá.
Sin embargo, el rasgo que más preocupa es otro: la capacidad de Bosnia y Herzegovina para los saques a balón parado. Ya suma tres goles en el torneo, superando con claridad su producción en juego abierto, donde solo registra uno. La amenaza desde situaciones fijas aparece con regularidad, y el equipo cuenta con jugadores capaces de poner balones peligrosos en el área. Además, la altura es un recurso importante dentro del conjunto.
Por si eso fuera poco, hay espacio para la chispa individual. Edin Dzeko, capitán y referente de 40 años, con 150 internacionalidades y 73 goles, ya no está en su mejor momento de velocidad, pero sigue siendo capaz de definir una ocasión clara. También destacan los extremos jóvenes: Alajbegovic, autor de uno de los goles más destacados del torneo ante Qatar desde el costado izquierdo, y Bajraktarevic, que opera por la derecha. A esa combinación se suma la rapidez de Mahmic, que ya marcó dos de los cinco tantos de su selección hasta ahora. Estados Unidos tendrá que estar atento a la amenaza por bandas, pero también poner atención extra en la estructura defensiva para los saques detenidos y en la concentración en cada repetición del balón parado.
En ese sentido, la lectura general es que Bosnia y Herzegovina puede lastimar incluso cuando el partido no parece inclinarse hacia su lado, precisamente porque domina los detalles que suelen decidir eliminatorias. Y con ese perfil, el encuentro promete un choque exigente para el anfitrión deportivo.
Disciplina y creatividad para el acceso a la victoria
Del otro lado, Estados Unidos se medirá a un rival con similitudes claras frente a sus primeros dos oponentes de la fase de grupos: Paraguay y Australia. En ambos casos, el conjunto estadounidense se enfrentó a equipos que preferían replegarse en bloque bajo y buscar daño con transiciones rápidas. Aunque cada selección tiene matices propios, Bosnia y Herzegovina apunta a un plan parecido: esperar, resistir y castigar cuando aparezca el espacio. En esa línea, Tim Ream, defensor estadounidense, dejó una idea directa: “tenemos que esperar lo inesperado”.
En los partidos mencionados, Estados Unidos salió bien parado, y una de las claves fue la eficacia al presionar. Ese trabajo permitió asfixiar al rival durante gran parte del juego, controlar el ritmo y, sobre todo, sostener una sensación de orden táctico. Además, llegar temprano al gol en ambos encuentros ayudó a que el equipo jugara con el guion que le convenía: marcar primero, administrar la ventaja y construir desde ahí.
Para este cruce, el regreso de Christian Pulisic tras una lesión en la pantorrilla representa un impulso grande. Cuando no estuvo en el once, el ataque estadounidense no se vio igual. Su participación durante 32 minutos frente a Türkiye, en el último partido de la fase de grupos, mostró cuánto se mueve mejor el equipo cuando él está en el campo. La creatividad de Pulisic y sus carreras con intención pueden resultar determinantes para romper una defensa que se espera sea cerrada y difícil de penetrar.
En el mediocampo, el tridente formado por Tyler Adams, Weston McKennie y Malik Tillman necesitará estar en su mejor nivel, sobre todo en el momento en que el balón se pierda. Adams, en particular, es un jugador clave para frenar ataques antes de que crezcan, y su abanico de recursos le puede venir bien a Estados Unidos cuando intente neutralizar el impacto de Bajraktarevic y Alajbegovic en las salidas rápidas.
Con el paso del torneo, la confianza en este grupo ha aumentado, pero también hay un factor nuevo: Estados Unidos aparece favorecido en un partido de eliminatoria mundialista, algo poco habitual. A eso se suma el ambiente en Santa Clara, con una grada que se inclinará hacia los estadounidenses, lo que eleva la exigencia sobre el equipo local para responder con resultados. En ese contexto, la paciencia y la disciplina se vuelven virtudes fundamentales, especialmente si el gol temprano no llega. Mantener la calma ante un rival que castiga en momentos concretos puede ser la diferencia entre un trámite controlado y un partido de nervios.
Entre los elementos que podrían cambiar el partido desde el banquillo está Gio Reyna. El atacante del Borussia Mönchengladbach marcó un gol espectacular en el debut del torneo ante Paraguay. Y si Estados Unidos se ve en la necesidad de algo especial sobre el final, Reyna podría ser justo el jugador llamado a inclinar la balanza con un golpe de calidad.