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Egipto vuelve al Mundial con Salah: revancha tras el fiasco de Rusia 2018

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
14 junio 2026 8 min de lectura

Egipto regresa a un Mundial con la intención de corregir viejas heridas. Será su cuarto Mundial en la historia y apenas el segundo desde 1990, una cifra que contrasta con lo ocurrido en Rusia 2018, cuando el equipo quedó eliminado sin sumar un solo punto. El país llegaba con Salah como principal estandarte, pero entre problemas internos, una preparación marcada por el ruido mediático y la frustración deportiva, los “faraones” se despidieron temprano del torneo.

Además, la edición de 2022 terminó siendo un golpe doble: Egipto no logró clasificarse y eso le negó a su figura la oportunidad de competir en el momento más brillante de su carrera. Ahora, aunque los “faraones” están de vuelta en el gran escenario, lo hacen con la sensación de que Salah encara el tramo final de su etapa internacional, con la misión de escribir historia para su selección en Norteamérica.

El contexto de 2018 ya mostraba que Egipto podía llegar con un impulso enorme. Salah venía en estado de forma extraordinario tras una temporada de debut en Liverpool que se tradujo en 60 participaciones de gol. Sin embargo, su presencia en el Mundial quedó en duda por un episodio que marcó su camino: la agresión sufrida en la final de la Champions League.

En el duelo decisivo, Liverpool se midió a Real Madrid en Kiev. Con apenas media hora disputada, Salah tuvo que salir después de enredarse con Sergio Ramos, una acción que se interpretó como un forcejeo por el brazo y que terminó por desestabilizarlo. Los blancos ganaron 3-1, con dos errores determinantes de Loris Karius y un gol espectacular de Gareth Bale.

Cuando faltaban solo 20 días para el inicio del Mundial ruso, los estudios confirmaron que Salah, con 25 años en ese momento, tenía una lesión en ligamentos del hombro. Aun así, al día siguiente utilizó sus redes sociales para tranquilizar: aseguró que estaba “confiado” en llegar a tiempo, enviando un mensaje directo a la afición para que mantuviera la fe.

En su publicación dejó claro su carácter: “Fue una noche muy dura, pero soy un luchador. A pesar de las circunstancias, estoy seguro de que estaré en Rusia para hacerles sentir orgullosos. Su amor y apoyo me darán la fuerza que necesito”.

Desde la Federación Egipcia se manejó un plazo de recuperación de tres semanas, y Salah fue incluido en la convocatoria para el Mundial, aunque se le dio tiempo extra para llegar en mejores condiciones al campamento. Con ese margen, el entonces entrenador Héctor Cúper decidió que no era prudente arriesgarlo en el debut del grupo ante Uruguay.

En ese partido, Salah quedó como suplente, pero no llegó a ingresar. Pese a que el técnico había dicho antes del encuentro que podía “asegurar casi al cien por cien” que jugaría, el plan cambió y los faraones tuvieron que afrontar el duelo sin su líder. Así, Egipto vio cómo caía 1-0 en el tramo final, con el gol definitivo de José María Giménez. Cúper buscó compensar con su tercera y última sustitución en el minuto 82, pero el equipo no encontró la chispa necesaria sin el futbolista del Liverpool y el desenlace terminó siendo costoso.

Tras el partido, Cúper defendió su decisión con un mensaje que buscaba dar tranquilidad: “Salah es un jugador importante para nosotros, pero necesitas un buen equipo, y nosotros tenemos un buen equipo. Salah tendrá un papel importante en los próximos encuentros. Queríamos evitar riesgos en este partido, pero creo que estará bien para el siguiente”.

El siguiente compromiso llegó cuatro días después y Salah sí fue titular frente a la selección anfitriona, Rusia. Aunque volvió a anotar, no alcanzó para cambiar el destino del equipo. Egipto ya perdía 3-0 cuando, con poco más de un cuarto de hora por jugar, Salah convirtió un penal como descuento. Aun así, el final del torneo ya estaba cerca para los egipcios, que se quedaron sin margen en el resto de la fase de grupos.

En medio de la eliminación, surgieron murmullos sobre tensiones internas. Salah tuvo que salir a desmentirlas en redes sociales: “Todos en Egipto estamos juntos y no hay absolutamente ningún conflicto entre nosotros. Nos respetamos y la relación es la mejor”.

La suerte del grupo se definió con rapidez: Uruguay venció 1-0 a Arabia Saudita al día siguiente, dejando a Egipto fuera antes de la tercera fecha, ya que los sudamericanos se metieron en los octavos junto con los anfitriones. Pero la humillación no terminó ahí, porque incluso en el último duelo, cuando Egipto era favorito frente a Arabia Saudita en un partido sin margen, cayó una vez más de forma dolorosa.

Salah firmó su segundo gol en dos partidos con una definición medida, un globo que abrió el marcador en el primer tiempo. Sin embargo, tras desperdiciar una ocasión clarísima mano a mano, el conjunto se desmoronó: concedió el empate desde el punto penal en el tiempo agregado del primer tiempo y, después, el rival cerró el partido con el gol ganador al 95’. El resultado confirmó lo peor: Egipto continuó sin ganar en sus tres participaciones mundialistas (1934, 1990 y 2018), con un balance de dos empates y cinco derrotas.

La historia no se cortó en 2022. Los faraones también perdieron la oportunidad de intentar una reparación directa porque no lograron clasificarse para Qatar. Y el eco de 2018 dejó consecuencias que fueron más allá de lo deportivo: la eliminación detonó una disputa amarga entre la federación del país y su figura, una tensión que terminó saliendo a la luz pública.

En aquel momento, Salah acusó al organismo de perturbar la preparación del equipo para el torneo, señalando que se permitió el acceso de celebridades y figuras mediáticas al hotel en horarios que afectaban el descanso. Además, mencionó que se filtró una lista de exigencias suyas que incluía mayores medidas de seguridad personal y reglas para controlar apariciones públicas, así como oportunidades para fotos.

También se criticó el lugar de concentración en Grozni, Chechenia, en el extremo sur de Rusia. Salah incluso se vio involucrado, según se comentó, en un encuentro incómodo con Ramzan Kadyrov, líder de la región, conocido por violaciones de derechos humanos, incluyendo persecuciones contra la comunidad LGBTQ+. A esa incomodidad se sumó el desgaste logístico: Egipto tuvo que viajar más que cualquier otra selección en el torneo, acumulando 5.288 millas para sus partidos en Yekaterinburgo, San Petersburgo y Volgogrado, y además se alegó que lo hicieron en clase económica.

La fricción entre Salah y la federación, sin embargo, no nació en Rusia. Se remontaba incluso antes del Mundial, cuando el atacante reaccionó con enfado porque la asociación utilizó una imagen no autorizada de él en el avión del equipo junto a un patrocinador rival; Salah lo describió como “un gran insulto”.

En ese marco, se informó que Salah llegó a considerar su futuro en la selección siendo todavía un jugador de 25 años, con la idea de que lo estaban usando como “capital político”. Y seis semanas después del final del torneo, el futbolista expresó su molestia en una serie de videos publicados en Facebook.

Allí explicó: “Pedí más seguridad para todos los jugadores, no solo para mí. Tuvimos muchas interrupciones en el campamento durante nuestra participación en el Mundial de Rusia. No pude ir al restaurante dos veces durante el torneo porque me dijeron que no podría hacerlo por mi propia seguridad debido a la gente dentro del hotel”.

Continuó con más detalles: “También dijeron que nadie llamó a mi puerta a las cuatro de la mañana para tomar fotos conmigo; que cualquiera podía pedirlo al hotel o a [los otros] jugadores. No creo que haya jugadores que acepten que alguien vaya a mi cuarto para tomar fotos conmigo o hablar conmigo. No soy un exagerado. Soy un jugador… ¿cómo es posible que otras personas simplemente vengan y se sienten conmigo en mi habitación del hotel? Esto me afecta negativamente”.

Y comparó la situación con lo que vive fuera de su país: “En el extranjero me dan esta [protección] incluso sin pedírsela. En Egipto, cuando la solicito, ni siquiera hay respuesta. Tienen la capacidad para hacer estas cosas, no solo para Salah, sino para todo el equipo… Esto le permite al jugador concentrarse en el partido”.

Luego se refirió al modo de traslado: “Nos hacen viajar en clase económica, lo cual cansa a todos los jugadores; todas las otras selecciones africanas vuelan en business class. Los jugadores tienen que ir cómodos al partido. No entiendo. Los jugadores no están cómodos. No quiero sentarme en business mientras los demás van en económica. Quiero esto para todos los jugadores”.

Finalmente remató con una crítica a la narrativa pública: “Intentaron, en su conferencia de prensa, decirlo todo y hacer que pareciera que odio a mi país. Gracias a Dios, la gente sabe la verdad”.

Con el tiempo, el ambiente se fue calmando tras la experiencia nefasta de 2018. Salah continuó defendiendo a su selección pese a su postura crítica, y los cambios en la cúpula del fútbol egipcio ayudaron a que la reconciliación se diera de manera gradual.

Pero en los años siguientes, Egipto pasó gran parte del ciclo en un terreno poco fértil. En la Copa Africana de Naciones de 2019 volvió a sufrir: quedó eliminado en los octavos por Sudáfrica. Ya en la edición 2021 llegó hasta la final, aunque el desenlace fue amargo al caer en la tanda de penales contra Senegal a comienzos de 2022. Salah ni siquiera tuvo la oportunidad de cobrar un penal, porque decidió ejecutar el quinto y no llegó a intervenir en la secuencia, tras la forma en que se desarrolló la definición.

La secuencia se repitió al mes siguiente en la repesca de clasificación para el Mundial, también ante el mismo rival. Esta vez Salah sí inició la tanda, pero su remate salió por encima, mientras el estadio proyectaba luces láser sobre su rostro. Senegal terminó imponiéndose de nuevo, cerrando la puerta a cualquier reparación inmediata para Egipto.

Ahora, en 2026, los faraones regresan por fin al gran escenario, y lo hacen por segunda vez desde 1990. Salah tuvo un papel clave en el regreso: marcó nueve goles y, con ello, Egipto encabezó su grupo clasificatorio, garantizando el avance directo al torneo. El objetivo inmediato es claro: competir con ambición y buscar un hito.

De hecho, el sorteo le abrió una posibilidad histórica al equipo. Egipto tiene opción real de conseguir su primer triunfo en la historia de los Mundiales y avanzar desde la primera fase. El grupo está integrado por Bélgica, Irán y Nueva Zelanda, siendo este último el conjunto de menor ranking entre los participantes. Con el formato ampliado de 48 selecciones, el camino para llegar al menos hasta los 32 mejores está al alcance, aunque el desafío deportivo siempre exige máxima concentración.

Para Salah, que ahora cuenta con 33 años, esta puede ser su última oportunidad de romper nuevas barreras con la camiseta egipcia en el evento más importante del fútbol mundial. Por eso, su enfoque se percibe directo: llegar a la etapa eliminatoria. En declaraciones recientes, transmitió el deseo colectivo y el compromiso con la afición: “Queremos que la gente de Egipto esté feliz y haremos todo lo posible para lograrlo. Sabemos que el grupo es muy fuerte y que cada selección tiene opciones y posibilidad de competir, así que tenemos que dar lo mejor en cada partido”.

Y añadió: “Nuestra ambición en este Mundial es avanzar más lejos de lo que este país ha llegado antes en el torneo”.

Con el historial reciente como advertencia y el presente como oportunidad, Salah llega a este Mundial con determinación. Egipto vuelve a la cita más grande con la esperanza de transformar la frustración acumulada en una nueva página, y el capitán parece listo para tomarla.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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