FIFA fija pausas de hidratación en el Mundial para frenar el calor en verano
En este Mundial, la FIFA ha implantado pausas obligatorias para la hidratación que se ejecutarán cerca del minuto 22 del primer tiempo y en el 67 del segundo, con el objetivo de amortiguar el impacto del calor en verano para los equipos que compiten en México, Canadá y Estados Unidos.
Aun así, la medida genera debate: si bien se presenta como un recurso clave para proteger a los futbolistas cuando las condiciones son extremas, las interrupciones se aplican sin depender del termómetro del momento. Eso ha alimentado críticas por el efecto que puede tener sobre el ritmo del partido. Además, el formato termina por dividir el encuentro en cuatro “cuartos”, un esquema que resulta familiar para muchos aficionados acostumbrados a consumir el deporte con esa lógica, como ocurre en ligas tipo NBA o NFL. En el plano económico, también abre la puerta a ingresos publicitarios durante tres minutos en el punto medio de cada mitad.
Con ese contexto, se han revisado distintas miradas sobre cómo estas pausas están influyendo en lo que ocurre dentro del campo.
¿Son indispensables por el bienestar del jugador?
Las pausas de hidratación fueron anunciadas inicialmente por la FIFA el pasado diciembre. El detonante fue el calor intenso que vivieron los combinados y los futbolistas en Estados Unidos durante el verano anterior, en el marco del Mundial de Clubes. A partir de esa experiencia, el organismo rector decidió estructurar de forma formal las detenciones para beber, en vez de dejarlas a criterio en cada caso.
La intención, según se explicó, era aplicar un modelo “más ágil y sencillo” respecto de lo que se había visto en torneos anteriores, donde las pausas surgían de manera menos uniforme. Aunque algunos estadios cuentan con techo o con climatización, se decidió que, en todos los partidos, habría una detención de tres minutos en cada mitad.
Manolo Zubiria, responsable de la organización del torneo, explicó que la pausa se mantendrá “sin importar el lugar” ni si el estadio tiene techo o si, en términos de temperatura, las condiciones parecen menos exigentes. También aclaró que el tiempo se contabiliza desde el pitido hasta el pitido, en ambos tramos, y que si existe una lesión alrededor del 20 o 21 y el juego se detiene, esa situación se gestionará sobre la marcha con el árbitro.
La decisión, sin embargo, no convenció a todos. Mauricio Pochettino, seleccionador de Estados Unidos, manifestó abiertamente su postura: le parecía aceptable cuando el entorno es realmente extremo, pero consideró que cuando el clima es favorable resulta innecesario.
En el 0-0 de España ante Cabo Verde, disputado el lunes por la noche, el entrenador Luis de la Fuente también puso el foco en la salud. Señaló que, en escenarios extremos, tiene sentido contar con una pausa para refrescarse. Aunque reconoció que al día siguiente, por las temperaturas, quizá no sea imprescindible dentro del estadio, recordó que ya se han observado condiciones similares en Chattanooga, el centro de entrenamientos del equipo, con humedad incluida. Para él, esos descansos permiten recuperar energía.
Desde el punto de vista médico, la necesidad de hidratarse no se discute. La FIFPRO, el sindicato global de jugadores, indicó que en tres partidos del Mundial de Clubes del año anterior debió suspenderse o al menos postergarse la competencia por el calor severo. Esos encuentros superaron el umbral de 28 grados Celsius en el índice WBGT (Wet Bulb Globe Temperature), una métrica que mide el estrés térmico en la luz solar directa y que integra temperatura del aire, humedad, velocidad del viento, ángulo del sol y nubosidad.
Hasta ahora, en el torneo de verano no se ha registrado un partido afectado por un calor capaz de llegar a esos niveles extremos. Aun así, la FIFA ajustó el calendario posterior al Mundial de Clubes para favorecer más escenarios bajo techo y horarios con menores probabilidades de condiciones perjudiciales.
Con todo, el calor sigue presente y por eso también hay respaldo a la regla. Mehmet Karabulut, médico del Medicana Health Group, sostuvo que la norma debe entenderse ante todo como una medida de seguridad sanitaria. Argumentó que el fútbol moderno es más rápido y exige un gran esfuerzo físico: los jugadores recorren largas distancias y realizan acciones de alta intensidad con frecuencia. En ambientes cálidos y húmedos, el sudor puede provocar una pérdida significativa de líquidos y vuelve más difícil regular la temperatura corporal. Por eso, una pausa organizada para ingerir hidratación y bajar revoluciones ayuda a que los futbolistas retornen al terreno en mejores condiciones y reduzca riesgos asociados a la fatiga.
Karabulut también recalcó que estas interrupciones no constituyen por sí solas una estrategia completa de protección: hay otros elementos igual de necesarios, como los horarios de inicio, los periodos de recuperación, las zonas de enfriamiento, protocolos de atención médica y planes de aclimatación. En ese sentido, explicó que las pausas por hidratación son un componente dentro de un sistema mayor de bienestar, y que en un Mundial jugado en verano en Norteamérica el argumento sanitario mantiene una fuerza muy alta.
¿Una inyección comercial?
La forma en que la FIFA comunicó la medida también alimentó la sospecha de que el beneficio principal no está únicamente en la cancha. Zubiria realizó el anuncio en un seminario vinculado al World Broadcaster Meeting en Washington D.C., durante el sorteo del torneo, y desde entonces se repite la crítica: que las pausas favorecen más a quienes transmiten el espectáculo que a los propios jugadores.
Durante esos tres minutos, los futbolistas reciben hidratación y los entrenadores aprovechan para dar mensajes tácticos, pero el parón también se convierte en una oportunidad para que cadenas y productoras inserten publicidad. En la práctica, muchos medios han logrado monetizar esa franja.
Michael Johnson, analista del sector deportivo en Estados Unidos para S&P Global, explicó que esas pausas aportan ventajas reales a los broadcasters en un torneo de 104 encuentros. Según su planteamiento, la interrupción puede ser “extremadamente valiosa” y, potencialmente, llegar a precios comparables con los del Super Bowl dentro de un rango de siete a nueve millones de dólares.
Sin embargo, el capitán de Países Bajos, Virgil van Dijk, puso el foco en el riesgo de que la medida termine aumentando la “comercialización” del juego. Dijo que venía siguiendo muchos partidos y que cada vez que se pausa para publicidad no le resulta agradable, algo que, a su juicio, tampoco es favorable para quienes observan desde televisión y buscan continuidad.
Van Dijk reconoció que si hace mucho calor, las pausas serían adecuadas, pero consideró que debe evaluarse partido a partido y no aplicar un criterio uniforme para todos los casos.
Gary Neville, exdefensa de Manchester United y de Inglaterra, también se sumó a la crítica al calificar las pausas como una especie de publicidad encubierta, mencionando que en Estados Unidos una cadena como Fox aprovecha esos momentos para emitir anuncios.
En contraste, Telemundo, con sede en Estados Unidos y de habla hispana, optó por no intercalar un corte comercial durante la detención de tres minutos. Una decisión similar se replicó en ITV Sport, en el Reino Unido.
¿Rompen el ritmo y matan el impulso?
Las reanudaciones son parte esencial del deporte: suelen alterar el compás, desplazan el momento del juego y permiten que el rival reorganice su plan. En este Mundial, las pausas a mitad de cada tiempo han modificado el modo en que los equipos plantean el partido, porque ofrecen un espacio para ajustar y también para reordenar ideas, al mismo tiempo que funcionan como un respiro ante una ofensiva sostenida. En otras palabras, los equipos pueden manejar mejor la intensidad en cada “cuarto”.
Emma Hayes, entrenadora de Estados Unidos en el fútbol femenino, explicó que estas pausas favorecen especialmente al equipo que pierde la inercia del encuentro. Por eso las llamó “pausas de impulso”. Cuando el equipo domina, no le conviene; cuando está por detrás, sí. En algunas ocasiones, según su lectura, no se trata ni siquiera de instrucción táctica sino de hidratarse y calmar a los jugadores. Incluso si no hay un mensaje directo, ese acto también puede considerarse una forma de conducción.
En el torneo ya se observan varios ejemplos y las cifras respaldan parte de esa teoría. De los 22 goles anotados en el primer tiempo hasta el momento, 12 llegaron después de la primera pausa de hidratación. En el segundo tiempo, con 24 tantos en total, otros 12 se marcaron después de la detención.
El impacto no se limita a la cantidad: también se ve en el tipo de gol. De los 24 tantos que se produjeron tras cualquiera de las pausas, 11 cambiaron el estado del partido al empatar o poner al equipo en ventaja.
El triunfo 2-0 de Australia ante Turquía se presentó como un caso claro de “gol oportuno”. Los dos tantos de Australia llegaron poco después de las pausas en cada una de las mitades, pese a que Turquía dominó más la posesión. De hecho, en el primer tramo Australia tuvo un solo disparo antes de la pausa y tres después, y el gol inicial llegó desde el primer remate tras la reanudación.
En el 1-1 entre Brasil y Marruecos, el cambio de impulso tras la pausa del primer tiempo fue evidente. El tanto de Brasil llegó seis minutos después del descanso y, aunque el empate nació de una acción brillante de un futbolista, Marruecos no supo capitalizar cuando se había puesto arriba justo antes de la interrupción. En el registro previo a la pausa, los “Leones del Atlas” sumaron siete tiros equivalentes a 0.9 en xG, mientras que tras el reinicio solo lograron 0.3 en cinco remates.
En el 2-2 de Japón frente a Países Bajos, el gol del empate para el equipo nipón llegó también después de la pausa de hidratación en la segunda mitad. Antes de ese momento, Japón apenas había generado dos tiros; luego registró cinco. De forma general, prácticamente todo el valor acumulado en xG del partido se construyó en los tramos posteriores a las pausas.
Aunque Alemania goleó 7-1 a Curazao con claridad, la pausa sirvió para que Julian Nagelsmann reforzara la idea táctica frente a una formación que no esperaban. El entrenador explicó que Curazao se presentó con un dibujo en rombo y que ajustaron la manera de atacar antes de la pausa. Aun así, admitió que hubo dos o tres instantes donde tardaron en adaptarse porque, en el fútbol actual, casi nunca se enfrenta a un equipo con esa estructura: es poco común, y por eso necesitaban un margen. Para él, la pausa por agua fue útil para reiterar desde la pizarra lo que ya habían modificado.
En el 1-1 de Canadá ante Bosnia y Herzegovina, se notó también el efecto sobre el ritmo del partido. El gol inicial de Bosnia llegó inmediatamente seguido por una pausa en el primer tiempo, y ese corte permitió a Canadá recuperar el control y volver a colocarse con la iniciativa. Como consecuencia, los tiros de Canadá pasaron de uno a cinco, y los contactos en el área rival subieron de cuatro a 17, tanto antes como después de la interrupción.
El mismo patrón apareció en el partido inicial de Escocia: su gol ganador llegó tres minutos después de la primera pausa. En Haití, el impulso también se movió en ambos sentidos. Aunque concedieron tras la primera interrupción, todos sus siete disparos y los 10 toques en el área rival en el segundo tramo ocurrieron después de la segunda pausa.
La lectura general es que el estado del partido siempre influye en un deporte de vaivenes, pero los reinicios tras las pausas parecen abrir una vía real para modificar el impulso. La tendencia, eso sí, se percibe todavía en una fase temprana, aunque la posibilidad de que los entrenadores planifiquen de forma distinta en los “cuartos” del encuentro empieza a asomarse.
Didier Deschamps, seleccionador de Francia, resumió la idea al señalar que es relevante poder darle a los técnicos dos oportunidades adicionales. Afirmó que es algo positivo, pero también provoca que el partido se divida, y que si un equipo está en buena posición tras esa pausa, debe retomar la acción con intensidad. A la vez, recalcó que el equipo se adapta incluso en la preparación, porque no es como “dos medios tiempos”, sino como cuatro etapas, y tanto jugadores como cuerpo técnico asimilan esa realidad. Con las pausas, además, se gana la posibilidad de hablar dos veces más.
— Yash Thakur