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Freese sufre el error y la desolación tras Bélgica: derrota 4-1 en EE.UU.

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
7 julio 2026 10 min de lectura

El portero de Estados Unidos, Matt Freese, vivió una escena que suele quedarle grabada a cualquier arquero: tras un error que permitió que Bélgica ampliara a 3-1, la transmisión volvió a enfocarlo y dejó ver una desolación total. Aun así, el partido siguió y terminó con una derrota 4-1, en la que el golpe emocional recayó con fuerza sobre quien cometió la acción decisiva.

Freese habló después del encuentro y asumió su parte: “Estoy lógicamente decepcionado por mi participación, por el fallo y por mi decisión en el tercer gol. Sé que los chicos que tengo delante dieron todo hoy para llevarse la victoria. Estoy orgulloso de ellos y ojalá ese momento hubiera sido distinto”.

El error del arquero y la “soledad” que también se entiende

El episodio de Freese no es el primero ni será el último en la historia del puesto. De hecho, otros porteros de élite han pasado por instantes similares, con la diferencia de que algunos recibieron además un examen público brutal. Un caso reciente fue el debut de Antonín Kinsky con Tottenham Hotspur: duró apenas 17 minutos.

En el duelo de ida de los dieciseisavos de final de la UEFA Champions League ante el Atlético de Madrid, Kinsky encajó el tercer tanto cuando perdió el equilibrio y terminó pasando el balón de forma directa a Julián Álvarez. Tras ese momento, el arquero se quedó un instante en el suelo, mirando al vacío, como si necesitara tiempo para procesar lo ocurrido. Dos minutos después, el entrenador Igor Tudor lo sustituyó. Al salir, algunos compañeros le dieron un gesto de apoyo en la cabeza, mientras el equipo siguió—pero Tottenham acabó cayendo 5-2.

La reacción del entorno suele variar, pero el alivio emocional llega cuando aparece el respaldo de quienes entienden el costo psicológico del error. Porteros con experiencia se manifestaron. David de Gea, ex de España y Manchester United, publicó en X: “Nadie que no haya sido arquero puede entender lo difícil que es jugar en este puesto. Mantén la cabeza arriba y volverás”. También Thibaut Courtois, de Real Madrid, le escribió a Kinsky por Instagram para animarlo.

La “soledad” del arquero, en parte, se explica por la propia naturaleza del rol. Edwin van der Sar, figura neerlandesa y referente histórico, lo describió en términos simples: “A nivel básico, llevamos un color de camiseta distinto al de nuestros compañeros. Eso te hace destacar. Todos hemos pasado por momentos como el de Kinsky, y ahí el consejo y el apoyo ayudan”.

  • La empatía entre arqueros existe, pero no significa que siempre haya unanimidad emocional.
  • En el vestuario, el puesto puede volverse aislante por visibilidad y responsabilidad.
  • El soporte entre colegas funciona como red de contención cuando llega el error en público.

La “unión” del portero, el ruido de redes y el peso en la mente

Max Crocombe, portero de Millwall y de Nueva Zelanda, explicó que existe un deber entre arqueros para cuidarse: “Hay una obligación entre porteros de mirarse unos a otros”. Sin embargo, aclaró que ese apoyo no siempre es automático ni perfecto, porque incluso dentro de esa hermandad se cuelan tensiones por el objetivo común: ser el número 1. Cuando se rompe el equilibrio, algunos valores de la “unión” se olvidan.

Crocombe y Cieran Slicker—este último, con pasado reciente en cesión desde Ipswich en Barnet—coinciden en que lo mejor suele ser desconectar de redes sociales. Crocombe contó que, aun cuando su pareja no había visto el partido, terminó enterándose por comentarios: “Veo que mi mujer, aunque no lo miró, leyó cosas y me preguntó si estaba bien. Yo le digo: ‘Sí, ¿por qué? ¿Me están atacando o qué pasa?’. La gente quiere apoyar, pero a veces hay que aprender a manejarlo”.

Slicker relató una conversación similar con su madre, Amanda. “Creo que tenía 17, jugando con Escocia sub-21. Metí la pelota y ella estaba contestando comentarios en Facebook. Yo le dije: ‘Mamá, tienes que dejarlo’”.

Los dos hablaron, además, de cómo la experiencia compartida ayuda a sostener la calma. Crocombe señaló que, al ver a Kinsky, inevitablemente repite mentalmente situaciones propias: “Es increíble cómo cada portero atraviesa espacios mentales donde se cometen errores. Cuando lo miras, te vienen a la cabeza muchos momentos de tu carrera donde estabas en una situación parecida”. Slicker remató con una idea central: “Todos hemos estado ahí. Todo el mundo comete fallos”.

Para entender ese “peso”, Slicker recordó su debut con Escocia. En ese entonces pertenecía a Ipswich—había llegado desde Manchester City—y no estaba previsto que jugara frente a Islandia. Pero se dieron bajas: Robby McCrorie se lesionó en el calentamiento y Angus Gunn no pudo continuar al inicio. Así, Slicker entró al césped en Hampden Park a los 6 minutos y 37 segundos.

Encajó tres goles y el foco se puso en sus errores. El técnico de Escocia, Steve Clarke, explicó tras el partido que el arquero fue lanzado a una situación para la que no estaba listo. Slicker, por su parte, contó su reacción íntima: “Apagué el teléfono durante dos o tres días. No respondí mensajes. Luego, cuando miré, me quedé con los que realmente importaban”.

Entre esos mensajes estuvieron uno de su entrenador de porteros en City, otro del capitán de Ipswich, Sam Morsy, quien le pidió aprender del golpe para tener más hambre de triunfar, y también mensajes de otros arqueros.

Slicker añadió que, desde joven, la “unión” existe incluso cuando no juegas: “Siempre ha estado ahí, estés dentro o fuera. Tal vez se origina en la etapa formativa, cuando los porteros comparten tiempo de juego para que ambos tengan minutos. Quieres apoyar al otro. Es como karma: esperas que te devuelvan lo que ofreces”.

Del cuidado técnico al rol emocional: “como un padre” para el arquero

Con décadas de experiencia, Andy Dibble—ex de Rangers y Manchester City—recordó cómo el apoyo se siente incluso cuando el error no es “evidente” para el público. En un partido de marzo de 1990, Dibble preparaba un despeje largo. Gary Crosby, de Nottingham Forest, observó una forma particular en la que el portero sostenía el balón con una mano antes de decidir. En una acción, Crosby se adelantó, le quitó el balón y marcó. Dibble contó que desde ese instante su teléfono no paró “hasta el final de la temporada”, con mensajes de respaldo y acompañamiento.

Richard Lee, ex jugador de Watford y Brentford y hoy agente con más de 130 clientes de porteros, aportó otro ejemplo. En marzo de 2007, estaba en el banquillo de Watford cuando Tottenham tenía al arquero Paul Robinson. En un lanzamiento de falta alto desde lejos, la pelota cayó, rebotó una vez y terminó pasando por encima de la cabeza de Ben Foster, de Watford, para convertirse en un gol insólito desde 80 yardas. Lee dijo que uno podría pensar que ese error abriría una oportunidad, pero no fue así: “Me dio una sensación horrible por él. En el instante pensé: ‘Si me hubiera pasado a mí, ¿cómo me sentiría?’”.

Lee también explicó que antes el puesto era más aislado: muchos clubes contaban con un solo arquero inscrito y la formación específica era limitada. Pero a medida que los entrenadores de porteros se integraron como especialistas, la “unión” se consolidó, aunque también creció la distancia con los jugadores de campo. El cambio de la regla del pase atrás en 1992 volvió a transformar el rol: los arqueros se incorporaron más a la táctica general, aumentó el número de sustituciones y los clubes comenzaron a contar con más porteros dentro de sus plantillas.

Lee resumió el rol del entrenador de porteros en el momento más delicado: si un equipo pierde 1-0 por culpa del arquero, suele haber tensión en el vestuario—el técnico evita hablar, los compañeros están molestos, los aficionados enfrían el ambiente—y entonces aparece el entrenador de porteros. “Es quien te pone una mano en el hombro”, dijo.

Dibble coincidió con una imagen clara: “A veces eres como un padre para ellos. No solo tienes que lidiar con problemas futbolísticos; también aparecen los temas de la vida en casa”.

En la rutina, la segregación no es solo una cuestión logística: también construye identidad. Lee explicó que en los entrenamientos, los arqueros se van juntos a trabajar con el preparador específico. Lo mismo ocurre en partidos. En Euro 2025, en el caso de Inglaterra, el trío formado por Hannah Hampton, Khiara Keating y Anna salía al campo cerca de 15 minutos antes que sus compañeras. Tenían su rutina: patear una pelota de un lado del área a otro, intentando que llegara a la línea más cercana contraria.

“Normalmente sales a entrenar de forma individual como grupo los primeros 45 minutos. Están separados del resto, y naturalmente eso crea unión”, sostuvo Lee. Aun así, avisó que basta “una mala manzana” para que el ambiente se rompa.

Competencia interna, apoyo con límites y el regreso a la redención

Shaka Hislop, ex West Ham, Portsmouth y Newcastle United, también vivió las dos caras del puesto: el momento de ser suplente con opciones de titularidad, y la situación inversa cuando otro arquero te desplaza. Contó que un arquero contratado para reemplazarlo se negó incluso a hablarle. “Fue lo más extraño. Yo llegaba y le decía buenos días, y no respondía… No ayuda al equipo y, en última instancia, tampoco salva al individuo”, recordó.

Lee, al evaluar movimientos de sus clientes, pondera la dinámica del grupo y el encaje en el plantel. Pero reconoció que el instinto del suplente existe: “Hay empatía hacia un portero, sí, pero si se abre una puerta, tienes que hacer lo correcto para ti”.

Crocombe y Slicker coincidieron en que esos choques son poco frecuentes, aunque existen. Crocombe comentó que algunas veces el rival directo siente odio por la competencia y esa tensión se contagia. Slicker, en su caso, dijo que no practica el “hate-watch”: “Sé que algunos arqueros miran tus partidos con mala intención, pero yo no soy así. Creo en construir tu propia suerte”. Aun así, insistió en el respeto: “Siempre parto con consideración por el otro arquero y lo apoyo. Si tu rival comete un error, intento estar de su lado, porque al final es mejor trabajar juntos”.

Slicker creció teniendo a James Trafford como competencia en la academia de Manchester City. Eran rivales amistosos; incluso después de separarse siguieron siendo amigos. Trafford fichó por Burnley en 2023 y regresó a City en julio de 2025 por 31 millones de libras. Ese año arrancó los tres primeros partidos, pero el día límite del mercado de fichajes, en agosto, Pep Guardiola incorporó al italiano Gianluigi Donnarumma.

Desde entonces, Trafford pasó a ser arquero de copa y segundo. Tras ganar la FA Cup al Salford en febrero, comentó: “No esperaba que pasara lo de jugar de suplente detrás de Donnarumma, pero ocurrió, así que toca seguir. Trabaja duro cada día y luego verás qué pasa. Daré lo mejor para mi oportunidad”.

Slicker elogió su mentalidad: “Su actitud ha sido impecable: entrena bien y está listo. En City aprendí mucho con Éderson y Zach Steffan. Y cuando estuve en Ipswich, abrazé esa idea. Intenté mostrarles mucho cariño a Václav Hladky, Christian Walton y Alex Palmer, apoyándolos en el día de partido”.

En el plano internacional, Crocombe estuvo presente en la experiencia de Nueva Zelanda en el torneo: el 2-2 ante Irán, la derrota 3-1 ante Egipto y el 5-1 ante Bélgica. Aunque el campeonato terminó antes de lo que querían, los arqueros se ayudaron: “Quieres estar en el equipo porque eres el mejor portero, no porque seas el menos malo. Eso se construye con trabajo en conjunto”.

Del “sueño al pesadilla” al regreso: el mensaje que sostiene

Van der Sar, tras 21 años entre los grandes—Ajax, Juventus, Fulham y Manchester United—y 130 partidos con Países Bajos, señaló que lo que une a generaciones es el valor del silencio. “No quieres llamar la atención; quieres salvar tu trabajo. Gran parte de lo que ocurre en el arco depende de la fortaleza del bloque defensivo. Buscas esa aura de invencibilidad. Claro que trabajas cruces y lo individual, pero en esencia juegas como unidad para evitar que la pelota entre”, dijo.

Crocombe añadió la lectura emocional: “El silencio es un elogio cuando estás atajando, porque si hiciste algo mal, te lo dirán”. Subrayó que muchos arqueros jóvenes buscan momentos destacados y atención para confirmar que van por el camino correcto, pero a menudo lo que realmente hay es silencio.

Van der Sar y otros también criticaron la falta de representación del puesto en medios. Comentaron que una frase o un exabrupto de un comentarista influyente puede cambiar la narrativa sobre un portero. Por eso valoraron que, en los últimos cinco años, haya más arqueros en televisión: Van der Sar, Lee y Dibble destacaron lo positivo de ver a Joe Hart, Paul Robinson y Rob Green con más frecuencia. En Europa también aparecen figuras como Peter Schmeichel, mientras Hislop participa en ESPN.

Lee lo explicó con claridad: “Ha sido difícil escuchar a muchos analistas hablar de porteros, porque cuentan otra disciplina. Aunque sepan de algunos buenos arqueros, no saben lo que es vivirlo”. Aun así, dijo que la situación está cambiando.

Ese apoyo mutuo incluso se nota cuando los jugadores de campo se sorprenden. Van der Sar explicó que a veces les hacen bromas: “Si defiendes a otro arquero, te dicen: ‘Ah, la clásica unión de porteros’. No es un cliché: es la forma de ser. Nos respaldamos”.

La unión también se ve en gestos previos a las tandas: los arqueros se tocan las guantes como si se prepararan para un combate. Hislop lo comparó con el saludo de los jugadores de campo antes de empezar el partido: “No solo es por respeto al rival directo. Tus otros diez compañeros están en la línea de medio campo, pero el gesto sigue siendo parte de la unión. Eso no se va a detener”.

El giro emocional de Kinsky, después de su debut desastroso, llegó pronto. Al día siguiente de aquella noche, publicó en su Instagram: “Gracias por los mensajes. Del sueño a la pesadilla y de vuelta al sueño. Nos vemos”. Un mes después regresó a la portería. En un partido que Tottenham necesitaba ganar en Wolves, el equipo tenía una ventaja mínima 1-0 cuando João Gomes ejecutó una falta desde 30 yardas y encontró con precisión la esquina superior izquierda de Kinsky. El arquero saltó y logró detener el balón. Sus compañeros lo abrazaron, la afición lo celebró y, al final, se quedó solo un momento para recibir el aplauso de los hinchas que respiraron aliviados.

En esa línea, Crocombe remarcó lo que sostiene la industria: “Es un sector duro; hay mucho en juego, pero apoyarse entre ustedes es algo especial”.

Para Freese, el cariño también llegará, aunque duela. “Esto duele. Este instante duele todavía más. Se siente más que probablemente cualquier otro momento en mi vida. Pero sé que es un paso dentro de un camino más largo”, concluyó.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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