Josh Allen mira al 2026 con optimismo: nueva era y la meta del Lombardi
El cambio puede intimidar a algunos, pero Josh Allen no parece de ese grupo. El mariscal de campo estelar de los Bills tiene claro que el panorama de 2026 no se parece al de la mayor parte de su etapa en Buffalo, aunque también entiende que el arranque de una nueva era abre una ventana de posibilidades.
En una aparición en The Insiders de NFL Network, Allen habló de la magnitud del ajuste que se viene. “Hay muchas cosas nuevas. Vamos a ir acomodándonos”, comentó, y añadió que el proceso toma forma en el campamento. “Obviamente vamos al campamento el 28 de julio. Ahí es donde terminas de construir tu equipo. Pero, como decías, hay muchas caras nuevas: también cambia el enfoque de la ofensiva y la defensiva, y hay nuevo personal en el cuerpo técnico. Además, hay un estadio distinto, un nuevo entrenador en jefe. Así que sí, es mucho cambio, y estamos emocionados por salir, aprendernos y empezar a generar esa camaradería cuando vayamos a St. John Fisher en Rochester”.
Allen recalcó que, pese a la transformación alrededor del equipo, el objetivo no se mueve. “Es otro reto complicado, pero la meta sigue siendo la misma: traer el trofeo Lombardi a la parte occidental de Nueva York. Vamos a hacer todo lo que esté en nuestro poder para lograrlo”, sentenció.
La historia de Buffalo, durante casi toda la carrera de Allen, ha sido conocida: el equipo suele ser candidato constante al Super Bowl, con frecuencia avanza lejos en los playoffs, pero siempre se topa con el último escalón que los separa del escenario más grande del futbol americano. Año tras año, el dolor llega en enero para los aficionados de la franquicia.
Después de quedar eliminado en la Ronda Divisional ante los Denver Broncos, la directiva de los Bills determinó que ya era suficiente y movió piezas de fondo: separó al entrenador en jefe de larga trayectoria, Sean McDermott, y más adelante terminó contratando como reemplazo a Joe Brady, quien venía de ser coordinador ofensivo. Si la intención era conservar cierta continuidad por parte del gerente general Brandon Beane y el dueño Terry Pegula, el movimiento se hizo dentro de la organización, buscando que la transición no fuera desde cero.
Sin embargo, la continuidad no es una promesa automática de resultados, y menos cuando el equipo estrena un entrenador novato en el rol principal.
La organización, eso sí, ya cuenta con el elemento más importante: Allen. En el mismo camino de reforzar el entorno del quarterback, Buffalo también intentó mejorar su grupo de receptores durante el periodo de offseason al sumar al veterano D.J. Moore. Para los Bills, Moore puede ser la pieza que les falte para dar el salto hacia un Juego de Campeonato de la AFC, siempre y cuando el resto del rompecabezas encaje.
Allen explicó qué espera obtener de Moore. “Creo que lo que D.J. nos va a aportar, obviamente, es liderazgo de veterano. Ha estado en la liga tanto tiempo como yo y ha producido a un nivel altísimo durante los últimos ocho años. Solo es cuestión de conocerlo bien: somos compañeros de vestidor, y ya tenemos esa relación. Eso hace que sea un encaje bastante fluido. Estoy emocionado por seguir trabajando con él. Va a ser una gran ayuda para nosotros esta próxima temporada y para las siguientes”, dijo sobre el nuevo receptor.
En los hechos, Buffalo había extrañado un receptor experimentado y comprobado desde que envió a Stefon Diggs a Houston antes de la temporada 2024. Desde entonces, el equipo se sostuvo con nombres de menor cartel, entre ellos la selección de segunda ronda Keon Coleman, además de jugadores como Khalil Shakir, Tyrell Shavers, Josh Palmer y la breve etapa de regreso de Gabe Davis. Buena parte de ese grupo sigue en el roster, ahora con la incorporación de Moore, el novato Skyler Bell y el veterano Trent Sherfield.
Con ese panorama, al menos el equipo tendrá alternativas. Si Moore demuestra que vale la selección de segunda ronda que Buffalo envió a Chicago para conseguirlo, podría significar que, por fin, los Bills despejan el último obstáculo que los ha frenado repetidamente.
En ese escenario, el cambio dejaría de ser una carga para convertirse en algo celebrado. Por ahora, aunque, la certeza todavía no llega: como dejó claro Allen, queda mucho trabajo por hacer.