Leagues Cup: México barre a la MLS y reabre el debate sobre competitividad
La Leagues Cup vuelve a encender el debate sobre la competitividad entre MLS y Liga MX, después de que esta semana sus cuartos de final terminaran con un resultado contundente: los cuatro clubes mexicanos superaron a los cuatro representantes de la MLS. El desenlace no solo golpea el orgullo de la liga estadounidense, sino que también alimenta la idea de que el torneo, lejos de consolidar la rivalidad futbolera entre ambos países, todavía no logra traducirla en igualdad deportiva.
En el tramo decisivo del torneo, la supremacía de la Liga MX se impuso sin matices. Con los equipos del sur del Río Bravo ganando cada cruce de cuartos, el mensaje quedó claro: la competencia que buscaba aprovechar lo mejor del enfrentamiento histórico entre Estados Unidos y México dejó, por el momento, más evidencias de una brecha de nivel. Y el dato pesa aún más si se mira el panorama regional: en los últimos 21 Concacaf Champions Cup, los clubes de Liga MX se impusieron en 20 ocasiones, interrumpido apenas por el título del Seattle Sounders en 2022.
La explicación tradicional que se usa para justificar diferencias de desempeño —calendarios distintos y que la MLS comienza su temporada mientras Liga MX ya está más avanzada— empieza a perder fuerza con lo sucedido recientemente. Si bien la MLS puede señalar que en la edición de 2025 el guion fue inverso en cuartos, la propia estructura del torneo ofrece un contexto que reduce el impacto de ese antecedente.
En 2025, los cuatro partidos de cuartos se jugaron en el estadio local de cada equipo de MLS, un factor que otorgó una ventaja determinante. Aun así, dos de esas eliminatorias se definieron por penales, lo que sugiere que la superioridad no fue tan abrumadora como podría parecer a primera vista. Además, el rendimiento global de la MLS en esa fase de liga no alcanzó una dominación clara: en esa etapa el balance fue de 28 victorias, 19 derrotas y 7 empates para los equipos estadounidenses.
La lectura cambia en 2026, sobre todo en el momento en que el torneo entra en modo eliminatoria. En la fase de liga de ese año, la mayoría de los encuentros favoreció a la MLS: la gran cantidad de partidos en casa se reflejó en que solo cuatro duelos se jugaron en México o en sedes neutrales dentro de Estados Unidos. Con todo, el registro de la MLS volvió a ser exitoso pero no aplastante. Luego, en los cuartos, el factor cancha se diluyó: tres de los cuatro partidos se disputaron en sedes neutrales.
El caso que dejó una señal más incómoda fue el del Chicago Fire. Aunque su eliminatoria fue la excepción respecto a la neutralidad, el equipo no pudo usar su escenario habitual: el partido contra Monterrey se jugó en el SeatGeek Stadium, en Bridgeview, Illinois, en lugar de Soldier Field. El resultado fue 2-1 para Monterrey, en un cruce donde precisamente la pérdida de localía terminó siendo clave para que los mexicanos tomaran ventaja.
Pero el golpe no se limita a lo deportivo. También se notó en las gradas. Dos de los cuartos de final tuvieron entradas menores a 10.000 espectadores: Toluca y Austin FC se enfrentaron en Harrison, Nueva Jersey, y Real Salt Lake con León lo hicieron en Commerce City, Colorado. El partido América vs. Columbus Crew, en el Dignity Health Sports Park de Carson, California, registró una asistencia anunciada de 20.637, aunque con un panorama poco alentador en el sector superior, con gran parte del graderío vacío.
Para muchos, esas imágenes se suman a la sensación de que la Leagues Cup está “rota” en su propuesta competitiva y en su capacidad de generar impacto real. La idea original tenía sentido: capitalizar la rivalidad entre Estados Unidos y México y, a la vez, ofrecer contenido controlado por los organizadores para las transmisiones. Sin embargo, el formato de la fase de liga plantea un problema: aunque MLS y Liga MX aparecen en tablas separadas, los equipos no compiten entre sí dentro de su propio grupo. Es decir, MLS juega solo contra clubes de Liga MX y viceversa, lo que limita la comparación directa que normalmente permite definir con claridad cuáles son los mejores.
Ese diseño también introduce una variabilidad que puede impedir que emerjan los equipos más sólidos. En los cuartos de MLS, por ejemplo, no todos atravesaban el mejor momento en su liga: de los cuatro clasificados, solo Chicago estaba en la mitad superior de su conferencia; Real Salt Lake se ubicaba en octavo, Austin se encontraba último en el Oeste y Columbus ocupaba la segunda posición desde el fondo en el Este. Aunque la MLS logró los resultados necesarios para llegar, el salto a eliminatoria —y la menor disponibilidad de localía— vuelve a ponerlos frente a un escenario donde la calidad de Liga MX se impone con más frecuencia.
Más allá del rendimiento, también aparece una lectura sobre saturación de la rivalidad. La atención que la confrontación nacional suele generar está garantizada —y de hecho se menciona que el 3 de octubre habrá un duelo entre las selecciones en Phoenix que probablemente agotará localidades—, pero trasladar ese nivel de emoción a nivel de clubes requiere crecimiento orgánico que no siempre se puede “fabricar” con calendario y formato. Las cifras de asistencia en algunos estadios alimentan la preocupación sobre la tracción del torneo cuando la expectativa ya no es tan inmediata.
El torneo tomó impulso en 2024 con un contexto particular: Lionel Messi acababa de llegar a Inter Miami y el interés por ver al astro en acción disparó la demanda. Con el paso del tiempo, sin embargo, la novedad se desgasta. La preocupación es que, si Messi no está en cancha, la Leagues Cup termine pareciéndose a otras competiciones domésticas por su nivel de relevancia mediática, perdiendo el “efecto evento” que la diferenciaba.
De cara al futuro, las soluciones que se plantean pasan por ajustar el formato y también por mejorar la experiencia en sedes para que el torneo no dependa de circunstancias externas. Se señala además que el calendario ya está cargado y que algunos equipos priorizan la liga, mientras otros le dan más importancia al torneo. En ese sentido, el cambio de temporada de MLS hacia un modelo verano/primavera podría modificar el papel de la Leagues Cup si se juega al inicio y permite que más plantillas la tomen como un objetivo temprano.
Por ahora, el mensaje de esta semana es claro: mientras la Liga MX siga imponiéndose en cuartos y la MLS enfrente dificultades para sostener ventaja cuando se reduce el factor local, el debate sobre el nivel real del torneo seguirá creciendo. Sin cambios que mejoren competitividad y atractivo, la Leagues Cup corre el riesgo de seguir deslizándose hacia una irrelevancia mayor, justo cuando su razón de ser era potenciar una rivalidad que, en el papel, debería ser una fiesta.