Roberto Mancini vuelve a ponerse al frente de Italia con una misión tan compleja como urgente: reconstruir una selección golpeada por la ausencia en un tercer Mundial consecutivo y recuperar la confianza de una afición que no le perdona su salida de agosto de 2023 para dirigir a Arabia Saudí.
El técnico, campeón de la Eurocopa en Wembley en 2021, había dejado el cargo de forma inesperada y asumió el proyecto saudí apenas dos semanas después. La federación italiana decidió devolverle el puesto en julio, convencida de que el exentrenador de Inter y Manchester City puede reactivar a un grupo inmerso en una profunda crisis deportiva.
Mancini no pretende escudarse en el título continental para reclamar paciencia. “No tengo ningún crédito; aquello pertenece al pasado y ya no vale”, reconoció al asumir que una parte importante de los seguidores mantiene su malestar por su marcha. El seleccionador considera legítima esa reacción y entiende que deberá responder con hechos: “Cuando un aficionado se siente traicionado, tiene derecho a enfadarse y hay que aceptarlo. Para recuperarlos debemos hacer las cosas bien y devolver a la selección al sitio que le corresponde”.
Una convocatoria amplia para iniciar la renovación
Para su regreso, Mancini confeccionó una lista ampliada de 34 futbolistas en la que figuran ocho jugadores con opciones de estrenarse con la absoluta. La apuesta por perfiles jóvenes responde a su intención de aliviar el peso psicológico que dejaron los últimos fracasos en las fases de clasificación. El entrenador cree que los recién llegados pueden aportar una libertad competitiva que, en ocasiones, se pierde entre los profesionales más curtidos.
La idea es combinar ese impulso con la experiencia de los referentes del vestuario. Mancini quiere observar de cerca a los jóvenes, conocer su respuesta dentro de la selección y construir una base sólida para el futuro. Destacó que llegan ilusionados, dispuestos a entregarse por la camiseta y con talento suficiente para consolidarse si reciben oportunidades. También se mostró convencido de que Italia conseguirá resultados importantes durante los próximos cuatro años.
El primer examen llegará en una exigente ventana de la Liga de Naciones. Italia recibirá a Bélgica el viernes y se medirá a Turquía tres días más tarde. Después afrontará el duelo ante Francia el 2 de octubre y volverá a enfrentarse a Turquía el 5 de octubre. Un buen recorrido en el torneo sería un paso relevante hacia la fase final de la competición, prevista para junio.
La preparación ya sufrió dos bajas de peso: Federico Dimarco y Bryan Cristante abandonaron la concentración. Sus ausencias permitieron las incorporaciones de Matteo Ruggeri y Samuele Ricci, quienes tendrán la oportunidad de ganarse un lugar en el nuevo ciclo. Mancini exigirá la máxima implicación a todos mientras intenta moldear una Italia competitiva, con la vista puesta en volver a Wembley para disputar la final de la Eurocopa 2028.