Marineros celebran, pero Cal se exige más tras dura derrota del domingo
CLEVELAND—El dugout de los Marineros estalló en una celebración. Era una alegría de buen humor, con ese toque de autocrítica que suele aparecer cuando el alivio llega por fin… aunque, con el paso de las jugadas, resultó demasiado temprano.
El festejo nació tras lo ocurrido en las últimas dos semanas, pero la lectura con perspectiva terminó dejando claro que el desenlace del domingo no iba a ser tan favorable como se imaginó en ese momento. Y lo que parecía una chispa de esperanza se convirtió en una advertencia: el juego todavía les quedaba grande.
Quick facts
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La jugada que encendió la fiesta fue un sencillo por la infield en el sexto inning. Julio Rodríguez lo puso en marcha al correrlo hasta la línea, y esa carrera—combinada con un resbalón defensivo del segunda base de Cleveland, Travis Bazzana—terminó empujando a Victor Robles luego de que este avanzara con robo de segunda y tercera.
Con ese batazo corredor, Seattle sumó su cuarta carrera del día. Aun así, esa cifra no había aparecido en un solo partido para los Marineros desde el 12 de junio, lo que hacía el momento todavía más significativo.
Sin embargo, el avance no alcanzó. La razón fue un desastre desde el bullpen, que derivó en un escenario más duro de lo esperado: el equipo terminó destacando el contraste entre lo que generó y lo que no pudo convertir. En total, Seattle dejó en base a 14 corredores y además firmó un pésimo 2 de 14 con hombres en posición anotadora.
“Tenemos que mantener el pie en el acelerador; esa es la historia del juego”, dijo Cal Raleigh, en una frase que también sonó a intento por repartir parte de la responsabilidad, incluyendo al mánager Dan Wilson y a los relevistas de baja presión que terminaron cediendo un rally de cinco carreras en el octavo inning decisivo.
“Tenemos que jugar los nueve innings completos. Salir al campo listos para competir dos, tres horas al día, no una hora y media. Eso es lo que yo vi. Y tenemos que hacerlo mejor, empezando por mí”, agregó.
Lo que pasó el fin de semana
La reflexión de Raleigh se entiende mejor si se mira lo ocurrido el sábado y el domingo, porque ambos partidos tuvieron un patrón de “casi” y de oportunidades desperdiciadas en momentos clave.
El sábado, los Marineros estuvieron cerca de quedarse sin anotaciones hasta que reaccionaron en el octavo inning. Allí, Randy Arozarena conectó un jonrón de tres carreras para acercarlos por solo una. Pero apenas acabó ese impulso, el equipo volvió a fallar: dejó varados los corredores del empate y de la ventaja en ese mismo tramo, y luego repitió la misma historia en el noveno.
El domingo, Seattle sí estuvo por delante durante gran parte de la tarde, impulsado por el buen regreso de Emerson Hancock y por el hecho de que su ofensiva consiguió embasarse en los nueve innings. No obstante, el guion cambió con rapidez: cuando Michael Rucker y Josh Simpson permitieron el rally de cinco, las opciones de remontada se redujeron a solo tres outs para que la ofensiva concretara el golpe final.
Milagrosamente, lo intentaron. Lograron descontar con una carrera por error, colocaron a los corredores del empate y de la ventaja en posición de anotar, pero no alcanzó el tiempo. La remontada se quedó corta y el partido se les fue.
“Tenemos que aprender de esto. Tenemos que armar mejores nueve entradas que las que estamos haciendo ahora. Tienes que jugar los nueve innings con toda la energía, y con hambre de rascar carreras, porque nunca sabes cuándo necesitarás esa anotación extra”, sentenció Raleigh.
En Progressive Field sí hubo señales de una ofensiva más productiva durante el fin de semana. Los Marineros elevaron su promedio al .252, por encima del .232 que tenían como promedio de temporada. Además, su porcentaje de embasarse subió a .353, desde el .313 del año.
Aun así, faltó el ingrediente que ha marcado su éxito—y también sus tropiezos: el poder. Seattle apenas fabricó cinco hits de extra base en 123 turnos, lo que se tradujo en un slugging de .336.
El domingo, la sequía de jonrones pesó. En lo que va de la campaña, cayeron 6-22 en partidos donde no conectaron cuadrangulares.
Y el contexto general tampoco ayuda: en junio han pegado 26 jonrones, una cifra que los dejó empatados en el lugar 24 de las Mayores, mientras que en mayo tuvieron 42, empatados por el máximo. Con ese contraste, la presión para fabricar carreras de otras maneras se vuelve más grande.
Rodríguez resumió el mensaje con una idea simple: “Baja la cabeza, mantén una buena estrategia, sigue poniendo la pelota en juego, y creo que las cosas van a pasar”.
Mirando desde el 12 de junio—cuando tuvieron su juego más reciente con más de cuatro carreras—Seattle marcha con .183 de promedio, un OPS de .520 y apenas dos jonrones con corredores en posición anotadora.
Raleigh volvió a insistir en lo mental y en la ejecución: “Todos tenemos que hacer un mejor trabajo ejecutando cuando hay gente en base, y mantener disciplina mental, fuerza mental para responder en esos instantes. No te lo van a regalar”.
Estas declaraciones de Raleigh llegaron como vocero del equipo tras una derrota especialmente dura. Aunque él ya ha asumido ese rol durante años, en 2026 el peso parece mayor, porque también ha tenido sus propias dificultades.
Incluso cuando el club necesita aportes de todos para convertir oportunidades en carreras, el caso de Raleigh resalta. Desde que regresó de la lista de lesionados el 16 de junio, su porcentaje de slugging ha sido de .282.
Y él lo tiene claro: “Creo que falta esa disciplina para mantenerse en el centro del campo, no agrandarse, y a veces sacrificarte como bateador para hacer lo que más le conviene al equipo. Pienso que todos podemos hacerlo mejor, como dije, empezando por mí”.