Marruecos ya está clasificado: ahora toca elevar el nivel rumbo a octavos
Marruecos llegó a Atlanta (Georgia) con el sello de “tapado” en el Mundial, y en este torneo lo ha llevado casi al extremo: a ratos parece jugar dentro de su propia zona de confort para pasar desapercibido, aunque de vez en cuando se asoma una versión brillante. La realidad es que ya aseguró el pase desde el Grupo C y ahora se enfoca en el cruce de octavos de final, donde su margen de error será mucho menor.
Clasificación asegurada y el cruce de octavos ante Europa
El equipo dirigido por Mohamed Ouahbi, designado en marzo, terminó su participación en la fase de grupos con lo suficiente para avanzar desde el Grupo C. En la ronda de dieciseisavos se medirá en Monterrey, México, el 29 de junio, ante el ganador de una llave que saldrá del enfrentamiento entre Países Bajos, Japón o Suecia.
El propio Ouahbi dejó claro el mensaje tras el triunfo: “Estoy contento, acabamos de ganar un partido del Mundial”. También reconoció lo irregular que puede volverse el juego cuando el rival logra convertir: “Tuvimos mucha posesión y muchas ocasiones. Ellos anotaron dos goles y además generaron dos llegadas más, y en ciertos tramos deberíamos haber administrado mejor el partido. La mayor parte del encuentro estuvimos encima”.
En el balance, Marruecos se sostiene por lo que sí hizo bien y por lo que todavía le falta. La clasificación evita que los rivales lo subestimen en la fase eliminatoria, pero al mismo tiempo abre una puerta de esperanza para cualquiera que enfrente a este conjunto: en algunos pasajes del torneo se ha mostrado incómodo y desordenado.
La victoria ante Haití: destellos, control y un partido con matices
En la jornada del miércoles, Marruecos venció 4-2 a Haití, un resultado que resume tanto el potencial como las dudas. Hubo destellos de calidad —como en el arranque y los momentos de dominación—, aunque también se notaron tramos deslucidos en cada uno de los partidos de grupo.
El gol que marcó el rumbo del encuentro llegó tras una diana temprana de Haití. Desde ahí, Brahim Díaz tomó el control ofensivo con una jugada característica: encontró espacio en el centro, se giró con rapidez y envió un pase en dirección al costado izquierdo. Cuando el centro cayó dentro del área, Achraf Hakimi apareció con velocidad desde la posición de lateral derecho para darle el toque final y encender la reacción marroquí.
Ouahbi llegó con una idea de juego más amplia en comparación con la etapa de Walid Regragui, entrenador que llevó a Marruecos a semifinales en Qatar. En ese sentido, el tanto de Hakimi funcionó como una especie de “visión llevada al campo”: intención ofensiva, lectura de espacios y ejecución en el área.
Qué se vio como positivo y qué se debe mejorar
- Marruecos mostró capacidad para competir con rivales fuertes desde el primer tiempo, como cuando dejó a Brasil sin margen en el inicio del torneo en Nueva York.
- Ante Escocia, el equipo generó suficientes ocasiones como para haber ganado con mayor diferencia, aunque no cerró la historia con contundencia.
- Contra Haití, pese a que el rival se adelantó, Marruecos reaccionó con juego colectivo y llegó con peligro al área.
- El problema recurrente aparece cuando se pierde el control por ratos: el equipo puede volverse frágil y permitir que el rival convierta y se acerque demasiado.
- En eliminación directa, donde “los errores cuestan”, el reto será sostener lo bueno de manera más constante.
Momentos y contexto de la serie ante Haití
| Marcador | Rival | Resultado |
|---|---|---|
| En el Mundial | Haití | 4-2 para Marruecos |
La ambición marroquí y el recuerdo haitiano: orgullo aunque se acabe
Más allá del objetivo deportivo, Ouahbi también habló de mentalidad. Sugirió que el ingrediente que falta es creer de verdad en que el grupo puede volver a alcanzar instancias decisivas: “Antes del Mundial dije que Marruecos entró en una dimensión nueva tras Qatar. Somos parte de un nuevo impulso y necesitamos creer en el título como posibilidad”.
Y remató con una afirmación directa: “Tenemos los elementos que hacen falta para convertirnos en la mejor selección. Necesitamos creer en ello”.
Haití, por su parte, encarna otra clase de Mundial: el torneo como una suma de instantes. No llegaron con la idea de conquistar el certamen, pero tras no participar en una Copa del Mundo desde 1974, querían vivir recuerdos. Frente a Marruecos, consiguieron dos.
Durante el proceso, Haití jugó bien por tramos contra Escocia y Brasil, aunque no logró convertir. Esta vez, cuando su primer gol llegó el miércoles, el ambiente en el estadio de Atlanta fue una fiesta total: miles de aficionados dentro del recinto, algunos con tambores y trompetas, celebraron incluso un tanto propio ocurrido por Yassine Bounou. Para ellos, fue como si fuese el gol más hermoso de su historia.
Pero la celebración tuvo todavía un capítulo más impactante. Con el marcador 1-1, el delantero de Sunderland, Wilson Isidor, tomó el balón fuera del área, acomodó la pelota con un toque y descargó un remate hacia la esquina superior con una potencia tan grande que dejó helado a cualquiera. El gol fue tan bueno y tan inesperado que tardó apenas un segundo la grada en reaccionar. Después, estalló el estadio: el ruido fue suficiente para sacudir los asientos y levantar el techo.
Uno de los hinchas haitianos, totalmente conmocionado, se quedó inmóvil con la boca abierta y las manos en la cabeza. Fue el tipo de escena que quienes tuvieron la suerte de estar en Atlanta no olvidarán.
Para la afición vestida de azul, el resultado final terminó siendo secundario. El recuerdo quedó asociado a esa jugada: el momento en que Isidor estuvo a punto de romper el arco. “Logramos demostrar que somos merecedores de esta clasificación”, dijo el entrenador de Haití, Sebastien Migne. “Necesitamos mejorar y no esperar otros 52 años. Es un periodo largo. Tuvimos que responder al desafío y fue mucho para nosotros”.
Lo que viene para Marruecos y el aviso que deja el torneo
Mientras Haití ya inicia el regreso, Marruecos continúa el camino. El plantel tiene recursos para repetir lo que logró en Qatar hace cuatro años: Hakimi es uno de los laterales derechos más destacados del mundo, Díaz es un generador de peligro constante y Ismael Saibari llegó con tres goles en tres partidos.
Si Marruecos logra unir las mejores partes de lo visto ante Brasil, Escocia y Haití, será capaz de complicar a cualquiera en la fase eliminatoria. En cambio, si se sienta, cede la iniciativa, falla oportunidades y permite que se filtren errores defensivos, el Mundial podría cerrarse antes de lo esperado.
La conclusión es clara: Marruecos tendrá que “ser Marruecos” de verdad muy pronto. El primer paso ya está definido: preparar el cruce del 29 de junio en Monterrey y demostrar que el talento no solo aparece por momentos.