México ilusiona con su estreno mundialista: invicto y 15 goles a favor
Javier “Vasco” Aguirre difícilmente habría imaginado un escenario más ilusionante para su estreno mundialista: México llega al Mundial de 2026 invicto, con 15 goles a favor y apenas dos en contra. El arranque ilustra el momento que vive El Tri y, sobre todo, la idea de juego que el entrenador ha logrado consolidar.
Lo más llamativo es que el equipo parece reflejar el carácter de su técnico. En la parte defensiva se muestra intensidad y orden; en ataque, planificación y estructura; y en lo emocional, una conexión clara con la relevancia del instante. México no aterriza con el desorden que en otras ocasiones acompañó a la selección en torneos grandes. Ahora hay ritmo, hay profundidad y también competencia real por los puestos. Aguirre, además, transmite la sensación de que la parte más compleja —recuperar el orgullo y la convicción alrededor de El Tri— ya empezó a asentarse.
Tras el triunfo 5-1 sobre Serbia, Aguirre habló de un proceso largo y de decisiones que no fueron sencillas. “Llevamos preparando esto durante 22 meses y no creo que haya sido fácil definir la lista final”, señaló. “Hubo muchos tropiezos en el camino, con 12 jugadores lesionados, pero más allá del resultado, siento que estamos en crecimiento”.
El estratega también subrayó que el equipo llega en condiciones favorables: “Llegamos bien físicamente, con buen ánimo, hemos recuperado futbolistas y arribamos a este momento de la mejor manera. Los 26 jugadores me abren un abanico amplio de opciones. No percibo debilidades ni dificultades en ninguna posición”.
Esa confianza se ve reflejada en la convocatoria elegida: una mezcla de futbolistas con trayectoria, jóvenes con hambre y piezas que han logrado ganarse su lugar en el momento justo. Además, el calendario tiene un guiño histórico. Hace 16 años, en la misma fecha, Sudáfrica y México inauguraron el Mundial de 2010 en Johannesburgo. Ahora el relato regresa: Aguirre lidera a México en el Estadio Azteca, en lo que podría ser su gran acto final con la selección.
El Tri recibe a Sudáfrica con un plan y un peso extra en el banquillo
En los recorridos mundialistas de México desde 1998, la figura de Rafa Márquez ha estado presente en casi todo. La excepción fue Qatar 2022. Su ausencia en esta edición se siente, y más todavía si se recuerda lo ocurrido: en el único Mundial de este siglo donde Márquez no participó, El Tri firmó su peor actuación moderna, quedando eliminado en fase de grupos por primera vez desde 1978. Esta vez no estará dentro del terreno con la camiseta, pero sí acompañará a Javier Aguirre desde el costado, aportando indicaciones y colaborando en la manera en que México afronta cada partido.
Se espera que Márquez tome las riendas de la selección una vez termine este ciclo mundialista, lo que suma una capa adicional a su rol durante el verano. Aguirre continúa como máximo responsable, pero ya no se trata únicamente de observar y aprender: la influencia del exfutbolista empieza a hacerse más visible.
“La evolución de Rafa ha sido enorme. El primer Rafa que llegó quería asentarse y mirar, pero ahora lo ves entrenar y te das cuenta de que ‘este tipo es entrenador’. Yo me haré a un lado y él tomará el relevo. No veo un problema grande con eso”, afirmó Aguirre la semana pasada en Toluca.
Márquez encarna los mejores recuerdos mundialistas de México, pero también sus frustraciones más profundas. Ha vivido la gloria, las eliminaciones dolorosas, la presión, las críticas y el peso completo de representar a El Tri. Por eso, su voz tiene autoridad real en un vestidor compuesto por futbolistas que crecieron viendo cómo lideraba al equipo.
Eso sí, no parece que Márquez vaya a tomar decisiones determinantes en el Mundial. Aguirre sigue controlando el día a día y la planificación. Sin embargo, habrá momentos donde, especialmente en partidos en los que México controle el balón, se note con claridad su influencia. Sudáfrica podría ser la primera prueba de ello.
En el frente ofensivo, la historia reciente también suma emoción. Después de guiar a México a su primer título de la Liga de Naciones de la CONCACAF en 2025, Raúl Jiménez vivió una carga emocional importante. En aquella fase final, fue la figura: convirtió los cuatro goles del equipo en el camino y, para él, significó algo cercano al alivio. Tras atravesar tantas cosas, Jiménez por fin compartió el momento de ser el jugador más decisivo de México.
El camino hasta ahí fue especialmente complicado después del golpe en la cabeza que sufrió con Wolves en 2020, en un partido de Premier League ante Arsenal en el Emirates Stadium. Su resurgimiento desde entonces ha sido impactante. Y ahora, entre sus objetivos inmediatos aparece uno claro: iniciar un partido de Mundial con México y marcar.
Antes de la lesión, Jiménez era el jugador clave para el técnico Gerardo “Tata” Martino. El ataque pasaba por él. Con Aguirre sucede algo parecido, sobre todo en los primeros meses de este nuevo proceso, cuando El Tri necesitaba reafirmarse en la región y Jiménez se convirtió en la cara del ascenso. Pero ahora la responsabilidad ya no recae únicamente en él. Han surgido nombres nuevos alrededor, como Julián Quiñones, Brian Gutiérrez y Álvaro Fidalgo. Jiménez ya no tiene que cargar solo el peso del ataque; ahora le toca liderarlo.
Queda por ver cómo celebrará su primer tanto mundialista si llega. Podría haber lágrimas, especialmente después de la reciente pérdida de su padre. El Estadio Azteca fue su primera casa futbolística, y regresar a ese escenario para anotar su primer gol en un Mundial sería un momento que cierra un círculo.
Sudáfrica llega con orden, México con una prueba de ritmo
La preparación de Sudáfrica para el partido inaugural tuvo un sabor claro de CONCACAF, aunque no necesariamente replica exactamente lo que México exigirá en el Estadio Azteca. En marzo, el equipo sudafricano se midió en dos ocasiones con Panamá: primero igualó 1-1 y luego cayó 2-1. Después cerró su etapa de preparación con un 0-0 frente a Nicaragua. Además, de manera reportada, disputó un amistoso de fogueo a puerta cerrada contra Jamaica que terminó 1-1, antes de volcarse por completo en el duelo contra El Tri.
Esos partidos aportaron pruebas físicas y regionales, pero ninguno planteó un desafío que se parezca al que México propone. No en el ritmo, no en la manera de manejar la posesión y no en el uso inteligente de la altitud, el ambiente y la cadencia del encuentro para inclinar el campo a su favor.
Sudáfrica también intentó acelerar su adaptación con una llegada temprana a territorio mexicano. El conjunto dirigido por Hugo Broos arribó a su sede mundialista en Pachuca a inicios de junio, con varios días para ajustarse a las condiciones, antes de viajar a Ciudad de México para el arranque del 11 de junio.
El plantel tiene talento suficiente para incomodar a México si El Tri pierde la paciencia. En el mediocampo, Teboho Mokoena puede marcar momentos; adelante, Lyle Foster funciona como referencia para estirar a las defensas. Además, Oswin Appollis, que anotó ante Panamá, es otra pieza que México deberá vigilar con atención, en especial cuando el partido entre en transiciones.
Sudáfrica no llega con las mismas alternativas ofensivas que México ha probado en los últimos meses, pero sí llega con una estructura defensiva bien trabajada, aclimatada y con capacidad para castigar cualquier error en un debut que impone una presión enorme al anfitrión.
En el lado mexicano, Luis Romo aparece como una de las señales de la evolución del proceso. En lo que va de 2026, ha disputado 260 minutos con Aguirre. No estuvo disponible para los amistosos de marzo ante Bélgica y Portugal, pero el cuerpo técnico no pareció preocuparse en exceso: aun así, lo incluyeron en la lista final, y con el paso de las semanas se entiende por qué.
Romo es, de hecho, quien más ha aprovechado incorporarse temprano al campamento mundialista. En las últimas semanas parece haber recuperado velocidad tras salir de una lesión muscular, y su nivel físico podría volverlo más relevante de lo que muchos imaginaron al principio.
Contra Sudáfrica, donde el rival probablemente priorice el orden defensivo, su presencia podría ser una ventaja. Romo le ofrece a Aguirre un jugador capaz de iniciar ataques con rapidez, sobre todo si México arma con línea de tres. También puede funcionar como factor inesperado: obliga a Sudáfrica a ajustar su lectura de los espacios, porque su movimiento entre líneas y zonas puede desacomodar.
Los pronósticos de alineaciones normalmente no lo contemplan como titular. Sin embargo, por su forma, por su flexibilidad táctica y por el momento que atraviesa, podría terminar entrando de manera sorprendente al once. En el peor escenario, se espera que tenga minutos en el segundo tiempo del partido inaugural.
Romo estuvo en la convocatoria mundialista de 2022, aunque no vio acción. Su debut en un Mundial podría llegar por fin el 11 de junio.
En la historia reciente de México, Giovani dos Santos y Carlos Vela fueron los dos grandes talentos que cargaron con expectativas enormes. Durante años, ambos hicieron soñar a la afición con el salto definitivo. Su calidad nunca estuvo en duda, pero la confirmación goleadora en el Mundial tardó. Dos Santos marcó su primer tanto para México a los 25 en 2014; Vela tuvo que esperar hasta los 29 en 2018.
Ahora surge la pregunta para Gutiérrez: ¿será el siguiente? Podría estrenar su oportunidad mundialista con 22 años. Si anota, lograría algo que ni Gio ni Vela consiguieron en esa edad, aunque ambos debutaron en torneos con Aguirre en 2010.
No es una tarea menor. Los goles en el Mundial son difíciles de conseguir, y para México más aún, considerando que en Qatar 2022 el equipo anotó únicamente dos veces mientras las ideas ofensivas se fueron apagando bajo la presión del torneo. Aun así, Gutiérrez llega a 2026 con impulso real. En los dos amistosos en los que participó firmó un gol y una asistencia, y si el partido ante Serbia es un indicio, tiene posibilidades concretas de convertirse en factor frente al arco.