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Modric sueña con otra despedida: sigue marcando el ritmo de Croacia rumbo al 2026

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
17 junio 2026 7 min de lectura

Luka Modric ya tiene 40 años y, de cara al Mundial de 2026, todo apunta a que podría ser su despedida definitiva tanto con la selección como, incluso, en el fútbol de máximo nivel. Sin embargo, esa misma idea también se instaló antes de la edición anterior… y el mediocampista volvió a responder con una semifinal que sostuvo a Croacia en la cima. Hoy, mientras Lionel Messi y Cristiano Ronaldo ya no ocupan el día a día del fútbol europeo de élite desde hace más de tres temporadas, Modric sigue activo en el gran escenario de la Serie A, defendiendo al AC Milan.

El “reto” constante: cambiar la primera impresión

La carrera de Modric tiene un hilo conductor muy claro: su capacidad para desafiar lo que primero se imagina de él. En el plano de clubes aterrizó en dos instituciones de peso —Tottenham Hotspur y Real Madrid— y en ambos casos recibió críticas fuertes al inicio. Aun así, terminó dejando atrás esas dudas de manera distinta: en el primero, se fue como figura; en el segundo, como una leyenda indiscutible.

Con la selección ocurre algo parecido. Sus primeros pasos en Copas del Mundo fueron, en conjunto, una frustración absoluta. Y cuando parecía que ese destino iba a marcarlo para siempre, cambió el guion: se convirtió, sin matices, en el mejor jugador de la historia de Croacia.

Por eso, esta que muchos consideran su última gran etapa internacional también aparece como una nueva oportunidad para el número 10 de resistirse al desenlace. Compañeros históricos como Ivan Rakitic, Marcelo Brozovic y Dejan Lovren se fueron alejando poco a poco del equipo, y también cerró su ciclo Toni Kroos, su socio en el mediocampo del Real Madrid. Aun así, Modric decidió continuar para guiar a una nueva camada de croatas que lo mira como faro. En la cancha, además, sigue aportando argumentos para que su continuidad no sea solo una declaración de intención, sino una realidad futbolística.

Croacia en el Mundial: extremos, pero presencia asegurada

La historia mundialista de Croacia, que nace tras la independencia de Yugoslavia a inicios de los años 90 en plena guerra civil, se escribe entre extremos. En sus seis participaciones en la Copa del Mundo ha alternado dos caminos: o termina en el podio o se despide en fase de grupos. A pesar de esa volatilidad, hay algo que no cambia: su asistencia está garantizada con regularidad. Desde que ingresó a la FIFA en 1994, solo se perdió el Mundial en una única ocasión.

De la ilusión inaugural al golpe temprano

Modric creció con el peso de la situación que atravesaron los países balcánicos durante su infancia, un contexto que alimentó el sentido de pertenencia hacia su tierra. En una carta que publicó en The Players’ Tribune, recordó el día en que recibió por primera vez la camiseta a cuadros rojo y blanco, justo a tiempo para Francia 1998, como uno de sus momentos más preciados.

Aquel equipo se construyó con estrellas como Zvonimir Boban, Robert Prosinecki y Davor Suker. Croacia debutó en el torneo de forma histórica: eliminó a Alemania y a Países Bajos, y empujó a los anfitriones hasta el límite en la ruta hacia un tercer puesto impensable.

2006 y 2010: la frustración se repite

Cuando Modric fue convocado por primera vez para un Mundial en 2006, el panorama no ilusionaba igual. Cuatro años después, ya en Corea del Sur y Japón y con cambios en el plantel —aunque con Suker y su socio de ataque, Alen Boksic— Croacia no logró salir de un grupo con México, Italia y Ecuador.

De cara al Mundial de Alemania, todavía había algunos héroes de 1998 en la lista, como Igor Tudor y Dario Simic, pero el rendimiento volvió a quedar por debajo de lo esperado. Modric disfrutó sus primeros minutos ante Japón y Australia, aunque no pudo evitar otra eliminación temprana: esta vez, además, con un sabor aún más humillante por la forma en que se dio frente a su rival.

2010-2014: talento con resultados que no terminan de llegar

En los años siguientes, Modric terminó consolidándose como el punto de referencia de una selección en la que el nivel individual no se traducía siempre en resultados. Con Slaven Bilic al mando, el conjunto no alcanzó el Mundial de Sudáfrica en 2010 tras finalizar tercero en su grupo de clasificación, un punto por detrás de Ucrania.

Más adelante, con Niko Kovac dirigiendo, Croacia sí obtuvo el boleto para la Eurocopa 2012 y volvió al Mundial en 2014, pero no logró superar la fase de grupos en ninguno de los dos torneos. El reloj empezaba a correr para él y para otros talentos como Rakitic, Mario Mandzukic e Ivan Perisic, que buscaban dejar huella como lo hicieron los que los precedieron.

Rusia 2018: el quiebre que lo cambió todo

En 2018, todo parecía indicar que la historia se repetiría: un proceso de clasificación caótico, con Croacia sin poder ganarle a Islandia, Turquía y Finlandia. Ya con el rol de capitán, Modric manifestó abiertamente su falta de confianza en el entrenador Ante Cacic. El técnico fue reemplazado, de manera temporal, por Zlatko Dalic. Así y todo, el equipo apenas logró meterse al Mundial y terminó en un grupo complicado con Islandia, Nigeria y Argentina.

  • En los primeros días del torneo en Rusia apareció una crisis interna: una discusión por negarse a jugar el partido inaugural ante Nigeria provocó que el delantero Nikola Kalinic quedara fuera de la convocatoria.
  • Desde entonces, Croacia tuvo que disputar el resto del Mundial con un hombre menos durante buena parte de los tramos, obligada por una baja temprana.

Con todo, el duelo ante la Albiceleste se convirtió en un punto de inflexión. Los dirigidos por Dalic aprovecharon el desorden de un rival manejado por Jorge Sampaoli y dominaron desde el inicio hasta el final. Modric fue clave en el desarrollo y, además, marcó con un disparo potente desde media distancia que Willy Caballero no alcanzó a detener. Por primera vez en su historia, Croacia terminó la fase de grupos con puntaje perfecto y, a partir de ahí, nada pareció detenerla.

Partidos de resistencia y otra vez desde el punto penal

A medida que avanzaron las rondas, el equipo construyó una reputación: luchar hasta el final en cada partido, incluso cuando el guion se volvía adverso. En todos los cruces con prórroga, el camino se definió con intensidad. Primero necesitó penales para superar la solidez defensiva de Dinamarca y luego repitió el procedimiento contra el anfitrión y sorpresa del torneo, Rusia. En ese clásico, el encuentro terminó 2-2 y Danijel Subasic volvió a convertirse en héroe desde los 12 pasos.

Inglaterra en semifinal: un final histórico

Por tercera vez consecutiva, Croacia alcanzó semifinales. Esta vez, el rival fue Inglaterra, un conjunto joven y con ilusión. Un gol de Kieran Trippier en un balón parado —gracias a un lanzamiento libre brillante— puso por delante al equipo de Gareth Southgate. Sin embargo, Inglaterra tuvo dificultades para sostener su ventaja mientras Croacia cargaba una y otra vez sobre su área. La insistencia se tradujo en premio: un cabezazo de Perisic igualó el partido, y ya sobre el final de la prórroga, Mandzukic apareció para aprovechar un balón suelto dentro del área, lo mandó a la red y llevó a su país a la primera final mundialista de su historia.

Francia resultó ser un muro demasiado alto para Modric y compañía, reflejado en el 4-2 final. Aun así, el mediocampista recibió un premio enorme: el Balón de Oro del Mundial, entregado al mejor jugador del torneo. Meses después, dio un paso más y ganó el Balón de Oro, rompiendo la hegemonía que durante más de una década habían sostenido Messi y Cristiano.

Qatar y la continuidad: otra generación, el mismo liderazgo

Cuatro años más tarde, los pronósticos cambiaron. El nuevo grupo croata ya había escrito su nombre en la historia y, con gran parte del núcleo intacto, surgía la oportunidad de mejorar lo logrado por aquella selección de Boban, Suker y Prosinecki. Con 37 años, Modric ya había construido una carrera indiscutible en el Real Madrid, coronada con su quinto título de Champions League con el club al cierre de la temporada 2021-22.

De nuevo, Croacia recibió un sorteo exigente con Marruecos, Bélgica y Canadá. Y de nuevo pasó la prueba, dejando en el camino a otra generación brillante de “Red Devils”. En los cruces, el equipo volvió a exhibir esa mística de pelea: primero para evitar una sorpresa ante Japón, definida desde los penales; y después para tumbar a Brasil, uno de los favoritos, gracias al gol de Bruno Petkovic en la prórroga y a la actuación decisiva de Dominik Livakovic en la tanda de penales.

La semifinal los enfrentó otra vez a Argentina, pero el partido no se pareció al de cuatro años antes: Croacia cayó ante un resultado inverso. Ese choque quedó especialmente marcado por la humillación deportiva del joven Josko Gvardiol a manos de Messi, que entonces contaba con 35 años. Aun así, el equipo alcanzó la inmortalidad que buscaba en el duelo por el tercer puesto, donde volvió a cruzarse con Marruecos. Esta vez, los africanos venían con el impulso de haber eliminado en cadena a España y a Portugal. Además del bronce, Modric se llevó el “Bronze Ball”, como el tercer mejor jugador del torneo.

El plan para 2026: seguir cuando todo invita a retirarse

Con el Mundial de 2026 a punto de comenzar, varios futbolistas que compartieron el proceso glorioso con Modric fueron quedando fuera del recorrido, al entender que su etapa en la cima había llegado a su final lógico. Modric, en cambio, se resiste a la lógica: en sus 40 años y con la posibilidad de convertirse en el primer croata en disputar cinco Copas del Mundo, su técnica no se ha apagado, pero tampoco lo ha hecho su ritmo de trabajo, algo que sigue sorprendiendo a observadores de todo tipo.

Y aunque sus logros, su nivel y las barreras que rompió ya cimentan su legado, su objetivo ahora es demostrar que todavía puede sumar tanto como en sus mejores años, justo en un momento en el que la mayoría de sus compañeros ya piensa en la retirada. Pase lo que pase en el próximo Mundial, Modric ya dejó una marca histórica.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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