Ochoa, Zoff, Milla y Mondragón: los mayores de 40 que sueñan en 2026
Antes de la cita mundialista de 2026, solo cuatro futbolistas mayores de 40 años habían disputado un Mundial: Dino Zoff con la selección de Italia como capitán al levantar el trofeo en 1982; Roger Milla, cuya celebración junto al banderín terminó por volverse símbolo en 1994 con Camerún; y Faryd Mondragón, que marcó un récord de longevidad con Colombia en 2014, cifra que cuatro años después superó el egipcio Essam El Hadary.
En un guiño claro a la extensión de las carreras en el fútbol actual, el torneo de 2026 reunirá a más jugadores en ese rango de edad que en todas las ediciones anteriores sumadas. Cristiano Ronaldo, Luka Modrić, Edin Džeko, Manuel Neuer, Fernando Muslera, Craig Gordon, Sebastián Soria, Vozinha, y también Guillermo Ochoa, quien cumplirá 41 años durante la competencia.
El arquero mexicano se ha transformado en un ídolo de culto en los Mundiales. Tanto que, comparado con su impacto con la selección, su trayectoria de clubes queda en un segundo plano para muchos aficionados, sobre todo en sus etapas europeas. Cada cuatro años, el público se acostumbró a ver a “Memo”, con el cabello recogido y retenido por una diadema, protagonizando atajadas espectaculares ante rivales de élite. Y cuando todo parecía indicar que su mejor etapa internacional había quedado atrás, el destino le ofreció una oportunidad casi única: convertirse en uno de los tres jugadores que disputarán seis ediciones del torneo.
Con el tiempo se sabrá en qué lugar Ochoa termina ubicándose dentro de la lista histórica de grandes porteros de México, un linaje que incluye nombres como Antonio Carbajal, Jorge Campos, Oswaldo Sánchez y Óscar “Conejo” Pérez. No obstante, esta Copa del Mundo señalará el cierre de una carrera emblemática, con un broche adicional: su último acto llegará en casa, ante su propia gente. La idea es que el desenlace sea soñado, alimentado por el deseo de repetir lo que logró el Tri en los dos torneos anteriores organizados por México, cuando alcanzó los cuartos de final.
Un debut largamente esperado
A diferencia del camino habitual para los guardametas, que casi siempre consolidan la titularidad de manera regular en su segunda mitad de la veintena, el ascenso de Ochoa fue meteórico. Su estreno no pudo ser más exigente: con apenas 18 años tuvo que reemplazar a Adolfo Ríos por una lesión, en el América, un club con una presión constante e implacable. Su irrupción fue tan contundente que fue elegido Novato del Año de la Liga MX en el certamen 2003-04 y, de inmediato, fue nombrado capitán de la selección Sub-20.
Los años previos al Mundial de 2006 lo colocaron como la gran esperanza del arco mexicano. Tuvo un papel clave en la conquista del título del Clausura 2005 con las Águilas, lo que provocó que el técnico Ricardo La Volpe lo convocara, con solo 20 años, como uno de los tres porteros que viajarían a Alemania. Aunque en el torneo permaneció en el banquillo detrás de Oswaldo Sánchez y José de Jesús Corona, la expectativa era alta: pronto debía hacerse con el puesto para los años siguientes.
En efecto, durante los cuatro cursos posteriores “Memo” siguió acumulando hitos. Conquistó un título continental primero con su club en 2006 y después con México en 2009, además de sujetar una campaña de la Copa de Oro en la que recibió únicamente dos goles. Incluso llegó a usar el gafete de capitán en varias ocasiones en un periodo especialmente convulso para la selección, cuando pasaron tres entrenadores distintos por el banquillo.
Todo parecía encaminado a que Sudáfrica 2010 fuera el Mundial debut para un portero de 24 años que ya sumaba una experiencia importante entre los postes. Sin embargo, tras una actuación floja en un amistoso ante Corea del Norte, el entrenador Javier Aguirre sorprendió al entorno: decidió volver a elegir a Conejo Pérez, su arquero preferido del Mundial de 2002, para retomar el once inicial, a pesar de que Ochoa había sido titular durante el segundo tramo de Aguirre al frente del equipo. Así, el Mundial se cerró con el mismo guion: eliminación en octavos ante Argentina y cero minutos para Ochoa.
Rugido, ruptura y consolidación
Los años después de ese golpe no fueron sencillos para “Memo”. Recuperó la titularidad de inmediato tras el Mundial, pero su siguiente gran cita, la Copa de Oro de la Concacaf 2011, se vio truncada por un resultado positivo en un control antidopaje. Aunque luego se retiraron los cargos, su aventura en el torneo terminó después del primer partido. Más adelante, en el plano de clubes, el arquero dio por fin el salto que esperaba al fútbol europeo al firmar con el Ajaccio, en Francia.
Más allá de ese capítulo, el camino de México hacia el siguiente Mundial fue, probablemente, el más tenso de los últimos años. En la fase final de clasificación, un año durísimo con cuatro técnicos distintos en el mismo periodo, el equipo atravesó una campaña marcada por una derrota dolorosa ante Honduras en el Estadio Azteca, apenas la segunda caída como local en la historia del proceso. México estuvo a punto de quedarse fuera, pero dos goles agónicos de Estados Unidos sobre Panamá rescataron al Tri, permitiéndole ir a una repesca intercontinental donde superó con comodidad a Nueva Zelanda.
A pesar del rescate, la delegación llegó a Brasil 2014 con dudas encima y con expectativas bajas, sobre todo por el sorteo: compartirían grupo con el anfitrión, Croacia y Camerún. Sin embargo, tras los amargos tropiezos de las dos ediciones previas, Ochoa tomó su debut como una oportunidad definitiva y la aprovechó de forma notable.
Su estreno contra los africanos no tuvo sobresaltos: dejó su arco en cero en una victoria 1-0. Pero su llegada real se dio en el siguiente duelo, ante la Canarinha. Ahí, “Memo” ofreció lo que después describió como “el partido de su vida” en un empate sin goles, obteniendo el premio al Jugador del Partido tras registrar cuatro atajadas de alto nivel. Una de ellas —una intervención acrobática sobre la línea para evitar un cabezazo de Neymar— disparó comparaciones inmediatas con la leyenda de Gordon Banks, recordada por su gran tapada a Pelé en 1970, considerada históricamente como una de las mejores de todos los tiempos.
Después, Ochoa volvió a firmar una actuación histórica y, de nuevo, fue elegido el Jugador del Partido en el choque de octavos ante Países Bajos, aunque el encuentro terminó con un desenlace cruel por la caída tardía del equipo. Aun así, su exhibición en el escenario más grande del fútbol lo asentó como uno de los mejores porteros para detener disparos en el planeta. Ese rendimiento le abrió puertas en LaLiga con el Málaga y lo consolidó como un símbolo fijo del Tri, sosteniendo al equipo durante un nuevo título de la Copa de Oro en 2015 y siendo pieza clave en el trayecto hacia otra Copa del Mundo en 2018, con metas todavía más altas.
En Rusia, a diferencia de lo vivido en Brasil, esas expectativas estuvieron cerca de cumplirse. El debut del equipo dirigido por Juan Carlos Osorio dejó uno de los resultados más grandes en la historia del fútbol del país: una victoria 1-0 imposible y memorable ante el campeón defensor, Alemania. Otra vez, Ochoa firmó una actuación para la historia: nueve atajadas, con una intervención sobresaliente con la punta de los dedos para desviar un tiro libre de Toni Kroos que terminó en el travesaño. Aunque el torneo volvió a cerrarse en octavos con un desenlace conocido, “Memo” salió con 25 atajadas en el certamen, solo dos menos que Thibaut Courtois, de Bélgica, pese a disputar cuatro partidos menos.
Una despedida amarga… y una nueva oportunidad
Tras su participación en Rusia, Ochoa continuó sumando capítulos a su legado con la selección. Encadenó otra campaña exitosa para conquistar la Copa de Oro 2019, con intervenciones clave en semifinales ante Costa Rica y en la final ante Estados Unidos. Dos años después, fue elegido como uno de los tres futbolistas mayores para los Juegos Olímpicos de Tokio, donde México se llevó la medalla de bronce.
Pero esos logros no impidieron que la preparación para Qatar 2022 cayera en una inestabilidad parecida a la ya conocida. Gerardo “Tata” Martino soportó críticas constantes durante sus tres años de mandato, atravesando derrotas dolorosas tanto en la Copa de Oro como en la Liga de Naciones. Eso puso una presión enorme sobre el equipo para avanzar desde un grupo con Polonia, Argentina y Arabia Saudita.
Aun con la incertidumbre previa, “Memo” arrancó el Mundial con el nivel de elite que había mostrado en anteriores ediciones. Fue nombrado Jugador del Partido en el duelo inicial ante Polonia, con lo que aseguró un empate 0-0 impulsado por una atajada crucial a un penal ejecutado por Robert Lewandowski. Sin embargo, el romance del torneo no se extendió más allá de ese primer compromiso.
El segundo partido de fase de grupos contra Argentina terminó con una derrota severa por 2-0, reavivando la ilusión albiceleste tras la sorpresa que había significado su caída ante Arabia Saudita y obligando al Tri a ganar a los saudíes, mientras esperaba una caída importante de Polonia. El 2-0 también parecía abrir una ventana de esperanza por el resultado paralelo, y México parecía encaminado a avanzar si se repetía el marcador en su propio juego. Pero, ya en el tiempo añadido, ocurrió lo impensable: Ochoa dudó. Una reacción suelta del portero y su defensa permitió que Salem Al-Dawsari entrara al área y firmara un golpe devastador que selló la primera eliminación del Tri en fase de grupos desde 1978. Con 36 años, todo apuntaba a que esa sería la imagen final del guardameta que tantas veces definió el rumbo de México.
“Memo”, aun así, no quiso interpretarlo como el final. En sus declaraciones inmediatas tras el partido en Qatar, insistió en la idea de construir sobre lo que funcionó sin destruir lo existente: “Hay cosas buenas aquí; no debemos tirar todo por la borda. Hay bases para crecer y recursos para sumar”. Al principio, el tiempo pareció darle la razón: asumió formalmente el rol de capitán después del retiro internacional de Andrés Guardado, y reafirmó su vigencia durante la Copa de Oro 2023, donde obtuvo su quinto título en el certamen, una marca histórica.
Con el paso de los meses, sin embargo, ese trofeo comenzó a sonar más como un epílogo que como el inicio de una nueva etapa. Ese campeonato había llegado bajo Jimmy Lozano, quien también confió en él en Tokio. Luego, tras una Copa América decepcionante —en la que el arquero no estuvo presente— Lozano fue removido y sustituido por… Javier Aguirre, el mismo técnico que había dejado fuera a Ochoa en Sudáfrica 2010. Desde entonces, Ochoa siguió apareciendo con regularidad en las convocatorias, pero solo pisó la cancha con la selección una vez, ya que Aguirre apostó de manera consistente por Luis Malagón, heredero de Ochoa en el América. Parecía que su carrera internacional entraba en un cierre silencioso.
Hasta que llegó lo inesperado. Malagón sufrió una rotura del tendón de Aquiles mientras jugaba con el América, lo que cortó de tajo su sueño mundialista y abrió una puerta para Ochoa. El portero se incorporó a la convocatoria para una campaña histórica de seis Mundiales. En los partidos previos al torneo, Aguirre eligió a Raúl “Tala” Rangel para resguardar el arco, y el guardameta de Chivas entra con la etiqueta de probable titular. Aun así, “Memo” todavía puede alimentar la ilusión de que el técnico repita la decisión correcta esta vez, con el antecedente de un final de película para un icono del balompié mexicano: un Mundial organizado en suelo propio, con despedida que casi nadie se habría atrevido a escribir.