Pulisic, el enigma de EE. UU.: crece la duda tras un Mundial decepcionante
Christian Pulisic nunca ha sido un futbolista “fácil” de leer: no solo dentro del campo, sino también en el entorno que lo rodea. En la selección de Estados Unidos, su figura ha crecido con la esperanza de que algún día se convierta en el referente máximo del programa. Sin embargo, tras una salida poco satisfactoria en la Copa del Mundo, la conversación se volvió más áspera, más personal y, para muchos hinchas, más difícil de cerrar.
Entre la expectativa y los hechos: el debate sobre Pulisic tras la Copa
| Aspecto | Dato clave | Impacto en el debate |
|---|---|---|
| Rendimiento en el torneo | Buenos minutos iniciales ante Paraguay (45’); luego participación intermitente y partidos sin brillo, incluyendo una actuación complicada contra Bélgica. | Se cuestiona su nivel para sostenerse como estrella del Mundial. |
| Lesión | Lesión en la pierna inferior con contusión ósea y microfractura; no aparece de manera confiable. | Afecta su continuidad y alimenta dudas sobre longevidad y excelencia sostenida. |
| Lectura pública | Mensajes minimizadores y comunicados posteriores que se perciben desconectados para parte del entorno. | Genera distancia con hinchas que viven el torneo con máxima intensidad. |
| Mirada a futuro | En cuatro años tendrá 31 años; su rol en el recambio y el peso de su historial de lesiones son inciertos. | Abre la pregunta sobre si el mejor Pulisic y el de la selección aún puede llegar. |
Desde el Mundial, Pulisic ha recibido críticas intensas y, en buena parte, razonables para el contexto. La idea de que “los días malos” también importan forma parte del aprendizaje de cualquier figura pública en el deporte: cuando el equipo falla, el foco no se apaga. Como ocurre con otras leyendas, la fama no se construye solo con picos, sino también con cómo se responde cuando toca sostener el nivel bajo presión.
En el debate también aparecieron voces del fútbol estadounidense que ven problemas alrededor del jugador. Landon Donovan sostuvo que el círculo interno de Pulisic sería un inconveniente. Además, figuras de la selección femenina como Carli Lloyd y Sydney Leroux no habrían disfrutado que el futbolista hablara de descansar por una lesión en la pierna tras la eliminación del equipo. Incluso Tim Howard, mediante una intervención en un podcast, deslizó una idea similar: cuando alguien muestra quién es, conviene creerlo.
Pero, más allá de los señalamientos personales, el argumento central se sostiene sobre hechos concretos. Y esos hechos, después del Mundial, son difíciles de ignorar.
Primero: Pulisic no fue determinante en el torneo. En el debut contra Paraguay jugó 45 minutos de fútbol brillante. Luego, durante la fase de grupos, tardó en volver a sumar minutos: recién apareció dos semanas después, en un duelo contra Türkiye que ya no tenía demasiado en juego. El partido ante Bosnia-Herzegovina fue correcto, aunque sin el impacto que se esperaba. Y el choque contra Bélgica fue el más duro en términos de control: se reporta que perdió el balón en 14 ocasiones, una cifra que se siente como una pesadilla para un jugador llamado a marcar diferencias. La referencia que más se repite como contraste es su presencia al lado de Lionel Messi en campañas publicitarias interminables: en el Mundial, la promesa no alcanzó el mismo nivel.
Segundo: el tema físico pesa. Nadie puede conocer con precisión qué tan afectado está en cada momento, así que no sirve exigir que “aguante” o etiquetarlo con adjetivos que minimicen lo que ocurre. Lo cierto es que en este campeonato sufrió una contusión ósea y una microfractura en la pierna inferior. Esa realidad explica por qué no aparece con la disponibilidad necesaria de manera constante. Y esa falta de continuidad pega tanto en la lectura inmediata del torneo como en discusiones más grandes sobre si es el mejor jugador de la historia del USMNT: la longevidad y la excelencia sostenida son pilares en los argumentos de Donovan y Clint Dempsey.
Tercero: la dimensión “óptica” también entró en la conversación. Parte puede estar fuera de su control, especialmente si hay lesiones. Pero hay elementos que se perciben como evitables. Pulisic se ha presentado, en ocasiones, como un jugador que tiende a minimizar la presión: esa postura, para algunos atletas, ayuda a reducir la carga emocional. El problema aparece cuando ese estilo se traduce en frases que suenan desconectadas. Por ejemplo, cuando se habló de que el Mundial “es solo otro gran torneo”, o cuando, tras la eliminación, en redes sociales sostuvo que era “el comienzo” para el equipo y para el fútbol en Estados Unidos. Para muchos, esa narrativa cae mal si se vive el presente con urgencia: no se siente como arranque, sino como una distancia con la realidad.
Y la realidad es que ese Mundial no representaba el inicio de nada. La mayor parte del plantel también estuvo en la Copa del Mundo de 2022. Además, tampoco era el comienzo para el balompié en el país: el público mostró una intensidad y una pasión enormes en cada partido disputado, mientras el interés general que generó el equipo fue mayor que nunca.
Por eso, la idea de que la Copa del Mundo fue el punto de partida resulta extraña. Este torneo, en teoría, era el techo: un momento ideal para que el grupo alcanzara su mejor expresión y para que Pulisic, en particular, explotara el potencial que se le atribuía. Que no haya sucedido se entiende como una oportunidad perdida que, por desgracia, no se borra con el tiempo.
Entonces, ¿qué viene ahora? Es complicado saberlo. Una primera lectura sugiere que Pulisic no será un líder tipo “grito y aliento” para la selección. Su temperamento no apunta a ese perfil y, de hecho, la elección de capitanes en el Mundial tuvo otra dirección: Mauricio Pochettino y Gregg Berhalter, antes que él, optaron por otros nombres para el rol de mando durante la Copa. Imaginar que, de un día para otro, Pulisic cambie su forma de proyectarse hacia el exterior parece difícil.
En cuanto al talento y la producción, su historial en clubes siempre fue un motivo de optimismo para los aficionados estadounidenses. Sin embargo, esta temporada aparece con más irregularidad: no se registran goles desde diciembre para su equipo en Italia. Además, a diferencia de lo que ocurrió con Dempsey en Tottenham o Fulham, Pulisic no es el único americano que compite de forma frecuente en un nivel alto dentro de Europa. Para diferenciarse y estar a la altura de las expectativas que su calidad inspira, necesita aportar más: y, de ser posible, mostrarlo usando la camiseta de Estados Unidos.
El factor más delicado es el tiempo. En cuatro años Pulisic cumplirá 31 años. Juega una posición que, históricamente, suele rendir mejor con futbolistas más jóvenes. Y con el historial de lesiones, resulta aún más difícil proyectar qué tanto podrá pesar en el próximo equipo que llegue a un Mundial. Sí, Pulisic dejó una gran postal en una Copa: el gol ante Irán que permitió a Estados Unidos pasar a la fase eliminatoria en Qatar hace cuatro años. Pero el “techo” que prometía su historia siempre parecía ofrecer algo todavía más alto.
¿Esa euforia contra Irán podría terminar siendo el mejor capítulo de su etapa con la selección? Es posible. ¿Podría existir un resurgimiento a inicios de los 30 que supere ese momento? También, y con argumentos para soñar. El problema es que, en este punto, es fácil imaginarlo, fácil dudar y, sobre todo, imposible sentirse completamente seguro.
De todo lo ocurrido en el último mes para Estados Unidos, esta es la parte más frustrante y enredada: en teoría, Pulisic debía ser la gran figura del Mundial para el país; en la práctica, fue —y sigue siendo— el enigma más grande del conjunto.