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Senegal, ¿se acerca el final de una era rumbo al Mundial 2026?

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
1 julio 2026 5 min de lectura

Estados Unidos — Sadio Mané, Kalidou Koulibaly, Idrissa Gana Gueye y Édouard Mendy miran atrás y recuerdan una década entera defendiendo a Senegal, un recorrido que ya los coloca entre los protagonistas más determinantes del fútbol de su país a nivel de selecciones. Pero, pese a todo lo logrado, el grupo se encuentra hoy al borde de un desenlace que podría convertirse en una de las grandes decepciones futbolísticas recientes del combinado senegalés.

Senegal, contra el abismo: a un paso de la eliminación

Situación Dato Contexto
Riesgo de eliminación En la fase de grupos Con dos derrotas acumuladas y margen estrecho para avanzar
Próximo partido Este viernes Senegal debe vencer a Irak y esperar resultados para ser de los mejores terceros
Balance defensivo Diferencia de goles: -3 Posición desfavorable frente a rivales con los mismos puntos
Marco de portería Mendy: baja (al menos) Lesión en ligamentos mediales sufrida el lunes

Antes de que esta generación tomara el relevo, el gran Senegal de 2002 era el máximo referente del país: logró su primera clasificación a un Mundial, firmó una de las mayores sorpresas de la historia al tumbar al campeón defensor Francia, alcanzó los cuartos de final —solo la segunda selección africana en lograrlo— y terminó como finalista en la Copa Africana de Naciones. Durante más de una década y media, ese periodo marcó el techo del fútbol senegalés.

Con Mané y compañía, el panorama cambió por completo. En el plano de clubes, su influencia abrió caminos en Europa y más allá: Mendy se convirtió en el primer portero africano en ganar la UEFA Champions League; Gana Gueye fue finalista en una edición que terminó en derrota; y Koulibaly brilló como una estrella en el Napoli, siendo considerado el mejor defensor africano que pasó por la Serie A. A eso se suman los números de Mané: tres veces finalista de la Champions (una vez campeón), campeón de Premier League y doble reconocimiento como futbolista africano del año en dos ocasiones, siendo el segundo senegalés en conseguirlo después de El Hadji Diouf.

Sin embargo, el sello más fuerte de este grupo se escribió con la selección. Senegal logró clasificarse por tres Mundiales consecutivos por primera vez en su historia, ganó la primera Copa Africana de Naciones del país en 2021 y repitió ese logro a inicios de este año, aunque con una polémica que todavía divide interpretaciones. Pese a cualquier dictamen que emita la CAF, en casa el mensaje es claro: Senegal ganó y Senegal es campeón de África. Ese título también encendió un sentimiento panafricano, colocándolos como un estandarte del África subsahariana frente al Norte.

Ese Senegal dejó de ser solo un equipo exitoso: representó una forma de desafío y una gloria serena, digna y con identidad.

Con el Mundial en el horizonte, la expectativa era que esta camada cerrara su ciclo con una actuación capaz de igualar o incluso superar la gran versión colectiva de 2022. El equipo parecía tener todo para aspirar a lo más alto: solidez defensiva, un mediocampo combativo y móvil, alternativas suficientes en ataque y una cohesión evidente bajo la guía de Pape Thiaw. Sobre el papel, Senegal estaba preparada para una carrera profunda.

Pero hoy el escenario es otro: el conjunto está cerca de despedirse del torneo. La lectura más dura no es que los partidos se hayan perdido de forma caótica, ya que ante Francia cayeron 1-3 y ante Noruega 3-2, con un nivel de competencia que no fue desastroso. El problema estuvo en la defensa: fallos atrás terminaron por regalar goles y empujaron al equipo a una posición de supervivencia. Para avanzar, Senegal necesita vencer a Irak en el último encuentro de la fase de grupos este viernes y luego aguardar si ese triunfo alcanza para meterse como uno de los mejores terceros.

La situación se vuelve todavía más compleja por la diferencia de goles actual: -3. Ese registro los deja en desventaja frente a otras selecciones con tres puntos, y más aún si se compara con quienes suman cuatro.

Varios elementos no jugaron a favor: el sorteo también dejó un camino exigente, donde la posición baja de Noruega en el ranking no reflejó la dureza del rival, especialmente con Erling Haaland dentro del equipo. Francia, por su parte, siempre aparecía como favorita. Además, apareció el “problema Koulibaly”: el zaguero ha tenido un torneo complicado, con sensaciones de lentitud y desconexión durante el duelo ante Francia, y luego señalado por su participación en los tres goles de Noruega.

Koulibaly asumió la responsabilidad después del partido, pero la pregunta que flota en el ambiente es si Thiaw debía anticipar el riesgo considerando la edad del jugador, 35 años, y el hecho de que no había disputado minutos competitivos desde el 8 de abril. En ese periodo, Koulibaly se recuperaba de una lesión extraña en el muslo sufrida durante un entrenamiento con Al Hilal.

“El entrenador decidirá si juego [contra Irak] o no, pero lo más importante es que intentemos clasificar. La cara que mostramos en estos dos partidos a veces fue buena, pero en otras ocasiones fue muy mala. Tenemos que corregirlo muy rápido para ofrecer una buena actuación ante Irak”, declaró Koulibaly en una conversación con ESPN.

En ese panorama, Thiaw también carga con parte del cuestionamiento por su reticencia a dar más minutos a futbolistas jóvenes y atractivos en el ataque. En Norteamérica, distintos medios locales han lamentado con frecuencia el uso limitado de opciones como Iliman Ndiaye, Ibrahim Mbaye y otros recursos ofensivos.

Mbaye aprovechó al máximo su breve oportunidad frente a Francia para anotar con una gran acción en solitario, pero después solo ingresó a mitad del segundo tiempo contra Noruega cuando Senegal perdía 2-1. Ndiaye, señalado como el jugador más creativo del plantel, no tuvo ni un solo minuto ante Noruega; aun así, había registrado una asistencia en apenas siete minutos en el duelo contra Francia.

Quizá, en el fondo, el técnico optó por respetar la experiencia y evitar tensiones dentro del grupo, manteniendo la confianza en Koulibaly, Gana Gueye y Mané pese al esfuerzo que les tocó bajo el calor del verano neoyorquino. Esa lealtad, sin embargo, podría terminar pasándole factura en el tramo decisivo.

Como si fuera poco, el plan en portería también cambia: aunque Mendy ha dejado impresiones positivas bajo los tres palos, con atajadas clave ante Francia y Noruega, no estará disponible —al menos— para el duelo contra Irak tras sufrir el lunes una lesión en los ligamentos mediales.

Mientras el cuerpo técnico y los jugadores han negado que los problemas fuera del campo hayan influido en su preparación —en medio de rumores por primas no pagadas, una renovación tardía del contrato del entrenador y complicaciones con la comida en el alojamiento—, lo cierto es que el clima que rodea al equipo no parece el más sereno para que el plantel entregue su mejor versión en el torneo más importante de su historia.

“No quiero hablar de eso. Deberíamos hablar solo de fútbol. Creo que estamos buscando excusas y eso es algo externo al fútbol. Necesitamos enfocarnos en la cancha y en lo que ocurra ahí”, agregó Koulibaly cuando le preguntaron por los presuntos inconvenientes en la concentración.

Con todo junto, Senegal está hoy en riesgo real. No está dicho que sea el final: todavía existe margen, porque el equipo tiene calidad y capacidad para imponerse a Irak con amplitud y abrirse una puerta para avanzar.

Pero si el Mundial terminara aquí, esta generación senegalesa merece ser recordada por las glorias intensas de los años previos y no por un cierre confuso y complicado, que por ahora amenaza con empañar el relato que parecía inevitable.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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