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Tim Farrell quiere acabar con la prórroga y los penales en eliminatorias

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
13 julio 2026 9 min de lectura

Tim Farrell es un “outsider” que, a sus 56 años, insiste en que el fútbol aún puede decidir mejor los partidos de eliminación directa. Nacido y criado en Australia, sin experiencia profesional ni trayectoria laboral en el ámbito del balompié, su idea ha convivido durante décadas con una misma obsesión: eliminar tanto la prórroga como la tanda de penales para romper empates.

Farrell es seguidor del Newcastle Jets de la A-League, el club de su ciudad natal, a unas dos horas en coche de Sídney. Lejos de los centros de poder del deporte —y a casi la misma distancia simbólica que existe entre Australia y la sede de la FIFA en Zúrich, Suiza— ha dedicado su carrera al mundo audiovisual, trabajando en producción de video y multimedia.

Sin embargo, desde hace más de veinte años mantiene un plan en solitario para cambiar la forma en que se resuelven las igualdades en copas y torneos. Su objetivo es reemplazar por completo el tiempo extra y las tandas de penaltis.

Según Farrell, el sistema actual tiene fallas claras: la prórroga, asegura, resulta aburrida y además incrementa la carga física; los penales, en su opinión, están demasiado desconectados del juego; y, sobre todo, se basan en el fallo individual, lo que concentra la presión en un solo ejecutante. Para quien termina fallando, el costo emocional puede ser enorme, incluso más en torneos globales como el Mundial.

El australiano, eso sí, no improvisa. Lleva años trabajando su propuesta y llegó a presentarla en una reunión en la sede de la FIFA. Aun así, su planteamiento choca con una paradoja: si alguien se limitara a sugerir una alternativa, parecería imposible, pero el propio formato de penales apareció justamente por una idea que en su momento también fue “una sugerencia”.

Cómo llegaron las tandas de penales al fútbol

El antecedente más relevante para entender por qué hoy existen los penales lo ofrece un partido olímpico que la mayoría jamás escuchó: el cuarto de final de los Juegos de 1968 entre Israel y Bulgaria, disputado en León, en México.

La clave es que, aunque el penal como acción del juego es antiguo, el “shootout” como mecanismo para romper empates es mucho más reciente. Los penales —el lanzamiento desde el punto de la falta, a 12 yardas, por infracción o mano en el área— se remontan a 1891; en cambio, el procedimiento de disparos sucesivos para decidir un empate apareció después.

Hasta 1970, cuando un duelo de eliminación directa terminaba igualado, se resolvía de tres maneras: jugar otra vez, sortear o lanzar una moneda. En ese periodo hubo ocho ediciones del Mundial sin tandas, además de innumerables copas nacionales que funcionaban con otros criterios.

El giro llegó con el propio cruce olímpico de 1968: Israel y Bulgaria empataron 1-1 y, al finalizar, los jugadores no tenían claro qué pasaría. Entonces apareció en el campo un gran sombrero con dos papeles. El capitán israelí, Mordechai Spiegler, sacó una hoja que decía “OUT”. En ese instante, la aventura olímpica de Israel se acabó y avanzó Bulgaria, que terminaría ganando la medalla de plata.

El desenlace no cayó bien. Joseph Dagan, periodista israelí de fútbol, se unió con un directivo de la federación de su país, Michael Almog. Juntos enviaron a FIFA una propuesta por escrito para introducir el concepto de tanda de penales. Más tarde, la idea se llevó al debate y fue aprobada por los legisladores del fútbol, el IFAB, en 1970. En la historia oficial del museo de FIFA se menciona que en la Unión Soviética ya se habían utilizado métodos similares desde la década de 1950, pero a Dagan y Almog se les reconoce como los impulsores del formato moderno.

Ese mismo año, en lo que se considera la primera tanda oficial de la historia, Manchester United enfrentó a Hull City y el encuentro terminó con triunfo de los “Red Devils” por 4-3. George Best, emblema de Old Trafford, fue el primer jugador en fallar en una tanda oficial.

Años más tarde, ya desde el otro lado del mundo, Farrell vio en ese memo un punto de quiebre. La primera vez que intentó mover algo ocurrió en mayo de 2008: se levantó temprano para presenciar la final de la Champions League entre Manchester United y Chelsea en Moscú.

“Recuerdo lo frío que estaba todo”, relató Farrell. “Era una mañana helada en Melbourne. Cuando creces viendo Mundiales aquí, normalmente es en invierno y de noche por la diferencia horaria. Muchas veces estás tomando té bajo la manta”.

El partido terminó 1-1 después del tiempo extra. El gol de United lo firmó Cristiano Ronaldo con un cabezazo en el minuto 26, pero Frank Lampard emparejó el marcador antes del descanso. Con el empate persistente, llegó la tanda de penaltis.

Entre los primeros nueve lanzamientos, Ronaldo fue sorprendentemente el único que erró. Luego, cuando John Terry se dispuso a ejecutar el quinto penal del Chelsea, tuvo la posibilidad de cerrar la primera Champions League del club. No obstante, en medio de una lluvia intensa, resbaló y mandó el balón fuera. Su expresión reflejó la frustración: se quedó sentado, con la cabeza entre las piernas, con lágrimas en los ojos. Cuatro lanzamientos después, Nicolas Anelka falló también y United se coronó campeón de Europa.

Esa escena, afirma Farrell, fue el combustible final. Ya le disgustaban las tandas, pero ese día “se acabó” todo. Consideró que era hora de intentar cambiar la lógica del desempate.

“Yo era un aficionado neutral”, dijo Farrell. “No era fan de John Terry. Es desgarrador ver esa imagen. Como seguidor de fútbol desde hace mucho tiempo, ver partidos resolverse así tan a menudo —como algo negativo— en un desempate construido sobre el error, me hizo pensar que se puede hacer algo mejor”.

“Creo que podemos hacerlo de otra manera”.

Una solución nueva y radical

Para Farrell, los “shootouts” están pensados para amplificar la falla: ejecutar un penal es relativamente accesible, así que el jugador que falla queda como responsable del resultado. Su idea es invertir esa dinámica. Si se reduce la tasa de acierto, entonces quien logra marcar pasa a ser, de algún modo, el protagonista del resultado.

El australiano también sostiene que el penal no refleja la esencia del fútbol. A su juicio, se trata de una situación ajena al juego y sin componente táctico. Su inspiración proviene de una innovación de la MLS aplicada entre 1996 y 2000: un formato en el que el atacante arrancaba desde la línea de mitad de cancha y debía superar al portero en un mano a mano.

Farrell pensó que podía mejorar aún más si se añadía un defensor: el atacante tendría que superar al rival y, además, vencer al portero para anotar.

Así nació Attacker, Defender, Goalkeeper, abreviado como “ADG”.

En esencia, el formato es el siguiente: un atacante se ubica a 32 yardas del arco con un defensor al menos a 10 yardas de distancia, y un portero que debe ser superado. Todo ocurre dentro de un límite de 15 segundos. Si el atacante es objeto de falta, se concede un penal. Si no, el atacante puede marcar un gol o, si no lo logra, el desenlace queda sin anotación.

Los equipos se alternan en ataque y defensa. Los primeros cinco atacantes de cada escuadra se eligen al pitido final. Los defensores, que solo pueden defender una vez, se escogen mientras el atacante camina hacia su marca. En ese punto, Farrell ve el elemento táctico: ¿un equipo empareja a su mejor defensor contra el mejor regateador rival? ¿O existe un cruce más conveniente?

Farrell también ofrece argumentos para justificar por qué su propuesta podría funcionar. Primero, dice que el sistema permitiría sustituir el tiempo extra. Durante años propuso que solo reemplazaría las tandas, pero observa que la prórroga se ganó fama de producir partidos cerrados y sin demasiado espectáculo. “Lo más sencillo es eliminar el tiempo extra”, remarca.

Con ADG, añade, se reduciría la carga de los futbolistas. Incluso consideró el impacto para las transmisiones: plantea 10 minutos de descanso y luego ADG, que normalmente dura nueve minutos, de modo que los medios podrían saber con mayor certeza cuándo finalizaría su programación.

También menciona el criterio de juego limpio: si un equipo recibe una expulsión, el rival tendría la oportunidad de ejecutar el mano a mano contra el portero adversario si el desempate llegara a esa instancia en la modalidad de “muerte súbita”.

Otro efecto que busca es disminuir el peso del error individual. Sin la presión absorbente de fallar, cree que los jugadores estarían menos expuestos a abusos. Señala como ejemplo que tres estrellas negras de Inglaterra —Marcus Rashford, Bukayo Saka y Jadon Sancho— recibieron insultos racistas en redes tras fallar penales en la final de la Eurocopa 2020.

En las tandas modernas, la tasa de gol ronda el 70%. En el sistema de Farrell, estima que sería cercana al 30%.

“Los goles se ganan. No se espera que los jugadores marquen. No habrá esa presión psicológica para anotar. Si no marcas, bueno, forma parte del juego; si marcas, fantástico”, sostiene.

“Jugadores como [el ícono italiano] Roberto Baggio comentaron que cuando falló ese penal en la final de 1994 en el Mundial, le afectó durante años. Hay otros relatos parecidos. Y eso es solo lo que han hecho público quienes llegaron a hablar. Estoy seguro de que habrá muchísimos futbolistas que, incluso con el paso del tiempo, se van a despertar con pesadillas y sudores fríos. No me parece correcto”.

¿Podría realmente funcionar?

A pesar del trabajo y la insistencia de Farrell, su propuesta sigue siendo, por ahora, una teoría. Aun así, no ha frenado. “Sigo tocando la puerta de FIFA y del IFAB hasta que un día lo analicen, y ojalá lo prueben. No me rindo. Soy bastante persistente”, afirmó.

Existe un antecedente importante: en 2010 viajó a Zúrich para reunirse con la FIFA.

“En ese momento vivía en India”, explicó. “Pensé: si les interesa, voy para allá. Me pagué yo el viaje, fui y les dije: ‘Voy a estar en Suiza. ¿Podemos vernos?’. Ya les había enviado la idea y pedí la reunión”.

“Fue como un portazo [de FIFA]”, dijo Farrell. “Y, siendo justos, el concepto era el mismo, pero aunque llevaba mucho tiempo trabajándolo, todavía no estaba tan pulido”.

El planteamiento guardaba bastante similitud con lo que hoy mantiene, aunque la tecnología moderna podría simplificar detalles. Farrell buscaba evitar crear nuevas marcas en el terreno: “El campo es intocable. Aunque sea otro punto del tamaño del penal, no podemos ponerlo. Así no va a funcionar”.

Eso implicaba que su idea original contemplaba a atacantes iniciando desde la línea de medio campo y con ajustes de tiempo para reducir la tasa de acierto. No obstante, con el uso actual de rociadores invisibles por parte de los árbitros, un trazo simple a 32 yardas —que él considera el punto óptimo— podría añadirse sin mayores complicaciones.

La FIFA, según su relato, le dio una mirada superficial y no avanzó.

“En realidad me pareció un lugar fantasma”, comentó. “Creo que fue poco después del Mundial de Sudáfrica y mucha gente estaría de vacaciones. Entré a un vestíbulo enorme y no había nadie. Absolutamente nadie. Me reuní con el responsable arbitral de ese tiempo. Había hablado con otra persona, creo que con el secretario general, sobre la idea. Él era secretario general cuando [entonces presidente] Sepp Blatter estaba. Yo creo que ese secretario general le dijo al encargado de arbitraje: ‘Este tipo va a estar por aquí con una idea. Que lo atienda’. El responsable arbitral, y no quiero criticarlo, no tenía ganas de estar allí, y está bien”.

“Pienso que en ese momento lo tomaron en serio solo porque Blatter era conocido por pensar que los penales son un problema para el deporte. A pesar de todos sus defectos —y de que actualmente cumple una sanción por corrupción— entendió el asunto”.

Al salir de la FIFA ese día, Farrell sintió alivio. “Me quedé contento de haber hablado con alguien. En ese momento no me di cuenta de lo inmaduro que era el planteamiento. Quizá ahora la gente lo vea y piense que todavía tiene aristas, pero no creo que las tenga”.

Desde aquella reunión de 2010, ha seguido puliendo su propuesta a ratos. Solía mejorarla, guardarla y volver a revisarla cuando se acercaba otro Mundial, como un ciclo para reactivarla. De cara al Mundial de 2022, hizo algo distinto: empleó software de inteligencia artificial para ejecutar simulaciones y “tensionar” su planteamiento.

Con todo, todavía no se ha probado sobre el césped. Farrell ha conversado con algunos equipos de la A-League para que lo ayudaran a ponerlo a prueba, pero ninguno aceptó la invitación. También habló con alguien vinculado al IFAB que se mostró interesado, aunque el asunto todavía no se ha discutido oficialmente por parte de los organismos que marcan las reglas.

Por eso, insiste en su lectura del panorama: “Hay tres procedimientos para decidir desempates: goles de visitante, tiempo extra y penales. Todos tienen fallas. Uno ya se fue. El segundo probablemente desaparecerá pronto. Y entonces nos quedaremos con los penales”.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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