Vardy arremete contra la Serie A: dura crítica a la etapa con el Cremonese
Jamie Vardy abrió el primer episodio de su nuevo podcast, Jamie Vardy’s Having A Party, para hacer un balance frontal de su etapa en el fútbol italiano con el Cremonese. El delantero, que llegó como agente libre, acumuló siete goles en 29 partidos de Serie A, pero esa producción no alcanzó para mantener a su equipo en la máxima categoría.
El desencadenante de sus críticas: carga física y enfoque de preparación
El centro de su cuestionamiento se relaciona con la intensidad y el tipo de trabajo que, a su juicio, imponen los entrenadores en Italia. Vardy considera que ese modelo termina siendo contraproducente para el rendimiento el día del partido.
En el espacio de conversación, el futbolista comparó el ritmo entre el trabajo semanal en el país transalpino y el que conoció en Inglaterra, subrayando que allí el enfoque es más lento, más defensivo y con una rutina de esfuerzo constante que, llegada la hora del juego, deja poco margen.
“¿Cómo está el fútbol italiano frente al inglés? Es mucho más lento, más defensivo. El entrenamiento no para: correr, correr, correr. Luego vas a un partido y, literalmente, no te queda nada. No es agradable cuando tienes 38 o 39, ¿no? Pero no es solo para mí: aquí funciona así. Y además el director deportivo también opina en todo; es una locura”, explicó.
El problema de fondo: recuperación y efecto dominó en cada jornada
Vardy también profundizó en cómo, según su experiencia, la preparación mental y física para cada compromiso de liga no permite recuperar la energía necesaria para competir con el nivel óptimo. Desde su perspectiva, esa dinámica genera un ciclo vicioso que se refleja en el rendimiento dentro del campo.
Un ejemplo concreto antes del duelo ante el Bologna
Para sostener su argumento, el delantero relató un caso específico. “Antes del partido contra el Bologna hicimos lo que normalmente hacemos en Inglaterra. Descansamos un día después del juego. Todos entraron al campo con sensaciones muy frescas y ganamos 3-1. La gente estaba en la euforia. Yo pensé: ‘Perfecto, sigamos así’”, señaló.
Sin embargo, continuó, el plan se rompió: “Y aun así… no. Volvimos a entrenar cada día, porque ‘este partido es realmente importante’. ¿Cómo? Todos los encuentros son importantes; no hay diferencia, al menos esa es mi forma de verlo”.
La adaptación fuera del césped: culpa y ajuste familiar en Italia
La experiencia italiana, además de exigente en lo deportivo, también resultó complicada en lo personal. Vardy eligió una villa en Salo, en el Lago de Garda, pero el ajuste de su familia fue más difícil de lo que esperaba. Ese proceso lo llevó a mirar hacia adentro y reconocer el sentimiento de culpa que le generó la situación.
“Para ser honesto, mudarte al extranjero con una familia es realmente, realmente difícil. ¿Cómo fue volver? Muy agradable, la verdad. Obviamente, ya habíamos traído de regreso a los chicos. Fue un esfuerzo. De verdad. Y también sentí culpa”, confesó al narrar cómo vivió en la práctica el cambio de país.
El mensaje final: diversión, risa y fútbol como salvación
A pesar de las sombras que dejó su paso por Italia, Vardy remarcó que no perdió su espíritu ligero. Reiteró que para él es clave mantener la chispa, disfrutar y encontrar diversión como ingredientes necesarios para dar su mejor versión.
En la conclusión de su intervención, dejó una reflexión íntima, intercalada con momentos de risa: “Estoy en mi mejor momento cuando me estoy divirtiendo. Tienes que reír. Siempre he reído, incluso cuando estaba en el banquillo en divisiones más bajas. Cuando no me rendí y realmente valió la pena. El fútbol me salvó. Tengo un botón de autodestrucción; podría haber tomado un camino completamente distinto, incluso acabar en Alcatraz…”.