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World-cup

Aficionados construyen comunidad y sueñan con el Mundial de EE. UU.

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
1 julio 2026 9 min de lectura

San José (California) es, para Crystal Cuadra-Cutler, mucho más que un punto en el mapa: es el lugar donde empezó a latirle el amor por la selección de Estados Unidos. Todo arrancó cuando tenía apenas una niña, en 1994, y desde entonces su vida —y su forma de vivir el fútbol— quedó marcada por la ilusión de los Mundiales y por la comunidad que se construye alrededor.

Una historia personal que nació en 1994

Cuadra-Cutler rememora aquel verano como un antes y un después. Sus abuelos consiguieron llevarla a la Bahía para ver entrenar a Brasil, justo en el marco del Mundial de 1994. En esa visita, la joven quedó fascinada con una Brasil llena de estrellas, con nombres como Romário, Cafu y un Ronaldo que entonces tenía 17 años.

Días más tarde, la familia dio otro paso decisivo: el 4 de julio la llevó al estadio Stanford para presenciar el duelo entre Brasil y Estados Unidos. Aunque el conjunto brasileño llegaba como claro favorito y el estadio presentaba una gran presencia de aficionados, Cuadra-Cutler se fijó en el equipo contrario. Aquel día, Estados Unidos cayó por 1-0, pero el impacto fue inmediato: “quedé enganchada igual”, resume su conexión con el fútbol.

“Fue un recuerdo central para mí. A partir de ahí crecí apoyando a la selección cada vez que compitieron en torneos”, expresó la aficionada.

Hoy, mientras el Mundial de 2026 sigue avanzando y se convierte —para ella y para muchos— en un momento definitorio que trasciende lo estrictamente deportivo, Cuadra-Cutler aspira a que el mismo efecto contagio se repita con millones de nuevos seguidores en Norteamérica. En la antesala del siguiente compromiso, también se destacó que el torneo registró el ingreso de cinco millones de aficionados, una cifra que refleja el crecimiento del fenómeno.

American Outlaws: comunidad, identidad y sostén en los momentos difíciles

Cuadra-Cutler forma parte de American Outlaws desde 2009, el grupo de hinchada más grande vinculado a la Federación de Estados Unidos. Además, ayudó a construir el capítulo de San José, y desde entonces se ha convertido en una presencia constante en los partidos locales: apoya tanto a Earthquakes como a Bay FC con el mismo entusiasmo, aunque para ella el gran logro no fue solo encontrar un deporte para seguir, sino el entorno humano que llega con ese acompañamiento.

“Es muy emocionante ser parte de American Outlaws y construir una comunidad de aficionados al fútbol, gente con ideas muy parecidas. Amigos que se volvieron familia. Apoyamos algo más grande que nosotros mismos y el fútbol une”, explicó. En su relato también aparece un aprendizaje temprano: en viajes, charlas y encuentros, varias de esas personas terminaron siendo de las más importantes en su vida.

Las conexiones resultaron todavía más esenciales cuando atravesó su etapa más dura.

En 2020, apenas tres días antes de que se iniciaran los cierres vinculados a la pandemia en Estados Unidos, Cuadra-Cutler recibió un diagnóstico devastador: cáncer pulmonar en estadio 4. El miedo era doble: por lo que significaba para su futuro y por la forma en que tendría que continuar. Durante el confinamiento, la soledad pesó para muchos, pero en su caso se notaba sobre todo cuando debía acudir sola a sesiones de quimioterapia o a tratamientos de inmunoterapia.

En medio de esas rutinas, el Mundial de 2026 apareció en su mente como una idea que le mezclaba esperanza con tristeza. “Me sentaba literalmente en la silla de quimio pensando: ojalá la gente esté hablando del Mundial… Y me decía para mí misma: por favor, que yo esté viva para verlo”, relató.

El respaldo que recibió llegó de American Outlaws y de la comunidad vinculada a la selección. “Me apoyaron durante todo el tratamiento”, afirmó. Los mensajes y los seguimientos de su grupo no se detuvieron: le hicieron videollamadas desde distintos puntos del mundo y también se sumaron jugadores actuales y ex futbolistas.

“Tengo un video de Charlie Davies y de Chris Wondolowski, que son del entorno local de Earthquakes. Recibí mensajes de ellos”, añadió.

Ese impulso colectivo también se tradujo en un componente práctico: Cuadra-Cutler realizó una campaña en GoFundMe para ayudar con sus gastos médicos. “Lo amplificaron tanto que se fue más allá de todos mis objetivos”, dijo.

Para ella —y para las decenas de aficionados con quienes compartió su experiencia— el sentido de la selección va más allá de lo que ocurre en los 90 minutos. Se trata de apoyar a los jugadores en la cancha, respaldar el proyecto nacional, sostener al país tanto en los momentos buenos como en los complicados, y elevar la comunidad que se forma en torno a esa causa.

Seis años después, su condición se mantiene estable. Hoy prefiere describirlo como una enfermedad de tipo crónico. Uno de los indicios más claros de normalidad se dio en el propio torneo: regresó como capo y líder de cánticos para American Outlaws en un partido de Estados Unidos.

En ese marco, la historia de Cuadra-Cutler resume lo que este Mundial puede provocar fuera del campo: para ella y para muchos seguidores, apoyar a la selección es una combinación de país, comunidad, supervivencia, amistad y fe. Y esa noche, en San José, el USMNT necesitará de todo eso.

Estados Unidos vuelve a jugar en San José: Bosnia y Herzegovina en la ronda de 32

Este miércoles, en la ciudad donde empezó su amor futbolero, el combinado de Estados Unidos se mide a Bosnia y Herzegovina en los dieciseisavos de final. El objetivo es claro: acercarse a un hito histórico para el fútbol estadounidense en el Mundial, ya que el equipo busca apenas su segunda victoria en una fase eliminatoria en la era moderna. Un triunfo sería otro paso hacia esa presentación que los aficionados sueñan con vivir “en casa”.

  • Cuadra-Cutler conecta el Mundial con el poder del apoyo colectivo: comunidad, identidad y esperanza.
  • American Outlaws aparece como el vehículo para sostener a los aficionados, antes y durante los momentos críticos.
  • El partido de este miércoles en San José pone a prueba esa ilusión: Estados Unidos necesita dar un salto hacia adelante.

De cara al encuentro, el ambiente en torno a la selección se alimenta con otras historias de hinchas que siguen el equipo de cerca y que ven en este recorrido algo que podría cambiar su manera de vivir el fútbol.

Dave Romero: fe total y un “mínimo” para este USMNT

Uno de los primeros detalles que llama la atención al conocer a Dave Romero es su barba: blanca con matices de gris oscuro, larga y abundante, capaz de recordar al mismísimo Santa Claus si él quisiera. Romero, como vicepresidente del capítulo de American Outlaws en San José, ha visto al grupo crecer año tras año, tanto en partidos grandes como en encuentros de menor escala, tanto en la rama masculina como en la femenina.

Pero para él, nada se parece a este Mundial. “Estamos consiguiendo entre 30.000 y 40.000 aficionados para el club local, los Quakes, y para las reuniones previas”, aseguró. La energía, según explicó, se vuelve adictiva: “es como una droga y te engancha”.

Romero también recuerda el Mundial de 1994 desde una perspectiva distinta: en ese entonces, la presencia y el respaldo a Estados Unidos no era comparable con lo que se ve ahora. “Ahora es otro nivel porque estoy con mis amigos, con mi gente, y todos estamos por la misma razón: ver a Estados Unidos esta semana”, dijo.

La fe trae consigo expectativas. Con talento, impulso y la presencia de Mauricio Pochettino, Romero considera que los octavos deben ser el mínimo. En su lectura, si el equipo queda por debajo de ese umbral, sería un fracaso. “Ese es el punto de corte. Tenemos que construir desde ahí”, sentenció.

Incluso planea un festejo si Estados Unidos supera a Bosnia y Herzegovina. La canción “Country Roads”, de John Denver, se convirtió en el himno del recorrido mundialista: suena después de las victorias y la corean jugadores y aficionados. Romero, Cuadra-Cutler y varios integrantes del capítulo tienen pensado realizar un viaje de casi dos horas hasta Pacific Grove, California, para dejar flores cerca del lugar del accidente de Monterey Bay donde Denver murió en 1997.

“Como Estados Unidos abraza ‘Country Roads’ como canción después de ganar, cuando nosotros ganemos, tenemos que ir. Tenemos que rendir homenaje al hombre. Es orgullo de la tierra y es algo increíble”, afirmó.

Ray desde Anchorage: empezar con 30 y soñar con 40

En la reunión de Jack’s en San José también estuvo Ray, quien prefirió no revelar su apellido. Él voló desde Anchorage, Alaska, con la idea de impulsar un capítulo de American Outlaws en su ciudad. En su relato, el enfoque es claro: “intentar”.

“Durante el partido inaugural tuvimos como 30 aficionados de Estados Unidos en la fiesta de seguimiento. Y probablemente fue el mejor de los escenarios. Oye, hay que empezar en algún lado, ¿no?”, comentó.

Con 40 años, Ray explicó que su conexión con Texas —de donde viene— está marcada por la visibilidad del apoyo al fútbol, algo que en Alaska es mucho más difícil de encontrar. Se mudó a Anchorage por la belleza natural y el ritmo de vida al aire libre, pero tras años intentando construir una base futbolera en algún formato, comprendió que a veces hay que ir a donde están “los suyos”.

Por eso aterrizó en San José el martes y de inmediato se encontró rodeado de hinchas que entendían exactamente por qué había hecho el viaje. “Esto va a ser nuestro verano”, aseguró.

¿Un recorrido profundo de Estados Unidos podría transformar la afición en Alaska? Ray respondió con una sonrisa: “Puede que haya 40. Quizá lleguemos a 40”.

Antonio Borjon y su esposa: el Mundial también se pega con stickers

Para Antonio Borjon y su esposa, la manera de dejar huella en el Mundial no es solo viajando o cantando: lo hacen con stickers. Son aficionados al fútbol desde hace tiempo, pero relativamente nuevos al seguimiento del circuito internacional. En su club, su tradición es que ella imprima calcomanías para fechas grandes. Ahora, esa costumbre se trasladó a las “Estrellas y Rayas”.

“A ella le gusta hacer manualidades. Cuando vimos los memes del primer partido contra Paraguay, decidió hacer stickers”, contó Borjon.

Los diseños variaron: desde “Country Roads” en la Ruta 66 hasta ilustraciones estilizadas de Sebastian Berhalter, con la idea de que cada juego quede representado de una forma pequeña y compartible. Así, el recorrido se vuelve un objeto para guardar, intercambiar o pegar como evidencia de que “este camino pasó”.

Para Borjon, es otra señal de lo que este torneo está significando para quienes siguen al USMNT: cada persona encuentra su manera de conmemorar el trayecto.

Phil Labas: 5.000 millas, tambores y una idea de Estados Unidos que une

El ambiente en Clara’s Junction, en un evento oficial de la federación cerca de “San Francisco Bay Area Stadium” —conocido también como Levi’s Stadium— reunió a decenas de seguidores. Entre todos, destacó Phil Labas: una figura alta, de al menos seis pies y tres pulgadas, con pasión evidente por el USMNT y una ruta de viaje que también llama la atención.

Labas recorrió 5.000 millas para llegar al partido del miércoles. En el camino usó cuatro autos, y según explicó, el esfuerzo fue intencional en el número de millas, pero no en la cantidad de vehículos. “Empecé en mi camioneta, como a tres millas y media fuera de Chicago se descompuso”, relató.

Encontraron otro auto, pero tuvieron problemas para acomodar los tambores. Entonces debieron cambiar nuevamente. Cuando se sumó su esposa al grupo, necesitaban otro vehículo. El viaje nació inicialmente por el centenario de la Ruta 66, pero Labas tenía también un deber adicional: asegurarse de que los tambores de American Outlaws llegaran a cada partido del Mundial.

En cada tramo del camino, Labas notó una idea que le sorprendió: la selección puede unificar personas incluso cuando la división política del país no es un secreto. “Si llevas la camiseta, estás remando por una causa. Todos llevamos los colores, ¿no? Somos un país con raíces claras en apoyar a Estados Unidos en el fútbol. No importa el ruido ni el clima, ¿verdad? Somos pro-Estados Unidos”, aseguró.

También remarcó que, desde su perspectiva, existe una pasión interna por lo que se representa. “No me importa quién esté incómodo con eso. Así somos”, sostuvo.

Al llegar a San José, Labas fue directo al hotel donde se concentraba el USMNT en el centro para conseguir autógrafos, fotos y material conmemorativo. Mientras el equipo bajaba del autobús, observó algo que lo marcó: “Quizás uno de cada cinco sonreía, pero por lo general todos estaban enfocados, con la cabeza abajo, entrando al hotel. Era una energía total FU, como diciendo: estamos aquí para ganar. Me encantaría un autógrafo y una foto, sí. Pero la realidad es: vamos a fondo. Quiero verlos en Dallas, quiero verlos en Nueva York”.

El sueño va más allá del trofeo: creer, esperar y “estar ahí”

Historias como las de Labas, Romero, Ray y Cuadra-Cutler comparten un mismo patrón: ninguno de ellos presume una certeza de que Estados Unidos vaya a levantar el título. Reconocen el lugar que el fútbol todavía ocupa en el país. Sin embargo, para ellos el sueño se siente más grande que nunca.

Han esperado durante décadas un Mundial como este, con una selección como la actual, en un momento en el que el deporte parece capaz de atraer a quienes solo miraban de lejos y convertirlos en creyentes. Ahora, el deseo se enfoca en Pochettino y su equipo: que puedan darles un poco más.

“Todavía no estamos ahí como nación futbolera”, cerró Labas. “Pero estamos llegando”.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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