Alemania arrolla a Serbia con Wirtz al mando en el Allianz Arena
Alemania impuso su jerarquía con una victoria por 2-0 sobre Serbia en el Allianz Arena, en una actuación de dominio casi absoluto que dejó poco margen a la reacción visitante. El equipo dirigido por Jürgen Klopp controló el 73% de la posesión, completó 737 pases y generó 30 remates, mientras que Serbia apenas consiguió un disparo entre los tres palos.
La diferencia también quedó reflejada en los datos de ocasiones: Alemania acumuló 4,05 goles esperados frente a los 0,02 de su rival. Pese a que el resultado pudo ser más amplio por el volumen ofensivo local, la selección alemana encontró los dos tantos necesarios para confirmar una noche de solvencia, presión alta y circulación constante.
El primer gol llegó en el minuto 39. Florian Wirtz encontró el espacio para habilitar a Bischof, que resolvió con instinto dentro del área y abrió un partido que Serbia había intentado resistir con un bloque bajo. La conexión entre ambos fue una de las claves del encuentro, ya que Bischof atacó los huecos entre líneas y ofreció continuidad a la creatividad de Wirtz.
Tras el descanso, Alemania mantuvo el ritmo y amplió la ventaja a los 61 minutos. Maximilian Mittelstädt se proyectó por la izquierda y asistió a Wirtz, que esta vez pasó de generador a finalizador para firmar el 2-0. El lateral fue una amenaza permanente por su banda, aportando amplitud ante la defensa serbia y culminando su partido con la asistencia.
Wirtz lideró una actuación colectiva dominante
Wirtz fue el futbolista más determinante del duelo. Además de participar directamente en los dos goles, manejó los tiempos en el último tercio, atrajo rivales y desordenó una y otra vez la estructura defensiva de Serbia. Su movilidad encontró respaldo en el trabajo de Woltemade, que actuó como referencia para descargar de espaldas y fijar a los centrales, liberando zonas para las llegadas del mediapunta.
En el centro del campo, Pavlovic sostuvo el control alemán con una distribución precisa y una buena labor de protección sobre la defensa. Alemania movió el balón con paciencia, aunque también aceleró cuando detectó ventajas, apoyada en las rotaciones ofensivas y la altura de sus laterales. Uno de ellos se situó repetidamente por dentro, casi como un centrocampista adicional, sin perder disciplina en las transiciones defensivas.
La zaga tuvo una noche tranquila. El portero únicamente realizó una intervención y participó en la salida de balón sin afrontar acciones de especial exigencia. Anton ganó presencia en el juego aéreo y cortó las posibles transiciones, mientras que Thiaw, firme físicamente y seguro con la pelota, consiguió que Luka Jovic quedara al margen del partido. Su capacidad para avanzar hacia el mediocampo ayudó a mantener a Serbia lejos del área alemana.
Scherhant aportó recorrido y compromiso desde la banda, aunque no pudo traducir su despliegue en una participación directa en los goles. Gnabry, capitán durante el encuentro, ocupó posiciones inteligentes pero no encontró la precisión necesaria en los metros finales. Fue sustituido al descanso por El Mala, que dio energía y verticalidad para sostener la intensidad ofensiva del equipo.
En el tramo final también ingresó, en el minuto 77, el jugador del Celtic, que dejó algunos detalles técnicos en un partido ya encaminado. Otro relevo ocupó el lugar de Woltemade para los últimos 13 minutos y ofreció desmarques al espacio, aunque dispuso de pocas opciones para ampliar la ventaja. Alemania realizó además un cambio tardío para administrar el resultado y reforzó el centro del campo en el minuto 88.
La decisión de Klopp de juntar desde el inicio a Bischof y Wirtz dio resultado inmediato. Alemania combinó una línea defensiva adelantada, presión coordinada y ataques fluidos para neutralizar por completo a Serbia, proteger su portería y construir una victoria convincente que incluso pudo haber tenido una diferencia mayor.