Argentina, Inglaterra, Francia y España: inéditas semifinales con campeones
La semifinal de un Mundial puede cambiar carreras y también reescribir legados, y la que se avecina entre Argentina, Inglaterra, Francia y España promete estar a la altura de las circunstancias: cuatro campeones previos y los cuatro equipos mejor posicionados del planeta, un cruce inédito desde que la FIFA incorporó sus rankings en 1992. Además, el torneo llega a su tramo decisivo con una historia futbolera de máximos anotadores, un “GOAT” que insiste con su leyenda y una de las rivalidades más ásperas del juego, con ramificaciones que van mucho más allá del césped.
Argentina, España, Francia e Inglaterra entraron al certamen como los cuatro primeros del ranking de la FIFA y están a dos victorias de volver a levantar el trofeo. El martes, Francia se mide con España en Arlington, Texas, mientras que el miércoles Inglaterra enfrenta a Argentina en Atlanta. El camino hacia la final, por lo tanto, no solo tiene peso deportivo: también concentra décadas de duelo, revancha y duelos que se sienten como partidos de época.
Desde 1990 no se repetía un escenario similar en la definición del Mundial, con un cuadro final compuesto únicamente por equipos que ya habían sido campeones. Aquella vez estuvieron Inglaterra y Argentina, aunque no se cruzaron entre sí. En aquel Mundial, Argentina era el campeón defensor tras imponerse a Alemania Occidental en la final de 1986 disputada en México, pero en 1990 terminaría cayendo nuevamente ante Alemania Occidental en el partido por el título. Ahora, el guion vuelve a mirar hacia atrás: Argentina llega como vigente campeón y aspira a construir una nueva historia en la misma etapa del torneo.
El presente también puede traer un eco del pasado reciente. Si Francia y Argentina avanzan, el Mundial podría repetir la final de 2022, lo que convertiría la antesala de la decisión en un capítulo de continuidad para dos selecciones que ya conocen el sabor de llegar al último partido.
Para que Argentina logre una segunda final consecutiva deberá superar a Inglaterra en un encuentro que reaviva una rivalidad tan intensa que trasciende el fútbol. La tensión histórica también se conecta con el conflicto de 1982 por las Islas Malvinas, un contexto que se cuela en la narrativa del duelo y explica por qué cada cruce entre estas selecciones suele sentirse más grande que lo que marca el marcador.
En el terreno de juego, los momentos de fricción entre ambos equipos en el Mundial han sido numerosos. El capitán de Argentina, Antonio Rattin, cuya muerte fue comunicada el sábado, fue expulsado en un cuarto de final cargado de tensión ante la ganadora del torneo, Inglaterra, en 1966. En ese partido, el técnico inglés Alf Ramsey intentó impedir que sus jugadores cambiaran camisetas con los rivales después de una victoria por 1-0.
Si se retrocede 20 años, aparece otro capítulo que quedó grabado en la memoria futbolera: el famoso gol de “la Mano de Dios” de Diego Maradona, que le dio a Argentina un triunfo por 2-1 sobre Inglaterra en los cuartos de final, en la ruta hacia la conquista del trofeo.
La historia también tuvo su propio episodio disciplinario décadas después. En 1998, David Beckham fue expulsado por un golpe con intención contra el mediocampista argentino Diego Simeone. La reacción del futbolista argentino, previsible por la forma en que suele tratarse en Inglaterra, fue criticada desde los medios ingleses por el gesto tras un contacto que parecía leve. Aun así, Argentina terminaría ganando el partido de octavos por penales.
Beckham intentó cobrar revancha cuatro años más tarde: marcó desde el punto penal en un triunfo 1-0 que, entre otras consecuencias, contribuyó a que Argentina quedara eliminada en la fase de grupos. En cada enfrentamiento, el duelo parece acumular capas: una vez que el partido se enciende, la rivalidad no se apaga hasta el pitido final.
En el otro lado del cuadro, Francia y España vuelven a verse en semifinales de un torneo grande, apenas dos años después de chocarse en la Eurocopa. En aquella ocasión, España venció 2-1, con Lamine Yamal anotando cuando todavía tenía 16 años, y luego se coronó al superar a Inglaterra en la final.
El contexto de selecciones también cambió. En el torneo europeo, las capacidades de Kylian Mbappé se vieron afectadas tras sufrir una fractura en la nariz. Mientras tanto, figuras emergentes como Michael Olise y Désiré Doué todavía no habían terminado de explotar. Dos años después, el Mundial presenta un panorama distinto: Francia es vista por muchos como el equipo más convincente del certamen, con una batería deslumbrante de talento ofensivo y, además, con Mbappé compartiendo el liderazgo goleador justo antes de una semifinal que llega el mismo día en que se celebra el 14 de julio en Francia, el “Día de la Bastilla”.
España, en cambio, arribó con preocupaciones físicas. Yamal y el extremo Nico Williams llegaron con molestias, y el equipo terminó recurriendo a goles tardíos. En sus dos compromisos más recientes, fueron la aportación desde el banquillo de Mikel Merino y su capacidad para decidir en el tramo final los que permitieron dejar atrás a Portugal y Bélgica.
Las selecciones ya se han enfrentado en varias ocasiones en Copas del Mundo o en Eurocopas. Francia, por ejemplo, se impuso a España en la final de la Euro 84. Con ese antecedente, el choque de semifinales vuelve a colocar a ambas naciones frente a frente con viejas referencias y la promesa de un partido de alto voltaje.
Más allá de la rivalidad, el Mundial también se está volviendo un mini torneo dentro del torneo: la carrera goleadora y el estado de forma de varios delanteros que llegaron a su punto máximo en el momento más importante. Aunque Erling Haaland puede quedar fuera de la pelea por el premio tras la derrota de Noruega ante Inglaterra el sábado, cinco de los seis máximos artilleros todavía siguen en competencia y aún existe la posibilidad de que otros futbolistas se sumen con goles decisivos.
Mbappé y Lionel Messi encabezan el listado con ocho tantos cada uno. Haaland cerró con siete. Jude Bellingham y Harry Kane suman seis cada uno, mientras que Ousmane Dembélé registra cinco. Mikel Oyarzabal aparece con cuatro goles, así que todavía puede meterse en la pelea si España supera a Francia en la semifinal.
La historia no termina en el Mundial de este año: también está en juego el récord histórico de goleadores en Copas del Mundo. Messi acumula 21 tantos en toda su carrera mundialista, mientras que Mbappé llega a 20, lo que convierte cada gol en una posible marca que trasciende el presente.
Messi, además, ya es considerado por muchos como el mejor de todos los tiempos, el “GOAT”. Sus actuaciones en lo que probablemente sea su última Copa del Mundo, con 39 años, han reforzado ese argumento. Esta será, también, la primera vez que el astro argentino juegue un partido de Mundial contra Inglaterra, un detalle que añade un componente extra de simbolismo al cruce.
Si Messi logra conducir a Argentina hasta el título, superaría a Pelé en una narrativa de dominio mundial: alcanzaría dos Copas del Mundo ganadas con su selección, rebasando al mito que había dejado su huella en la historia con tres trofeos, uno de ellos en 1970. Y el récord colectivo también tendría un sello particular: Argentina podría convertirse en el primer campeón en repetir de forma consecutiva desde Brasil, que lo hizo en 1958 y 1962.
Pelé, además, formó parte de aquellos equipos brasileños y también terminó conquistando un tercer Mundial en 1970, consolidando una era de grandeza que ahora mira de reojo el posible salto de Argentina. El desenlace está cerca: el jueves o el domingo se escribirá el capítulo final, pero antes habrá que ganar dos noches que ya se sienten históricas.