Dembélé se acerca al máximo goleador: triplete y liderato para Francia
El poseedor del Balón de Oro, Ousmane Dembélé, se mantiene muy cerca de los máximos goleadores del torneo y ya quedó a solo dos dianas de Kylian Mbappé y de Lionel Messi en la lucha por el Trofeo al máximo artillero. Ese acercamiento llegó, sobre todo, por su descomunal triplete en la victoria 4-1 de Francia sobre Noruega, resultado que le aseguró el primer puesto del Grupo I.
Key takeaways
- Ousmane Dembélé recortó distancia en la carrera por el Golden Boot tras marcar tres goles en un 4-1 a Noruega.
- El francés terminó como líder de su grupo gracias a ese triunfo que puso fin a la disputa por el primer lugar del Grupo I.
- Michael Olise todavía no suma goles, aunque aportó cinco asistencias con Francia.
- Didier Deschamps ha alternado en ataque entre Bradley Barcola y Désiré Doué, con tres goles combinados entre ambos.
- El artículo repasa los mejores delanteros y formaciones ofensivas de la historia mundialista, desde 1954 hasta 2002.
El sprint francés y la rotación ofensiva
Mientras Dembélé se colocó en plena pelea por el máximo registro goleador, Michael Olise aún no ha logrado estrenarse en el marcador. Aun así, su impacto en el juego ofensivo no pasa desapercibido: dejó para el recuerdo un remate de tijera espectacular ante Suecia, aunque el balón terminó rebotando en la base del poste derecho y se fue sin premio. En lo que va de su participación, el futbolista del Bayern Munich ya suma cinco asistencias y ha sido clave para alimentar el ataque de su selección.
Con todo, el gran argumento ofensivo de Francia no solo está en un nombre, sino en la capacidad del equipo para sostener el nivel con variantes. Didier Deschamps ha podido alternar entre Bradley Barcola y Désiré Doué, quienes ya acumulan tres goles entre ambos. La pregunta que abre el texto es directa: si Francia mantiene su rendimiento ofensivo hasta el final del certamen, ¿en qué lugar podría ubicarse entre las mejores líneas de ataque en la historia de los Mundiales?
De los Magiares a la Brasil de 1970: los ataques que marcaron épocas
Para entender cómo se construyen las dinastías ofensivas, el repaso arranca en el Mundial de 1954. Alemania Occidental sorprendió como campeona, pero no fue un fruto casual. El conjunto dirigido por Sepp Herberger sufrió un duro golpe en la fase de grupos, al perder con Hungría, aunque después mostró una resiliencia enorme: fue capaz de remontar dos goles de desventaja y derrotar al mismo rival en la final.
El motor del éxito germano estuvo en su ataque, diseñado desde el liderazgo del capitán Fritz Walter, que conserva el récord global de asistencias en Mundiales con nueve. Max Morlock anotó seis tantos en aquel torneo; entre ellos se contabiliza el gol que redujo la distancia en la final, justo después de que Alemania Occidental encajara dos goles durante los primeros diez minutos.
Helmut Rahn fue la figura decisiva en el partido por el título: marcó el empate en Berna y luego firmó el tanto ganador con seis minutos para el final. Además, el texto subraya un dato clave para medir la capacidad goleadora: Hans Schafer y Ottmar Walter también anotaron cuatro goles cada uno en Suiza, de modo que Alemania Occidental cerró el torneo con 25 tantos en total, la segunda mejor cifra en la historia de los Mundiales.
El recorrido continúa con el Mundial de 1958 y con una frase atribuida a Just Fontaine. Se decía que, al ver a Pelé en acción en Suecia, el francés sintió que quizá debía colgar los botines. Sin embargo, el propio relato matiza esa idea: Fontaine también era un talento enorme, un rematador letal. De hecho, fue el máximo goleador del torneo al convertir 13 veces en solo seis partidos, en un certamen que Pelé también iluminó.
Aun así, Fontaine reconoció que esperaba un mejor nivel de asistencia. En el equipo compartía con Roger Piantoni y Raymond Kopa, ambos importantes para que Francia llegara lejos. Piantoni y Kopa sumaron tres goles cada uno, y esa producción ayudó a que Francia terminara tercera en el Mundial de 1958. Kopa, además, dejó un registro histórico: estableció el récord de asistencias en un solo torneo con nueve, marca que sigue vigente.
En el Mundial de 1974 aparece el capítulo más ligado a una revolución futbolística: la trayectoria de Johan Cruyff y el impacto del llamado “Fútbol Total” del Ajax. El texto recuerda que el astro neerlandés había conquistado Europa y que se esperaba que su selección guiara a Países Bajos hacia la gloria en Alemania. Durante buena parte del torneo pareció imposible frenar al equipo de Rinus Michels, y la idea se refuerza con la descripción de su ofensiva.
Con dos extremos de enorme calidad, Johnny Rep y Rob Rensenbrink, y con Johan Neeskens aportando desde el mediocampo para dar soporte al ataque, Cruyff deslumbra por elegancia e innovación. El relato destaca que llevó a su país a la final y, al mismo tiempo, contribuyó con tres goles y el mismo número de asistencias. Incluso Jan Olsson, defensor sueco, describió haber sido víctima sin querer del famoso “giro de Cruyff”, calificándolo como el “momento más orgulloso” de su carrera.
Pero el desenlace no fue perfecto: Países Bajos desperdició una ventaja de un gol en la final ante Alemania Occidental. Aun así, Cruyff terminó nombrado el mejor jugador del torneo, y su grupo de apoyo—Rep, Rensenbrink y Neeskens—aportó diez goles entre los tres. El texto sostiene que ese conjunto dejó una huella imborrable en el Mundial y también en el juego en general.
El repaso deriva hacia una “etiqueta” romántica: el título de “el mejor equipo que nunca ganó el Mundial” se asigna a la Hungría que terminó subcampeona en 1954. Aquellos “Mighty Magyars” llegaron a Suiza tras una racha invicta que venía desde 1950. Eran vistos como una fuerza imparable, apoyada en una ofensiva legendaria: Ferenc Puskás, Sándor Kocsis como figura goleadora, Nándor Hidegkuti como pionero del falso nueve y Zoltán Czibor como mago de las bandas.
El texto detalla que de los 27 goles que marcaron en el torneo, ese cuarteto produjo todos excepto cinco. Kocsis fue el protagonista con 11 tantos, lo que resultó decisivo para que el combinado de Gusztav Sebes llegara a la final pese a una lesión de Puskás. Esa baja lo dejó fuera de las victorias en la fase eliminatoria sobre Brasil y también sobre los campeones defensores Uruguay.
Sin embargo, aunque Hungría se convirtió en el equipo con más goles en la historia de los Mundiales—récord que aún conserva—no alzó la copa. La historia cambió en su enfrentamiento con Alemania Occidental, rival al que había aplastado 8-3 en la fase de grupos, pero que la superó en el partido decisivo. Así nació la leyenda conocida como “El Milagro de Berna”.
El siguiente salto temporal lleva al Mundial de 2002 en Japón y Corea del Sur, que el texto presenta como la gran redención de Ronaldo. Cuatro años antes, el delantero había sufrido una crisis convulsiva antes de la final de Brasil ante Francia, un hecho que lo dejó, según el relato, fuera de su mejor versión en el Stade de France. En 2002, el atacante que más brilló en la historia del fútbol llevó a su selección a un quinto título con ocho goles en apenas siete apariciones. Entre sus aportes, se señala especialmente su doblete en la final, en el 2-0 ante Alemania.
El artículo insiste en que Ronaldo no pudo hacerlo todo por sí solo. Para respaldar esa idea, menciona la jugada en la que Rivaldo deja un “amago” para el segundo tanto de Ronaldo en Yokohoma, reflejo de la conexión entre ambos. Además, se afirma que solo Ronaldo anotó más goles en el torneo que Rivaldo, quien fue elegido Jugador del Partido tanto contra Bélgica como frente a Inglaterra, en los choques de octavos de final y cuartos de final, respectivamente.
Sobre Ronaldinho, el texto recuerda su expulsión contra “Los Tres Leones” apenas unos minutos después de vencer a David Seaman con una falta magistral. Aun así, el balance fue positivo: se afirma que fue una delicia verlo durante el torneo y que mostró por qué luego pudo emular a Rivaldo y Ronaldo al ganar el Balón de Oro.
Finalmente, el repaso se detiene en la Brasil ganadora del Mundial de 1970. El relato la considera ampliamente como el mejor combinado internacional de la historia del fútbol y lo atribuye, en gran parte, a una delantera extraordinaria. Se menciona que Rivellino tenía uno de los pies izquierdos más temidos, Tostao era un delantero trabajador e inteligente que tanto creaba como anotaba, y Jairzinho—rápido por la banda derecha—hizo historia al marcar en los seis partidos que la Seleção disputó en México.
Pero, por encima de todos, Pelé aparece como la estrella indiscutible de “El Mayor Espectáculo del Mundo”. El texto lo presenta como “El Rey” que recuperó su corona tras haber sido prácticamente expulsado del Mundial de 1966 en Inglaterra. Pelé anotó cuatro goles en total y levantó la Copa Jules Rimet por tercera vez, un logro sin precedentes. Con su estilo “Jogo bonito”, Brasil terminó hechizando a millones de aficionados alrededor del planeta.