¿Dinastía moderna para los Hurricanes? La pregunta vuelve tras la coronación
Con los Carolina Hurricanes coronándose campeones de la Stanley Cup, vuelve a aparecer una pregunta que siempre acompaña a los equipos que tocan la cima: ¿podrían construir una dinastía “moderna”, al estilo de aquella que protagonizaron los Toronto Maple Leafs al levantar el trofeo en tres temporadas seguidas, entre 1947 y 1949? En el hockey, la respuesta suele dividirse y, en este caso, también: hay señales que ilusionan, pero no todo alcanza para hablar de dominio generacional.
Ventana abierta… pero no garantizada
Las reacciones entre gente con experiencia en Playoffs tienden a ser mixtas cuando se les consulta sobre el futuro inmediato de Carolina. Por un lado, el entrenador de los Ottawa Senators, Travis Green, dejó claro su diagnóstico tras el final de la serie de Primera Ronda del Este, en la que Ottawa fue barrido por los Hurricanes: “Los Hurricanes serán un equipo difícil otra vez la próxima temporada. Los Canes están hechos para esto —seguro”.
El concepto de “dinastía” también fue puesto sobre la mesa desde otro ángulo. Neil Smith, director general vinculado al título de los New York Rangers en 1994, sostuvo que para volverse dominante en el tiempo una organización necesita “varios astros”, o al menos “uno” que sostenga el nivel durante años.
La plantilla actual y el debate sobre las superestrellas
El campeón actual tiene un roster ganador, pero el argumento central del debate es el mismo: Carolina no cuenta con figuras del perfil de Connor McDavid o Nathan MacKinnon. Su base combina piezas clave como Jaccob Slavin, Sebastian Aho, Andrei Svechnikov y Seth Jarvis, además de refuerzos que ampliaron el plantel con la llegada de Nikolaj Ehlers y K’Andre Miller.
Incluso con ese andamiaje, hay quienes creen que todavía es pronto para etiquetar a los Hurricanes como una franquicia destinada a repetir. Bobby Holik, campeón de la Copa con los New Jersey Devils en dos ocasiones (1995 y 2000), resumió el sentir: “Es demasiado temprano para hablar de dinastía para Carolina”.
Desde otra perspectiva histórica, Eric Zweig, autor de “The Toronto Maple Leafs: The Complete Oral History”, opinó por correo que los Hurricanes son “un equipo sin estrellas de primer nivel”, aunque al mismo tiempo “se parecen mucho a su entrenador, Rod Brind’Amour”.
- Para ser dinástico, un equipo debe sostenerse con “varios súper talentos” o al menos “uno” que marque la diferencia por temporadas.
- Carolina tiene un núcleo competitivo con Slavin, Aho, Svechnikov y Jarvis, reforzado con Ehlers y K’Andre Miller.
- Hay voces que consideran que aún no es momento de hablar de dinastía para el campeón, aunque sí de competitividad real.
El espejo de los Maple Leafs: tres Copas seguidas y un punto de quiebre
El antecedente que más se menciona es el de Toronto. Los Maple Leafs se convirtieron en el primer equipo en ganar la Stanley Cup en tres campañas consecutivas: 1947, 1948 y 1949. Luego volverían a levantar el trofeo en 1951. Además, es llamativo que en los años 1946-47 y 1948-49 ningún jugador de patinaje fuera seleccionado para el Primer o Segundo Equipo All-Star de la NHL.
Conn Smythe, propietario de esas escuadras campeonas de Toronto, explicó la fórmula desde su experiencia: “Ganamos primero por la conducción de Hap Day; segundo por la presencia de los veteranos que ya habían vivido la conquista; y tercero por la actuación de los chicos que querían ser campeones”.
En ese periodo “dinástico”, el único All-Star asociado a Toronto fue el portero Walter “Turk” Broda, que recibió el reconocimiento en 1947-48. Broda ingresó al Salón de la Fama del Hockey en 1967, veinte años después de la primera de las tres victorias consecutivas de los Leafs.
La comparación con Carolina no es exacta, pero sí iluminadora: mientras Toronto se apoyó en Broda, los Hurricanes necesitaron el aporte de un guardameta no seleccionado en el draft, Brandon Bussi. En el Juego 3 tomó el relevo de Frederik Andersen y frenó 81 de 87 disparos. Su actuación fue decisiva en el tramo final: cerró la serie con marca de 3-1, con efectividad de 1.60 goles en contra y porcentaje de atajadas de .931.
| Momento | Dato destacado |
|---|---|
| Relevo en Juego 3 | Detuvo 81 de 87 tiros tras sustituir a Frederik Andersen |
| Balance en Playoffs | 3-1 con 1.60 GAA y .931 de porcentaje de atajadas |
| Juego 6 (Copa) | 22 salvamentos en la victoria 3-0 ante Vegas Golden Knights |
Si Bussi está en condiciones de sostener ese nivel a largo plazo es algo que, por ahora, queda en suspenso hasta ver la próxima temporada.
Liderazgo, giros clave y el peso de competir “contra el campeón”
Más allá de los arqueros, el paralelismo entre épocas se centra en el liderazgo. Los Hurricanes actuales y los Maple Leafs de finales de los cuarenta comparten un rasgo: la figura que organiza al equipo desde la responsabilidad. Carolina tiene a su capitán Jordan Staal, ganador del Conn Smythe Trophy, como una especie de versión moderna de Syl Apps, capitán y referente de Toronto. Apps, a los 32 años, consideraba retirarse cuando los Leafs ganaron la Copa en 1947.
Hap Day, entrenador de aquellos Leafs, fue señalado por Smythe como pieza clave, y en el mismo espíritu, Day también fue recordado por Syl Apps. “Syl fue invaluable”, remarcó Day.
En el cierre de 1947, el punto de quiebre del Final fue el gol de Apps en el Juego 4 ante los Montreal Canadiens. El historiador Kevin Shea, autor de “The Toronto Maple Leaf Hockey Club: Official Centennial Publication”, reconstruyó la escena: “El partido 1-1 se fue a tiempo extra”. Y añadió el detalle decisivo: “A los 16:36 del tiempo extra, Apps tomó el disco detrás de la portería de Montreal, lo acomodó y, con un remate tipo vuelta, lo metió entre las piernas del arquero Bill Durnan”.
Toronto terminó imponiéndose sobre el campeón defensor, Montreal, en seis partidos.
En el caso de Carolina, el giro de la historia reciente se dio en el Juego 4. El tanto de Staal a los 6:32 del tercer periodo en un triunfo 5-3 permitió igualar la serie al mejor de siete 2-2, y desde ese momento los Hurricanes no volvieron a perder. Bussi respondió con 18 atajadas en su estreno en Playoffs de la NHL y el equipo mantuvo el envión.
Staal acumuló 12 puntos en 19 juegos de postemporada (ocho goles y cuatro asistencias). Con 37 años y 227 días, es el jugador de mayor edad en ser elegido MVP de la postemporada.
La lectura del impacto de Staal la resumió Taylor Hall, delantero de Carolina: “Jordan fue una bestia. Marcó en todos los partidos del equipo. No se metió en problemas con sanciones, no se descontroló, nunca gritó ni a sus compañeros ni a los árbitros”.
En la celebración en Raleigh, Carolina del Norte, el sábado, Staal y sus compañeros estuvieron más enfocados en la euforia del momento que en pensar en una posible segunda conquista consecutiva o en la palabra “dinastía”.
Holik, al mirar hacia adelante, también fue directo sobre el desafío de repetir: “Sé por experiencia que ganar dos seguidas es complicado. La próxima temporada los Canes podrían perder el impulso, perder la misma ambición y caer por fatiga. Todos los equipos van a jugarles más duro porque ahora son campeones”.
Y cerró con una cautela que resume el debate: “Una dinastía es una apuesta a largo plazo. Una apuesta muy larga”.