EE. UU. frenó a Alemania con carácter: ¿bastará de cara al Mundial histórico?
En el minuto 48 del duelo de la selección de Estados Unidos ante Alemania, el partido mostró con nitidez la diferencia de niveles. Jonathan Tah salió a cortar una jugada peligrosa por la derecha y, con una calma que contrastó con el esfuerzo estadounidense, bloqueó el intento de Christian Pulisic tras una acción que había nacido con una asistencia para Folarin Balogun. Lo que para el local parecía requerir el máximo de energía, para el visitante se resolvió como si fuera sencillo.
En conjunto, esa escena funcionó como un reflejo del guion completo del encuentro: el equipo norteamericano aceleró, respiró con dificultad y apretó, pero Alemania administró el trámite con mayor control. Los germanos marcaron una vez en una jugada fija y sumaron otro tanto por medio de un ataque trabajado. Aunque Estados Unidos buscó reaccionar, nunca terminó de imponer sus ritmos.
Resumen rápido
- Estados Unidos y Alemania disputaron un partido en el que Alemania ganó 2-1.
- En el minuto 48, Tah bloqueó una acción de Pulisic tras una jugada por banda.
- A los dos minutos, Kai Havertz anotó tras un tiro de falta.
- El gol de Antonee Robinson llegó desde fuera del área con un remate de volea.
- Musiala habilitó a Havertz y, poco después, Leroy Sané aprovechó espacio para cerrar el 2-1.
Más allá del marcador, el resultado fue especialmente cómodo para Alemania. El equipo visitante “crucereaba” en términos de intensidad: quería ganar, sí, pero no necesitó desbordarse. Estados Unidos, en cambio, vivió acelerado, con momentos de fútbol interesante, aunque sin la capacidad de sostener el dominio el tiempo suficiente como para cambiar el desenlace.
Desde el lado estadounidense se habló de “lucha” y de que se estuvo “cerca”, pero el relato del partido no coincide del todo con esa lectura. Alemania no se sintió realmente presionada en los pasajes clave: el mejor escenario para Estados Unidos fue un rival favorito al que, pese al esfuerzo, no logró incomodar de forma sostenida. Y ahí aparece el gran interrogante: ¿hacia dónde puede evolucionar este proyecto con una apuesta económica tan grande?
El mejor tramo… y la brecha de fondo
El sábado, eso sí, dejó una mejora visible. Durante cerca de treinta minutos, Estados Unidos se vio como su versión más sólida bajo la dirección de Mauricio Pochettino. El técnico argentino ha pasado buena parte de sus dos años al mando ajustando piezas y alterando dinámicas, y esta vez el once estuvo bastante cerca de su fuerza completa. Con todo, no fue una victoria, pero sí una señal: pasar de ser “superado por completo” a caer “apenas” ya es, en términos objetivos, un avance.
Sin embargo, la diferencia de calidad seguía estando allí. Alemania se adelantó dentro de los primeros dos minutos: Kai Havertz empujó la pelota tras un saque de falta, apareciendo con demasiada libertad en el área chica. A partir de ese momento, los germanos administraron el balón con cierta comodidad, mientras Florian Wirtz y Jamal Musiala aportaban ideas ofensivas. También hubo buen movimiento de Havertz y pases ordenados de Joshua Kimmich.
La historia pudo ampliarse temprano: a los seis minutos, el balón volvió a entrar a la red, pero el tanto fue anulado luego de determinarse correctamente que la pelota había cruzado la línea de banda antes del centro de Leroy Sané. Aun con esa jugada invalidada, el mensaje fue claro: Alemania encontraba espacios y llegaba con peligro.
Luego llegó la reacción de Estados Unidos, aunque no desde un control real del partido, sino cambiando el ritmo. La presión se volvió más intensa en ciertos tramos, y Malik Tillman recuperó balones en varias acciones, defendiendo con compromiso y atacando con decisión. Pulisic se movió con chispa, se metió en el área con atrevimiento y se mostró hambriento. Sergiño Dest se lanzó por la derecha y entró al área con velocidad, mientras Balogun perseguía opciones que a ratos se perdían.
A pesar del empuje, Alemania no lució angustiada. Tras veinticinco minutos, Estados Unidos apenas tocó el balón tres veces dentro de su propia área. Y, como si fuera poco, el primer disparo con dirección a portería terminó en gol: Antonee Robinson, autor de apenas nueve tantos en su carrera antes del partido, conectó una volea desde fuera del área para vencer al rival. En la celebración, realizó un salto hacia atrás como quien lo hace con frecuencia.
Con todo, la sensación era que Estados Unidos ofrecía demasiadas facilidades. La predisposición a presionar dejaba al equipo con espacios, y ese detalle terminó pesando.
El golpe final y la rotación
Cuando se rozaba la hora de juego, Musiala encontró un margen de acción y lanzó un pase hacia Havertz, que también recibió con ventaja. Acto seguido, Sané se metió dentro de lo que, una vez más, terminó siendo “demasiado espacio” y definió para cerrar el marcador. Con el 2-1, la historia se estabilizó: ambos entrenadores movieron el banco, pero las rotaciones no dejaron un impacto decisivo.
Estados Unidos sí tuvo más posesión, pero con poco efecto. Tres de sus cuatro remates a puerta llegaron en el segundo tiempo, aunque el dato más duro fue que no generó una “gran oportunidad” que cambiara el partido de verdad.
En los últimos cuarenta y cinco minutos quedó otra imagen: una especie de tensión petulante, sobre todo en el contacto. Tim Weah se pasó de rosca al barrer con fuerza para molestia de David Raum. Nico Schlotterbeck respondió con un empujón y, en consecuencia, el banquillo de Estados Unidos se vació en parte de forma visible. El árbitro mostró amarillas a Weah y a Schlotterbeck.
Analizar estos episodios es delicado: en lo objetivo, no alteran el fondo del rendimiento. Desde la óptica del conjunto norteamericano, el cierre pareció algo absurdo: el marcador ya estaba decidido y el minuto 92 no pedía una entrada a dos pies. Aun así, la reacción del banco fue intensa y el clima se calentó, pero cuesta identificar una consecuencia concreta de ese estallido.
Las palabras de Pochettino
Tras el partido, Pochettino afirmó que el arbitraje fue cuestionable durante todo el encuentro, aunque valoró la forma en que su equipo respondió. Explicó que Alemania fue más agresiva desde el inicio y que el árbitro no manejó bien la situación, generando el mensaje implícito de que el duelo debía volverse más duro también para Estados Unidos.
“Alemania fue un poco agresiva desde el comienzo, y creo que el árbitro no gestionó bien la situación. Y eso fue como crear la sensación de que a veces también necesitamos ser agresivos. La situación está bien para tenerla. Les importa, nos importa. Somos competitivos. Ellos son competitivos”, dijo el entrenador.
Pero en el historial del equipo estadounidense, la competitividad y el esfuerzo siempre han formado parte de la identidad. En un programa que solo ha ganado un partido de eliminación directa en su historia, la exigencia en esta etapa es mayor. Con lo visto, resulta difícil ver de dónde puede salir esa “victoria distintiva” que marque un salto cualitativo, y ese punto termina abriendo una discusión sobre el propio proceso de Pochettino.
El técnico argentino llega con un currículum impecable: dirigió a Tottenham, PSG y Chelsea. Además, se informó que recibió más de 5 millones de dólares por sus primeros siete meses al frente, según documentos fiscales. Su antecesor, Gregg Berhalter, habría percibido alrededor de 1,6 millones de dólares por año. En el plano internacional, solo Carlo Ancelotti, que dirige a Brasil, tiene un sueldo superior.
Hay señales que invitan a la esperanza, pero tanto Estados Unidos como su afición deben dejar de tomar el “esforzarse” como una medida suficiente del éxito. La promesa no puede quedarse en buenas sensaciones o en un partido que se vende como valiente, si el resultado final no sostiene una evolución real.
En cierto sentido, el partido también recordó la idea de las generaciones anteriores: equipos que se consideraban inferiores en el papel y, por eso, subestimados; pero que aun así luchaban hasta arañar resultados o, al menos, derrotas con honor. Ese enfoque “estadounidense” es entendible en un país donde la tradición futbolera no es tan larga, y donde a veces se tiende a aferrarse a lo conocido.
No obstante, ese argumento pierde matices cuando llega el momento de traducir la “pelea” en resultados. Hasta ahora, bajo Pochettino, no hay mucho sobre lo cual sostener una firma clara de progreso.
Los mensajes del vestuario
Lo más alentador del sábado, según el propio relato del equipo, fue cierta recuperación emocional tras el golpe inicial. Estados Unidos se había puesto abajo por 1-0 y en etapas anteriores eso solía terminar en goleadas más pesadas. Antonee Robinson dejó claro después del partido que quedó satisfecho con la respuesta tras encajar temprano. Su argumento fue simple: era positivo que el conjunto no se desmoronara.
“Estoy decepcionado de haber perdido, pero hay muchos aspectos positivos para rescatar. Siento que al encajar tan temprano, fácilmente podríamos habernos roto y que hubiera sido un día muy, muy malo de cara al torneo. Pero reaccionamos y en ciertos momentos jugamos realmente buen fútbol y nos vimos bien, nos vimos competitivos”, afirmó Robinson.
Tyler Adams compartió el mismo enfoque. “No te imaginas el partido encajando en el primer minuto. Cuando pasa, tienes que unirte y levantarte”, comentó tras el encuentro.
Del lado alemán, Julian Nagelsmann también sostuvo que no fue un partido sencillo para su equipo. “Mantengo los dedos cruzados”, dijo al ser consultado por el desarrollo, dirigido a medios estadounidenses.
Sus palabras sonaron, de cualquier manera, con un tono algo condescendiente: mencionó que Estados Unidos tiene un entrenador “bueno”, una persona “muy agradable” y un técnico capaz, y expresó su esperanza de que el torneo sea favorable para ellos. También remarcó que lo que hizo difícil el choque para su rival fue la intensidad y la velocidad en varios puestos.
La conversación sobre la ambición venía de lejos. En septiembre de 2024, Pochettino habló en su presentación con un estilo de político experimentado. En esa primera conferencia, se volvió célebre una frase: “Necesitamos creer en cosas grandes. Tenemos que creer que no solo podemos ganar un partido, sino el Mundial”.
Desde entonces, su discurso giró en torno a creencias, metas altas y carácter. Insistió en que el equipo debía soñar en grande y tomar inspiración de la mentalidad ganadora y ambiciosa que se ve en otros deportes estadounidenses. Para él, eso implica jugar con el pie al frente: agresivos, atractivos y sin temor al momento. También rechazó la idea de que el tiempo previo al Mundial de 2026 sea insuficiente, defendiendo que los jugadores son lo bastante talentosos e inteligentes como para adaptarse rápido.
Por encima de todo, el mensaje fue de mentalidad: tras una Copa América dura y una ventana de septiembre plana, Estados Unidos necesitaba un impulso de confianza. Pochettino, relajado, seguro y a ratos con humor, pareció decidido a dar exactamente eso.
“No veo debilidad en el plantel. Siempre estamos positivos. Tenemos jugadores con muchísimo talento”, había manifestado también en su momento.
Aun así, desde entonces, los aficionados estadounidenses siguen esperando que esas promesas se materialicen.
El entrenador, mientras tanto, defendió su trabajo. Tras derrotas consecutivas ante Bélgica y Portugal, dijo: “Somos Estados Unidos. Competimos contra Bélgica, Portugal. Creo que Bélgica y Portugal están dentro de los primeros 100 jugadores, algunos o varios de ellos juegan dentro de ese top 100. Nosotros no. Por eso es bueno enfrentarse a equipos de ese tipo”.
Hoy el debate es si el equipo realmente consiguió algo distinto y significativo respecto a lo anterior, más allá del nombre más grande y del salario mucho más alto.
En el plano más amplio, Estados Unidos debería ser temido, no solo por tener “un entrenador bueno y agradable” que dirige a un plantel con “velocidad en diferentes posiciones”. La expectativa tendría que ser otra: que el equipo sea tanto un conjunto de primer nivel como un rival incómodo. Y, con lo visto, esa sensación de miedo no termina de aparecer. La gran pregunta es qué hace realmente el equipo y qué puede celebrarse si el mejor aprendizaje del partido de despedida hacia el Mundial es que no se rompió y no fue fácil de jugar.
Este fichaje es carísimo y llega con un currículum brillante. Sin embargo, el cambio visible se ha limitado. Se contrató a Pochettino como estratega para agitar el entorno y remover piezas. Sí, es un entrenador de elite y ya ha lidiado con egos grandes, especialmente en el PSG de 2021 a 2022. Pero por ahora no queda claro por qué Estados Unidos invirtió tanto en una sola figura.
Si la intención era reiniciar, hacer que los jugadores sientieran presión real por su puesto y construir algo nuevo, entonces la pregunta es directa: ¿qué cambió en el terreno?
Con Berhalter, el equipo también ofrecía actuaciones con espíritu ante rivales de clase alta. Los entrenadores anteriores hacían, en gran medida, lo mismo. Pochettino se adaptó al país e incluso reconoció un choque cultural real. Pero, ¿se transformó el conjunto de verdad? En cada momento, lo que se vio fue una caída “con honor” frente a un rival mejor: México fue superior en la final de la Gold Cup al contar con un once más fuerte y de ganadores con experiencia; Portugal y Bélgica fueron mejores en marzo; y Alemania también entró en esa lista de rivales de élite.
Estados Unidos respondió, descontó en el marcador y aun así se descontroló en el sábado, en vez de convertir el impulso en algo más. Sí, los Mundiales se construyen con energía, vibra y espíritu. El equipo norteamericano se apoya en la idea de que podrá canalizar todo eso en el torneo, y el juego de grupo tiene una dosis inevitable de imprevisibilidad. Además, estos jugadores parecen gustarse entre sí, y eso merece un crédito por no rendirse.
Pero el mensaje posterior al partido sonó a “eso fue suficiente”. La cuestión es si realmente lo fue.