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Egipto cae con orgullo en el Mundial y Argentina se impone en octavos

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
8 julio 2026 6 min de lectura

Para Egipto, primero llega el golpe. El orgullo puede esperar un poco más.

Ese es el costado más cruel del fútbol: una noche puede cambiarlo todo, como ocurrió en este choque de octavos de final del Mundial, donde los egipcios, en su primera experiencia en esta ronda histórica, no fueron barridos por el vigente campeón Argentina ni pudieron ser superados con facilidad por Lionel Messi… hasta los últimos instantes.

Cuando faltaban 11 minutos del tiempo reglamentario, Egipto ganaba 2-0. Su portero estaba inspirado, las contras salían con filo, Mohamed Salah se mostraba concentrado y la grada empezaba a creer que estaban presenciando el resultado más grande en la historia del fútbol del país. Durante casi 80 minutos, Egipto hizo casi todo bien. Luego llegó Messi.

En la Copa Africana de Naciones no había sido así, pero en Atlanta, Hossan Hassan planteó un plan claro y con idea: replegarse profundo, compactar las zonas centrales, frenar a Messi entre líneas y, cuando se diera la ocasión, atacar rápido el espacio que quedara detrás. El método funcionó.

El gol de Yasser Ibrahim, a los 15 minutos, le dio la plataforma a Egipto y, poco a poco, Argentina se fue poniendo nerviosa. Messi falló desde el punto penal, Mostafa Shoubir le negó la oportunidad con una intervención magnífica y, con las atajadas del primer tiempo, los “faraones” sintieron que podían ser “una de esas noches”.

Shoubir no solo tuvo trabajo: su manera de desafiar al partido fue transformando la psicología. A medida que los argentinos empezaron a dudar, su precisión al disparar bajó, los defensores egipcios se lanzaron a cortar cada intento y Salah ofrecía siempre una salida. Entre líneas, Mostafa Zico estaba encendido.

Haissem Hassan, que fue elegido antes que Omar Marmoush tras su irrupción prometedora ante Australia, fue una revelación. Junto a Shoubir, dejó quizá la mejor actuación individual de un futbolista egipcio en el Mundial.

Justo antes de la hora, Hassan le arrebató el balón a Lisandro Martínez, rompió hacia adelante y esquivó varios intentos de Argentina con un regate de esos que parecen mágicos, para luego asistir a Salah. El veterano avanzó y, después, habilitó a Zico para el 2-0, dejando a los campeones del mundo completamente aturdidos. Era un gol sublime de contraataque, de los mejores del torneo, pero no terminó de contar: el árbitro, con ayuda del VAR, anuló la jugada al detectar que en la acción previa le habían pisado el pie a Martínez.

En el banquillo egipcio se desató una incredulidad cargada de molestia por la decisión. Se discutía que, por el tipo de falta y por todo lo que ocurrió entre que Martínez cayó y que el gol se marcó, la jugada parecía ir más allá del castigo. Aun así, el episodio pertenecía a la misma secuencia y desembocó directamente en la oportunidad de gol.

Con todo, el mal sabor de Egipto no se borró. Siete minutos después, igual llegó su segundo tanto: Hassan, en otro momento de nivel, preparó el 2-0 para Zico. Para ellos se sintió como una especie de justicia futbolística, porque la insistencia en ampliar la ventaja contra un Argentina claramente tambaleante estaba dando resultado. En ese punto, el vigente campeón parecía acabado.

Venían de sufrir en el partido anterior contra Cabo Verde, donde llegaron a tiempos extra tras rozar una humillación histórica, y ahora se repetía el guion. La defensa argentina mostraba fragilidad, el mediocampo se veía estirado y los habituales no lograban sostener el control de su energía emocional. El orden defensivo egipcio hacía pensar que el golpe podía ser real.

Pero resistir ante Argentina no es lo mismo que resistir ante Messi.

Hasta el minuto 79, el argentino estaba contenido. Egipto lo neutralizaba, lo rodeaba, anticipaba sus movimientos y le cortaba el ritmo. Sin embargo, Lionel Scaloni lo movió hacia un costado más abierto, lo desplazó hacia la izquierda y el campo se abrió. Hossam Hassan reaccionó con algo más de lentitud.

Desde la banda, Messi encontró ángulos y espacios que antes le habían negado en el centro. Su centro para Cristian Romero permitió que Argentina redujera la distancia y, con ese gol, cambió el aire dentro del estadio.

Cuatro minutos más tarde, Messi igualó. En un instante que quedará en la memoria egipcia durante años, el astro conectó una media volea perfecta que se estrelló dentro del arco, entrando con fuerza desde el envío de Shobeir, y así recuperó la eliminatoria para su selección y, al mismo tiempo, devolvió a Messi desde el borde de la eliminación del Mundial.

Noventa minutos de frustración… y después, cuatro de magia.

Egipto quedó atrapado entre dos sensaciones: había visto y sentido lo vulnerable que era Argentina, y además se había ilusionado por su capacidad de marcar en tres ocasiones. No obstante, la resistencia defensiva es parte del ADN de este equipo. También aparecía la intención clara de replegarse, proteger el área, cuidar las piernas cansadas y aguantar la presión con la idea de llegar a la prórroga.

La prórroga nunca llegó.

Egipto se lanzó hacia adelante, y Salah entró al área, pero Julián Álvarez lo frenó con una entrada que lo metió en funciones poco habituales. El árbitro dejó seguir y Argentina avanzó en oleadas. Lautaro Martínez levantó el balón hacia Enzo Fernández, quien se elevó por encima de la línea defensiva egipcia y mandó el cabezazo a la red, superando a un Shobeir ya sin reacción.

Para Argentina, alivio. Aún quedaban diez minutos de los once añadidos por el tiempo de descuento para jugar, pero el control ya era suyo. El orden natural se había restablecido.

Para Egipto, en cambio, la tristeza se transformó en rabia.

La historia recordó a la final de la Copa Africana de Naciones, cuando otra sensación de conspiración en el ambiente alimentó una atmósfera cargada. Hossam Hassan estalló de ira y después aseguró que el Mundial estaba dirigido hacia Argentina; los aficionados con ropa roja repitieron su indignación.

Hubo malestar por el VAR, por las inconsistencias y por una supuesta inclinación. En redes y conversaciones se acuñó el término “VARgentina”. Autoridades egipcias llegaron a afirmar que el torneo estaba arreglado, que todo estaba manipulado y que la FIFA “se robó” la historia. Otros, en contraste, señalaron que tras la caída de Senegal ante Bélgica la semana anterior, el argumento era claro: Egipto también tuvo responsabilidad por dejar escapar tan tarde una ventaja de dos goles.

La discusión importa porque aquí la distancia entre perder y ganar se sintió mínima, pero las consecuencias—las apuestas, el peso histórico de un triunfo o una derrota—son enormes. Más allá del resultado, la sensación fue que a Egipto le quitaron algo que merecía.

El tanto anulado, las quejas por la acción tardía que involucró a Salah antes del gol de Argentina, y la convicción de que hechos parecidos no recibieron el mismo tratamiento, terminaron contaminando lo que debería haberse recordado solo como una epopeya.

Sin embargo, con la luz del día, Egipto tendrá que mirar sus fallos.

Tenían 2-0, Argentina estaba contra la cuerda, Shoubir fue decisivo, Hassan dominó el partido, Zico marcó el ritmo y Salah siempre fue una amenaza. Cuando el reloj empezó a correr hacia el final, Egipto no debió limitarse a ser víctima del destino: debió convertirse en autor de una hazaña que estuvo a punto de ser realidad.

El dolor es real, pero—con el tiempo—también llegará el orgullo.

Egipto demostró que pertenecía a este nivel. Sostuvo a Bélgica, avanzó desde la fase de grupos, eliminó a Australia en la tanda de penales y después estuvo a minutos de dejar fuera al campeón. Contuvo a Messi casi hasta el final, hizo que Scaloni se quebrara de la emoción y dejó a Argentina sentir lo que significa sobrevivir (otra vez) a una alarma mayúscula.

Esta noche, para los faraones, habrá sufrimiento. Mañana habrá orgullo. Y de cara al futuro, esta noche se recordará como la prueba de que, por fin, el equipo africano más exitoso ha llegado a la escena mundial.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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