Messi salva el Mundial de la eliminación: Argentina vence a Egipto 2-0
Con apenas once minutos por disputarse y Argentina ya con un marcador de 2-0 en contra de Egipto, se instaló el temor de que el Mundial de Lionel Messi —una carrera internacional extraordinaria— estuviera cerca de vivir su capítulo final. Sin embargo, el capitán argentino volvió a demostrar que todavía es demasiado pronto para darlo por acabado.
Key takeaways
- Argentina remontó y terminó inclinando el duelo de octavos ante Egipto, con Messi como pieza decisiva en el tramo final.
- Mohamed Salah vivió otra noche amarga con su selección: buen nivel, gran responsabilidad, pero sin el triunfo definitorio que lo consagre en el Mundial.
- El partido enfrentó a dos figuras de la misma generación con recorridos internacionales que tomaron direcciones opuestas.
- Messi volvió a crecer cuando el encuentro se complicaba: primero participó en el gol y cuatro minutos después firmó la igualación.
- A pesar de no haber alcanzado aún una gloria máxima con Egipto en el Mundial, Salah dejó señales claras de su impacto histórico para el fútbol árabe moderno.
Messi volvió a aparecer cuando más se lo necesitaba
El impacto de Messi no se limitó a un momento puntual. Incluso cuando Argentina parecía al borde de perder el control del partido, su influencia fue en aumento con el correr de los minutos. Primero intervino con una asistencia para el tanto de Cristian Romero, que llegó en el minuto 79 con un cabezazo. Cuatro minutos después, el propio Messi volvió a marcar con un remate contundente que terminó por cambiar la dinámica del duelo y devolverle el protagonismo a los campeones vigentes.
El contraste con Salah fue evidente en la forma de entender el juego. Messi, además de mantener una conducción y un regate que siguen siendo sobresalientes, se transformó en el gran organizador: ahora controla los tiempos del partido a través del pase, el ritmo y la lectura del juego. En Atlanta, su capacidad para conducir la historia se impuso cuando el partido amenazaba con escaparse.
Salah, en cambio, no cuenta con la misma amplitud para asistir o con el perfil de creador que define al argentino. En su mejor versión, fue quizá el atacante de transiciones más letal del fútbol: directo, explosivo y tremendamente eficaz. Pero con el paso de los años, especialmente en los últimos 18 meses, su rol se fue moviendo hacia la definición de instantes, con la capacidad de decidir en destellos más que de dominar durante todo un periodo.
El “choque” de dos trayectorias y el peso de una ausencia
Este cruce de octavos entre Egipto y Argentina no fue solo un duelo entre dos grandes figuras de su generación. También funcionó como una colisión entre dos carreras internacionales que, con el tiempo, terminaron viajando hacia direcciones distintas.
Messi llegó a Atlanta todavía en la búsqueda de historia. Salah, por su parte, salió de la ciudad con su reputación reforzada en este torneo, aunque el momento internacional que lo consagre en una gran noche sigue sin llegar. Resulta especialmente simbólico que la oportunidad —probablemente la última— para conseguir una victoria icónica en el Mundial haya sido precisamente ante el futbolista cuyo nombre alguna vez compartió.
De la etiqueta “Messi egipcio” a una identidad propia
Cuando un Salah adolescente empezaba a asomar desde las categorías formativas de El Mokawloon, en el este de El Cairo, antes de dar el salto a Europa, era común escucharlo como el “Messi egipcio”. La comparación respondía a su estilo: un atacante menudo, ágil y de pie izquierdo, con equilibrio, aceleración y una mirada clara para el gol.
Con el paso de los años, la historia se repitió de manera casi inevitable: durante dos décadas, prácticamente todos los países buscaron tener su propio “Lionel Messi”. No obstante, lo más llamativo del recorrido de Salah no es qué tanto se parece al argentino, sino la forma contundente en que logró escapar de la comparación.
En el terreno, el partido de este martes reforzó esa idea. Messi y Salah comparten rasgos como el ataque por el costado derecho con perfil de pie izquierdo, pero el paso del tiempo los fue moldeando de forma diferente. Mientras Messi se convirtió en un director de orquesta que maneja el partido mediante la distribución y la visión, Salah mantuvo su condición de amenaza, aunque cada vez más concentrada en momentos concretos.
Rutas distintas hacia la élite
La diferencia también se explica por el camino recorrido. Messi aterrizó en Barcelona siendo apenas adolescente, conquistó prácticamente todos los trofeos importantes como parte de uno de los clubes más brillantes de la historia, y pasó casi dos décadas en un entorno diseñado alrededor de su talento, junto a figuras como Xavi Hernández, Andrés Iniesta y Sergio Busquets.
Salah, en cambio, inició su travesía desde Egipto hacia Basilea y luego aterrizó en el Chelsea, donde su etapa se frenó: hubo un arranque fallido. Después necesitó retroceder en el camino, con pasos por Fiorentina y Roma, antes de estallar como superestrella en Liverpool.
En cuanto a la edad, apenas los separan cinco años, pero el ritmo de acumulación fue distinto. Messi ya había sumado cinco Balones de Oro, ocho títulos de liga y cuatro Champions League cuando Salah firmó su temporada decisiva en Anfield en 2017-18.
Además, la percepción pública no fue igual. A diferencia del argentino, Salah no suele ser visto como el gran artista del fútbol. Aunque tiene una calidad técnica enorme, a menudo se lo ha colocado más cerca del perfil de Cristiano Ronaldo: un profesional obsesivo con el cuidado del cuerpo, el mantenimiento de una condición física extraordinaria y la capacidad de exprimir prácticamente todo el potencial de su talento.
Los “otros Messi” que no llegaron: una comparación que pesó
En la etapa de máximo rendimiento de Messi, las etiquetas de “el próximo Messi” aparecieron por todas partes. Se repetían en distintos países: Japón tuvo a Ryo Miyaichi; Escocia, a Ryan Gauld; Alemania, a Marko Marin; Israel, a Gai Assulin; México, a Giovani dos Santos; Corea del Sur, a Lee Seung-woo; Argelia, a Yassine Benzia; Croacia, a Alen Halilovic; España, a Bojan Krkic, entre muchos otros.
Con el tiempo, casi todos terminaron quedando por debajo de lo esperado. En algunos casos, de manera especialmente contundente. Otros no lograron recuperarse del peso de la comparación desde el inicio.
El Mundial de Salah: frustración, señales y avances históricos
Más allá de los matices del debate futbolístico, Salah arrastra una historia internacional marcada por la frustración. En el camino, inspiró la clasificación de Egipto para el Mundial de 2018, pero una lesión le impidió tener el impacto real en Rusia. Además, perdió dos finales de la Copa Africana de Naciones: ante Camerún en 2017 y ante Senegal en 2022.
Sin embargo, este Mundial cambió varios elementos del relato. Salah ayudó a Egipto a superar la fase de grupos por primera vez en su historia y luego los llevó hasta su primer triunfo en eliminatoria mundialista, al imponerse en los octavos a Australia.
Esos logros no desaparecen por haber quedado a un paso de los cuartos. Incluso en la derrota frente a Argentina se vieron destellos de por qué Salah es, en la era moderna, el futbolista más influyente que ha producido el mundo árabe.
Pese a todo lo conseguido, en los grandes círculos del fútbol global su nombre no se ha mencionado con la misma intensidad con la que se habla de Messi, Cristiano Ronaldo o incluso Kylian Mbappé. Se lo reconoce por su nivel sostenido, por los registros acumulados y también por haberse convertido, posiblemente, en el musulmán más reconocido del planeta, con capacidad de inspirar en distintos puntos del Medio Oriente.
Aun así, la conversación no terminó de ubicarlo al mismo nivel simbólico. Tal vez sea una víctima de su propia regularidad. Tal vez porque gran parte de su grandeza se construyó de forma constante, más que con un momento único y definitivo que lo estampe en la historia. Quizá también influyan las dudas que han quedado rondando sobre su rendimiento en los partidos más grandes.
Una derrota que no borra la marca
Paradójicamente, el revés ante Argentina podría no modificar de forma drástica esa percepción. Pero tampoco debería opacar lo que Salah logró en este Mundial.
Fue clave en el recorrido más importante de Egipto en una Copa del Mundo: abrió camino, rompió barreras y, aunque ya no esté en su pico eléctrico de 2018, al menos dejó huella en el torneo. Cuando empiece el próximo Mundial, Salah tendrá 37 años. Aunque no es del todo imposible que esté presente, la derrota frente a Argentina apunta a que esta podría ser la última gran página de su carrera en el escenario más grande del fútbol.
Así, el ciclo se completa. Lo llamaron “como Messi”, pero no consiguió eliminar al “GOAT” en la competición mayor. Aun así, se va de Atlanta con dignidad: ya había alcanzado lo que otros “nuevos Messi” no pudieron. Salah se marcha habiendo construido su propia leyenda.