El balón “inteligente” del Mundial no se deja sin batería: clave para jugar
IRVINE, California — En cada partido de este verano, durante el Mundial de la FIFA, hay una figura encargada de una misión tan decisiva como moderna: garantizar que el balón, literalmente, no “muera” antes de tiempo.
Key takeaways
- El balón oficial del torneo es la Adidas Trionda, un modelo “conectado” que envía grandes volúmenes de datos casi en tiempo real.
- La tecnología del balón busca apoyar decisiones de fuera de juego con información que no se había visto antes en este contexto.
- Los balones deben cargarse previamente: desde 0% a carga completa tardan alrededor de dos horas y media.
- Durante los partidos se emplean más de una docena de balones conectados, alternándolos entre momentos de juego.
- Existe un control central que monitorea la carga de cada unidad, con la indicación de que no se ha presentado un caso de batería agotada en pruebas anteriores.
La logística detrás de los “balones inteligentes”
En la era posterior a la tecnología omnipresente, jugar al fútbol también implica administrar energía. La Trionda, identificada por Adidas como “connected”, funciona como un balón inteligente capaz de transmitir una cantidad muy alta de datos en lapsos cercanos a la inmediatez, con el objetivo de alimentar análisis estadísticos y, sobre todo, facilitar decisiones de fuera de juego apoyadas por información adicional.
Esto, lógicamente, obliga a cargar el dispositivo. Para cada encuentro, se utilizan simultáneamente más de una docena de balones conectados: uno entra cuando otro queda fuera de juego. Todos reciben carga en estaciones de acoplamiento inalámbricas instaladas con anticipación. Si una unidad llega con 0% de batería, necesita aproximadamente dos horas y media para completarse.
Una vez cargados, los balones están diseñados para funcionar durante hasta seis horas. Además, incorporan un sistema de ahorro que los envía a un “modo hibernación” cuando permanecen en el banquillo o fuera de uso en los márgenes del partido.
Como capa extra de seguridad, hay un responsable que vigila el nivel de carga de cada balón mediante una pantalla central. Adidas subraya que, hasta el momento, no ha registrado situaciones en las que un balón se quedara sin energía durante pruebas previas.
Cómo la Trionda mejora el fuera de juego y se ajusta al balón “tradicional”
Tor Southard, vicepresidente de rendimiento y operaciones de Adidas, explicó el enfoque para que el sistema sea confiable en cualquier circunstancia. Según su argumento, el punto de partida fue establecer límites claros: “conocemos la duración máxima de los partidos y las condiciones climáticas máximas en cada una de estas sedes”, por lo que se definieron “barandillas” sobre lo que el balón debía garantizar. También remarcó la existencia de múltiples medidas preventivas, incluyendo la cantidad de balones de reserva listos para entrar en caso necesario, con la intención de cubrir los escenarios más exigentes.
La Trionda representa un avance respecto al balón usado en el Mundial anterior, el de Qatar. En esta edición, la integración de los datos en las decisiones de fuera de juego ya se ha hecho notar. En el duelo entre Suecia y Túnez, un tanto que en un primer momento había sido anulado por fuera de juego terminó validándose cuando la información transmitida por el balón conectado reveló que un contacto mínimo de otro jugador sueco había intervenido en la jugada, tocando al autor del gol. Adidas sostiene que el balón utilizado en Qatar no habría podido aportar una pieza así de determinante.
Otro cambio clave está en la ubicación del chip. En lugar de ir montado en el centro del “globo” interno del balón, como se hacía anteriormente, la Trionda lo integra dentro del lateral de uno de sus cuatro paneles. Southard señaló que fue un proceso largo encontrar la mejor manera de contrapesar el chip para que su presencia no genere sensación de desequilibrio ni afecte la aerodinámica.
Los equipos de desarrollo también tuvieron que asegurarse de que las versiones sin chip —las que usan los equipos durante entrenamientos y calentamientos, y las que se venden al público— se comporten de forma idéntica a las conectadas. “Lo más importante es que el balón vuele con precisión y de manera predecible una y otra vez, una y otra vez”, afirmó Southard. Para lograrlo, se llevaron a cabo más de 300 pruebas en laboratorio con el chip incluido, con el fin de comprobar que el balance, la sensación al contacto, la rotación y el giro se mantuvieran consistentes tanto si el chip está presente como si no.
Reacciones de jugadores y un detalle para el plantel estadounidense
En ediciones previas del Mundial ha habido casos donde los futbolistas reaccionaron de manera negativa al balón de partido. El ejemplo más recordado es el Jabulani, utilizado en Sudáfrica en 2010, por su vuelo impredecible. Sin embargo, hasta el momento, en esta competición el “rebote” en contra del balón no ha sido significativo.
De acuerdo con una fuente interna del entorno de equipos, la mayoría de los jugadores estadounidenses no ha mostrado comentarios claros a favor o en contra del balón. El punto que deben cuidar es operativo: asegurarse de utilizar las unidades sin conexión durante los entrenamientos y las conectadas durante los partidos. Un directivo del equipo añadió que las válvulas de inflado de ambos tipos presentan colores diferentes, para diferenciarlas con rapidez.
Una tecnología que evoluciona con el tiempo
Para cerrar, Southard planteó la idea de que este tipo de innovación funciona como lo hace la tecnología en general: “se itera y avanza muy rápido”. En ese sentido, destacó el progreso logrado en los últimos cuatro años, en comparación con el punto de partida previo al desarrollo actual del balón inteligente.